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KaosmoS

Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

5 Marzo 2009

EL MAMUT SIBERIANO

Por Javier Zeballos

Publicado en el semanario El Español de Australia

En 1963 se filmó, durante casi un año y medio de rodaje,  un filme  aún hoy muy poco conocido titulado "Soy Cuba" dirigido por el famoso cineasta Kalatozov. Fue la primera colaboración soviética con el ICAIC cubano. La película fue enterrada en la URSS a tan solo una semana del estreno. En Cuba tampoco gustó. A inicios de los 90, Scorsesse y Coppola la descubren, compran los derechos y la lanzan en EE.UU. donde la crítica la catalogó de obra maestra.  Más de cuarenta años después, un documental realizado por un joven brasileño narra las vicisitudes históricas de semejante producción, de su hallazgo casi arqueológico, y la  rescata del olvido.

Arqueología y cine

Un joven cineasta brasileño, Vicente Ferraz, realizó un documental con el objetivo de entender  por qué y cómo se filmó "Soy Cuba" aquella extraña película soviética realizada en el caribe y que pasó al olvido en los archivos de la URSS, como también en los del Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficas, aunque en Cuba no lo fue por las mismas razones.

Se dice que hay películas que se adelantan a su época pero no sería exagerado reconocer que la enorme mayoría se repiten y no innovan en nada. Pero más difícil es entender las extrañas revalorizaciones sucedidas tiempo después.  ¿Cómo entenderlas?  ¿El problema fue el filme o el público?. En verdad, cualquier lista de mejores películas de todos los tiempos no dejan de ser una construcción permanente, la emblemática "Citizen Kane" conquistó su sitial de preferencia varios años después, cuando el cine había conquistado cierto estatus académico, por cierto, lo que no deja de ser paradojal con una película que supo romper con el cine academicista de su época.

Con "Soy Cuba" estas cuestiones y muchas otras saltan a primer plano. ¿Acaso un director soviético formado desde los años 20 en el Realismo Socialista podía concebir y filmar otra cosa? Tal vez si, pero seguramente, aunque distinta, tampoco hubiera sido lo que un cubano quería ver. El hecho de que haya trabajado por más de dos años en la isla ayudó, pero no daba para modificar sustancialmente esa mirada.  Eso nos lleva al tema de la compleja relación entre la creación, la obra concreta realizada y su confrontación con un público determinado. Porque así como es muy importante intentar acercarse a las condiciones de creación y realización, también es imprescindible mirar al público, a la sociedad de la época.

¿Qué es lo que convierte a una obra en una obra maestra? Más que una causa, incluido el genio de un artista, serán un conjunto de fenómenos relacionales los que, a veces muy lentamente, incluso durante siglos, como sucedió con "La Gioconda" de Leonardo Da Vinci, se irán concatenando para desencadenar semejante proceso.

Una escena emblemática

La cámara comienza en la calle con un primer plano de una mujer joven y se aleja lentamente hacia atrás en lo que aparentemente sería un Dolly Back mientras ella se mueve rodeada de gente. En realidad allí es una cámara en mano. El encuadre se va abriendo y aparece un joven que se suma a cargar un féretro. La escena es un cortejo de algún mártir de la lucha revolucionaria. Luego se ven muchas personas que acompañan en medio de las callecitas de La Habana vieja, entre antiguos edificios. El plano secuencia sigue pero ahora, sin brusquedad ni salto alguno, comienza a subir en lo que parece un típico movimiento ascendente de grúa. Sin embargo, no para y sigue verticalmente en un leve plano picado de las personas que van marchando en la calle. No se detiene y sube junto a la pared del edificio. En un balcón, una mujer echa pétalos al aire. La cámara sigue subiendo junto a las rejas de los balcones, sobrepasa una terraza donde más personas presencian conmovidas la marcha fúnebre y se eleva hasta que empieza a deslizarse horizontalmente a la derecha mostrando las calles repletas de gente desde arriba. Cruza y llega hasta la pared del edificio de enfrente pero no se detiene, penetra por una ventana sin perder el eje ni variar el ángulo de enfoque y se mete en una fábrica de habanos. Se ve a los operarios trabajando, armando los cigarros, hasta que cambia de dirección y avanza recto hacia delante por un corredor entre las mesas pasando junto a las cabezas de los obreros. Alguien saca una bandera prolijamente doblada que va de mano en mano hasta la ventana donde la despliegan al aire. La cámara sale y pasa junto a ella entre los brazos que la hacen flamear y sigue por lo alto sobre la calle a la altura de los techos mostrando la multitud y los balcones y ventanas repletas de gente mientras sigue volando hacia delante entre los edificios de las estrechas callecitas de La Habana. Se trata de una increíble escena filmada en un solo plano secuencia que es una verdadera obra de ingeniería cinematográfica mientras una voz en off explica que pertenece a "Soy Cuba".

