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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

15 Mayo 2010

PALABRAS PARA ROQUE

Vida y muerte de Roque Dalton.  Estas palabras las publiqué en Voces hace dos años, hoy 14 de mayo, que se cumple un nuevo aniversario de su nacimiento, las recuerdo. Lamentablemente los hijos de Roque aún no saben la verdad de su muerte a manos de su propios compañeros guerrilleros del ERP en El Salvador en 1974. Se siguen tejiendo diversas versiones. Aquí doy una.

Camarada Roque Dalton: Te escribo en un día de otoño como tantos, lluvioso y gris para más datos, sentado al cordón de una vereda, casi perdido a media tarde en una calle cualquiera de mi ciudad, Montevideo. Te escribo y te cuento, no ha sido fácil encontrarte. Te he buscado minuciosamente en librerías sin hallarte. Allí ya ni te nombran, o ni siquiera te conocen, o te confunden con un temible pistolero de una legendaria banda del Far West. Te escribo desde la vecindad del sobresalto porque también yo dos patrias tengo y antiguos presos que como tu señalaron la ruta. Te escribo y te convoco a que vengas puntualmente a las siete menos cuarto a llenar los huecos de mis horas de ceniza, a ayudarme a beber mi primer vino o una ronda de cerveza en U-flekú para poder piadosamente perdonar o golpear a alguien. Yo, que soy abstemio, que jamás entro en tabernas y que nunca estuve en Praga, te convoco, hoy que he vuelto a lamer como un perro mis tampoco nunca vistas cicatrices. Te convoco a escribirle cartas a Nazim, a razgar con nuestras uñas las imaginarias lápidas de algunos de nuestros muertos, a descubrir burócratas y a responder preguntas voladoras. Te convoco a buscarnos líos e históricos dolores de cabeza aunque nos rezonguen nuestras madres, a llenarnos de piedras los bolsillos, a buscar la goma elástica y la horqueta y a gritar bien fuerte en el gran Zoo que de nuevo se escaparon los leones. Te convoco a soñar con aspirinas tan grandes como el sol y a que un día juntos convoquemos a enterrar esperanzadamente a todos los fusiles, a instaurar la alegría y a custodiar el tiempo que nos toque. Te convoco camarada Roque Dalton, a hacerlo o al menos a intentarlo, aunque nos equivoquemos o nos maten nuevamente.

Roque Dalton nació en El Salvador, allá por mayo de mil nueve treinta y cinco, fecha catorce para ser exacto. Una mañana cualquiera cuando tenía tres años conoció a su padre, o un padre, en fin, sin posesivos, mientras jugaba a pinchar hormiguitas con un alfiler. A los quince años lloraba por las noches con cara de santón farsante mientras tomaba su primer vino y su piel sufriente bebía las primeras sombras de la vida. En plena adolescencia viaja a Chile regresando a los veinte a su patria con las convicciones religiosas bastante maltrechas, la poesía en las alforjas y el corazón, y las tareas urgentes de un intelectual en su tierra rondándole la cabeza. Estudió antropología y derecho, fue dirigente estudiantil y periodista participando en la vida política y cultural de su pequeño país, el Pulgarcito de América. A los veintidos años ingresa en el Partido Comunista Salvadoreño. A su primer reunión de célula llega empapado por la lluvia y en ella aprende un folleto de Lenin y que no es necesario decir a cada momento y a cada uno… camarada. Aprende también a conocer un poco más a sus compatriotas, a sus hermanos “...los eternos indocumentados, los hacelotodo, los comelotodo, los tristes más tristes del mundo” aprende algo de la disciplina revolucionaria y a su regreso, su madre le regaña por llegar tarde a la casa. En su inquieta y azarosa vida estuvo preso en varias oportunidades. En 1961 fue expulsado del país por el gobierno militar de turno reingresando clandestinamente. En 1964 fue apresado de nuevo, logrando fugar al exilio. En Checoslovaquia y Cuba su vida nada tiene que ver con la quietud y su nombre y su obra estarán por siempre asociados al eterno movimiento. Su obra ha sido traducida a varios idiomas e incluye libros como: Taberna y otros lugares (Premio Casa de las Américas 1969), La ventana en el rostro, El turno del ofendido, Un libro rojo para Lenin, Historias prohibidas de Pulgarcito, Pobrecito poeta que era yo y Por los tiempos de Miguel Marmol, los sucesos de 1932 en El Salvador.

