MARCHITAS
Ayer hubo dos marchas en Uruguay. Algo cambió. En las marchas puede haber algo marchito, caduco. Intentemos ver qué y cómo.
Ante la llegada del actual presidente de los EE.UU. George W. Bush en visita oficial como parte de su amplia gira por latinoamérica, la izquierda uruguaya se dividió en dos actos bien diferenciados. No es un hecho inédito, a menos que se desconozca la historia de desencuentros de las corrientes de izquierda, pero es algo que plantea un nuevo escenario en los últimos 35 años.
Desde la fundación del Frente Amplio nos acostumbramos a la idea de una izquierda sin exclusiones. Repasar los partidos y movimientos que lo fundaron y se fueron integrando en todo ese tiempo es comprobarlo. Todo lo que quiso quedar fuera, o fue radiado, era una presencia marginal. Y era marginal no por ser marginado sino porque marginal era su acción. Algunos, con una vocación verdaderamente sorprendente, como si ser cuatro gatos locos fuera el símbolo distintivo de la cualidad revolucionaria. Ejemplos hay varios y los conocemos. Tal infantilismo político nunca se agotó en tales grupúsculos pero hay que reconocerles su perseverancia.
Pero lo de ayer viernes creo que implica un salto cualitativo que demuestra que algo cambió o está cambiando. No estoy interesado en dejarme llevar a la deriva ante tal fenómeno. Por ello creo que es necesario abrir los ojos, reflexionar, debatir y actuar. Hay mucho en juego.
La marcha organizada por el PIT-CNT, la Central única de trabajadores, la FEUU, Federación de Estudiantes Universitarios y otras organizaciones sociales, fue mucho mayor que la otra marcha. Fue el doble de grande, aunque también se podría decir que la otra fue la mitad de chica, porque con esto de medir la magnitud de las marchas o actos no podemos jugar a la mosqueta conmo hacen algunos.
No se trata de ver solo lo cuantitativo, cuando precisamente lo cualitativo depende de otras rediemensiones mediáticas que la izquierda maneja poco, y muchas veces mal. Pero incluso también en las cuentas más de uno se hace trampa. Es una costumbre internacional. Los organizadores de toda marcha en el mundo generalmente agrandan las cifras que por el otro lado suelen ser disminuidas por organismos oficiales o la prensa teñida de partidarismos.
Estuve en las dos marchas. En la del PIT-CNT, participando, y en la otra mirando a ver qué pasaba. En la primera hubo, a mi jucio, y la recorrí de punta a punta marchando y cuando estuvo parada, unas 12 mil personas. En la segunda había no más de 6 mil. La primera me pareció acorde con la convocatoria, aunque me hubiera gustado ver más gente. La segunda superó todas las previsiones de sus organizadores y lo que yo esperaba encontrar. Las cifras que superan esos guarismos me parecen ridículas y expresan ese acto infantil de agrandar y mentir.
La marcha que representa a la mayoría de la izquierda del país, fue correcta, pacífica y en ella participaron muchísmos jóvenes, más de lo que es común. No hubo el más mínimo incidente y la marcha, el acto artístico y la lectura de la proclama se desarrollaron sin problemas. Fue una manifestación radical. Clara y contundente.
La segunda marcha, pretendidamente radical, tuvo lo que suele tener. Las diferencias se ven a simple vista pero la composición era variopinta y nada homogénea. Doy fe, porque lo vi con mis propios ojos, que los hechos de violencia fueron protagonizados por unos poquitos. La enorme mayoría, aunque tontamente aplaudía esos gestos, discurría sin involucrarse. Estaba parado en 18 y Yaguarón cuando ya casi terminaba de pasar la marcha y unos pocos rompieron los vidrios del ex cine Trocadero devenido en iglesia pentecostal. Son tan imbéciles que ni siquiera llegan a tiempo en su radicalismo. Tal vez fruto de su ingnorancia de todo lo que no sea esa verborragia seudorevolucionaria, pues lo que habría que haber roto, en todo caso, son los vidrios cuando todavía era el Cine Trocadero y pasaba las peores películas del cine más comercial. Aparte de todo lo demás, llegan tarde y mal.
Fue una verdadera estupidez que además es un acto de cobardía. Los que rompieron esos vidrios son unos verdaderos "cagones" para decirlo con propiedad. Eso es lo que hay que decirles en la cara. Y eso fue lo que dije. Estábamos con el director de Voces del frente y otro compañero de redacción mirando desde la vereda. Yo no bajé a la calle por valiente ni mucho menos, sino por indignación. En el medio de los que venían marchando y a unos metros de los que rompían los vidrios grité que eran unos cagones, todos, también los que aplaudían, que cuando hay que luchar y construir de verdad jamás aparecen y solo son capaces de éstas acciones. Ninguno dijo nada. Nadie. Con mis compañeros bromeamos después que, o yo estoaba muy ronco por la gripe o realmente todos estos son unos cobardes.
