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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

7 Diciembre 2010

EL CINE Y LOS TRENES

El cine se enamoró, desde el inicio, de los trenes. Tal vez porque  representaban, en aquel contexto, el movimiento, algo intrínsico al cine, cuyo primer aporte radicaba en la posibilidad de expresarlo en una imagen capaz de ocultar, a diferencia de sus intentos precursores basados en la reproducción fotográfica secuenciada, los cortes entre una imagen y otra aparentando una continuidad aunque también estuviera compuesto por distintos fotogramas fijos.

El tren también era un ícono de la revolución industrial. No en vano fue protagonista del cortometraje más famoso de los hermanos Lumière y de la leyenda sobre la primera exhibición en el Salón Indien del Café des Capucines de París en 1895. “Tren llegando a L´Ciotat”, una estación cercana a Lyon, dicen que provocó la estampida de aquellos curiosos espectadores que estaban inaugurando la magia del cinematógrafo y que, según supuestas crónicas, salieron despavoridos ante aquella locomotora humeante que se les venía encima desde la pared que oficiaba de pantalla.

Unas crónicas dudosas ya que aquellos espectadores nunca habían visto cine pero, en cambio, habían visto muchas veces acercarse un tren a la estación, de las que raramente alguien salía corriendo o, llegado el caso, lo hacía por otras razones. Como bien lo prueba la propia filmación de los Lumière en la que las personas que se hallan en el andén de la estación se comportan como de costumbre ante la llegada de un tren. Y eso que el que ellos veían venir era real y no una tenue imagen profusa en grises en la pared de un salón. Además, hay un dato importante: el punto de vista de la cámara que establece la configuración espacial y condiciona el punto de mira del espectador. Pues la cámara no está en medio de las vías sino sobre el andén, transfiriendo tal lugar al espectador y salvándolela vida al camarógafo que de estar en las vías hubiera sido atropellado. A menos que los espectadores llegaran a creer que el tren descarrilara, algo posible de interpretar con cierta imaginación pero que, por cierto, se aleja del estilo realista que expresa el corto, que parte de una cierta idea muy apegada a lo documental, más allá e que algunos jugaran tímidamente con una mínima ficción. Eso lo experimentó George Meliés creando, si se quiere, un estlo muy distinto apostando a la ilusión. Meliés, por cierto, entre otras cosas, era mago.

La leyenda sobre la famosa huída de los espectadores descansa, no sobre la ignorancia de los mismos sobre el cine, mejor dicho, de su hábito, sino más bien sobre nuestra ignorancia sobre cómo los seres humanos se han relacionado con la imagen en movimiento a través de la milenaria la cultura humana. Porque el problema no radica en la relación con el movimiento en sí, sino en la relación con el movimiento expresado en imágenes percibidas a través de algún medio capaz de representarlo. Ello podría derivarnos hacia la sorpresa de encontrarnos con tales imágenes pero era precisamente lo que no solía existir en aquellas exhibiciones, pues ese era el objetivo que iban a buscar. La gente pagaba una entrada para ver esa reproducción de la realidad, no una ilusión que suplantara la realidad, aunque décadas después el complejo mundo del cine operara, de muchas maneras, en torno a esa ilusión. Pero esa ilusión, aunque esté en la base material de su producción-reproducción y en el proceso de percepción, ya no solo es óptica sino social.

La relación del cine y los trenes fue tan intensa que uno de los primeros cortos narrativos en el naciente cine norteamericano fue "El gran robo al tren" (The great train robbery) de Edwin S. Porter de 1903. Que contó, aunque no suele citarse, con la producción de Thomas Alba Edison, en realidad, de su factoría. Predecesor del nacimiento de Hollywood, en la costa oeste (alejándose del Este justamente por la lucha contra el monopolio de patentes pretendido por Edison)  este corto de unos 10 minutos fue filmado en las cercanías de Nueva York. Pero no solo fue innovador en cuanto a la narracion sino a las técnicas utilizadas en la edición. Sobre todo, se le atrubuye ser el primer filme con montaje paralelo. Es decir, con escenas distintas que ocurren al mismo tiempo y son mostradas alternadamente. En realidad, recuerdo ahora, que ello es motivo de una polémica (me parece recordar haberlo leído en un ensayo sobre el cine norteamericano hace muchos años) pues hay quienes aseguran que un corto anterior del propio Porter: "Salvamento en un incendio" (Life of an American fireman) que incluía escenas documentales auténticas, es considerada por algunos  como la pionera en el montaje paralelo.

Sin embargo, hay quienes afirman que en realidad se trató de un montaje  posterior. Pero los que la consideran como la primera, alegan que la prueba no es la copia en celuloide, que bien podría haber sufrido un montaje posterior creando una versión, sino una copia en papel del guión técnico tal cual fue filmado y que fuera depositado en la Biblioteca del Congreso de EE.UU.  De todas formas "El gran rodo al tren" fue un éxito comercial de la época por lo que se le atrubuye también el inicio del western, el género que tal vez construyó de manera paradigmática una especial relación con el ferrocarril.

Algunas películas famosas con trenes:

El puente sobre el río Kwai, Extraños en un tren, El tren de las 3:10 a Yuma, El maquinista de la general, Los hermanos Marx en el oeste, El primer gran asalto al tren, El caballo de hierro, Berlin Exprés, Asesinato en el Orient Express, El tren de la vida, Estación central de Brasil, Trenes rigurosamente vigilados, El coronel Von Ryan, El último tren...

Tags: trenes, cine

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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