El documental intenta preguntar y responder cómo y por qué se filmó semejante película. El cubano Enrique Pineda Barnet, que fue co-guionista de aquel mítico filme dice "Todavía me estoy preguntando qué película ellos querían hacer." Y más adelante aclara: "Querían hacer una película poética, un gran poema épico de aliento romántico sobre la revolución cubana. Y hay que decir que eso estaba en nosotros, en el espíritu de la Cuba de esos años. Estaba en mí. Yo veía los hechos en grande, de esa manera epopéyica y me entusiasmaba la idea." Sin embargo, fue una película que se estrenó y se guardó. Si bien en Cuba fue algo distinto, muy pocos la vieron aunque nunca estuvo oficialmente restringida. Lo cierto es que no se volvió a ver y aun hoy la mayoría no sabe de su existencia. El autor del documental buscó en los archivos del ICAIC y reconstruyó los motivos por lo que se mantenía en las sombras.

De Rusia con amor

¿Cómo llegó aquel director soviético a filmar en Cuba? En 1961 llegó un grupo de trabajo del Comité Estatal de Cine de la URSS para iniciar la colaboración en un ambicioso proyecto, mostrar al mundo la epopeya de la lucha revolucionaria cubana. Allí se planteó la idea de realizar una película sin aun tener idea de cuál, pero con la intención de plasmar la simpatía y la solidaridad de la URSS. Los soviéticos propusieron a Mikhail Kalatozov, un director de gran fama que se hallaba en la cima de su carrera, había ganado la Palma de oro en Cannes en 1958 con su filme más recordado:  Vuelan las grullas. Trabajaría en colaboración con su director de fotografía habitual, Sergei Urusevsky y el guión del poeta Evgueni Evstushenko, aparte de un grupo de técnicos conformado por más de cien personas.  Alfredo Guevara, Presidente del ICAIC propuso al poeta Enrique Pineda Barnet para que colaborara en el guión. En 1962 llega Kalatozov y su equipo. Los soviéticos muestran su sorpresa y fascinación por una revolución en los trópicos. El asistente de cámara, Alexander "Sacha" Calzatti dice: "Estábamos maravillados con lo que veíamos en las calles".

Sin embargo, el choque cultural estaba ahí. Los soviéticos no se desprendieron del romanticismo y querían hacer algo grandioso. Quizá, aunque hablaban de Cuba como algo nuevo, igual se imponía la épica soviética, un choque cultural entre el caribe y el alma eslava. Para colmo, en medio de toda aquella preparación estalla la Crisis de los misiles. Eso reafirmó en Kalatozov el filmar un gran manifiesto de apoyo a la revolución cubana, de hacer un gran poema épico. Cuenta Pineda Barnet que empezó a notar que Kalatozov seleccionaba textos escritos para el guión optando por cierta literalidad, en cambio Urusevsky seleccionaba pasajes de una impronta subjetiva con una fuerte carga de imágenes que adelantaban la belleza estilizada que construiría luego. ¿Era aquello realismo socialista? "Soy Cuba" no encaja en sus férreas definiciones pero hay que reconocer que se le parece demasiado.

