EL GOYO Y LA TRIPLE A URUGUAYA

DICTADURA Y DELITOS ECONÓMICOS
Por Javier Zeballos
Especial para Voces del Frente
La impunidad tantas veces cuestionada y hoy en entredicho, cubre con su larga sombra a uno de los personajes más siniestros del régimen militar. Gregorio Conrado Alvarez participó activamente del Golpe de Estado y en 1981 logró ser designado como Presidente. Era el comienzo del fin y lo sabía.
El gran dictador
Se estará muy lejos de la verdad creyendo que el Goyo fue una suerte de monigote con uniforme o un simple títere. Hubo muchos titiriteros detrás del trono, dentro y fuera del país, pero reducir los márgenes de autonomía que gozó, tal vez como ningún otro militar del proceso, no solo es un error, sería una falsedad que impide auscultar el período final de la dictadura y comprender su papel. En la interna militar, el Goyo desplazó al General Queirolo y a otros Se cuenta que Alvarez, apoyado en comandos de inteligencia a los que había dirigido en el 73, logró reunir pruebas de vínculos y negociados, imponiéndose en la cúspide del régimen dictatorial, algo que era parte de sus desvelos y aspiraciones personales. Lo irónico es que él estaba implicado como ninguno. Pero no solo hay que concentrarse en un personaje, sino en un grupo encaramado en el poder que, antes que dirigir o intentar timonear la inevitable transición que quedó en manos de otros personeros, tomo la sarten por el mango para enriquecerse capturando otro botín de guerra. Ese grupo era cívico-militar y es bueno saber quienes eran y lo que hicieron.
La gran ilusión
A inicios de los años 80, luego de la derrota en el histórico plebiscito, aún en la corte que apoyaba a la dictadura, muy pocos se ilusionaban con el futuro que se abría tras la designación del Gral. Gregorio Alvarez como Presidente de la Republica, un eufemismo que, sin embargo, algunos fieles lo presentaban pomposamente. Ilusionistas no faltaron pero no eran ningunos ilusos. La Revista “HOY”, celebrando un año del inicio de la gestión del General como primer mandatario, recordaba en su editorial las predicciones hechas antes que Alvarez asumiera, con frases como ésta:
“... Es conveniente recordar la enorme cantidad de responsabilidades que deberá enfrentar el futuro Presidente. Es aún largo el camino por recorrer para llegar a la meta para la que fue iniciado este proceso en 1973: EL DESARROLLO Y LA SEGURIDAD...”
Esa fue la prédica política de éste grupo con fuertes intereses económicos que se tradujo en acciones comando, ajustes de cuentas internas o rebrotes represivos que buscaban detener el avance popular, como fue la represión contra militantes de la UJC presos en 1982 o la muerte del Dr. Roslik en la agonía del régimen, pero también en negociados y estafas y en campañas de prensa. (Ver recuadro sobre la Revista HOY)
La gran estafa
De todos los grandes grupos económicos beneficiados por las políticas de la dictadura, hay uno que podría ser paradigma del crecimiento vertiginoso a la sombra del poder. Se trata del Grupo Alori, con participación en la industria frigorífica de larga data en el Frigorífico Carrasco con sus parientes del Grupo Oyenard. Poseían tierras y con SAS (Sociedad Agropecuaria de Servicios) cuyo slogan era "Campo abierto para cerrar buenos negocios" manejaban varias grandes estancias y miles de cabezas de ganado. Vaya si abrieron campo y cerraron buenos negocios. En la Banca, integraban el Directorio del Banco Pan de Azucar de la época, "Una institución bancaria con todos los recursos". El marketing a veces es ironía pura. Tenían inversiones inmobiliarias (Prosur e inmobiliarias Concorde y Capri) una empresa de táxis aéreos (Cotasa) en la que solía viajar el Gral. Alvarez, una Consultora Técnica (Cotec) que desarrollaba proyectos ingenieriles en frigoríficos pero también en otras áreas, megaproyectos como Country Río Uruguay o el nunca concretado Proyecto Aeropuerto, pues el grupo oficiaba también como contacto con dudosos capitales foráneos al estilo de un “Broker”, esa palabrita tan de moda ahora y que a menudo tiene más de juego de gangters y especuladores, que de los buenos manejos de las relaciones económicas y financieras internacionales. Algunos encandilados actuales no deberían olvidar que el que se quemó con leche, debería llorar al ver la vaca, antes que permitir que los sospechosos de siempre sigan ordeñando la teta del Estado. También Cotec llevó adelante un pequeño emprendimiento arquitectónico. Se trató de la casita de veraneo del Sr. José María Alori en Punta del Este, cuyo costo estaba expresamente topeado en apenas un millón de dólares. Pero no hubo manera de ajustarse el cinturón y terminó costando un millón trescientos mil. Hay que entender, eran tiempos duros. El grupo Alori tenía una empresa que administraba todas las compañías del grupo, aparte de otros clientes, Alopra, acrónimo de Alori y Pravia. Pero la joyita del conglomerado fue CFUSA (Central Frigorífica del Uruguay S.A.) un frigorífico nuevo que en una planta intervenida a EFCSA por la dictadura, montó un frigórífico en Santa Bernardina, Durazno, un enclave con fuerte impronta militar. En su innauguración se la presentaba como la punta de lanza de la modernización de la industria frigorífica del país. Pocos años después, la empresa era clausurada y desapareció del paronama nacional, pero sus verdaderos objetivos ya los había cumplido.
