WILLIAM FAULKNER Y EL CINE
La relación entre literatura y cine es no solo compleja sino complicada, casi tanto como la de directores y escritores que participan como guionistas. Es un tema que me apasiona. En 1956 Jean Stein entrevistó a William Faulkner. Allí aparece éste fragmento en el que el gran escritor narra una de sus colaboraciones con la industria de Hollywood. No tiene desperdicio.
¿Querría comentar aquella legendaria experiencia de Hollywood en la que estuvo envuelto?
Había terminado un contrato con la Metro Goldwyn Meyer y estaba a punto de volver a casa. El director con el que había trabajado me dijo: "Si quiere otro trabajo aquí, hágamelo saber y hablaré con el estudio para un nuevo contrato." Le agradecí y me volví a casa. A los seis meses cablegrafié a mi amigo director diciéndole que me gustaría volver a tener otro trabajo. Poco después recibí una carta de mi agente en Hollywood, con el primer cheque de mi pago semanal. Me sorprendió porque había esperado recibir primero una notificación formal y un contrato del estudio. Pensé para mis adentros que el contrato estaría demorado y que llegaría en el siguiente reparto de correo. En cambio, una semana más tarde recibí otra carta de mi agente con el cheque de pago de mi segunda semana. Eso empezó en noviembre de 1932 y siguió hasta mayo de 1933. Entonces recibí un telegrama del estudio. Decía: "William Faulkner, Oxford. ¿Dónde está usted? MGM Studio."
Escribí un telegrama que decía: "MGM Studio, Culvert City, California. William Faulkner.
La muchacha del correo me dijo: "¿Dónde está el mensaje, señor Faulkner?" Yo le dije: "Es éste." Ella me dijo: "El reglamento dice que no puedo enviar el telegrama sin ningún mensaje, tiene que decir algo." Así que revisamos el muestrario, y yo elegí uno, ya olvidé cual... uno de los mensajes convencionales felicitando por el aniversario o algo así. Envié eso. Después me llamaron por teléfono, larga distancia, del estudio, indicándome que tomara el primer avión a Nueva Orleans y me presentara ante el director Browning. Podría haber tomado un tren en Oxford y estar en Nueva Orleans ocho horas más tarde. Pero obedecí las indicaciones del estudio y fui a Menphis, desde donde salía ocasionalmente algún avión para Nueva Orleans. Tres días mas tarde partió uno.
Llegué al hotel del Señor Browning a la seis de la tartde y me presenté ante él. Estaban preparando una fiesta. Me dijo que durmiera bien esa noche y estuviera listo para empezar a la mañana siguiente. Le pregunté por el argumento. Dijo: "Oh, sí. Vaya al cualto tal y cual. Ése es el encargado de guión. Él le dirá cuál es el argumento."
Fui al cuarto que me había indicado. Allí estaba, sentado a solas, el encargado de guión. Le dije quien era y le pregunté por el argumento. Él me dijo: "Cuando usted halla escrito el diálogo le dejaré ver la historia." Volví al cuarto de Browning y le conté lo ocurrido. "Vuelva", me dijo él. "y dígale a fulano...No importa. Duerma bien esta noche para que podamos empezar mañana temprano."
Así que a la mañana siguiente, en una embarcación alquilada, muy elegante, todos nosotros salvo el encargado de guión, navegamos hasta Grand Isle, a unas cien millas de distancia, donde se iba a rodar la película, y llegamos allí justo a tiempo para almorzar y con el tiempo justo para volver a Nueva Orleans antes del anochecer. Las cosas siguieron así durante tres semanas. De tanto en tanto yo me preocupaba un poco por el argumento, pero Browning siempre me decía: "Deje de preocuparse, duerma bien esta noche para que podamos empezar mañana a primera hora."
Una noche, a nuestro regreso, apenas había entrado a mi cuarto cuando sonó el teléfono. Era Browning. me dijo que fuera a su habitación de inmediato, y así lo hice. Tenía un telegrama que decía: Faulkner está despedido. MGM Studio. "No se preocupe" dijo Browning. "Ahora mismo llamaré a Zutano y no solo haré que lo vuelva a poner en la lista de pagos sino que también le obligaré a enviarle una disculpa por escrito". Llamaron a la puerta. Era un botones que otro telegrama. Éste decía: Browning está despedido. MGM Studio. Así que volví a casa. Supongo que Browning también volvió a alguna parte. Me imagino que aquel encargado de guión sigue sentado en algún cuarto de alguna parte aferrando en la mano su cheque de pago semanal. Nunca terminaron la película.
Pero sí construyeron una aldea camaronera... una larga plataforma con pilotes, sobre el agua, con cabañas sobre ella, algo parecido a un muelle. El estudio podría haber comprado docenas por cuarenta o cincuenta dólares. Pero en cambio, construyeron una falsa. Es decir, una plataforma con una sola pared, así que, cuando uno habría la puerta y salía, caía directamente al océano. Mientras la construían, el primer día, un pescador cajun se acercó remando en su piragua hecha con un tronco ahuecado. Se quedó allí todo el día bajo el sol ardiente, observando a esos extraños blancos que construían esa cosa rara, esa imitación de plataforma. Al día siguiente volvió en su piragua con toda su familia, su esposa que amamantaba un bebé, los otros hijos y la suegra; se quedaron todo el día bajo el sol ardiente observando esa actividad nacia e incomprensible. Estuve en Nueva Orleans dos o tres años más tarde y oí decir que la gente cajun recorría muchas millas de distancia para mirar esa imitación de plataforma camaronera que un montón de blancos había construido apresuradamente para más tarde abandonarla.
Xabier
La entrevista se puede leer en Los reportajes de The París Review, en Confesiones de escritores. Volumen 1. Editorial El Ateneo. 1996.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

Gabriel dijo
Buenísima la historia vivida por Faulkner. Y realmente los gringos son así... los movés un centímetro de sus esquemas y no saben para donde agarrar. Lo del avión a Nueva Orleans me dio risa... me hizo acordar a uno de mis jefes en Atlanta. Pasó la gripe? Saludos
18 Julio 2006 | 06:16 PM