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KaosmoS

Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

22 Septiembre 2010

LAS RAZONES DE MI ALEJAMIENTO DEL SEMANARIO VOCES

El siguiente texto lo envié al semanario Voces, como de costumbre, pero no fue publicado como artículo sino como una simple carta de los lectores. Desde noviembre de 2006 hasta hace un mes he publicado más de 100 artículos, algunos informes exclusivos con varias páginas que fueron tapa, y participé en decenas de entrevistas centrales. Ingenuamente creía que estas palabras merecían un lugar más destacado que la página 30, con letra pequeñita y en cursiva como una simple carta de los lectores (lugar un tanto extraño para quien hasta hace una semana, al menos, seguía figurando en el staff como colaborador permanente).

 

Pero evidentemente la denuncia que implica al Director del Semanario motiva la pretensión de minimizarla lo más posible. Otra falta de ética periodística, unida a la censura que relato sobre un artículo que escribí en réplica a otro de Pedro Bordaberry (ahora privilegiado y protegido columnista de Voces) en el cual rebatía y desmontaba una de sus groseras mentiras. Una censura sobre la cual no recibí la más mínima justificación al rspecto, pues me encantaría analizar argumentos serios sobre el mismo.

En cuanto a la publicación de esta carta abierta como carta de los lectores, tan parecida a las de aquellos involucrados que intentan por todos los medios a su alcance, no levantar la perdiz... y que todo pase lo más desapercibido posible, en realidad, lejos de desjerarquizarme personalmente, por el contrario, me honra una vez más. Pues descubrí que era la única página y la única sección donde no había aparecido un artículo con mi firma en el semanario. Hasta ahora había sido tapa con informes e investigaciones exclusivas, y uno a uno escribí artículos, notas, reseñas, crónicas y entrevistas que figuraron en todas las páginas del semanario y hasta en la contratapa. Ni siquiera la página 3, reservada para el editorial en verso libre, me faltaba, pues cuando aquel gran lio con el famoso Pepe Coloquios, fui parte del selecto colectivo que firmó aquel texto en defensa de una verdad en la que sigo creyendo y que, a diferencia, sigo practicando. Unos días, por cierto, en que sólo unos pocos, muy poquitos, como suele suceder, aguantamos el chaparrón.

En lo que a mi orgullo periodístico se refiere, este burdo intento de chicanear y mostrar para ocultar, también me homenajea sobre mi trabajo y mi esfuerzo en la tarea concreta de hacer Voces (sin que mediara ninguna obligación contractual y en la que también siempre fuimos pocos, a tal punto que sobran los dedos de una mano a la hora del trabajo) no deja de ser un homenaje. Creo que soy el único periodista en Voces que puede jactarse de haber escrito en todas las páginas y secciones. Pero en lo que respecta a la ética periodística, una decepción. Es decir, otra.

CARTA ABIERTA A ALFREDO GARCÍA HILANDO FINO Por Javier Zeballos

Quisiera creer que estas palabras están alejadas de cualquier discusión momentánea, de las que hemos tenido varias en estos años, y de las que, casi sin excepciones, nos hemos reído bastante juntos y cocechado una linda amistad. Valoro lo aprendido en la tarea apasionada de hacer Voces. Para mí ha sido una experiencia maravillosa. Ya sea en la crónica velóz sobre el cierre, en la investigación lenta y silenciosa sobre temas de los que no se quiere hablar o la nota sobre tal o cual fenómeno estético al margen de las urgencias creadas, y creídas, por los propios medios y de las que no estamos ajenos. También en las tareas menos conocidas de ensuciarnos las manos etiquetando el semanario en las madrugadas en la imprenta.

Rilke decía que había que escribir si no se podía seguir viviendo sin hacerlo. No fundaba esa necesidad vital en ninguna estética en particular sino en la autenticidad. Lo que no quiere decir que baste con sentirla sino que es imprescindible. Y más en el periodismo. Desde hace algo más de un mes dejé de compartir mis tareas voluntarias en Voces producto de algunas discrepancias que considero importantes. No porque sean las mías, como para muchos les alcanza para creerlas fundamentales, sino respecto de la autenticidad de que hablaba Rilke. Y tales discrepancias refieren expresamente a criterios periodísticos o, tal vez, a la falta de los mismos. Empecemos por el principio.

