RE - TENSIONES
Hay quien dice que el arte de la política consiste en hacerle creer a los pobres que se los defiende de los ricos y viceversa. No me gusta pero tal vez sea cierto.
Cuando el conflicto entre el campo y el gobierno argentino se agudiza parece necesario replantearse el contexto en el que surge y tratar de auscultar las fuerzas que le dan impulso, al tiempo que intuir los vectores que marcan su dirección. Tratar de entender el sentido del aparente sinsentido.
No pocas veces resurge la idea de que la sociedad argentina remite directamente a un caos. Es una idea tan persistente como, hay que reconocerlo, el carácter cíclico de sus crisis políticas devenidas, si no en inestabilidad constante, al menos en un gran incertidumbre.
Fueron caudillistas los unitarios, fueron caudillistas los federales, fue caudillista la oligarquía, fue caudillista el radicalismo reformador, fue caudillista hasta la médula el peronismo, fueron caudillistas los militares en todas y cada una de las dictaduras y fue caudillista la restauración democrática. Fue caudillista el neoliberalismo a ultranza que necesitó un fantoche como Menem pero también fue caudillista la centro- izquierda que se dejó arrastrar por la sombra diluida de un De la Rua apocado y huidizo. Y fue caudillista el transversalismo neoperonista que lo tiró y se apoderó del gobierno, al punto que en medio del “que se vayan todos” se entronizó un caudillo bonaerense como Duhalde y luego, a caballo, un Kirchner que de outsider no tenía nada pues gobernaba desde hacía varios años en Santa Cruz.
SUB-ESTIMACIONES
¿Qué puede hacer Cristina K sino transformarse en un caudillo? La historia manda y quien manda no es un hecho menor. La Argentina parece obsesionada con la idea del mando.
¿Por qué el gobierno se embarcó con las retenciones cuando situación del país, y menos en lo electoral que tantas veces ha sido el leiv motiv de la acción política, no lo forzaba a buscarse semejante lio? Tal vez haya quien piense en la estupidez. Es posible, jamás hay que descartarlo de la acción humana, pero sospecho que no hay que subestimar. Sin embargo es lo que parecen hacer todos. El gobierno parece subestimar el movimiento generado por sectores del agro así como quienes dirigen el paro parecen subestimar los movimientos del gobierno. En el medio aparecen dirigentes políticos llamando al imprescindible diálogo. Por qué no sentarse a dialogar si todos saben que será en una mesa donde se dirima una batalla porque ninguno está dispuesto a guerra. Los ruralistas no miran más allá de su propia rentabilidad, con el agregado de que hoy muchos productores chicos esta´n siendo guiados por los grandes estancieros. En frente, el gobierno parece subestimar el alcance y posibilidades de expresión del eterno descontento popular, tal vez creyéndose todopoderoso.
TODO O NADA
La política de retenciones pretende revestirse de ser un factor de equilibrio fiscal para producir una redistribución del ingreso incidiendo en la composición de la renta de los diferentes sectores y la nacional. La apuesta dice ser la de ejecutar políticas que mediante filtros fiscales a la exportación, la aminoren y re-direccione al mercado interno. La excusa es el nivel de ganancias de esos sectores. El objetivo sería la sustitución de monocultivos como la soga que se tragan las tierras fértiles del país, a la par que direccionarían ese y otros granos desde los grandes estancieros y las multinacionales agroexportadoras a la cadena agroindustrial que le agregue valor y, por lo tanto, implique mayores fuentes de trabajo. Porque los campos de soja no solo no emplean mucha gente sino que los peones son de los peores pagos, incluso en negro, lo que desnuda las carencias de los derechos de miles de personas explotadas en el campo que no tienen voz. A tal punto que no son los que hoy están cortando las rutas sino sus patrones.
Uno de los problemas radica en los mecanismos que puedan discriminar a los pequeños y medianos productores de los grandes. La retención a las exportaciones parece ser medio confuso porque los que exportan son los frandes o las empresas agroexportadoras y no los productores chicos que solo venden sus granos pero precisamente las prácticas de la relación entre los exportadores y los chicos es lo que lleva a que ellos pierdan rentabilidad, o exista tal amenaza. Claro que hay que analizar a fondo los números porque aquí no hay pérdidas en discusión sino porcentajes de rentabilidad extra. A la vez, algunos se justifican diciendo que el momento de bonanzas en los precios desde hace un tiempo no va a ser eterno y la acumulación actual compensará posibles rentas menores en otros períodos. Las otras políticas compensatorias existen o se crearían para atender a los pequeños y medianos prooductores que son el 95 % pero solo poseen el 47 % de la tierra cuando en cambio el 1.5 % es dueño del 53 % de las propiedades. Algunas preguntas son ¿Qué se sabe sobre los reales efectos multiplicadores de estas actividades? ¿Dónden se acumula la renta y por quiénes? ¿Qué niveles de reinversión productiva se practican? ¿Qué diversidad de cultivos se realizan para no quedar entrampados en poner todos los huevos en la misma canasta? Ese es e l país real del que poco se sabe.