Roque, que era feo con excusa incluida, como el mismo cuenta en un poema, fue un poeta difícil de encasillar, que le enseñó a la poesía y a la revolución, que no están hechas solo de palabras. Murió asesinado el 10 de mayo de 1975 por los integrantes de la organización guerrillera que integraba, el ERP. Su muerte fue un hecho traumático para la izquierda, a tal punto que la verdad demoró más de dos décadas en ir saliendo a la luz a través de distintas versiones. Su cuerpo fue ocultado y aún permanece desaparecido. Habiendo roto años antes con el PC y formando parte de los sectores más radicalizados que instaban a la lucha armada, fue ajusticiado por la cúpula de la organización guerrillera, tildado de “intelectual de mierda y traidor” por estar en disidencia sobre el aventurerismo militarista. Algunos de sus verdugos, como Cienfuegos y Villalobos, que llegaron a ser dos heroicos comandantes máximos del FMLN y firmantes de los Acuerdos de Paz, ocultaron por años la verdad y tejieron y destejieron versiones contradictorias. Después se pasaron a la derecha asesorando gobiernos en cuestiones represivas. Rivas Mira, el líder del ERP, desertó en 1976 llevándose el dinero de la organización. Aún se mantiene prófugo.

En 1975, luego de ingresar a El Salvador el 24 de diciembre de 1973 por el aeropuerto de Ilopango como Julio Dreyfus, Roque Dalton es acusado de ser agente de la CIA por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y hallado culpable en un remedo de “juicio sumarísimo” por Alejandro Rivas Mira, Vladimir Rogel, Joaquín Villalobos y Fermán Cienfuegos, integrantes de la Comisión Militar que lo juzgó y ejecutó. Carlos Eduardo Rico Mira en su obra “En silencio tenía que ser. Testimonio del conflicto armado en El Salvador (1967-2000)” reconstruye los últimos momentos de Roque, antes de ser ejecutado por Rogel el 10 de mayo de 1975: “El día en que iban a ajusticiarlo se dirigieron a la habitación donde estaba Roque y le dijeron: Es hora que salgas al patio a tomar el sol. Roque respondió Sí, dicen que el sol cura el jiote. Se puso a reir y salió. Por la espalda lo asesinaron, le pegaron un sólo tiro entre la nuca y el occipital. Roque se derrumbó sin decir palabra”.

No lo necesitaba. En un poema las había escrito. “...Os quedaréis llenos de culpa resoplando eternamente”. Más allá del mito y la leyenda, o de que nunca fue un revolucionario perfecto, si es que los hay, fue entre muchas otras cosas, sencillamente un ser humano. De esos que no se nos parecen pero que a uno le hubiera gustado conocer.

Supe de él a mediados de los 80´en Bulgaria. Una salvadoreña exiliada se empeñó en enseñarme su poesía. Nunca más la vi. También tenía esa empecinada idea de volver a andar por las montañas de Chalatenango, fusil en bandolera. Por mi parte, Roque y yo somos amigos. No al estilo de esos amigos profesionales de los revolucionarios famosos, sobre todo muertos, sino simplemente amigos. El hecho de que jamás nos hayamos visto, que él no tuviera la más mínima idea de mi existencia o que lo hayan matado en El Salvador cuando yo apenas tenía diez años en el Uruguay dictatorial, vienen siendo simples datos anecdóticos. Se sabe que la cualidad de los poetas consiste en esa extraña capacidad para comunicarse -años, siglos o milenios después- con seres ajenos como si hubieran escrito solo para ellos y hacerlos sentir como el más cercano de sus contemporáneos.

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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