El 26 de febrero de 1963 se inició el rodaje que terminó durando catorce meses. La filmación más larga de toda la historia del cine cubano. Alfredo Guevara cuenta que en aquel tiempo sabían que un rodaje podía durar 8 semanas. Que contar con 12 era un lujo y con 14 semanas era algo casi sobrenatural. 14 meses eran sencillamente un disparate. Pero así fue. La película consta de cuatro historias, todas antes de la revolución, empezando por la elegante juerga de los ricos extranjeros, la lucha estudiantil, la represión y la insurrección en la sierra maestra que logra el triunfo.

Otro plano secuencia memorable es en la terraza de un lujoso hotel. La cámara deambula entre la gente mientras se desarrolla un desfile de modelos en bikini y capelinas para regocijo de los opulentos que no paran de reír, beber, comer y bailar en una típica diversión de la Cuba de Batista. Al fondo de la terraza repleta, se ve un cielo cargado de nubes y el mar de la bahía con su malecón. La cámara se acerca a un locutor que desde un balcón insita al aplauso. Tras él se ven altos edificios y otra terraza más abajo con una gran piscina. La cámara inicia el descenso ante la reja del balcón pero pasa a través de esta hacia abajo, hasta que panea a la izquierda y desciende junto a la pared mostrando una vista de calles y más terrazas llenas de gente alegre que se divierte y aplaude. La cámara sigue bajando hasta la otra terraza  con la piscina, vuelve a deambular entre la gente y sigue a una bella joven caminar e ingresar en el agua. La cámara avanza hasta el borde y se sumerge en el agua y filma, alternadamente, fuera y dentro del agua,  a los nadan. otra proeza visual.

Este tipo de escenas que tanto atrajeron a los realizadores, fueron las que propiciaron luego que el filme fuera  archivado a poco de su estreno en la URSS. Y es que las imágenes de ese capitalismo dorado, plateado si nos atenemos al brillo de la fotografía de Urusevsky, era desconocido para el común de la gente.  Más allá que en cierta manera implicaba una crítica al derroche y la suntuosidad de unos pocos, para el paternalismo de los fieles guardianes del partido dispuestos a proteger el gusto de las masas, aquello era un peligroso aporte visual que podía alentar el idealismo acerca de las bondades del sistema capitalista..

Tal era el cuidado fotográfico de Urusevsky que logró traer de la URSS rollos de película que se fabricaba con fines militares o espaciales. En "Soy Cuba" experimentó con celuloide infrarojo, negativo pancreomático con agregados químicos que lo volvían más sensible a la luz infrarroja del  espectro luminoso. Pero no solo implicaba el uso de equipamiento sino su propia técnica y hasta sus extrañas manías. Cuentan asistentes del rodaje que su obstinación por esperar que se formaran grandes nubes porque le daba gran importancia al cielo en la composición de sus encuadres y llegaba a esperar tres días solo para que se vieran nubes. "Cielo sin nubes, no interesar" dicen que decía. También, para determinadas escenas, se vendaba los ojos y se apartaba, eso le permitía luego, al sacarse la venda, dilatar mucho la pupila y al mirar por el visor de la cámara tener una visión mucho más brillante para poder tener idea mejor del brillo del resultado con el blanco y negro que buscaba.

