HUIDOBRO Y EL CABALLO DE ATILA
Por Javier Zeballos
Cuenta la leyenda que donde pisaba el caballo de Atila, Rey de los Hunos, no volvía a crecer el pasto. Algunos creen ser tanto el uno, como para suplantar a los otros. De ahí que hablen como si tras sus dichos o escritos no pudieran crecer ya más palabras.
Eleuterio Fernández Huidobro es un querido compañero. Cuando habla o escribe recomiendo parar la oreja o leer atento. Pero así como tiene una larga trayectoria (y sentido del humor) y ha hecho múltiples aportes, como cualquiera, se equivoca. El problema no es tal o cual posible error sino esa necesidad de hablar como si fuera la última palabra. Un gesto más propio de Ignacio De Posadas y su suntuosa capacidad de desprecio. ¿Nos estaremos mimetizando de apuro en la izquierda, más allá de nuestras propias tradiciones al respecto?
Pero una cosa es suplantar a la derecha y otra pretender justificar la falta de participación con que la gente nunca quiso hacerlo demasiado, según cuenta en su contratapa en el Diario La República del 13 de mayo. Ahora nos hace saber que la participación que siempre buscamos, en verdad, se trataba solo de teorías variopintas y métodos rebuscados que, faltaba más, siempre son de los demás. Porque a la hora de auscultar la realidad, la culpa, si no la tiene la realidad, la tienen otros. Así elabora frases que certéramente describen rituales de la izquierda, comparto el diagnóstico, pero ya no buscan entender la realidad para intentar cambiarla sino para decretar, de un plumazo, que la gente quiere estar en otra.
Tal teoría viene a cumplir la función actual de legitimar a una dirigencia aferrada a sus encuentros y desencuentros cupulares y a sagradas e intocables estructuras, aunque no funcionen, como irónicamente bien lo relata Huidobro. Pero ese repaso de sadomasoquismo militante capaz de espantar a una manada de elefantes, por más cuadros fogueados que sean, no se expone para tratarla de extirpar sino que se lo usa para justificarse. Porque resulta que ahora no queremos frenteamplistas bien informados, con espíritu crítico, capaces de controlar y de actuar, de ser seres políticos haciendo política. Quizá sea mejor tener acólitos rápidos para pintar, embanderar y capturar votantes constantes y sonantes. ¿Clink caja?
Como parece que no nacen de un repollo ni se reproducen como conejos, y ahora hay mucho dirigente cansado, entonces nos dedicamos a abonar el cansancio, el de la gente, como coartada salvadora. La ecuación es simple: pueblo menos organización es igual a endiosamiento de dirigentes. Los que se vuelven imprescindibles aunque sea en formol.
Huidobro descubre ahora que la participación sube y baja. Algo que las ciencias sociales llevan estudiando añares sin que muchos políticos profesionales presten demasiada atención. Concluye que hay que dejarse de embromar y, con suerte, sentarse a esperar tiempos mejores. Con suerte, algún momento "de grandes cambios o conmociones en la sociedad" como bien dice. Y a no dejarse atrapar por esos manipuladores de asambleas eternas que viven en un cuarto intermedio constante.
Vaya si todo eso es criticable. Pero Huidobro, esquivando el sayo que también le cabe, no solo viste a otros sino que desnuda su razonamiento: descansa y disfruta mirando a tus dirigentes dirigir. Se olvida que la gente huye, no solo cuando cae en la picadora humana de tantos comité de base (y mucha reunión de alto nivel sobre las que nada dice). Pero sobre todo, que la gente huye cuando siente que su participación no tiene ningún sentido de cambio, cuando los organismos creados para participar no tienen ninguna incidencia ni son parte de ninguna elaboración y cuando algunas cosas no cambian nunca. Nadie con un mínimo de sentido común pretende dirigir al FA ni a un gobierno en asamblea permanente pero sí hay mucho dirigente que que pretende circunscribir la participación a la masa que escucha, apalude y obedece. Algunos niegan la realidad, Huidobro la justifica. Olvida que la izquierda es búsqueda constante.
No deja de ser curioso que algunos que antes sobredimensionaron el factor subjetivo, hoy se dedican a menospreciarlo. Así, vuelve a tener importancia capital su implacable definición, el gesto retórico en el magno recinto, en el bar de la esquina o en el breve flash informativo de las 8 y pico donde el resto, rebaño al fin, ¿tropa? se sienta a mirar y admirar a los grandes y heroicos líderes que batallan por ellos.
