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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

24 Julio 2006

MIS TEMORES SOBRE TIMOR O LAS IMPLACABLES IMPLICANCIAS AUSTRALIANAS EN TIMOR ORIENTAL

La situación en Timor Oriental ha desaparecido de los medios de comunicación. Luego de la crisis y los estallidos de violencia, el bombardeo informativo apunta para otro lado y lo que hasta hace unas horas era el centro de atención, pasa a ser una referencia cada vez más lejana que se disipa en el humo de otra guerra. Si tomamos a la televisión como ese tótem de nuestra época que todo lo fagocita, cabría reflexionar sobre aquella pregunta cuestionadora que decía: Pantalla: ¿por lo que muestra o por lo que oculta?

Timor sigue viviendo días de dramática incertidumbre pero ha dejado de ser noticia. Los medios de comunicación australianos han jugado un rol no menor, no solo en la modulación de la información hacia la población australiana, sino en la intermediación hacia el mundo. Lo sucedido en el territorio de la república recién nacida no suele tener mayores audiencias ni ser el foco de atención de la prensa mundial. Cuando ha caído en la agenda, los medios australianos han sido el intermediario o la fuente reproducida. Es también expresión del rol que el gobierno y las Fuerzas Armadas australianas han jugado antes y siguen jugando hoy en Timor Oriental.

Timor es una pequeña isla dividida por una frontera artificial. El lado occidental pertenece a Indonesia. La isla fue una colonia portuguesa desde 1512. Siendo el territorio más alejado de la metrópoli, no rendía los beneficios de las colonias africanas y siempre recibió poco y nada de atención. La isla vivió en el atraso secular, pesimamente administrada por aquel curioso imperio venido a menos que, a su vez, era dependiente de las grandes potencias. Basta decir que a la capital Deli, la energía eléctrica llegó recién después de 1960.

En 1974, con la Revolución de los Claveles en Portugal, que terminó con la larga dictadura Salazarista, comenzó un vertiginoso proceso de descolonización que originó la soñada y justa pero sorpresiva independencia de sus colonias, entre ellas Timor. Pero el régimen fascista de Suharto de Indonesia, apoyado por EE.UU y Australia, invadió y abortó el desarrollo de una república. El Fretilin, agrupación de izquierda, pasó a combatir al invasor desde la guerrilla en las montañas. La dominación duró hasta 1999, causando una larga estela de muertos.

La caída de Suharto, unida a la presión internacional en apoyo a la lucha de los independentistas timorenses, permitió la intervención de la ONU para la realización de un referéndum que decidiera sobre la soberanía o la pertenencia a Indonesia. Pero el gobierno de Indonesia y sus fuerzas Armadas redoblaron la ofensiva. De sus sectores más reaccionarios surgió el apoyo a la formación de milicias y bandas paramilitares que asolaron Timor Oriental causando matanzas que revisten la categoría de un verdadero holocausto. Murieron más de 200 mil personas. Casi un cuarto de la población, que hoy apenas sobrepasa el millón de habitantes en un territorio de 15 mil kilómetros cuadrados. Aún así, en el referendum, casi el 80 % de la población votó a favor de la independencia.


Xanana Gusmao, Presidente.

Los timorenses defendieron su soberanía y formaron el primer gobierno libre. Las elecciones fueron ganadas por el Fretilin con más del 70% de los votos. Dentro de sus líderes políticos se destacan tres. Xanana Gusmao, líder histórico de la resistencia, quien fue capturado y estuvo muchos años preso en Indonesia, José Ramos- Horta, premio Nobel de la Paz en 1996 y Mira Alkatiri, uno de los fundadores del Fretilin, que debió exiliarse por muchos años en Mozambique, y que fue el articulador de la resistencia en el extranjero, jugando un papel importantísimo en el aislamiento del invasor y de la causa de su pueblo en los foros internacionales.


José Ramos-Horta, Ex Ministro de Exteriores y designado Primer Ministro tras la crisis.