PRINCIPIOS QUIEREN LAS COSAS

Hace unas semanas, una edición de Voces alertaba sobre el acomodo frentista. La tapa ilustraba un muñequito de torta siendo depositado en la Torre de Antel. Me pareció acertada la tapa, aunque hubiera preferido un título más creativo, y esperaba un artículo sólido que la respaldara. Sin embargo me encontré con un texto tuyo de los titulados “Cortando grueso” que en vez de exponer las características particulares del caso se dedica a dar una lección de moral. Es válido y también necesario pero demuestra falta de rigor periodístico, de esfuerzo en ir a preguntar, a informarse para informar y así poder opinar mejor. Yo creo en ese periodismo y descreo cada vez más del periodismo solo de “escritorio” aunque sea justificable.

Y la razón es periodística antes que política y ética, aunque no pueden estar disociadas, porque siempre se nota en el texto. Y porque cuando se desconoce la realidad concreta, uno no puede hacer más que quedarse en generalidades. Claro que también hay que referirlas porque son parte de la realidad, pero sin lo particular tienen mucho de atajo, de camino fácil aunque expresen encendidos discursos y hasta justas posiciones. Nunca es poco, lo que sucede es que tampoco es mucho. Me atrevo a citar unas palabras de Schiller "Vive con tu siglo, pero no seas su criatura; haz para tus contemporáneos lo que necesiten, no lo que alaben."

Aclaro que estoy de acuerdo con casi todo lo que expones como denuncia de una política de acomodo que le hace mucho daño a la izquierda. Pero hay tres cosas que lamento profundamente. Admito que no te metas a fondo con un problema de la izquierda. Después de todo, o mejor dicho... antes, depende de la capacidad de cada uno y de la voluntad. A la vez, no te admito tanto, que en ese ejercicio de moralidad confundas y uses casi indistintamente moral y ética porque no son la misma cosa aunque muchos lo crean. Eso, paradójicamente, deja puertas abiertas a las conductas que pretendes juzgar tan ostentosamente como si fuera más importante dejar estampadas tus palabras en vez de un análisis sobre las reales implicancias del hecho y alguna reflexión al respecto. Sin hablar de una sana aunque ingenua esperanza de creer que se aporta al cambio colectivo. ¿Porque nos interesa la comunicación o sermonear?

Precisamente, esa confusión semántica de moral y ética termina abonando conductas que pretendes denunciar, aunque no te adjudico semejante responsabilidad. Porque más allá de desprolijidades a la vista que no violen, o terminen “emprolijándolas” a las apuradas para no violar y aprovecharse de la legalidad vigente y consuetudinaria en algunos políticos, implican una falta ética que, sin embargo, no se dice y casi nunca se profundiza en ella. Pues uno bien puede respetar la moral de una época pero a la vez violar la ética. La esclavitud fue moralmente aceptada por mucho tiempo pero desde siempre fue una falta ética sobre la condición humana.

Y es que una de esas “razones” que terminan cabalgando en esa confusión ética amparada por las coartadas morales, y el caso de Antel es un claro ejemplo, son las que esgrimen la necesidad de confianza política para encubrir la incapacidad de relacionarse y dirigir a la estructura jerárquica administrativa para la que se los designa. Una realidad probablemente hasta justificada, solo en parte, por el (ya no tan) reciente acceso al gobierno, y repetida en decenas y decenas de organismos públicos. Algo que termina siendo funcional a los sectores políticos, a su financiación encubierta, sin hablar del control político partidario que implica y del que algunos se contagian vertiginosamente. Un tema nada menor que necesita urgente debate y aportes porque expresa una profunda ignorancia sobre la burocracia que, a la vez, decimos combatir. De ahí ese y muchos otros casos de nombramientos (que sin embargo tienen poca o nula trascendencia) y que son falsos atajos que no solo no cambian nada sino que empeoran mucho. Es válido aquí lo que se enjuicia allá o viceversa? ¿Repite la izquierda antiguas prácticas clientelares? ¿Quedan exoneradas solo porque cuantitativamente parezcan ser menores que las que criticamos a otros en el pasado? ¿Esa confianza política, ayuda a reformar la política en el Estado o pervierte y nos pervierte en semejante tarea? ¿Nuestros aciertos nos eximen de nuestros errores?

