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18 Diciembre 2009

APARATOS

Por Javier Zeballos Publicado en el Semanario VOCES el jueves 10 de diciembre de 2009.

Hoy, los sectores lucran electoralmente con el voto cautivo de los ciudadanos que votan al FA y no tienen opción para expresar el frenteamplismo a secas. Pero si tal captura electoral es legítima y válida en lo referido al voto, ya no lo es tanto a la hora de propiciar la mayor participación política en la sociedad. Un desafío abierto a una izquierda que no nació, ni lucho, solo para ganar elecciones.

El frenteamplismo a secas, o de a pie, siempre fue una categoría compleja. Su sentido de independencia complicaba, incluso molestaba. A tal punto, que una pregunta recurrente, en medio de alguna polémica en algún Comité de Base, era la de “¿independiente de qué?”. Quien esto escribe mentiría si no dijera que no solo la pensó sino que la esgrimió más de una vez. Si bien no con una sospecha sectaria de épocas pretéritas, al menos con una estela de duda que tenía algo, o mucho, de incomprensión. Sin embargo, depués de tanto derrumbe, explosiones e implosiones, de tantos cambios en todos los sectores y corrientes dentro de la izquierda, de tantas idas y venidas, entradas y salidas, ese frenteamplismo no solo es mucho más amplio y profundo sino que ha ido impregnando a todos los sectores. También a sus militantes. No así a algunos dirigentes. Esas cúpulas, y sus correspondientes jerarquías, son las que mantienen una lógica de aparato que, más allá de su necesidad y su aporte, también tiene mucho de supervivencia. Y no solo de lo colectivo, de la imprescindible perseverancia de la acumulación colectiva, sino de lo personal. Tanto para mantener la carrera política en las alturas como muchos carguitos funcionales intermedios.

Esa cosecha para los sectores no es algo malo en si mismo. En definitiva, siempre depende de la siembra. No se es mayoría, ni siquiera circunstancial, como lo fue la de algunos, simplemente porque una aceitada organización logre imponerse de cualquier forma. Habla, y dice mucho, de la capacidad militante y de una habilidad política. Claro, también de un formidable candidato. El mismo que algunos pensaban incapaz de ganar la elección y retener el gobierno. Y también habla de una coherencia, de una ética en ese tránsito donde la permanencia es el cambio. Al menos en el sentido del cambio constante, de la eterna búsqueda. Porque quien apueste al dogma como verdad cómoda producto de la fábrica de certezas, sea cual sea, en verdad solo estará abrazando una idea para no tener que seguir pensando. Y eso es inadmisible para quienes quieran transformar la realidad.

Los sectores, que han jugado en diferentes épocas un rol fundamental, hoy, así como siguen desempeñando un papel trascendente, también frenan. Lo mismo que una orgánica del FA que no está caduca pero tiene carencias fuertes a la hora, no solo de convocar y canalizar, sino sobre todo de atraer y expresar la participación de los frenteamplistas. Mucho más, todavía, si hablamos de los simples votantes del FA, quienes de seguir así, podrán votar a la izquierda pero no harán experiencia de participación real. A menos que la realicen a través de una inserción en organizaciones sociales; muchas que, por cierto, padecen los mismos problemas orgánicos y de participación que las estructuras partidarias.

Los sectores que supieron ser vanguardia, mejor dicho, vanguardias, con sus luces y sombras, con aciertos y errores, desde los albores de los partidos históricos de la izquierda, pasando por todos los aportes de cada uno de los movimientos y corrientes que han matrizado a la izquierda uruguaya y han configurado la unidad; hoy, a partir de haber accedido al gobierno y logrado mantenerlo mediante el ejercicio electoral libre de la ciudadanía, tienen ante si el desafío de propiciar, de muchas formas y junto con todos aquellos que no son parte de ningún sector, la mayor participación posible en favor de construir un sólido compromiso para lograr los objetivos buscados.

Si no sabemos resolver esa contradicción entre organización y participación, es probable que sigamos presos de estructuras democráticas y aún válidas, pero anquilosadas e ineficientes. Con el agregado peligroso de ser un parnaso para aquellos fascinados por atornillarse a sus cargos o pelear con cuchillería experta por un ministerio. No hay que olvidar que toda organización, aún las más anárquicas y caóticas, en su proceso de desarrollo terminan construyendo una jerarquía y, a la corta o a la larga, la jerarquización de los intermediarios. Le sucedió a una asamblea comunitaria fundada por pescadores descalzos que terminaron endiosando a sus mediadores con lo divino, pero también a organizaciones revolucionarias que adoran la jerarquía que intermedia con el líder. Para quienes solo entiendan esto referido a algunos sectores, es bueno recordarles que lo mismo, y a veces peor, sucede en otros aparentemente alejados de toda ortodoxia, aunque se revistan de modernidad (incluso posmodernidad) crítica y constantemente hablen de democracia, tolerancia, pluralismo y antidogmatismo. La experiencia del siglo XX, con sus glorias y tragedias, enseña que no se conquista la justicia y la igualdad sin la libertad ni la participación activa de los ciudadanos.

A la vez, quienes pretendan negar el papel importantísimo de los sectores, en favor de cualquier otra forma válida de organización y participación, pueden quedar entrampados en una lógica simplista de contraposición orgánica-inorgánica que no solo no resuelve sino que probablemente terminaría desperdiciando las posibilidades de ambas, tanto por separado, como en su posible y fructífera confluencia. De hecho, el banderazo, por lejos la mejor arma de movilización electoral de toda la campaña del FA, lo fue no por oponerse totalmente a la orgánica sino por lograr interactuar superando las contradicciones que hubo.

Según el diccionario, aparato, más allá de sus distintas acepciones, es un conjunto organizado de piezas que cumple una función determinada. Una definición que por traslación se usa en política para referirse a los aparatos de las organizaciones partidarias o del Estado. Hay toda una lógica fundada en la experiencia acumulada, en esa suerte de memoria política de los pueblos que se expresa en su enorme capacidad de resistencia, a la par que genera, mantiene y desarrolla instrumentos orgánicos capaces de impulsar la lucha. Una lógica admirable capaz de conquistar una persistencia conmovedora. Pero así como hay permanencias, también hay terminaciones. Sobre todo, etapas y ciclos que se cumplen inexorablemente.

A su vez, hay una acepción de aparato que refiere a cierta aparatosidad en tanto ostentación. Su aplicación en la lucha política tal vez rinda efectos electorales o adorne espacios de militancia, pero también suelen generar una lógica de aparato que tiene algo de apariencia. Tanto la de aquellos expertos en ser vanguardias de gabinete capaces de perpetuarse como la de los que pretenden revestirse de una pureza revolucionaria cuyo patrimonio poseen, algunos por derecho propio pero otros por mera herencia orgánica, y con el cual osan calibrar el compromiso de los demás; a la vez que parecen ser comisarios del pueblo, los guardianes últimos que pueden garantizar la aplicación de las sagradas políticas públicas. Triste camino para una izquierda que se nutrió de muy diversos aportes en contra de todo dogma prefabricado en pos de la utopía.

En esa lógica aparatosa están los que creen pero también alguno que se la cree. No hay que olvidar que aunque pretendan aparecer como duros eslabones, en verdad no son más que un hilo delgado, hebras en la larga y eterna cadena del pueblo.

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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