La naciente república tenía y tiene todo por hacer, partiendo de una situación dramática. Primero, por cerrar las heridas luego de años de dominación y masacres. Segundo, por tratar de mejorar las paupérrimas condiciones de vida de su gente. Timor Oriental cuenta con infraestructura mínima, tiene la renta per cápita más baja del mundo, 400 dólares, el 40% de la población aún subsistiendo por debajo del umbral de la pobreza con menos de 50 centavos al día y un desempleo galopante, que afecta a una población muy joven.

Las implicancias australianas no son pocas, ni ahora ni antes. Frente a la invasión de Indonesia en 1975, Estados Unidos y Australia sabían que se iba a producir y la autorizaron. El embajador australiano Richard Woolcott recomendaba, en unas memorias que más tarde se filtraron a la prensa, la vía “pragmática” del “realismo de Kissinger”, porque hacer un buen trato sobre las reservas de petróleo de Timor sería más fácil con Indonesia que con un Timor Oriental independiente.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de la época, ordenó a Indonesia que se retirara, sin resultado. Daniel Patrick Moynihan, embajador yanqui ante Naciones Unidas en aquella época, explicó el fracaso también en sus memorias. Se vanagloriaba de haber hecho que las Naciones Unidas fueran “profundamente ineficaces en lo relativo a las medidas que había que tomar” porque “Estados Unidos deseaba que las cosas se desarrollaran como se desarrollaron” y “trabajó para conseguirlo”, tal cual lo relata Noam Chomsky en uno de sus múltiples denuncias de la presencia norteamericana en Indonesia.

Pero la ayuda militar no solo provenía de Estados Unidos, entrenando a las temibles Kopassus, fuerzas de elite indonesas en las conocidas técnicas y tácticas de los Boinas Verdes. También Australia participó de maniobras conjuntas hasta que las denuncias de grupos de defensores de los Derechos Humanos acerca de los crímenes de los esbirros de Suharto, tanto en Indonesia como en Timor, fueron imposibles de ocultar, como lo denunció David Jenkins, veterano corresponsal australiano en Asia: “fuerzas especiales de choque recibieron entrenamiento regular con fuerzas estadounidenses y australianas hasta que su comportamiento se convirtió en una molestia para sus amigos extranjeros”. En 1989, Australia firmó un tratado con Indonesia para explotar el petróleo de “la provincia indonesia de Timor Oriental”. Todo un reconocimiento a la dominación.

Desde la ansiada independencia lograda tras el refrendum, las elecciones y la formación del primer gobierno, Australia ha seguido con las prácticas dilatorias en las negociaciones sobre la explotación del gas y el petroleo y se ha negado a aceptar las intermediación del Tribunal Internacional de los Derechos del Mar, al que acudió sin suerte el gobierno de la isla. Estos son los principales recursos naturales con que cuenta Timor. Se trata de renegociar un nuevo acuerdo, en el que se debería incluir un nuevo estatuto fronterizo del estrecho que lo separa de Australia. El gobierno de Timor Oriental pretende la definición de una línea media mientras que el australiano reivindica tomar en cuenta la línea de su plataforma continental, que le adjudica una mayor proporción de esos recursos del fondo marino.

En la crisis actual, periodistas, corresponsales, medios alternativos y voluntarios australianos de diferentes organizaciones cooperantes han denunciado la política indonesia como la ingerencia australiana, pero los grandes medios de comunicación controlados por el magnate Rupert Murdoch (lista de medios de su propiedad en Australia y el mundo) también han jugado un papel en el manejo distorsionado de la información. Los últimos acontecimientos fueron descritos con base en categorías que encasillan a Timor Oriental como un “Estado fallido” como lo catalogó el Ministro de Defensa Brendan Nelson: “Si se permite a Timor Oriental ser un estado fallido en nuestra región, sabemos que será un objetivo para el crimen transnacional, también para el terrorismo...”. Una aseveración peligrosa pero muy funcional a la política exterior australiana, aunque nunca se dice que Indonesia ocupa el lugar 32 del índice de estados fallidos de la revista Foreign Policy, por debajo de Malawi y Burkina Faso y más fallido que Angola y Togo.

