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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

20 Agosto 2006

EL GOBIERNO AUSTRALIANO Y LA GUERRA EN LÍBANO

Las situaciones conflictivas y de tensión internacional son momentos críticos, no solo para los estados involucrados, también para los países vecinos. El vértigo mediático mantiene on line en pantalla cualquier situación en cualquier parte del mundo. Millones de personas desayunan o cenan con las pavorosas imágenes servidas por la televisión. Las guerras son un producto de consumo familiar que ya es parte de la vida cotidiana.

Asimismo, los países que que juegan un papel en la política internacional, son parte, si no del conflicto mismo, de la posible solución que pueda negociar un proceso de paz. La importancia de esa participación suele ser fundamental para destrabar momentos críticos. La historia de los últimos cién años está repleta de semejantes hechos.
La guerra actual suele estar mal denominada. No solo no es en Medio Oriente, como explicamos en una pequeño artículo la semana pasada desde éstas páginas, ya que no es en medio oriente sino en lo que debería llamarse cercano oriente u oriente próximo, como le dicen algunos, pues estos países se hallan sobre un extremo del continente asiático, y no en el medio. Tal denominación, a su vez, es relativa y surgió a partir del eurocentrismo, de allí se deriva lo de cercano o lejano oriente.

Pero también hay otra confusión mediática. El lenguaje implica un manejo y construcción del discurso que no es ajena a las relaciones de poder. Se habla a veces de la Guerra de El Líbano, cuado ese país no está en guerra. No le declaró la guerra a nadie y ni siquiera el estado agresor, Israel, tampoco le ha declarado la guerra al país invadido. La guerra no es de el Líbano.

Lo correcto es decir la guerra en el Líbano. Claro que éstos aspectos parecen tribiales y hasta frívolos ante tamaña matanza, sobre todo de ciudadanos inocentes. Se podría decir de un lado y del otro, pero si se analizan con frialdad, si es que se puede, las cifras de los partes de muertos y heridos, se comprobará la impresionante asimetría de la muerte. Los libaneses asesinados casi llegan a mil, las víctimas israelíes no llegan a una centena. En el Líbano se trata de ciudadanos en su inmensa mayoría, en Israel se trata generalmente de soldados activos en el conflicto.

Pero la agresión israelí, condenable tanto como la barbarie de Hezboláh, un grupo que se niega a respetar el derecho de la existencia del Estado de Israel y cuya política de agresión y de provocación constante también ha llevado a este atolladero, más allá que nada ni nadie pueda justificar la respuesta desproporcionada de Israel dirigida por sus halcones más belicistas. Hezboláh adquirió un estatuto de mártir y un aura de patriótismo cuando se trata de una organización verticalista, militarista, antidemocrática y fanática, la que solo puede crecer en la población a través del imponer el conflicto. Hezboláh es una organización condenable producto del mesianismo islámico más conservador, pero ello no absuelve a la polìtica de Israel.

El otro aspecto que vuelve una vez más a instalar la guerra, es la crisis del sistema internacional y de los organismos arduamente constituidos que no son capaces de llevar a cabo sus cometidos. La ONU vuelve a aparecer como un organismo intrascendente en el juego de las grandes potencias, sobre todo del papel de los Estados Unidos y sus aliados incondicionales. Otra vez se ha emitido una declaración de inmediato cese al fuego que fue ninguneada por Bush y desoída imperterritamente por Israel, como suele ser su triste costumbre.

De allí que el papel que puedan jugar otros países con cierto peso en el frágil equilibrio internacional, se acrecienta. Tal rol suele ser ocupado y mediatizado por algunos países europeos con tradición colonialista e imperial, Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia y ahora se suma China. Australia ha estado historicamente muy Down Under, como suele decirse, de ese círculo, pero ultimamente ha jugado una política mucho más activa. Lamentablemente, posicionándose junto al ala más
conservadora, y belicista.