Carne trémula
El novel frigorífico, amparado en fuertes influencias, como veremos, se fue haciendo un lugar en las cuotas de exportación asignadas. En este caso habría que decir designadas. Fue labrando un nombre, el prestigio de una marca. Su slogan rezaba “Por muchas razones, un solo propósito” Y así fue. Tenía un solo propósito y lo cumplió. La empresa estuvo involucrada en dos de las más grandes estafas de la industria frigorífica nacional. Por ejemplo, CFUSA exportó carne podrida. Se trató, en conjunción con capitales franceses de oscura procedencia, de una venta de miles de toneladas, nada menos que al Ejército iraní en 1982, cuando estaban en guerra con el Irak de Sadam Hussein, que por esos años era el bueno de la película ante el Ayatolá Jomeini que venía de derrocar al Sha Reza Palevi. La carne se hallaba depositada en las viejas y casi abandonadas instalaciones de EFCSA, en el Cerro, y se sabía que estaba podrida. La exportación se hizo con todos los controles sanitarios del MGAP y de INAC, pues los controladores de calidad fueron obligados a firmar los documentos y aquella carne salió en barco con destino a Rotherdam, en Holanda, y de allí en tránsito en camiones a Irán. La estafa consistió en cobrar la carta de crédito antes de que llegara la carne, luego de semejante periplo, aprovechando las urgencias del régimen iraní acosado por la guerra y el bloqueo occidental. ¿A que no saben dónde estaba registrada la Carta de Crédito? En el banco Pan de Azucar. Un banco con todosos recursos, no hay duda. Hay que imaginarse la rección del Ejército iraní y agradecer que los misiles con que contaba no incluyeran a Uruguay dentro de su alcance balístico. También hay que entender el negociado en la trama de la guerra fría, con servicios de inteligencia de algunas potencias tramando boicots y este tipo de sabotaje contra un país que emergía peligrosamente en la escena internacional. Algunos hacían el negocio político y militar y más de uno se quedaba con algún vuelto. Incluso, llegó al país un oscuro francés, se alhojó en el Hotel Internacional en la calle Colonia, que vino a supervisar la borrada de rastros de la operación. Porque en nuestro país hubo un intento policial de investigar el hecho, pero los Alori dieron orden de responder sin aportar mayores detalles. Tenían las espaldas muy bien cubiertas. Lo mismo sucedió para que la prensa, gracias a sus contactos, y maniatada por el régimen, estrechara filas y no se escapara niguna alusión que mancillara la imagen del país.
Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha
La cabeza del Grupo era José María Alori, secundado por su hermano Antonio. Pero aparte del apellido Alori, la triple A uruguaya estaba integrada por Arigón, un terrateniente asociado con los Alori y amigo del Goyo, de la época en estuvo al frente del Regimiento No. 7 de Caballería en Santa Clara de Olimar. La tercera A la aportaba el General Alvarez. Sin embargo, nunca se pudo involucrar directamente al Goyo con el Grupo Alori porque se buscó en el lugar equivocado. La empresa que también oficiaba de pantalla para la otra gran estafa, el “Operativo Conserva” fue Inversur Trading Company Ltda. Esta empresa en realidad oficiaba como Departamento de Ventas y Exportaciones de Central Frigorífica del Uruguay. En Inversur figuraba como único dueño José María Alori y esa era la pantalla que impidió vincular al Goyo, tan solo quedaron sospechas de tráfico de influencias y de protección. El dato que no se sabía es que el Goyo era accionista de CFUSA e integraba su directorio junto con los Alori y Arigón. El vínculo entre las dos empresas, que eran administradas por Alopra, como el resto de las del grupo económico, se puede comprobar porque la firma del gerente de Inversur figura en todos los documentos de trámites de las exportaciones de CFUSA ante el MGAP, INAC, Cámara de Comercio, BROU, Aduana y la ANP. Hoy la DGI, si algún juez se lo solicita, bien podría levantar el secreto y comprobar que Gregorio Alvarez era accionista de Central Frigorífica. También se puede reconstruir la operativa del grupo económico para corroborar el vínculo. Inversur empezó funcionando en el segundo piso de Rincón 422, compartiendo oficina con Cotec. Luego se mudó a Misiones 1361, oficinas 10 y 11, que era donde operaba CFUSA antes de mudarse a mejores oficinas en la misma calle. Luego Inversur fue trasladada, el operativo conserva exigía otra imagen, a Rincón 541, un primer piso que compartía con SAS, que además tenía y tiene, su local a la calle en el 539. La oficina del capo, José María Alori, a la que accedían unos pocos, estaba enfrente, cruzando la calle.
Hermanos coraje
Desde su revista HOY, los Alori, con un discurso revestido de la retórica neoliberal en boga, como auténticos paladines de la modernización de la industria frigorífica y el cambio de paradigmas en el empresariado nacional, habían comenzado una prédica que en realidad era una forma directa de hacer Lobby. Una suerte de transmutación de la teoría de Von Klausewits, algo así como que la economía es la continuación de la guerra por otros medios. En sus páginas aparecíó un artículo premonitorio que recomendaba la importancia de eliminar la prohibición de exportar ganado en pie. Cuando por fin el régimen lo aprueba, lo celebran como una medida largamente esperada que se inscribía en la política basada en la economía de mercado que tan bien aplicaban los militares. Otro tema en el que hicieron punta de lanza los adalides de la empresa privada, fue que el Estado ingresarara en el mercado internacional de conservas, lease corned beef. Lo consiguieron cuando al frente del MGAP entronaron a un viejo amigo de ellos y del Goyo. Un ex-Pesidente de la oligárquica Asociación Rural. El Ing. Carlos Mattos Moglia fue un operador político clave en la trama para que el Estado perdiera millones de dólares mientras sus amigos enfundaban la ganancia.
Desde la revista, Alori tituló su editorial de setiembre de 1982 como OPERACIÓN CORAJE, definiendo así al al operativo conserva. Cantaban loas a un emprendimiento nacional que tenía escondidos beneficiarios privados. Ellos y su socios, incluido el Goyo. Como tantas veces, el Estado asumió las pérdidas y estos empresarios se repartieron las ganancias. Así funcionaba la Triple A uruguaya. La pata militar daba la cobertura desde el trono, pero si hacía falta aclararlo, el editorial lo dejaba bien clarito, terminaba diciendo: “...Es mucho lo que está en juego. No solo lo contratado para este año. Para mantenerlo, en una operación de las características atípicas como las que hoy analizamos, solo se puede salir adelante como lo ha hecho el Gobierno Nacional: pisando fuerte. Duela a quien le duela. Pese a quien pese.”
Ya sabemos a quién le dolió. La dictadura no solo fue un proyecto político, es inseparable de un proyecto económico a gran escala con intereses y objetivos. La corrupción fue la otra cara de la moneda del fascismo vernáculo. La caracterización de la gestión de “la administración Alvarez” para usar un término recurrente en definiciones gubernamentales, aunque suena a eufemismo exagerado y anacrónico, implica el asalto de un grupo minoritario especializado en beneficiarse de ese manejo del poder. Ese fue su objetivo en medio de la debacle política que veían venir a pesar de sus esperanzas y desvelos. Cuando los días estaban contados, no titubearon en armarse y robar. Los costos no solo fueron millones de dólares asumidos por el Estado, también estan los muertos, desaparecidos, presos, exiliados y la represión sobre todo aquel que resistiera. Algunos estaban en otra cosa, ellos estaban en la Cosa Nostra, la de ellos.