Uno de los conflictos que encendió la violencia y la rebelión de un sector armado fue el despido de 600 oficiales del ejército, algunos de ellos, antiguos gierrilleros. Pero era un conflicto que venía arrastrándose desde el año 2000, sin embargo, emergió sorpresivamente ante la recomendación de funcionarios de la ONU encuadrados en las consabidas políticas neoliberales dictadas desde la metrópoli.

Hay que tener en cuenta que el partido gobernante no es un partido, sino una coalición. La unidad forjada en la resistencia no necesariamente se continúa en todos los temas ante la difícil construcción del país. Los equilibrios de poder entre los tres grandes líderes y la compleja alquimia de grupos y movimientos con matices ideológicos, e incluso religiosos, implica un proceso que está lejos del monolitismo. Algo que si bien puede complicar el arte de la política diaria, incluso la visión estratégica, también es expresión de una saludable diversidad. El dilema es cómo se procesa dentro de los márgenes de la unidad.

A su vez, para una organización fundada en la década del 70 bajo la dominación portuguesa, que se encontró de pronto con un colonizador que ya no quería serlo, que apenas iniciado el tránsito a la libertad tuvo que pasar a la lucha armada contra el invasor indonesio, que sufrió la muerte, el destierro, la carcel, que que pasó por duras derrotas antes de amalgamar un frente masivo para obtener la independencia casi treinta años después, implica todo un proceso de cambios que a su vez se insertan en los profundas modificaciones ideológicas del último cuarto del siglo XX.

La expresión más nítida de corrientes internas aparece como un proceso lógico vinculado intimamente a las contradicciones y cambiantes contextos políticos. El equilibrio parecía haberse establecido en la división de funciones dentro del gobierno, con un Xanana Gusmao figurando como Presidente, Mari Alkatiri como Primer Ministro al frente del ejecutivo, y Ramos-Horta como Ministro de Exteriores. Ese equilibrio se rompió con la crisis del mes pasado con la forzada renuncia de Alkatiri y los cambios en el gabinete, aunque el nuevo, dirigido por Ramos-Horta, no parece tan nuevo, pues mantiene en sus cargos a diez ministros del anterior.

Llama la atención que la crisis desatada se haya desarrollado vertiginosamente, como si todos los hechos hubieran sido cuidadosamente planificados en una suerte de efecto dominó. La situación militar era una bomba de tiempo, pero no era una situación tan explosiva como algunos la quieren ver. Uno de los grupos armados del Fretilin que participaron en la resistencia a la invasión indonesia, era el Falantil (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Timor Oriental) que luchó por la independencia. Ese grupo nunca se sintió reconocido, ni siquiera valorado. Hay que tener en cuenta que la derrota del invasor se logró de manera pacífica, si es que se le puede llamar asi a semejante genocidio. Pero sucede que la derrota de indonesia fue política, no militar.

En la nueva situación, en durísimas condiciones económicas y con una sociedad civil casi inexistente, con la enorme mayoría de la población analfabeta, el acecho constante de las bandas armadas pro indonesas, y ante el retiro a todas luces prematuro de las tropas de la ONU, el nuevo gobierno apenas podía mantener unas fuerzas armadas. Si a eso se le suma que los asesores internacionales casi impusieron una fuerza militar de corte policial, que se superponía al raquítico ejército timorés, los problemas no se hicieron esperar. En una sociedad donde campea el desempleo, la pertenencia a las Fuerzas Armadas no deja de ser una garantía de estabilidad laboral. Si a eso le sumamos que los viejos guerrilleros que lucharon por la independencia se sentían infravalorados, sin presupuesto y hasta suplantados, el conflicto era de esperarse.