Otra carta escondida es que la política de retenciones está muy condicionada por la necesidad de control de precios y de la inflación, y tiene la pretensión de aumentar la oferta en el mercado interno para que opere sobre la demanda. A tal punto importa la inflación que el gobierno manipuló la elaboración de los índices, entre otras cosas, porque su aumento incide directamente en el pago de la deuda con los bonos del exterior. ¿Cuál es la inflación real hoy en la Argentina? También habría que preguntarse si muchos sectores patronales tan afines a las sospechas sobre el índice de inflación, estarían dispuestos a otorgar aumentos reales de salarios que impliquen un incremento sobre de recuperación porcentual sobre el verdadero indicador? Todo aumento nominal que no implique aumento real del salario por sobre la variación del índice de precios al consumo no se le puede llamar aumento. Los trabajadores tienen la palabra. ¿La tienen? No, en la argentina los gremios son un aparato del peronismo. No todos pero sí muchos, demasiados. La independencia de clase no existe en el tradicional movimiento sindical argentino. Perón Perón, que grande sos…
Pero en la política, mejor dicho en la sociedad, en la vida, dos más dos casi nunca son cuatro. No todo lo que se persigue se alcanza ni todo lo que se quiere se obtiene. Una pregunta latente es si tal política gubernamental de retenciones es capaz de modificar la realidad en el sentido esperado. La reflexión pasa por comprender que la realidad siempre es algo más de lo que creemos que es y que los manuales de economía política no la pueden abarcar. Una verdad oculta bajo la mesa es que, aparte de esos loables objetivos redistributivos, las retenciones también son parte del engranaje de un Estado recaudador para autofinanciar su uso clientelista, incluso la supervivencia de la burocracia que lo compone, gobierno incluido. Si el Estado es producto de un contrato social, siempre desigual, su rol distributivo de la riqueza no es menor, pero tampoco es menor que enrolado en tal función se transforma en un fin más que en un medio. Su uso y abuso es de larga data en historia. Por eso la utopía revolucionaria llegó a imaginar una sociedad sin Estado. El dato no solo es fruto del anarquismo más filosófico, el propio Marx lo formula. Claro, lo que muchos comunistas olvidan, y el socialismo real desestimó, fue que además agregó… sin Estado y sin Partido. La experiencia del siglo XX fue otra muy distinta pero en el futuro ¿Quién sabe?
En la Argentina, como en tantos otros lugares, ese Estado no está planteando, lamentablemente, ejercer ese derecho redistributivo a través de una descentralización efectiva sino de una concentración. Tal vez el viejo centralismo porteño (Biner, el Gobernador Socialista de Santa Fe, en su llamado al diálogo, habló hoy de la persistencia de un federalismo menguado) pues las retenciones son prácticas del gobierno central quedando al margen las instituciones regionales y locales que bien podrían efectivizar que esos recursos lleguen directamente a las cadenas productivas y a la población a través de fuentes de trabajo, servicios y bienes, incluidos los tan olvidados bienes culturales en una sociedad obsesionada en la producción de mercancías y de consumidores antes que ciudadanos. La reforma del Estado en el sentido profundo es imprescindible para aunar medios y fines. Sin embargo, la estructura actual no va en función de esas políticas sino del caudillismo central que conviven con los caudillos locales. Unos alimentan a los otros y viceversa.
¿Pero por qué Cristina enfrenta al campo? Porque necesita un enemigo que la jerarquice. A falta de un enemigo exterior que se pueda utilizar en el mercado interno, como hace Chávez y lo hizo Fidel, el conflicto con Uruguay, difícil candidato para autojerarquizar a nadie, ya está perdido de antemano. Con la paradoja de que el discurso actual del gobierno argentino, Cristina y los Fernández dixit, sobre el derecho a la libre circulación de bienes y personas choca de frente contra todo lo hecho por el puñado que corta las rutas en Gualeguaychú más las omisiones del mismo gobierno al respecto. En la orilla de la Banda Oriental del Río Uruguay alguien debería escribir en el arenal con letra grande: ¡Un sopa de tu propio chocolate!
La verdadera política exige pensar con cabeza propia pero, a la vez, y paradojalmente, uno de los mayores peligros radica precisamente en sólo pensar con cabeza propia. La política, en el sentido antiguo de la polis griega, es un hecho colectivo y es imprescindible la colectivización de la reflexión, del análisis, de la elaboración a la par de la acción democrática y participativa en todos los ámbitos y niveles, no solo dentro de los partidos, movimientos o coaliciones, en la dirección y gestión institucional del Estado y, sobre todo, en el desarrollo de la sociedad civil.