La ley del silencio
En esta historia de la Triple A, hay una H que bien podría no ser muda. La letra h es aspirada en castellano, por lo que se la conoce como muda. Hay un apellido que por su origen judio-alemán, aunque empiece con hache, se pronuncia con el sonido de la jota. Se trata de Denis Herrnstadt. Era el Gerente General de Inversur Trading Cómpany Ltda. El firmaba todos los documentos de los trámites de exportación que la empresa pantalla de los Alori realizaba para Central Frigorífica del Uruguay. Me consta que solo era un empleado. El Sr. Herrnstadt no era parte del grupo económico pero trabajó eficientemente. La alusión no es gratuita. Lejos de cualquier ataque personal, y menos aún a la comunidad judía uruguaya ni a cualquiera de sus instituciones, implica rescatar una voz que puede ser clave en una investigación sería que pueda encarar la justicia. Pues resulta que el Sr. Herrnstadt es hoy el Presidente de la B´nai B´rith del Uruguay, tal vez la asociación judía internacional con más peso en nuestro país. Es conocida la posición indeclinable de la colectividad judía en la defensa de la memoria del holocausto y la lucha por la verdad y el castigo a los culpables. Me consta la sensibilidad del Sr. Herrnstadt y su personal emoción al recordar las víctimas judías masacradas por los nazis. Hace pocos meses dirigió ante el Presidente Vázquez y los principales líderes políticos de la oposición, el homenaje en memoria de la Noche de los Cristales Rotos. Estoy seguro que en cualquier momento de su historia, de haber podido brindar un testimonio ante, supongamos, el descubrimiento de criminales nazis ocultos o de sus múltiples ilícitos y negociados económicos, el Sr Herrnstadt se hubiera presentado ante un tribunal gustosamente para hablar y hacer justicia. No parece demasiado pedirle al Sr. Herrnstadt que fuera coherente y estuviera dispuesto a brindar su testimonio para descubrir la corrupción de un dictador con los bolsillos forrados de dinero y las manos manchadas de sangre. La memoria de muchos judios uruguayos que murieron en defensa de la libertad y la democracia, los muchos perseguidos, apresados y torturados, le estaría agradecida, como también el recuerdo de aquellos judios que lucharon hasta morir con las armas en la mano en el Gheto de Varsovia.
Será justicia
En el 2006 se hizo justicia con dos adalides del régimen y varios de sus secuaces operativos. El año que comienza puede ser clave para poner en su lugar a uno de los mayores responsables de la dictadura militar. Hasta ahora se ha beneficiado con el manto de silencio de sus fieles allegados, de sus cómplices y de los múltiples vínculos con los que sigue contando este patrón de pastoreo. La ley de impunidad dejaba expresamente fuera de cobertura a los delitos económicos pero la fidelidad a la "omerta" de este grupo y sus contactos, siempre logró frenar las investigaciones. El cerco se achica. La justicia, bien dicen, tarda pero llega. Depende, si no de todos, de muchos. Desde estas páginas estamos dispuestos a aportar todos los datos posibles. Quien esto escribe, aparte de la tarea de investigación periodística para reconstruir hechos no tan conocidos de la historia que hoy vuelven a tener relevancia nacional, por los delitos impunes y los implicados en la trama, a su vez, también hace un ejercicio de memoria, pues trabajó para el Grupo Alori en la empresa Inversur. Entre agosto de 1980 y diciembre de 1982 fue nada más y nada menos que el cadete.