Pero lo que lo desata, revestido además con factores religiósos y étnicos, son precisamente las políticas manipuladas por los burócratas asesores de la ONU y otros organismos internacionales. Por ejemplo, los problemas raciales y étnicos se originan ante la discriminación de ciertos sectores en la composición de la Policía Militar sugerida para contrarrestar lo que hubiera sido un polo fuerte de los antiguos guerrilleros en la conformación del ejército regular del estado naciente. No hay que olvidar el peso que tuvieron, y tienen aun hoy, en diferentes experiencias revolucionarias, independentistas y nacionalistas, unas fuerzas armadas vinculadas estrechamente al proceso revolucionario, pertrechadas ideológicamente en la matriz de la épica rebelde, aunque su peso específico haya sido un error recurrente en la construcción de una sociedad diferente. Si de ello es imprescindible sacar enseñanzas para cualquier movimiento de izquierda, la enseñanaza desde los grandes centros de poder mundial son las de tratar de impedir y abortar esa participación y ese poder donde sea posible.

Pero en el estallido de la crisis y la ola de violencia que asoló al país, profusamente difundida por los medios de comunicación subrayando el caos imperante, el desgobierno y la demonización de uno de los actores fundamentales, tiene otras implicancias nada fáciles de ocultar, aunque pretendan pasar desapercibidas por lo que solo repiten el libreto marcado.

Para un gobierno que venía sorteando tantas dificultades, el despido de 600 oficiales de ejército no parecía un tema que puediera desembocar en una súbita guerra civil. Además, con un espontaneismo de las masas enardecidas sospechosamente enfocado en el objetivo de desbancar a Mira Alkatiri de la jefatura del Poder Ejecutivo, cuando ni siquiera era el culpable directo de los despidos en cuestión sino del Ministro de Defensa, Roque Rodrigues, y el jefe de la Armada, general Taur Matan Ruak. También llama la atención es la conformación tan veloz de un bando armado que se posicionó como un grupo rebelde, aunque no se retiró a las montañas sino que se situó tras el amparo del contingente militar australiano que ya estaba en la isla. Las presiones internacionales fueron muchas y desde el gobierno australiano fueron varias las voces que desembosadamente pidieron la renuncia de Alkatiri como forma de salir del atolladero, lo que demuestra a las claras el tipo de ingerencia que se autoasigna en la región. Ojalá la hubiera ejercido durante la terrible ocupación de indonesia.

¿Y quién es el militar rebelde que llevó el conflicto a una situación cercana a la guerra civil? Pues se trata de un militar de alto rango llamado Alfredo Reinado, que curiosamente se formó en la Escuela de defensa de Camberra, en Australia.

Pero ante la desesperante situación, marcada además por saqueos y luchas fraticidas de la población ante la pasividad y el retiro de la policía, lejos de provocar la inmediata reacción de la ONU destinando un contingente multinacional, implicó la rápida intervención de tropas australianas que llegaron inmediatamente para restablecer el orden como si fueran los salvadores. Si a eso se le agrega que cualquier ayuda material parece un maná que cae del cielo, no es nada fácil imaginar la reacción de una población literalmente hambrienta, ante un ejército que distribuye algo de alimentos. Y eso no pretende condenar a un pueblo diesmado que sabe agradecer cualquier ayuda, sino a la oportunismo y la manipulación implementada como un plan coordinado para aumentar la ingerencia australiana en Timor, en defensa de sus intereses estratégicos, que también son militares, pero sobre todo económicos.


Mari Alkatiri, ex- Primer Ministro

El otro eje con el que se ha machacado insistentemente es la demonización de Mari Alkatiri, quien oficiaba de primer Ministro y fue obligado a renunciar, acusado sin pruebas de haber incitado a la formación de escuadrones para eliminar adversarios políticos. Sin embargo, Alkatiri es, de los tres líderes principales, el que mantiene una política en pro de desarrollar la autonomía. Su experiencia internacional lo sitúa como un duro negociador en la defensa de los recursos naturales que les corresponden por derecho, y que en manos del nuevo Estado podrían ser utilizados para diversificar la economía reinvirtiendo en planes agrícolas y de cierta industrialización, en vez de seguir aceptando el canón aportado por Australia. La última partida de 600 millones de dólares ha sido vital para paliar los problemas inmediatos pero, aún con los millones que seguramente aparecerán, son mucho menores a los que un nuevo estatuto de explotación del gas y el petroleo pondría en manos del gobierno.