Y así sentencia Huidobro: "La democracia más perfecta consistiría según ese peculiar pensamiento en el hecho de que la población de un país pase casi toda su vida en cuarto intermedio o discutiendo en asambleas. No alcanza a comprender que a muchísima gente no le agrada en lo más mínimo participar de ese modo ni aún cuando le interese, y mucho, la política o, si se quiere, la cosa pública. Prefiere, por lejos, la democracia representativa".
Es el típico giro que algunos pegan después de pasar al otro lado del mostrador. Es el comportamiento de las elites. Así, los errores de una política elitista fomentada y practicada desde hace muchos años, entre otras cosas, para que cada vez más haya unos que miran y otros que actúan, es camuflada tras el velo de que el problema es que la gente huye porque la aburren. Entonces, la realidad se explica con anécdotas en los que los malos siempre son otros. Resulta, por ejemplo, que el estilo control remoto de Tabaré, ese mando a distancia, nada tiene que ver al respecto. Que la ineficiencia de la estructura del FA dirigida por Brovetto, pero abonada por casi todos los sectores, unos más que otros, como suele suceder, parece que fuera neutra. La pirueta final es la sacrosanta democracia representativa.
Es muy humano descartar algo cuando uno no está e idealizarlo cuando se es parte y se erige en gran representante. Pero sería bueno recordar que hay gente que fue capaz de no votar a ningún representante. Tal vez porque no se sintió representada. Ojo al piojo. O decidió que no respaldaba a unos alcaldes sacados de la galera e impuestos a puro vértigo por el ordeno y mando. Tal vez muchos representados intuyeron que los alcaldes impuestos por los sectores coartando la libertad del ciudadano era una forma más en que los sagrados representantes acumulan poder aunque se hable de descentralización y participación ciudadana. Y vaya si aquí viene a cuento otra frase de Huidobro usada para culpar a los demás pero que, sin embargo, le cabe como un guante: "Sucede muchas veces lo de las empresas fúnebres: no le desean mal a nadie pero tampoco que les falte trabajo".
También hay otras cosas para recordarle al compañero Huidobro. La modestia. “Cuando salimos de la cárcel, proliferaba en la izquierda una idea denominada "participación popular" que llevaba implícitas varias consecuencias. Entre ellas la de luchar por una democracia participativa. Venía bien envasada por teóricos políglotas variopintos y, era evidente que permitía darle trabajo a una floreciente gama de especialistas", dice en su contratapa.
Debería reconocer, y modificar de su vocabulario, nobleza obliga y la tiene, que antes de decir “salimos” de la cárcel, al menos para la de 1985, debería humildemente pronunciar “nos sacaron”. Y no fueron precisamente sus carceleros elevados a la estatura de combatientes quienes lo dejaron salir, anexo de la teoría de los dos demonios que solo parece reconocer protagonistas entre ciertos agonistas que se jerarquizan mutuamente. Sin idealizar la caída de la dictadura, fuimos miles en las calles y sin disparar un solo tiro. Basta recordar los primeros de mayo del 83´y 84´ y el Río de Libertad del Obelisco del 27 de noviembre, pero también muchas otras movilizaciones. Entre ellas, una poco recordada, la que inundó todo 18 de julio en solidaridad con la huelga de hambre de Adolfo Wasen Alanis en visperas de su muerte aunque no fuera promovida por nadie afín al MLN.
Es dudoso que tras lo que uno pisa no vuelva a crecer el pasto por más pretensiones que se tengan. La leyenda sobre el caballo de Atila solo es posible cuando, en verdad, uno vuelve siempre sobre su propio trillo en un circuito cerrado. Algo nada recomendable para la izquierda.
Link a la Contratapa de La República jueves 13 de mayo por Fernández Huidobro: http://www.larepublica.com.uy/contratapa/410035-nuestros-problemas

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

Hotel en Santa Marta dijo
Es una posición muy valida la que antepones, personalmente me parece adecuado y a su ves excelente tomar posiciones claras de lo que queremos transmitir y de lo queremos llevar a nuestros lectores.
21 Abril 2011 | 03:45 AM