ELOGIO DE LOS PENALES
Muchos se quejan, sobre todo cuando pierden, que definir un partido de futbol por penales es algo injusto, una cuestión se suerte. Para mí es exactamente lo contrario. Primero, es muy justo. ¿O prefieren que sea por sorteo lanzando una monedita al aire? Se ve que no han jugado mucho ni han tenido que correr adentro de una cancha para seguir en un alargue. Pero a su vez, en los penales se les da protagonismo a los jugadores y es uno de los pocos momentos en los que el gran sufriente del futbol, el arquero, golero, goalkeeper o guardameta, tiene la posibilidad de rehabilitarse en un duelo en las que tiene todo para ganar porque nadie le reclamará nada si no ataja ninguno.
Y a los que patean, les obliga a saber patear... ¿Y de qué se trata este deporte llamado futbol por provenir de FOOT-BALL, balón-pie. Si no sabes patear penales, dedicate a otra cosa. Y aún así, no se les exige a todos. Lo absurdo sería que se definiera por quién tira mejor un saque de costado o un corner. Si un equipo quiere salir campeón del mundo, tiene que tener jugadores que sepan definir por penales y chau! sanseacabó! como decían los viejos de antes. Y si no saben hacerlo, pero la terminan metiendo igual, mientras los del otro cuadro erran o se los atajan, a festejar y a llorar al cuartito los que pierden.
Además, desde el punto de vista del manejo de los tiempos dramáticos, es de un suspenso magistral. Me ancantan los penales y me gusta patearlos. Cuando era niño y jugaba en el Santa Beatriz, siempre pateaba los penales y nunca erré uno. Después de grande, erré algunos. El único que me atajaron de niño, fue en una final con un cuadro del interior de Uruguay, que vino a jugar a Montevideo. El juez lo hizo tirar de nuevo porque el arquero se había adelantado. Y en el segundo tiro, lo metí. Con ese gol empatamos y fuimos a alargue y penales y en la serie, que recuerdo que también pateó mi amigo Hugo metiendo un zapatazo que pegó en el ángulo entre el travezaño y el palo, y entró, terminé definiendo en el último tiro y ganamos.
Siempre, pero siempre, los tiraba pateando con cara interna del pié derecho al palo izquierdo del arquero, bien contra el palo, abajo , a media altura o arriba. Ustedes me dirán que, comparado con patear un penal en un campeonato del mundo, parece una locura, pero jugar ahí cuando te miran miles en la tribuna y millones por la tele, es una papa. Los quiero ver a más de uno de estas superestrellas jugar en la cancha del Santa Beatriz o cuando ibamos de visitante a la del Alas Rojas o a la del Ceibo Aguada, que no tenía nada de nada de pasto. Ahí había que jugar!!! ¿Sabes los goles que metí y solo los vieron un puñado de padres y madres sufrientes en el frío de aquellas tardes de invierno? Haces un gol de rebote en un mundial y lo pasan quinientas veces y lo ven miles de millones. Eso es lo injusto de los penales. Que los que pateaba en la cancha de Baby Futbol no los veía casi nadie. Bueno, por lo menos, ni la veía el arquero en cuestión, lo que estaba muy bien.
Una vez, jugando contra el Montecarlo, me tocó tirar un penal y lo metí abajo contra el palo. Pero el juez me lo hizo tirar de nuevo porque el arquero se había adelantado. Algo que si fue gol, no tiene la menor incidencia. Se lo reclamé pero me obligó a patearlo, para beneplácito del arquero que me odiaba. Recuerdo que esa vez tenía puesto un buzo de golero bordeau. Me miró con cara desafiante y yo decidi patearlo exactamente igual, al mismo rincón. Pero para despistarlo, asumí el desafío de patear mirando al otro palo. Y así lo hice, patié mirando constantemente durante la carrera al otro palo sin mover la vista, solo viendo la pelota con la visión periférica, y le pegué igual y la pelota entró exactamente en el mismo lugar que el tiro anterior. Lo curioso es que el arquero se tiró con todo para ese lado y casi llega a arañarla. Ese día comprendí que patear los penales siempre contra el mismo palo era un poco exagerado pero así lo seguí haciendo y solo recién aquí en Australia, hace un par de años, después de errar un penal en una serie definitoria en una definición por el tercer puesto en las que el arquero nos atajó los tres primeros penales que tiramos. Después de ese infortunado día, decidí empezar a patearlos también al otro palo. Y hasta ahora he pateado algunos así y han entrado, pero reconozco que extraño los tiempos en que las metía rozando el palo derecho de los pobres arqueritos que se estiraban cualn largos eran y nunca llegaban.