En la actual crisis, la postura australiana se alineó directamente con la posición norteamericana y las declaraciones, si bien llamaban a una paz abstracta, no condenan y hasta apoyan las acciones de israel. El eje de los argumentos pasa por centrar en el papel demoníaco de Hezboláh, que por más condenable que sea, implica tomar partido decididamente por uno de los actores en conflicto. Howard se ha encargado de legitimar tal postura y ha repetido una y otra vez que el objetivo es desarmar y terminar con Hezboláh, lo que implica apoyar la estrategia demencial de Israel y es una intromisión en la política interna libanesa.
Howard volvió a repetir este domingo que ...“la declaración de las Naciones Unidas, pidiendo el cese de las hostilidades, luce bien en la superficie pero él se halla disconforme con las especificaciones y el lenguaje empleado sobre Hezboláh”.

Para el primer Ministro, debe explicitarse una clara determinación e imponer la autoridad para desarmar a Hezboláh, y no cree que se esté haciendo ese trabajo. Pero no se quedó ahí. Howard agregó que todavía “se halla indeciso acerca de que Australia envié tropas a la misión en Líbano para efectivizar la resolución de pacificar la zona”. Ahora que la ayuda y una decidida intervención por la paz clama a gritos por una acción efectiva, ciertos personajes que se hacen llamar líderes, demuestran su total desinterés, su caracter pusilámine cuando se juega la suerte de los pueblos, y un oportunismo rallano en la ineficiencia política.

Por un lado se critica a la ONU pero cuando es imprescindible ayudar a efectivizar su papel, se mira para otro lado. Para colmo, Australia no solo podría colaborar con una misión de paz, por la que, además, los ejércitos involucrados cobran sus buenos dineros, sino que todavía mantiene soldados y armamento en Afganistan y en Iraq sin saber qué es lo que realmente se está haciendo, y con la sola intención de apoyar la desastroza invasión norteamericana.

Si no se quiere enviar otro contingente de tropas, se debería reasignar la vergonzante expedición australiana en Iraq, la que goza de una intrascendencia militar evidente. Quien manda allí es Estados Unidos y las demás tropas cumplen un efecto decorativo en la campaña, solo con el objetivo de dar lustre a la famosa coalisión internacional. Howard dijo que “si Australia llegara a mandar alguna ayuda a la misión de paz, sería muy pequeña, porque tenemos otras rsponsabilidades”, añadió. Queda bien claro cuales son esas otras responsabilidades que tanto asume el gobierno federal.

Por su parte, el Ministro de Relaciones Exteriores, Alexander Downer, dijo que “no solo no se tiene una decisión tomada al erspecto de contribuir con la misión de paz, sino que tampoco quiere especular al respecto”. Si los personeros del gobierno son tan hipersensibles al lenguaje utilizado por la declaración del Consejo de Seguridad de la ONU, deberían tener un poco de conciencia sobre el que utilizan. Downer habla de no hacer especulaciones cuando la política exterior australiana precisamente especula constantemente.

Lamentablemente, el líder de la llamada oposición, Kim Beazley, del Partido Laborista, dijo que Australia ya tiene soldados participando de la Fuerza Interina de la Naciones Unidas en el Líbano, y que no se enviaría más. Y agregó que Australia puede ayudar simbolicamente en la situación, aunque francamente, él piensa, que son los paises mediterraneos los que deben asumir un rol pacificador en la misión de paz. La franqueza no oculta la ambiguedad y el seguidismo de Beazley, quien tampoco está a la altura de un estadista que pueda desarrollar una política exterior australiana diferente.

La comunidad libanesa ha desarrollado una serie de marchas de protesta, apoyada por todos los que creen efectivamente en una política de solidaridad. La otra política, la de las esferas del poder, sigue en manos de la cofradía que ha metido a Australia en el peor lugar del concierto internacional, como instrumento de los que pautan la partitura y ejecutan la música. Y suelen ser sones de guerra. La paz sigue en silencio.

Javier Zeballos

* Especial para El Diario español de Australia. Publicado el martes 15 de agosto de 2006.

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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