HIERRO PAÍS: La era del hierro
Pocas actividades suelen ser tratadas con prejuicio como la minería.
Porque así como existe la leyenda del oro, con mayor o menor épica
individual y colectiva, también existe una leyenda negra (muchas veces
justificada en las prácticas de tantas empresas) sobre una actividad
industrial, si bien milenaria, ligada paradigmáticamente al
capitalismo. Tanto en los emprendimientos productivos y los impactos
en las condiciones de vida como en afanes de lucro; en la innovación
tecnológica como en conservadoras y sistemáticas represiones; en la
extracción de minerales esenciales para el desarrollo como en la
depredación brutal de la naturaleza. Allí está la cuenca del Ruhr en
la Selva Negra Alemana, hoy reconvertida admirablemente, la larga lucha
de los mineros ingleses, Asturias en 1934 o Chuquicamata y Potosí en
nuestra América, como nombres emblemáticos capaces de concentrar esa
veta de múltiples contradicciones.
Uruguay es un país sin tradición minera. A tal punto que desconocemos
nuestras propias experiencias, incluso desde épocas de la colonia. Tal
vez porque hasta ahora la actividad haya estado vinculada a una minería
distinta y en escala muy menor. Pero desde hace unos años ya se extrae
oro, se abren posibilidades de la utilización de los esquistos
vituminosos capaces de aportar energía y, sobre todo, está en marcha un
proyecto de extracción de hierro en Valentines que podría ser la mayor
inversión privada en la historia del país.
El que a hierro vive
El proyecto minero que se ha emprendido nos enfrenta a diversos
desafíos como sociedad. Implica aterrizar el slogan de país productivo,
también apostar a desarrollos logísticos imprescindibles para ese
modelo, relaciones laborales acordes y políticas de Estado a largo
plazo. Ninguna de estas y otras acciones se pueden implementar de
cualquier manera.
Tenemos la posibilidad de celebrar una inversión millonaria y concretar
una logística capaz de aportar a dinamizar descentralizando nuestro
territorio pero también el deber de comprender los alcances acotados de
la actividad extractiva que nos mantiene en los marcos de la economía
primaria ligada a los recursos naturales, por cierto, no renovables.
Ello nos exige intentar modificar esa ecuación neocolonialista, en este
caso en la cadena de valor del hierro de la que estamos totalmente
ausentes, a través de mejores términos de intercambio internacional,
de la aportación del mayor valor agregado posible en su producción y de
una mejor inserción comercial con este mineral en nuestro continente
que también abra posibilidades a nuestro propio mercado interno.
Tenemos el desafío de practicar un modelo productivo ligado
intrínsicamente a la preservación del medio ambiente. Una relación
compleja y contradictoria en la que algunos podrán afincarse en
cómodas “reposeras” ideológicas revestidas de radicalismo convencidos
de poder entorpecer o atascar a partir de posturas fundamentalistas
incapaces de analizar la realidad concreta y hasta de prostituir
genuinos intereses y movimientos populares.
Por ello es indispensable desarrollar ámbitos en la sociedad civil que
con la integración de todas las partes involucradas, pueda
efectivamente, y no pour la galery, controlar los alcances e impactos
específicos de este y cualquier otro emprendimiento. También la
utilización de los mejores y más estrictos estándares internacionales y
su análisis a través de técnicos independientes. En este caso, aunque
para algunos sea mala palabra, y vaya si también tiene una historia
oscura, los estándares del Banco Mundial son los más rigurosos en la
materia y los que ofrecen un conjunto normativo que brinda importantes
garantías. Un buen lema podría ser: producir conservando y conservar
produciendo.
En una sociedad emergen distintos intereses corporativos, a veces mal
rotulados de corporativismo. No toda defensa de intereses específicos
implica corporativismo. Esa es una visión simplista que, obsesionada
por ver, o implantar su propia concepción del bosque, pierde de vista
la existencia del árbol. A su frente suele erguirse otra postura que
solo pretende ver el árbol, a menudo el propio, sin querer o no
pudiendo percibir el bosque. Este informe trata de aportar elementos
nutrientes para conocer cada árbol que conforma el bosque e intuir ese
bosque que es más que la suma todos ellos. J.Z. Semanario Voces


Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

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10 Mayo 2010 | 08:22 AM