Sin embargo, ese pensar con solo la propia cabeza lleva a muchos a no percibir lo que piensan otros. Y esos errores de percepción son peligrosos. Los ruralistas del las sociedades agrarias tienen un discurso tan mediocre, y una inexperiencia de lucha tan evidente, aparte de sus acotados horizontes de clase, que son capaces de convertir una movimiento capaz de lograr interesantes apoyos ciudadanos en un conflicto en el que pueden quedar aislados. Tuvieron la posibilidad de ejercer una comunicación con la población ante el trajín turístico de cientos de miles pero en vez de hacer retenes de información para expandir en profundidad su lucha, entregando panfletos y con asambleas a la vera de la ruta sin cortarlas, seguramente generando simpatía en la población, no, las cortaron perjudicando y calentando a muchos que solo querían aprovechar los días de descanso. Hicieron paro justo en días donde nadie trabaja, desgastándose en vez de difundir para acumular fuerzas.
El paro que ahora lleva 14 días debería estar empezando recién ahora. El otro error grave es haber declarado la continuación por tiempo indeterminado de las medidas 3 horas antes del discurso de la Presidenta. Debieron esperar y meterle presión para que bajara los decibeles pero hicieron lo opuesto dando pie al discurso autolegitimador de Cristina.
¿Qué va a pasar cuando la población empiece a sentir los efectos del desabastecimiento, se empiece a tirar mercadería en las rutas, aumente los precios de muchos productos pero se reduzca el consumo y la venta afecte a los pequeños, medianos y hasta grandes comerciantes? O los sectores industriales amenacen con frenar la producción talleres y fábricas y repercuta en los trabajadores Eso sin contar con el aparato peronista, y vaya si tiene experiencia, saliendo a la calle. ¿Habrá actos o un gran acto pro-gobierno? ¿Y qué pasa si hay un muerto?
El gobierno tiene para perder pero tiene mucho más para ganar. Tal vez existe un riesgo muy grande de polarización pero la oposición es también mediocre en la Argentina. Es buen síntoma participativo el caceroleo y las manifestaciones post-discurso, al que bien debería prestar atención el gobierno, pero fueron muy menores en cantidad y en calidad, al punto que bastó que algunos grupos los corrieran de las plazas y de los encuadres acotados, siempre planos muy cerrados de cámara en los canales de TV, que aparentaban mucha gente donde no había tanta. Pero a su vez ¿en qué barrios se dio efectivamente la protesta en Buenos Aires? Ese movimiento de protesta aparentemente espontáneo ¿Crece o se debilita?
Nestor Kirchner logro la estabilidad y la salida de la crisis pero sabe muy bien que el discurso que hizo tabla rasa sobre las demandas y conflictos en función de una Argentina de todos ya no es válido para contener las demandas de intereses sectoriales producto de la sociedad tal cual es, que el kirchnerismo no pretende cambiar . Y allí es donde le viene como anillo al dedo enfrentarse con un sector al que puede identificar en la opinión pública con la oligarquía y los que ganaron más en estos cuatro años pasados. Redoblar la apuesta con un discurso confrontacional posicionándose como defensor de las grandes masas contra los oligarcas de siempre y los acaparadores del presente es un escenario que no solo le sirve para doblarle el pescuezo a los ruralistas, es también una señal a todos los sectores que se aprestan a presionar por sus demandas.
Para la presidenta hay mucho en juego y no pocos riesgos de empantanarse o de envolverse en la violencia, pero también existe el margen de hacer crecer su figura. Es la vieja política de los caudillos, aunque ahora tenga falda y se vista con las mejores marcas. Tal vez sea el precio que una sociedad machista le exige a la primera mujer en el sillón de Rivadavia, para reconocerla como caudillo argentino.
Xabier
PD: Me dicen que Cristina se equivocó feo echando leña al fuego en vez de posar de articuladora. Le faltó paternalismo, dicen otros. Icluso quienes piensan que no supo jugar a ser Evita, en tanto madre abrazadora de todos los argentinos. Tal vez no pueda, tal vez no quiera, intuyo. ¿Pero... y qué hay de la Evita confrontadora? Y no me vengan a hablar del Botox, las carteras, lo zapatos y trajecitos de diseño ¿Acaso Evita no lucía sus tapados?


Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

blueberrie dijo
En realidad no tengo una opinión formada en referencia a este conflicto -que es una suma de conflictos...- y si la tuviera no me arriesgo, porque este país de novela de corte surrealista es más complejo de lo que percibimos desde nuestra orilla oriental. Estoy más tiempo acá que en Mdeo. y recién ahora me doy cuenta que nada más lejano a la realidad es aquello de que somos "países gemelos"; jeje... ¡¡Si pertenecemos a diferentes civilizaciones!!
Sufrí el desabastecimiento de algunos productos básicos pero de cuore dis-fru-téee la expresión desesperada de la jefa de estado; al fin le tocó probar la misma medicina que le recetan a Uruguay!
Saludos.
6 Abril 2008 | 09:42 PM