Tengo otra anecdota que es bastante ilustrativa. Veníamos invictos y en el último partido de la primera rueda del campeonato de la categoría Babys, tenía 10 años, jugábamos contra el que también venía primero junto con nosotros y que siempre tenía buen cuadro, El Ceibo Aguada. El partido era en nuestra cancha, detrás del Canal 5 de TV de Montevideo. La tarde estaba fría porque era pleno mes de julio. Como había vacaciones en las escuelas, algunos compañeros no vinieron a jugar porque se habían ido de viaje con sus padres. Por lo tanto, para el segundo tiempo solo teníamos 7 jugadores, porque los dos refuerzos que teníamos de la categoría anterior, que ya habían jugado su partido, solo podían jugar en la categoría siguiente, por un tiempo. Además, uno de ellos era Aldo, el arquero, que se había atajado todo pero le dejó el buzo y los guantes a un compañero que en realidad era eterno suplente, pero de defensa, y jamás había estado en el arco. La gente que estaba hinchando por nuestro equipo aquella tarde, cuando terminó el primer tiempo y estábamos empatando 1 a 1, gol mío de cabeza, se empezó a ir comentando que no querían ver una goleada histórica.
Recuerdo que entramos a la cancha con la mayoría de gente hinchando por el otro cuadro burlándose de nuestro improvisado arquero y convencidos, igual que los jugadores, que nos llenarían la canasta. Pero, con 2 jugadores menos y un arquero estacado en la línea de gol, terminamos, para sorpresa de todos, ganando por 7 a 2. Esa tarde hice 6 goles, uno atrás del otro y el séptimo, cuando quedé para patear, se la pasé a un compañero que la terminó de empujar al arco.
Tengo una memoria visual imponente, para muchas cosas, pero incluso me acuerdo de muchos goles, pero lo extraño es que de esa tarde fantástica solo recuerdo fantasmalmente que hacía un gol tras otro que apenas nosotros gritábamos adentro de la cancha porque toda la gente, hinchas del otro cuadro, se apagaban en un silencio sepulcral cada vez que yo la metía adentro. Si hay algún lector que jugara en el Ceibo Aguada en ese partido, supongo que del año 1975, o tal vez del 76, podrá atestiguar que lo que cuento fue cierto. Bueno, supongo que algún compañero mío también, y con más ganas. Esa fue una tarde inolvidable, como muchas otras.
Viendo ahora las definiciones por penales en éste mundial, en que la TV capta hasta los más mínimos gestos de toda esa tensión dramática, sobre todo cuando unos festejan y otros lloran, recuerdo que cuando era chico, siempre que ganábamos, yo tenía una mirada, a veces un gesto o incluso una palabra para los perdedores del equipo contrario. Y creo saber por qué era. Yo vivia en un barrio en donde a poco de poner un pie en la vereda, ya estábamos jugando al futbol en la calle por horas y horas. Pero en los veranos, me llevaban al pueblito solitario perdido en el medio del campo del Uruguay, donde no tenía amigos ni jugaban mucho al futbol. Aparte de que me miraban como sapo de otro pozo porque venía de la capital.
Recuerdo que nosotros, que éramos pobres en Montevideo, para alguna gente que vivía a los fondos de la casa de mi abuela, en condiciones infrahumanas de una miseria que yo miraba asombrado y conmovido, por el simple hecho de venir de la gran ciudad, nos miraban con cierto recelo. De hecho, jamás me aceptaron y por más que yo quería, nunca me integraban a jugar con ellos. Tampoco jugaban al futbol y cuando lo hacían, no eran muy buenos que digamos. A mí me veían jugar solo con la pelota y sabían que jugaba muy bien. Lo cierto es que yo no tenía más remedio que jugar solo y me inventaba partidos en los que jugaba contra mi mismo.
Así, armaba una cancha en medio de la quinta y del jardín. Un arco estaba en una punta, entre una pared de la casa y el comienzo de las matas de los tomates. El otro, en la otra punta, entre un tangerino y un naranjo. Yo jugaba para los dos cuadros, alternadamente. El duelo era a meter un gol con solo tres toques y, desde donde quedara el balón, jugar con tres toques para el equipo contrario. Así, aprendí que hacer trampas no tiene mucho sentido, y a ganar y a perder siempre, a saber que en cada victoria hay una derrota y en cada derrota cabe también una victoria.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

miguel bentancur dijo
puede ser una maldicion.
Resulta que yo tambien jugue en esa cancha unas veces, pero, yo jugaba para "El Ceibo Aguada", quizas, unos 2 o 3 años despues de tu partido, tambien eramos el puntero del campeonato en nuestra categoria, y compartiamos la punta con Santa Beatriz( yo pense que se llamaba Sta. Maria), bueno, la cuestion es que nos comimos 7 goles, y el unico gol para "El Ceibo", lo hice yo, y de rodilla.
Despues de ese partido, empece a incurcionar en el arco, y mira lo que son las cosas de los penales, ataje uno contra tu equipo, y ganamos 2 a 1 en un amistoso que se jugo una tarde en la cancha del "Ceibo", para mas datos, ese mismo dia a la noche fui al Centenario a ver a Peñarol, y vi a Carrasco hacernos un gol increible, un tiro libre desde la mitad de la cancha.
Bueno, no se si mi comentario te sirve, pero el hecho de que te hayas acordado de mi equipito "El Ceibo Aguada", es mas que una excusa para escribir.
Abrazos, Miguel.
6 Diciembre 2006 | 03:20 AM