Pero no todo era tan planificado como un rodaje tan largo, y todos los meses previos de preproducción, pueden hacer prever. También hubo improvisación, búsqueda y experimentación. Hubo protagonistas de escenas que fueron buscados por meses pero se los eligió por cruzarse imprevistamente con ellos. Se elegían actores por casualidad, de ello se encargaba Belka Fridman, esposa de Urusevsky, una mujer apasionada por el proyecto y que se esforzó por comprender la realidad cubana.  En un ascensor convencieron a un francés, en la calle encontraron a una joven sin experiencia que terminó como protagonista del primer cuento, otros actores fueron seleccionados entre el equipo técnico asistente. Una escena muestra a un negro cantando en la calle y parece una genuina y espontánea canción popular cubana de cuna callejera. Sin embargo, aquella toma combina ese estilo de trabajo planificado con toques improvisación. En este caso, a la inversa. Porque resulta que por mucho tiempo se estaba buscando un cantor para una escena que estaba prevista en el guión pero Kalatozov se topó en la calle con aquel negro que tanto le fascinó. El punto es que le hizo cantar una canción ficticia pues el negro no era cantor ni cantaba muy bien pero visualmente era lo que el quería. Y después le ordenó al poeta  Pineda Barnet y al músico Carlos Farina, quienes tuvieron que escribir y componer la canción editando cuadro a cuadro en la moviola para respetar los movimientos de la boca del negro de la calle. Aquella canción se volvió no solo un clásico en la música popular cubana sino que también es un famoso tema de la música instrumental para guitarra que se llama "Canción triste". Y es bellísima.

Estreno y olvido

Después de cientos de miles de metros de negativo filmado, de un presupuesto que era una fortuna en rublos, y tanto tiempo de trabajo, Kalatozov y todo su equipo se fueron de Cuba convencidos de que tenían el material de la película que asombraría a los soviéticos y al mundo entero. Una expresión de la colaboración entre dos pueblos unidos en la construcción del comunismo. "Soy Cuba" era una epopeya en sí misma. Tenían el prestigio y el talento para hacer aquello, pero la historia fue muy otra.

El 26 de julio de 1964 se estrenó simultáneamente en la URSS y en Cuba, con la más alta presencia oficial. En Moscú generó las peligrosas asociaciones ya comentadas sobre los atractivos de un capitalismo del que mejor no hablar. En Cuba, en cambio, las razones de su olvido fue que sencillamente no gustó. Pero no por contradecir ninguna visión oficial sino porque su estética parecía, para muchos cubanos de aquella época, incluidos casi todos los que trabajaron en el proyecto que marcó sus vidas, demasiado apegada a la grandilocuencia impostada típica del realismo socialista al uso.

Tal vez la cercanía, para los propios cubanos, tanto cronológica como física, con su historia revolucionaria y su realidad cotidiana, que se asumía como muy vital, apasionada y desinhibida, contrastaba con aquel relato moroso, comentado por una voz en off casi en tono de declamación que parecía un fósil, un arcaísmo poético muy alejado del habla del caribe. Y lo mismo sucedía visualmente. La poesía visual del filme es de una belleza tal que por momentos empalaga. El tempo de las escenas y los planos también parecía rendir culto a otra retórica, muy lejana de las vivencias de la lucha revolucionaria y del meneo vertiginoso del trópico.  A tal punto que la predominancia de la impresionante fotografía de Urusevsky, imponiéndose sobre el guión y hasta la propia dirección, es criticado por directores de fotografía que participaron del proyecto. Los  encuadres, la angulación y el movimiento de la cámara, la textura y el contraste de ese blanco y negro envuelto en una luz plateada donde relucen los reflejos, conformaron un estilo visual atrapante, bellísimo, pero de un peso específico tal que para los cubanos hacía perder pie en la historia. Fue el choque de dos estilos muy diferentes, de dos épicas distintas. De dos necesidades históricas de diferente funcionalidad, trayectoria, contexto y tradición. Incluso para la incipiente cinematografía cubana del momento.

Así, aquel filme destinado a exaltar y a convertirse en paradigma de la solidaridad con Cuba,  era abandonado por soviéticos y cubanos y comenzaba el camino del olvido hasta que el cambio de paradigmas, y sobre todo la caída de algunos, lo convirtió en un nuevo paradigma de una suerte de rescate de arqueología cinematográfica.
"Es un misterio descubrir por qué algunas cosas se archivan, lo que es triste es descubrir por qué algunas cosas se olvidan" dice alguien en el documental.