Y mi gesto no es nada bueno. Bastaba la reacción de alguno para que se armara un lío mayor y me lo cuestiono, pero no pude dejar de hacerlo por indignación. Cuando vi luego en TV lo que habían hecho en McDonalds, me quedé con las ganas de aterrizar a más de uno. Pero sería otra estupidez y esto no se arregla con el viejo criterio de la seguridad que solía poner el Partido Comunista y algun otro sector en las marchas de antaño para que jamás pasara nada de esto. Aunaque a veces se extraña.
El problema es que algo en las marchas está marchito, caduco. Y eso es lo que hay que debatir y sobre lo que hay que actuar. Los medios de comunicación respondiendo a sus propios intereses, lo que es bastante lógico, magnifican y ocultan lo que les conviene. No podemos esperar mucho de ellos.
La pregunta, aparte de si desde ahora habrá dos marchas para todo, es cual de las dos marchas es la que quedará caduca, marchita. Si dejamos que se imponga la dinámica pautada por los grandes medios de comunicación y por el accionar de grupúsculos intrascendentes, incapaces de trascender de otra manera, estigmatizando a los demás para autoploclamarse los supehéroes de la revolución, una revolución ficticia porque jamás hacen alguna, tendremos que aceptar que se darán los mismos fenómenos de las supuestas luchas antiglobalización internacional protagonizadas por este tipo de grupos y metodología. La prueba de su capacidad de aislar y matar los movimientos está a la vista aquí y en todas partes donde uno rasque por encima de la epidermis de lo que aparenta ser. Lo viví en Australia y basta cruzar el charco en Argentina, pero pasa igual en muchas otras partes del mundo.
El problema, y un buen desafío que hay que asumir, es cómo una visión profunda de izquierda es capaz de resignificar la lucha con formas nuevas. Porque nadie puede pensar que repitiendo los viejos códigos se puede expresar la nueva realidad. Los síntomas también están a la vista y que el Frente Amplio, su Mesa Política, no haya convocado a la marcha es uno de los peores. Un acto de seguidismo que demuestra la profunda mediocridad de los compañeros que se desempeñan allí y que demuestran estar anquilosados jugando a ser mas realistas que el rey. Eso no es cumplir con el rol de una fuerza política en el gobierno y es hacerse trampas al solitario.
Esa mediocridad, que se expresa también en políticas de nuestro gobierno, algunas que después se maquillan con discursos de tres horas a vuelo de pájaro para los que ignoran los hechos concretos, lo que no niega las muchas que se hacen bien, se combate con ideas y con acciones, con fermentación y debate y no con reuniones mediocres en toda la estructura orgánica que hace agua por todos lados. Y eso cuando se reúnen, como denuncié en mi artículo Soliloquios en el último número de Voces del Frente con respecto a la inexistente Comisión de Propaganda Central del Frente Amplio. Pero sabemos, a menos que nos hagamos los sordos y ciegos, que en las otras áreas el trabajo es deficiente. Un funcionario del FA, que no pudimos identificar, cuando llamamos al local central consultando por la propaganda al acto del Presidente en la Plaza Independencia, me contestó que, ¿a quién le importa si la comisión de propaganda se reúne o no? aparte de unas cuantas barbaridades que ni siquiera contemplan las mínimas relaciones públicas. Y no es un hecho aislado.
Tendríamos que reflexionar y controlar qué gente es la que ha quedado allí y si alguna vez se hacen responsables de las políticas, o de la total ausencia de políticas, que dicen aplicar. Ni hablar en lo que respecta a la elaboración teórica y a políticas estratégicas, que es un verdadero páramo. Ese es un debate pendiente y no se puede mirar para el otro lado. Pasa desde la altura hasta el más ignoto y despoblado Comité de Base y no se tapa con los números salvadores, aunque magros, de las elecciones internas. Números que casi nadie esperaba, más allá de los que alucinan, y que a juzgar por el trabajo realizado, superaron lo hecho y tienen relación con la reserva que existe en nuestra gente. Una reserva política que no trabajamos y que corremos el riesgo de perder y dilapidar. Le pasó a otros. ¿Alguien se cree que no nos puede pasar a nosotros?
La marcha de la supuesta izquierda radical o ultra o lo que sea, prueba tambien que hay gente que no sabemos captar e incluir y que hay muchos que no se sienten representados. Pero también están los que ni siquiera fueron y no participan. Todo movimiento, por más heterogéneo y abarcativo que sea, no pùede incluir toda la realidad, mucho menos cuando pierde día a día su esencia de movimiento y se transforma, por la rigidez estructural y mental de tantos. Pero sería bueno tender puentes. La unidad de la izquierda se forjó en medio de profundas divisones de las corrientes y fue un acto colectivo admirable. No se hizo de un día para el otro y habrá que aprender de esa historia que se hunde en las luchas mucho antes de 1971. Hilando fino, arranca en la solidaridad con la República española. Ese proceso fue riquísmo. No se hizo de un día para el otro y costó no poco esfuerzo. El fruto cumplió con sus objetivos históricos. Nos toca ahora seguir esa tarea. Asumamos el desafío. Lo otro es dejar a la deriva que se imponga la ley de los más toscos, de los necios, de los infantilistas, de los cobardes, pero también de tanto mediocre con cabeza burocrática. Los defensores de todo status quo se laegran. El cambio no es un slogan.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