Lo otro que lamento de tu artículo es la pereza intelectual de simplificar las cosas, que no es hacerlas simples sino exponerlas de forma simplista sin rozar lo que habría que explicar, entender y combatir. Ese periodismo es fácil, con el agregado de que suele ofrecer un seductor pedestal para subirse y ejercer de Catón el censor. Todo esto es muy discutible, claro está, pero lo que no me puedo callar es la tercera cosa que lamento de tu texto. Resulta que a Catón, en la antigua Roma, no se le agregaba el mote de censor porque de dedicara a la censura (aunque en su larga función pública lo fue por un tiempo) ya desde antes de ejercer esa función se lo nombraba así porque tenía una postura rígida y conservadora sobre los cambios políticos, sociales y culturales que ocurrían en su época. Pero al menos, a Catón, hay que reconocerle que se había ganado el apodo con una más que prolija conducta. Teoría y práctica que le dicen. Lamentablemente no es tu caso en este caso.

Porque lo que enjuicias, y con razón en el caso del acomodo en Antel, resulta que también lo practicaste. ¿No sería bueno que en vez de subirse tan rápido al pedestal de lo incontaminado seamos capaces de exponer también nuestras propias contradicciones o defectos? Confieso que al leer tu artículo y el editorial me ilusioné con ese gesto pero me encontré con una dosís de hipocresía de la que no te mereces. Me hubiera gustado que le contaras a nuestros lectores que hace unos años colocaste a un compañero que trabajaba con nosotros en Voces, en aquellos tiempos Voces del Frente, quien ingresó como asesor ministerial para prensa y comunicación. Al menos es de lo que te ufanabas. ¿Recuerdas? No estoy diciendo siquiera que fue un acomodo, porque es parte de esa legalidad dispuesta. Seguramente fue solo una recomendación. Tampoco digo que fuera perjudicial para el organismo. Me animo a decir que todo lo contrario. ¿Pero cuando eran nuestros amigos, estaba bien, y cuando no, está mal?

Valoro mucho la capacidad del compañero y sospecho que aportó a la tarea, aunque desconozco tal realidad y debería acceder a evaluaciones para opinar. Por eso no opino ni opiné en su momento. Solo lo tomé como una práctica que me demostraba la complejidad que implica el acceso de la izquierda al gobierno. Supongo que ni en aquel momento, ni en este, logré tener las cosas muy claras, por el contrario, me asaltan no pocas dudas. Por eso he tratado de escuchar, preguntar, aprender de la experiencia de otros y de los hechos, a la vez que humildemente intentar ser consecuente con lo que creo. Mi humilde experiencia me enseña hasta dónde el trabajo político partidario tiene mucho de militancia desinteresada y genuina, a la vez que de peldaños para escalar a los que algunos se aferran y trepan. Allá ellos.

Valoro que ahora denuncies el caso de Antel, porque creo que es importante y lo comparto, pero a condición de tratar de entender las particularidades que intuyo nos van a dar mejores armas para combatir esas generalidades a las que te dedicas. Porque lo que te critico es que antes, más allá que no sean exactamente comparables, como poco, no hayas dicho nada y ahora pongas el grito en el cielo desde lo impoluto. ¿Se entiende? Creo que hay que poner el grito en el cielo pero no jugar a posar y quedar como el gran fiscal de la nación. Puedo estar equivocado pero es lo que me deja tu texto. No te pido ninguna autocrítica flageladora porque no creo en ella. Por el contrario, sigo creyendo en la multiplicidad de aportes y miradas que nos permitan ver lo que nuestros puntos ciegos no nos dejan mirar.

Y esto deseo unirlo con mi otra discrepancia periodística. Como es notorio, desde ahora aparecen en Voces textos de algunos representantes de la derecha. No se trata de entrevistas sino de textos de su puño y letra. No es algo nuevo ya que, aunque esporádicamente, antes también lo hacíamos. ¿Cuál es mi discrepancia? Antes trataré de decir lo que no es para que ningún apresurado se confunda. Yo también creo que es importante y necesario multiplicar las voces que surgen en una sociedad como aporte al intercambio de ideas. A tal punto que así lo escribí hace unos años en Voces. Perdón por citarme a mi mismo pero viene al caso. A propósito de las críticas de algunos, escribí:

“Siguen sin entender la impostura de nuestra postura. Confunden apuesta a la diversidad con eclecticismo y más de uno nos acusa de debilidad ideológica. No entienden que nuestra definición frentista es indisoluble de nuestra independencia periodística. Y que esa independencia es política. No para ocupar un limbo objetivista sino para tomar partido hasta mancharse, como pedía Gabriel Celaya”.