El oro de Moscú

Después del derrumbe del Socialismo Real, y con una Cuba vulnerable y en plena penuria del período especial,  en los 90, Martin Scorssese y Francis Ford Copola, que ignoraban completamente su existencia, la descubren y compran los derechos para lanzarla comercialmente en los Estados Unidos. Otra ironía que se aprovecha de las propias carencias y contradicciones  de la valoración revolucionaria oficial. Un dato que nos recuerda, con todas las dificultades que implica, la importancia de la apuesta a la diversidad de las políticas culturales tanto en la creación como en la valoración de sus propias producciones. Algo que no implica solo el gusto o los gustos oficiales o académicos sino también los vaivenes del popular. Sobre todo por la complejidad de una sociedad para articular valoraciones en el devenir de su propia trayectoria, donde nunca todo es armonía en la dialéctica de las ideas o en un arte tantas veces sumido en un movimiento pendular de un opuesto a otro. La paradoja es que aún hoy, para los cubanos que cuentan emocionados su participación en "Soy Cuba", la sensación de maravilla del cómo se hizo choca con el disgusto de su resultado. La mayoría de ellos se sorprende increíblemente, pues todos lo desconocían, de las valoraciones de la crítica norteamericana tras el relanzamiento de inicios de los 90.

Cuenta Alexander "Sacha" Calzatti, que fue operador de cámara, que Scorssese le confesó que "de haber visto "Soy Cuba" en sus inicios, él hubiera sido otro director". La crítica estadounidense se deshizo en elogios. Así, Stephen Holden en el New York Times la calificó como "Espectacular y visualmente sorprendente", el San Francisco Chronicle como "Obra Maestra", Los Angeles Weekly de "Embriagadora", Interview de "Gloriosa" y The Washington Post como "Estupenda". Sin embargo, a los más cercanos a ella en Cuba, los sigue sin convencer. Y es que semejante revalorización no deja de ser paradójica. El capitalismo renace comercialmente lo que antes criticaba. Cuando el comunismo ya no asusta ni es un rival de fuste, el realismo socialista sí es bueno y es elevado a la altura de clásico del cine mundial.

Alfredo Guevara afirma que: "decir que no tuvo influencia no quiere decir que no vemos con simpatía, con nostalgia, aquel esfuerzo enorme que hicieron un grupo de soviéticos por acercarse a Cuba y a la realidad cubana. Si nos entendieron o no nos entendieron, eso me da igual. Lo que sé es que perseguían apoyarnos. Ahora, todo ese redescubrimiento de la película por otros, me encanta, pero me hace reflexionar y digo: cuando la película era un apoyo necesario, fue ignorada, cuando es una pieza de arqueología, es rescatada".

El problema, y parte de la paradoja, es que no fue desde la matriz imperial de occidente donde se produjo la crítica, el archivo y el olvido que la mantuvo en la ignorancia, algo que todavía se impone sobre la mayoría de los espectadores porque ha sido vista por muy pocos,  sino que tales decisiones fueron hechas en los dos países que la produjeron.

Mikhail Kalatozov murió en 1973 y Sergei Urusevsky un año más tarde. Vivieron la última década de sus vidas inconformes con las opiniones sobre la película que habían hecho y que tanto defendían y sin saber que todo aquello sería un día reconocido, aunque por unos pocos privilegiados que llegaron a ver el filme.  Aquí en Uruguay solo ha sido exhibida junto con el documental brasileño por Cinemateca Uruguaya. En España se acaba de lanzar un DVD doble, la película original y el documental que la rescata.

El documental brasileño filmado en Cuba, recrea la increíble aventura de hacer "Soy Cuba" con algunos de los técnicos sobrevivientes junto a un soviético que volvió emocionado a la isla.  Para entender mejor de qué se trata, vale la cita del crítico norteamericano  J. Hoberman que tituló su nota "Soy Cuba, una alucinación bolchevique" y dice: "Hay fósiles que los cinepaleontólogos buscan y fósiles cinematográficos que se aprecian de forma milagrosa. Soy Cuba pertenece a estos últimos. Fue tan inesperado como el de un mamut siberiano preservado bajo las arenas de una isla tropical".

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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