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12 Agosto 2006

EL GUSTO DEL PODER

El primer ministro australiano, John Howard, anunció que se presentará a las próximas elecciones, previstas para el 2007.
Howard declaró en una carta dirigida a los parlamentarios y senadores del Gobierno de Coalición que ha decidido descartar la jubilación tras hacer consultas con sus colegas durante el actual receso en el Parlamento.

El primer ministro, que cumplió 67 años, anunció su decisión de presentarse a los comicios del año próximo tras verse presionado por su ministro de Hacienda y posible sucesor, Peter Costello, para que se retirara. El líder del Partido Liberal, reelegido en octubre de 2004 para su cuarto mandato, se convirtió en el segundo primer ministro de Australia que más tiempo ha estado en el cargo después de los diecisiete años consecutivos de Robert Menzies, que aprovechó las bonanzas de la posguerra.

Howard se había negado repetidamente a revelar sus intenciones de futuro y había asegurado en varias ocasiones que permanecería en su cargo mientras tuviera el apoyo de sus colegas en el Partido Liberal.
Ahora, parece tentado, no solo a obtener un quinto mandato, sino a soñar con batir el record de más años consecutivos al frente del gobierno, aunque esto parezca descabellado y todavía muy lejano.

Pero la gente todavía no piensa en las elecciones. En Australia, no se piensa mucho en la elecciones, ni siquiera durante la campaña electoral.
Howard busca otra reelección apoyándose en la idea de que los políticos, entre ellos los jefes de gobierno, no se jubilan. En el poder desde marzo de 1996, si se impusiera el año próximo, algo posible, llegaría casi a una década y media. Algo que no es habitual en países anglosajones. Howard mantiene una aceptación pública y no parece enfrentarse a un laborismo fuerte ni renovado. Su mayor rival es el interno, Peter Costello, de 48 años, actual titular de Hacienda. El ministro representa a quienes creen que un cambio en la cúpula del partido Liberal, que en realidad es un partido conservador, sería un recambio que traería nuevos aires. De lo que se trata es de ganar y seguir en el poder y si Howard no quiere soltar el mango, se postergarán las ambiciones personales de quien sea.

Aquí no hay ningún cambio en el modelo neoliberal a ultranza. Costello no solo sería más de lo mismo, es lo mismo. Esto ha generado un conflicto de personalidades que llegó al intercambio de insultos y acusaciones. Costello sostiene que Howard mintió en 1994 asegurando que entregaría el poder a mediados de la década siguiente. Para Costello, eso es ahora. Howard define a su competidor como arrogante y maleducado. Tal vez Howard no mintió en 1994 con aquella supuesta promesa, lo que habla de cómo ciertos personajes entienen el gobierno y el poder, tal vez esté mintiendo ahora. Lo ha hecho muchas veces.

Doce años atrás, después de perder y pasar un papelón con Paul Keating, todavía se recuerdan los patéticos intentos de Howard por tocar el saxofón, emulando a un triunfante Bill Clinton, Costello y Howard soñaban con cortar la racha laborista y a la hora de programar el futuro, diez años en el poder sonaban como muy suficientes. Pero el poder es el poder.

Howard suscitó polémicas por sus iniciativas contra la eutanasia, el suicidio y el matrimonio homosexual. En el último caso, ordenó a Michael Jeffery usar el veto real. Pero se trata del gobernador que representa al jefe nominal del estado, la reina Isabel II. Ésta no hizo comentarios, pero su sucesor designado, Carlos, criticó los “excesos” de Howard.

Sus partidarios se ufanan que gracias a sus políticas liberalizadoras Australia ha mantenido un crecimiento a buen un ritmo de 3% durante 13 años. Así como no podían planificar la sucesión antes, tampoco pueden negar que tales cambios, que de liberalizadores no tienen mucho, pues tratan de la desmantelación del Estado y de su patrimonio empresarial que costó décadas construir, incluso con el esfuerzo de algunos gobiernos liberales y nacionales. Su gobierno se ha distinguido por políticas duras frente a la emigración, con la mentira escándalosa de las famosas fotos de los niños tirados al agua, que hasta en una república bananera hubieran significado un juicio político.

El otro Leiv Motiv de Howard es la letanía falsa del combate al “terrorismo”. Howard consiguió un nuevo mandato toreando muy bien la guerra de Iraq. Mantuvo la vieja táctica de asustar con que una victoria laborista podría poner en jaque la economía, aduciendo que los laboristas malograrían la tasa de crecimiento al tener que levantar los impuestos y los intereses. La campaña electoral tuvo como eje las tasas de interés, un tema clave para millones de hogares. Howard había lanzado su campaña de reelección bajo el lema “¿Quién cree que mantendrá fuerte a la economía y protegerá nuestro estándar de vida? ¿Quién cree que mantendrá bajos los tipos de interés?”. De acuerdo con la revista The Economist, la economía australiana tiene el mejor desempeño de los países industrializados y Howard, dentro de su mediocridad, sigue siendo un referente. Al menos para la mediocridad del electorado promedio.

Los ciudadanos que deciden la elección parecen seguir confíando en tal slogan. Gerard Henderson, analista y director ejecutivo del “think tank” Sydney Institute, ha señalado que “la ideología importa poco en Australia”, y que lo que ocupa la mente del votante medio es “pagar la hipoteca”. Que las hipotecas sean mucho más costosas, parece ser difícil de relacionar con la administración Howard.

Howard goza de cierta tranquilidad. A mitad de camino en su cuarto período, con mayoría parlamentaria para imponer sus reformas conservadoras, aún no prevee sobresaltos y parece imaginar un remanso hasta que decida cual es el momento conveniente para realizar las elecciones en el año próximo. Un mecanismo absurdo en manos del partido gobernante que puede imponer la fecha del el acto electoral a su conveniencia durante ese año. Solo le basta con avisar tres meses antes y el único requisito es ralizarlas dentro del año.

Pero no es lo único absurdo en el sistema electoral australiano, ni lo único injusto. Todos los miembros de la Cámara de Representantes son electos mediante el sistema de voto “preferencial” o “alternativo”. Australia está dividida, para efectos electorales, en 148 distritos, cada uno de los cuales envía a la Cámara baja un solo representante. Los electores marcan en las boletas electorales un orden de preferencia, y hasta lo pueden marcar con lapiz, señalando en primer lugar el nombre de su candidato favorito.
El comportamiento lógico del ciudadano sería colocar en segundo término al candidato del partido ideológicamente más afín al primer lugar, y colocar en los últimos lugares a los candidatos más distantes a sus convicciones personales. Como sucede en todos los mecanismos uninominales, el sistema de voto preferencial produce una notoria sobrerrepresentación de los partidos grandes que tienen una importante presencia a nivel nacional, pero este mecanismo ha inhibido la aparición de fuerzas políticas que impliquen una real alternativa de cambio y que que cuenten con presencia en la escala federal de acuerdo a sus votos reales. Y de éste sistema se aprovechan los dos grandes partidos, el laborista y la coalición que en verdad funciona como un solo partido a nivel electoral.

John Howard sigue soñando con hacer historia en la política australiana, a la que parece pensar solamente en terminos cuantitativos, con sumas de períodos y años en el poder. Sin un lider opositor a la vista que le haga sombra en sus sueños electorales, se encamina a un nuevo mandato, la orquesta suena y la reelección está en marcha. Ojalá tengan que cambiar de repertorio.

Xabier

*Especial para El Diario Español de Australia en su edición del martes 8 de agosto de 2006.

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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