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La Coctelera

KaosmoS

Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

19 Julio 2006

NO TAN GOTAN

(Hacé click en play para escuchar el audio)

La sala estaba repleta media hora antes del comienzo y quedaba gente afuera. Rosario Castellanos era la encargada de presentar el espectáculo. Casi se arma la maroma cuando tuvo que rogar a los que se hallaban sentados en el piso y en los pasillos, para que los dejaran libres por cuestiones de seguridad. Luego anunciaba que en Japón, tango, se dice simplemente... tango, y nos preparaba para ver guapos con cara de samurai y percantas con rostro de gueisha.

Yo, que crecí escuchando de rebote los tangos de Clarin en la radio de mi padre, que me manyé todos los sábados los Grandes Valores del Tango, desde la época de Juan Carlos Thorry con la producción de Hector Perez Pícaro y su trebol de la buena suerte, y que sabía la exacta diferencia entre un Mauré y un Hugo del Carril, entre un Julio Sosa y un Polaco Goyeneche, que a los ocho años estaba enamorado perdidamente de Rosana Falasca, y que a los diez envidiaba a Guillermito Fernández, después no le dí bola al tango.

Vinieron otras músicas: Paul Simon y Eric Clapton, El Darno y Fernando Cabrera, Rada y todo el cantopopu, Silvio y Pablo, Serrat y Aute, Mozart y Mateo. Pasó el tiempo y un día, estando lejos, en las uropas, se me coló por el izquierdo, junto al bobo, un tango de Piazzolla, y me vinieron de un golpe los recuerdos de mi tío tocando el bandoneón en los bailes con piso de tierra de los pueblitos del interior.

Al regreso empecé a escuchar las audiciones de Amilcar Greco y allí descubrí a Grella, a Osvaldo Piro, a Eladia Blazquez. No soy tanguero viejo ni nuevo pero lo de anoche en la Sala Vaz Ferreira fue impagable. El chelista se parecía a un ejecutivo de la Toyota Motors Corporation. La pianista y las tres violinistas parecían escapadas de un filme de Kurosawa. Y el contrabajista rompía todos los dogmas: tanguero, japonés y negro. Parecía más un cantante de blues o un músico de jazz de Nueva Orleans, incluso un compadre de Michael Jordan en los Chicago Bulls, pero razgaba su instrumento como todo un maestro de la orquesta de Pugliesse.

El bandoneonista tenía cara de profesor de historia o de arqueólogo. Sabido es que no hay nada más anunciado que el final de un tango, pero el ponja se arqueó con tanto sentimiento sobre el fueye que yo no tuve más remedio que piantarme un lagrimón. Luego, una japonesita cantó Sur, hasta con nostalgia, y después Caminito. Una sombra ya pronto serás, decía, arrastrando la ese como en los arrabales portuarios de Yokohama.

Más tarde, una pareja, él de Los Cerrillos y ella de Kioto, hicieron figurines, cortes y quebradas. Después pasaron cordobeses de Argentina bailándose todo en clave de piringundín, canyengue y danza moderna. Por último, el uruguayo Pasarella, al frente de una orquesta de jóvenes tanos con directora y todo. Empezó con Adios Nonino, siguió con Lamarque Pons y arremetió con tres temas suyos llamados Suites rioplatenses. Terminó con más Piazzolla y con una versión de El Choclo que rompió todos los moldes.

Ya eran las O:30 de la madrugada. El veterano junto a mí se moría por bailar, pero no había espacio, y la bataclana de al lado taconeaba desafinando con el taquito aguja del zapato derecho. Cuando todo terminó, salí ya con la sala desierta. La música seguía flotando en el aire. Afuera, en la Avenida 18 de julio, un guapo compadrito vestido con polainas, recostado a un farolito, reivindicaba la pureza del tango de arrabal y maldecía semejantes atropellos a la razón, mientras evocaba a su madre, a su bulín y su percanta, amagando cada tanto a pelar el facón.

Yo me desanudé la corbata y me la enrosqué al cuello a manera de golilla, me crucé la gabardina y lamenté no haber traído mi sombrero gacho, pa llevarlo con el ala volcada hacia un costado, como El Mago, tarareando por el callejón de la Universidad... Ya sé que estoy piantao, piantao, no ves que va la luna rodando por Guayabo.

Xabier

*PD: Este texto fue lo primero que escribí para radio. En 1996 se realizó la X Cumbre Mundial del Tango en Montevideo. Luego de haberse llevado a cabo en ciudades de real estirpe tanguera como Helsinsky, Tokio o Reijavick. Es increible como gusta el tango en japón o en los países nórdicos. ¿Se imaginan el tango Mano a Mano cantado en sueco? ¿Cómo de pronunciará aquello de percanta que me amuraste en noruego? ¿O aquello de Los morlacos del otario los tirás a la marchanta en japonés?

Lo cierto es que me sugirieron que escribiera algo acerca del evento y allá fui a ver toditos los espectáculos, la mayoría extranjeros, que se daban cita en la ciudad. Pasaban los días y las noches y yo nada, ni una palabra. Llegó el día del cierre de la Cumbre y yo seguía en el llano con la página en blanco. Así fui al último espectáculo. Me senté con el bloc de notas en la mano pero lo disfruté tanto que se me olvidó siquiera tomar algún apunte. A la salida, me senté en un escalón del callejón de la Universidad y allí lo escribí para llevarlo a la radio al otro día.

En el programa RomPKBzas, que conducía Daniel Figares, Daina Rodríguez, la co-conductora, lo leyó con su voz maravillosa, la que escuchan, si es que pueden, en el audio que anexé arriba. En la radio lo musicalizaron con Balada para un loco, de Astor Piazzolla, con letra de Horacio Ferrer, interpretado por el Polaco Goyeneche.

Algunas palabras son propias del lunfardo rioplatense y el final, en tono de juego, mezclé la calle Guayabo, que corre atrás de la Universidad, aludiendo a la calle Callao, en Buenos Aires, que nombra el tango en cuestión. En realidad no sabía cómo diablos terminar la nota y al mirar el cartel de la calle, se me ocurrió.

servido por Javier 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gaby

Gaby dijo

Javi! Una verdadera delicia este post...cómo me emociona el tango! ( y ahí me brota mi parte porteña, aunque renegada). Qué bella la Balada, uno no se cansa de escucharla! Un día de estos, me pongo en marcha con mi materia pendiente de aprender a bailar tangos.
Besazos!

19 Julio 2006 | 07:19 PM

Celia

Celia dijo

cuanto poder tiene la queja de un bandoneon... daria cual quier cosa por volver al sur y bailar La Cumpasita en plena Plaza de Mayo o en una esquina de Caminito... Sabes, es un orgullo saber que el mundo ama el tango tanto como nosotros...

20 Julio 2006 | 01:16 AM

ana

ana dijo

qué cosa, yo que nunca le di bola al tango o música popular ahora que estoy tan lejos me emociona cualquier cosa que escucho o leo al respecto!

21 Julio 2006 | 11:40 AM

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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