Con lo que no estoy de acuerdo es con la publicación de textos que no tienen el mérito periodístico y que solo exhiben un pobre ejercicio de retórica propagandística que no pasaría el filtro siquiera de un panfletario pasquín. Y como nombre quieren las cosas, me refiero a los artículos del Dr. Pedro Bordaberry y a los del Dr. Ignacio de Posadas. En cambio, no tengo prejuicios para elogiar a los del Dr. Javier de Haedo porque son precisamente expresión de lo contrario. Discrepo con muchos de sus planteos pero están bien escritos y se nota que se toma el trabajo de hacerlo. Sospecho que no es vana su experiencia en Crónicas Económicas y lo aprecio al leerlo. Se me podrá decir que muchos textos que publicamos no pasarían ese filtro y no puedo no estar de acuerdo con eso. Con lo que no estoy de acuerdo es con que la mediocridad sea la que nos baje el liston de nuestros esfuerzos y anhelos de hacer periodismo. Si quieren propaganda, que la hagan en sus medios.

Ni por asomo pienso entrar en disquisiciones sobre tales o cuales motivos políticos para dar o no dar estos espacios a quienes detentan tantos otros canales mediáticos, y vaya si los usan, o simplemente demuestran tan poco afán al hacerlo, algo que, como lo anterior, es harto discutible y no creo tener la verdad sobre ello, solo mi opinión. ¿Entonces cuál es el problema periodístico?

Creo que podría no haberlo si se respeta una condición que creía intrísinsica de Voces. La de amplificar todas las voces posibles a condición de, para democratizar realmente el debate, dar lugar a la discrepancia si alguien así lo expresa y cumple con requisitos mínimos en su respuesta. Un quiero y retruco esencial el el juego democrático y en el periodístico. Algo de lo que algunos medios que defienden tanto la libertad de prensa (y de empresa) no suelen ofrecer, o solo como acotado derecho a réplica. ¿Acaso no supo ganar Voces una denuncia de unos militares y aun así publicamos la réplica? Yo me enorgullecía de ello.

Sin embargo, en uno de los primeros textos del Dr. Bordaberry detecté una grosera mentira que ya había repetido en otros medios. Se escudaba en ella para atacar al gobierno en una de sus políticas, la de permitir la importación de pollos desde Brasil. Y es que el Dr. Bordaberry, tanto en los medios como en el senado, hace mucho loby para algunos grandes empresarios. No es el único. Faltaba más. Y no solo sucede en la derecha. Convencido de nuestra vocación para con todas las voces, escribí un artículo titulado “Pedro y el Capital” en el que explicaba técnicamente la mentira de Bordaberry y su pallar sobre el tema de los pollos, aparte de defender a los sectores más conservadores que pretenden seguir con sus ganancias a costa del subsidio encubierto del Estado. Lo envié hace ya varias semanas y esperé paciéntemente. A la vez, la problemática de la industria avícola, aunque hubo gran estruendo ante aquella medida del gobierno, a tal punto que algunos pronosticaron el derrumbe de ese sector de la producción nacional, no volvió a recibir casi ninguna atención en los medios, salvo honrosas y contadas excepciones.

Lamentablemente Voces no es una de ellas. Y no por no publicar mi artículo (tampoco se ha publicado algo mejor sobre un tema en el que considero hay contradicciones interesantes para exponer) sino por traicionar una política que se proclama pero no se cumple, pero en la que yo sigo creyendo. Sin embargo, el Dr. Bordaberry ha tenido más suerte que yo y se le ha publicado otro texto en el que sigue pretendiendo propagandear su urgente lavada de cara del Partido Colorado a costa de una retórica monacal de una derecha austera y eficiente. Ejercicio loable pero muy alejado de los objetivos de Voces, a menos que la necesidad de llenar huecos de páginas sea tan acusiante. Pero ni aún así nuestros lectores pudieron enterarse de la falsedad ejecutada por Pedro. Claro que no pretendo compararme con el Dr. Bordaberry, por favor. Eso sí, en cuestiones de pluma, y no me refiero a sus mentiras sobre los pollos, no me asusta su vuelo.

Quiero creer que no se trata de vanidad hecha tipografía, aspiro solo a ciertos criterios periodísticos en los que sigo creyendo. Bien sabes que creo que querer a alguien de veras, aparte de demostrarle el cariño y admiración, es también decirle de frente lo que uno piensa. Yo lo sigo necesitando como el agua. Decirlo y que me lo digan, porque me equivoco como cualquiera, o más. Y eso vale tanto para vos como para Voces.

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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