Su imagen ditorcionada por los medios aparece como muy diferenciada de la buena reputación adjudicada a Gusmao y a Ramos-Horta. Alkatiri es catalogado por ejemplo, por el periódico The Australian el 31-5-2006, como un “astuto marxista”. Incluso un terrorista, a la vez que se destaca inquietantemente su pertenencia a la religión islámica. pero Alkatiri es un político de gran experiencia. Con un bagaje académico en derecho y economía, su trabajo como arquitecto técnico y su experiencia política en la ONU y en África, Mari Alkatiri fue, debido a sus largos años de exilio en Mozambique, de lejos el mejor preparado timorés para negociar y dirigir la construcción del país. Alkatiri fue uno de los principales arquitectos de la Magna Carta del Consejo nacional de la Resistencia del Timor, un documento que llevó las futuras políticas del país en concordancia con los estándares internacionales. Como economista nacionalista, está interesado en los asuntos de las mujeres y del medio ambiente y contra la privatización de la electricidad. Ve la necesidad de diversificar las opciones económicas del país y cree que una compañía estatal del petróleo asistida por Noruega, Portugal, Malasia y Brasil y el gigante China, beneficiará a Timor Oriental más que si se concede a Australia el monopolio sobre el gas y el petróleo del país. Entre otras acciones “no patrióticas”, ha propuesto la gratuidad de las escuelas primarias, ha rechazado los préstamos del banco Mundial, con el que está libre de deuda, y ha traído médicos cubanos para trabajar en las áreas rurales y establecer una nueva facultad de medicina en la universidad nacional.

La sospechosa violencia surgida lejos de implicar la presencia de una fuerza multinacional de la ONU, desembocó en un desembarco militar unilateral australiano, aunque misteriosamente pasivo ante la ola de violencia que desestabilizó en pocos días al país. A corto plazo, ya ha rendido beneficios políticos, como la renuncia forzada de Alkatiri, sugerida, por decirlo diplomáticamente, por diferentes miembros del gobierno australiano y cierta prensa, como volvió a editorializar The Australian: “y mientras Alkatiri mande una mayoría parlamentaria, no hay mucha cosa que los australianos puedan hacer más allá de conseguir el corto circuito que su salida comportaría.” Un corto cicuito que es casi un eufemismo de golpe de estado, como lo recalcan Estêvão Cabral, doctor en Relaciones Internacionales y ex-guerrillero del Falantil y la periodista Julie Wark, en un reciente artículo.

El Gobierno australiano dirigido por la coalisión derechista Liberal-Nacional, mira lejos en sus ambiones regionales. La ingerencia, lejos de ser un garante de la democracia, la paz y el desarrollo, esconde los verdaderos intereses geopolíticos y económicos que situan a Australia como un apéndice repetidor de las viejas y rapaces políticas norteamericanas que John Howard tanto admira.

Javier Zeballos
*Especial para El Diario Español de Australia.
Ante el alejamiento de nuestro compañero Fernando Pinget, debido a sus nuevas tareas docentes, quien por quince años escribió sobre política australiana, he sido designado para responsabilizarme de redactar el editorial político del periódico. Este es mi primer artículo, aunque es una versión un tanto más larga que la que aparecerá mañana en el Diario.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Pequenio Rey

Pequenio Rey dijo

Xabier gracias por el articulo, se me hace supremamente necesario para tanata gente que vivimos en Australia, ya a sabiendas que los medios aqui no son otra cosa que un circo de la peor clase y sin nigun sentido de nada.

De nuevo gracias loco, seguire leyendo.

25 Julio 2006 | 06:51 AM

Xabier

Xabier dijo

Pequeño rey, aunque no suelo codearme con la nobleza de rancia alcurnia, si estás en Sydney, podríamos estar más en contacto. Yo a las órdenes, aunque voy en plan de regreso en poco tiempo.

26 Julio 2006 | 02:51 PM

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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