IZQUIERDA Y ELECCIONES EN EL URUGUAY 2009
Por Javier Zeballos
¿La izquierda debe mantener o crear mecanismos compulsivos de participación o debe fomentar la actitud voluntaria de los ciudadanos? Esta pregunta es el leiv motiv que pauta la relación entre Ciudadanía y Estado.
Habituado a escandalizar a más de un militante de los que andan inquiriendo sobre la definición de a cuál candidato votar en junio, mi encuentro con un votante decidido para octubre me propinó una sopa de mi propio chocolate. Ante mi pregunta sobre su percepción de los candidatos del FA y sus variopintas declaraciones, me descolocó con la argumentación de no votar en junio.
Este votante frenteamplista decidido para octubre no piensa pasar ni cerca de un circuito de votación en junio. Ante mi sorprendido ¿por qué? contesto con una verdad de Perogrullo: "Porque no soy frenteamplista" me dijo con tono monocorde pero inapelable. "Los que deben decidir quién es su mejor candidato son los frenteamplistas".
Se ve que dije algo sobre las ventajas de la democracia participativa, el deber ciudadano o algo parecido porque me espetó "Yo solo soy un votante. Mi obligación electoral es elegir cada cinco años a quienes piense que me representarán mejor de acuerdo a lo que yo crea que necesito y se necesita para el país. Esa es mi responsabilidad como ciudadano y la defiendo, pero nadie debe venir a decirme que yo tengo que decidir cuestiones internas de una organización política a la que no pertenezco ni quiero pertenecer, aunque sea la que votaré. Podría incidir sobre el candidato que más me gusta pero, después de todo, terminé votando al FA porque acepté la prédica de la importancia del programa común y de una fuerza política que gobernara para ello; y no me han defraudado, ha sido el mejor gobierno en relación a lo dicho y lo hecho".
El punto me hizo pensar sobre un aspecto que, aunque no esté explícito en el discurso de izquierda, muchos lo damos implícito, una cierta idea de frenteamplizar a la sociedad. Si bien no de catequizar o convertir, al menos de contagiar o entusiasmar a la gente a participar de acuerdo a como el imaginario freanteamplista se supone debía canalizar la participación ciudadana. En la izquierda persiste cierta idealización de la participación colectiva, basta analizar lo que ha sido nuestra experiencia gobernando Montevideo durante casi dos décadas. Nuestra ciudad ha cambiado mucho pero la realidad dista mucho de lo que cualquier frenteamplista moderado imaginaba en 1989 si se le preguntaba como pensaba una Montevideo gobernada por veinte años consecutivos del FA. Y una de esas idealizaciones tiene que ver con creer en la mayor participación en un sentido unidireccional. La experiencia enseña que hay flujos y reflujos que dependen de múltiples factores. Ahora, no idealizar, ¿significa desmontar ideas sobre la participación mimetizándose con antiguas prácticas electoralistas tradicionales o se trata de propiciar recrearla en diferentes ámbitos? ¿Y si tal vez la gente participa tanto o más que antes pero en otros lugares que no son los estrechos espacios de los Comíté de Base o los partidos y sectores políticos?
El periplo de nuestro FA implicó un avance constante de votantes pero, lógicamente, sin mantener la misma relación con los militantes, ni siquiera con los adherentes. Algo no solo casi imposible sino muy poco recomendable para el crecimiento de una fuerza política. Al menos para una que crea seriamente en el proceso electoral democrático. No pretendo que sea la única forma de crecer en la influencia sobre la sociedad pero lo otro sería bastante ilógico. Sin embargo, este diagnóstico que casi todos ven, el desfasaje entre militantes y votantes, parece no comprenderse en toda su dimensión, y cuando aparece, está en función de tal o cual conveniencia sectorial. Los "equipos", que en los hechos han sido sumos respetuosos de la disciplina orgánica gubernamental y legislativa, la utilizan ahora para argumentar la escasa representatividad de lo orgánico estigmatizado en los "aparatos" aunque, curiosamente, armen otros aparatos tanto o más "mediatizadores" para imponer su candidato en la campaña. Por otro lado, "la barra" se aferra a una orgánica que su propia tendencia por años, décadas, desestimó y hasta ninguneó, en aras de un ombliguismo que en verdad estaba en función de su propia "orga" ya fuera en su etapa foquista, militarista o frentegrandista, tantas veces, aunque nunca opuesta, de espaldas del FA. Dicho esto con el respeto que se merecen quienes lograron con mucha humildad, llámese Pepe, aprender de dolorosos errores y forjar una práctica que aúna una tremenda llegada popular con una defensa de la organización construida por tantos aluviones. Unos creen que si a la elección interna acuden muchos votantes, ellos ganan. Otros piensan que si queda restringida y no pasa del difuso umbral de adherentes, los beneficia. Ambos desaprovechan las posibilidades de sus respectivos candidatos y tal vez también se equivoquen sobre el resultado.
Un análisis crítico del discurso de declaraciones, Carámbula está por verse, lleva a tales conclusiones. Discursos que increíblemente constriñen la amplitud de las capacidades de ambos. Así como en una época la izquierda debatía sobre el sujeto histórico de los cambios en el Uruguay, hoy, en medio de la centralidad que adquirió la importancia del candidato frente a lo programático, un baile en el que nos metimos solitos, habría que agregar a semejante debate, si es que alguien lo recuerda, la acepción de sujeto en tanto ser atado, amarrado y atrapado en los vectores significantes de sus propias palabras. La prueba está en que ambos se desviven por llegarle a los que supuestamente no le llegan.
La pretensión de que en una elección interna decidan quienes tan solo son votantes, aunque se revista de participación, no deja de ser una actitud de imponerle a tales ciudadanos una obligación que no tienen, ni constitucional, ni ideológica, y menos orgánicamente. Curiosamente, es una pretensión de integrarlos a la fuerza a las lógicas organicistas que algunos discursos deslegitiman. Del otro lado, a menudo la deslegitiman las prácticas, porque aunque el discurso defienda esa orgánica, muchas veces se imponen dinámicas que impiden que la organización integre efectivamente ese torrente participativo y todo quede en un aparato que manejan unos pocos. Sobre estos desafíos de la sociedad actual deberíamos reflexionar cuando la participación tan invocada se diluye en canales cada vez más parecidos a los de blancos y colorados con una vanguardia dirigente que hace política por TV y campaña cada cinco años creando un muro entre los que dirigen y los que miran, gobierno incluido. El candidato, en este caso los candidatos, incluyo al tercer polo, aunque invoque a la participación, adquiere tal mediatización jerárquica que, a la vez, la frena. Son las contradicciones de la complejidad de las sociedades modernas que distan mucho de la idealizada mística frenteamplista tan invocada, tanto como de la polis antigua que sin embargo sigue impregnando el discurso político.
Especial para el semanario El Español de Australia.
En Uruguay, publicado en el Semanario Voces, jueves 19 de febrero de 2009.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

jose raul romero dijo
compañeros, esto que ustedes llaman izquierda (frente amplio) ya no lo es, se ha transformado en un partido de derecha al servicio de las multinacionales, extranjerizo la tierra, privatizo y lo pero, nos endeudo como ningun otro gobierno(economia señores)
LA NUEVA IZQUIERDA EN URUGUAY SE LLAMA ASAMBLEA POPULAR, NACIO Y COMIENZA A DAR SUS PRIMEROS PASOS.
SALUDOS
29 Junio 2009 | 03:58 AM