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RECUADRO I
EL OPERATIVO CONSERVA
Consistió en la venta de ganado en pie a la Argentina para su faenado e industrialización, retornando como Corned Beef enlatado. Alori lo exaltaba en su revista elevándolo a la categoría emblemática de “...un acto de soberanía sin precedentes, desafiando al poder mundial que controla el mercado de conservas, con todos los beneficios y riesgos que ellos implica.” Ya sabemos quién asumió los riesgos y quienes se repartieron los beneficios. Además, explicaba cómo se habían “...adoptado todos los contralores que eviten un posible sabotaje industrial. La alta calidad del producto resultante, garantizada según contrato por controles de la Junta Nacional de Carnes de la Argentina”. Se agregaba la homónima uruguaya y una compañía independiente de cotrol de calidad, tan independiente que su nombre ni se mencionaba. Sin embargo, se sabe en manos de quién estaban esos controles en Argentina, militares corruptos y empresarios afines como los que operaban de este lado del río. Algunas investigaciones posteriores a la dictadura dejaron entrever que los frigoríficos argentinos intervinientes en la operación pertenecían a un grupo estrechamente vinculado con el jefe de policía de la provincia de Buenos Aires, el general Ramón Camps. No fue la única inserción de los líderes de los comandos operativos capturando parcelas en el negocio frigórifico. Gavazzo, Arab o Anibal Gordon estuvieron implicados en escándalo del caso del empresario Angelopoulos y el Frigorífico Comargen. Otra de las sospechas era que la calidad del ganado que cruzaba no era la misma que después venía enlatada; y que los frigoríficos argentinos re-exportaban esa carne, industrializando ganados de menor calidad para enviarlos como corned beef a Uruguay. Se sopecha que eso ya era parte del acuerdo que se selló en Uruguay por el representante de los frigoríficos argentinos envueltos en la trama. Un canoso y elegante Sr. Vizental que vino a Montevideo representando a un pool de empresarios frigoríficos y selló el acuerdo en las oficinas de Inversur en la calle Rincón.
Los paladines del neoliberalismo y la empresa privada no hicieron el negocio invirtiendo y asumiendo los riesgos. Inversur firmó un contrato con el Ministerio de Ganadería en junio de 1982. El acuerdo implicaba cuatro etapas: La exportación a la Argentina de carne vacuna uruguaya y ganado en pié, la elaboración de Corned Beef, la venta del mismo y la prestación de “servicios especiales” por parte de la empresa Inversur. Para que la operación se realizara era necesaria la aprobación formal del Instituto Nacional de Carnes (INAC), cuyo director era el Mayor de la Marina Armando Méndez, quien concluyó que el operativo era inconveniente porque “el precio final de adquisición del corned beef era superior al de su posible colocación internacional. El Goyo lo destituyó de INAC, que pasó a estar dirigido por un Coronel del ejército afín a Alvarez.
El único estudio serio sobre el operativo conserva fue el que expuso el Economista Miguel Carrió en su libro “País vaciado. Dictadura y negociados” publicado por Monte Sexto en 1987. Carrió fue integrante de la Comisión Banca y Financiamiento del FA y pertenecía al Partido Comunista. El libro marca a fuego la corrupción del régimen y de Alvarez en concreto. Según el autor, el convenio obligaba al Estado uruguayo a pagar los costos de la operación y a comprar el producido. Explica que el MGAP quedó como propietario de la partida de corned beef a un costo promedio de 22 dólares la caja, un 25 % por encima del precio internacional del producto, y con una deuda por 12 millones de dólares con el Bank of América, que generosamente, en confabulación con los Alori, había financiado la operación. Además, una parte de la conserva fue re-exportada por Alori a 16 dólares la caja, perdiendo el Estado la diferencia y ganando Alori las comisiones que INAC pagó por la venta. Una segunda parte de esa partida fue utilizada para la campaña electoral del último intendente municipal de la dictadura en el departamento de Montevideo, Juan Carlos Paysée (Partido Nacional), y el resto fue comprado por el frigorífico Lipena S.A, también vinculado a los Oyenard Alori del Frigorífico Carrasco, que nunca las pagó. Por útimo, los “servicios especiales” del acuerdo, consistieron en una gestión ante el Bank of América para que otorgara a la dictadura un préstamo de 27.3 millones de dólares; previa compra por parte del Estado de su cartera de deudores incobrables, y que fue parte de otro de los negociados multimillonarios del régimen beneficiando a la banca extranjera y a connotados grupos económicos nacionales, la famosa compra de carteras.
A nivel parlamentario, el único que quiso ir a fondo con el tema fue el Senador Alberto Zumaran, pero se estrelló contra un muro de silencio cerrado a cal y canto por el Partido Colorado. En el año 1986, el Ministerio de Ganadería realizó una investigación administrativa. Se concluyó que el Estado uruguayo perdió más de 12 millones de dólares en el negocio, que se violó la ley de contabilidad y administración financiera, y que la empresa de Alori ganó cientos de miles de dólares más las comisiones que le pagó el INAC, aparte de todo lo que se pudieron haber repartido por otros conceptos con los asociados extranjeros. A pesar de ello, el ministro Pedro Bonino ordenó la clausura y el archivo de las investigaciones. El Dr. Zumaran insistió y realizó la denuncia penal correspondiente y tuvo el orgullo de ser el primero en sentar al Goyo en un banquillo ante un juez, pero el caso fue archivado. Las complicidades coloradas no eran pocas. Alori fue en una época miembro del Directorio de EFCSA, cuyo abogado y representante ante INAC era Edison Rijo, connotada figura del Partido Colorado. Y como se explica en el recuadro, el Dr. Julio María Sanguinetti era un colaborador que escribía en la revista de Alori.
