MUSICAL - MENTE
Había una vez un músico diferente a todos los demás. Sentía la necesidad imperiosa de diferenciarse del resto. Así fue que se oponía a todas las corrientes y estilos musicales. Un día adujo que no se debía cantar y dejó de hacerlo. Luego, en su radicalismo, también se opuso a la música instrumental. Dejó de tocar todo instrumento y no emitía sonido alguno. Descubrió que tal postura estética tenía sus ventajas e implicaba varios ahorros. Ninguna inversión en costosos instrumentos, nada de amplificación y, a decir verdad, muy pocas horas de ensayo. Lo que se dice, un muy bajo presupuesto. Aquello expandió sus posibilidades de producción y rápidamente fue contratado para participar en los mejores espectáculos y fue invitado a los más renombrados festivales.
Tuvo mucho éxito porque, aparte del efecto sorpresa que causaba, más cierto toque exótico y hasta contracultural, los espectadores llenaban el silencio con lo que creían oír. A tal punto que algunos afirmaban que la música no es más que la adecuada combinación de silencios. Pero con el tiempo fueron apareciendo críticos. Como no tenían mucho de donde agarrarse, se quejaban de lo poco que duraban sus canciones. Hay que reconocer que si bien empezaron durando un tiempo respetable, con no pocos bises que el público agradecía enfervorizado, luego las fue acortando y a lo último duraban exactamente nada. Otros comenzaron a decir que era evidente el poco trabajo de elaboración musical que daba sustento al espectáculo. Al final entraba al escenario y salía inmediatamente. Eso sí, saludando con una emotiva reverencia. Pero como los aplausos fueron escaseando, terminó por pasar corriendo por el escenario, temiendo incluso que alguien le tirara algo. Así se fue alejando cada vez más del mundo del espectáculo y no volvió a pisar un escenario.
Vivió olvidado en el mayor ostracismo hasta su muerte. Como suele suceder, después de muerto comenzó a ser venerado y solo se hablaba de la magnificencia de su música. Aparecieron estudios eruditos, libros complacientes y homenajes laudatorios. No faltó quién hablara de la sonoridad expresiva, del sutil manejo de politonales y contrapuntos, de su personal e intransferible estilo arreglístico y de su virtuosismo interpretativo. Con el tiempo comenzó a ser imitado y se convirtió en la mayor referencia para las nuevas generaciones. Legiones de músicos se disputaban su legado y había, incluso, quien se vanagloriaba de haber tocado juntos. También aparecían espectadores ignotos que juraban haberlo escuchado en exclusivos recitales y conciertos y hasta en toques íntimos en los que solo participaban unos pocos allegados.
Luego sobrevino otra etapa en la que, como exige el verdadero arte, sus fieles seguidores comenzaron a traicionarlo y fueron agregando poco a poco algún que otro sonido e instrumento, hasta que hoy lo reivindican, no solo solistas austeros, sino también megabandas y hasta las más afamadas orquestas sinfónicas.
Xabier
(de Pre-textos)

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

Yanitzia Canetti dijo
Xavier,
Me ha dado un tremendo placer descubrir estas páginas. No pude leerlo todo y lo lamenté. Mi vida va más rápido que yo y apenas tengo tiempo de saludar a los conocidos, ni qué decir de los que no conozco. Sin embargo, no podía seguir de largo sin dejarte saber cuánto me gustó este rinconcito tan particular tuyo, cuánta alegría me da hallar a personas que escriben tan bien y con un afán tan laborioso, desde un anonimato que inspira respeto.
Un abrazo grande desde Boston,
Yani
27 Enero 2007 | 10:41 PM