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Recuadro 2
“HOY” PASANDO REVISTA
La revista "Hoy", perteneciente al grupo Alori, continuadora de la que entre 1973 y 1980 se editó como Frigoríficos, no solo se dedicaba a la actualidad del negocio de la carne. En sus páginas revistaban temas de política internacional a caballo del efecto Reagan y su belicosa visión del mundo. También figuraba algún destello en terrenos del arte, como para dar una pátina de buen gusto y coqueteo intelectual. Pero lo que da la talla de su altura periodística, era su función de pasquin de la dictadura, con profusión de notas y fotos de generales, coroneles, almirantes y consejeros de estado vinculados al período más negro de la historia nacional. Ni hablar de los editoriales políticos que cantaban loas al régimen firmados por José María Alori, aunque sospechosamente sin firma en algunos de ellos. El único funcionario periodístico de la publicación, el otro era una secretaria administrativa, era quien ejercía como Editor y así figuraba en el Staff impreso en una columna a la derecha de cada editorial. Porque en en esta historia también hay otra A. Aunque de rango menor, cumplía un eficiente trabajo en la modesta oficina de Ituzaingó 1294 al servicio del grupo. Se trata, ni más ni menos, de Danilo Arbilla. Oficiaba como Editor y era evidente, a juzgar por el contenido de la revista, por ejemplo, largas notas dedicadas al Goyo, a quien se lo resaltaba como estadista, o a Juan Carlos Blanco con generosa foto de tapa a todo color, que Arbilla en esa época se afanaba en otra búsqueda periodística.
A su vez, los vínculos del el grupo Alori no se quedan ahí y dan una pista para entender por qué la investigación nunca pasó a mayores. Y es que el mismísimo Dr. Julio María Sanguinetti fue un colaborador, escribiendo sesudos artículos para la Revista HOY. Incluso en meses previos al plebiscito de 1980, cuando la revista se jugaba el todo por el todo en la campaña por el SI, la firma y su rostro engalanaban las páginas. Para entender el manejo periodístico, no solo de la revista, sino cómo el Grupo Alori oficiaba de puente con la prensa nacional, vale ilustrar el contenido de una reseña aparecida en sus páginas. En ella se narra la reunión con los más importantes periodístas del país. Allí se revelaba la sana intención de contactar y conocer directamente los problemas y las inquietudes de la vida nacional. Y qué mejor que reunirse con destacados periodistas nacionales para tener un panorama más amplio de los diferentes temas que importaban al país. En el almuerzo, que bien puede ser catalogado “de trabajo” como es de estilo en cierto ámbito empresarial, aparecen identificados Daniel Gianelli, como Corresponsal de AP, Felix Carreras, Secretario General de la Redacción de El País, Rodolfo Fattoruso, Editorialista de La Mañana y El Diario, Danilo Arbilla, Editor de la Revista Hoy, Federico Solé, Subsecretario de Redacción de La Mañana y José María Alori, Director de la Revista HOY. Hay dos comensales a los que se les ve el plato pero que no aparecen en la foto ni son consignados en la reseña. Eran tiempos oscuros y siempre suele haber alguien en las sombras. Al menos da para la sospecha. El control de la prensa siempre fue un tema importante para toda dictadura que se precie y queda muy claro el perfil periodístico de los Alori y los intereses de su socio militar para intuir sus afanes para con lo más alto de la prensa nacional. Pero, tal vez, por qué no ilusionarse pensándolo, los comensales que faltan bien pudieron ser una metáfora visual de estos personajes tan consustanciados con los valores de la libertad de prensa, aludiendo, quién sabe, a tantos periodistas exiliados, presos, muertos y desaparecidos luchando por la democracia, cuyos nombres, a la fecha del almuerzo, solo eran nombrados como subversivos por cierta prensa y ciertos periodistas. Hay que entender, eran tiempos difíciles. No para todos.
* Especial para Voces del Frente en su edición de hoy jueves 8 de febrero de 2007.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
