AGONÍA
Ayer llegué a casa muerto de cansado. Venía de trasnochar con el partido de Australia - Italia y luego escribir mi crónica para el portal de Montevideo, había terminado acostándome a las cuatro de la madrugada. Apenas dormí tres horas, ya que debía levantarme a las siete. Cuando volví a las tres y media de la tarde, fui directamente al dormitorio y apenas logré sacarme las botas para caer redondo en la cama. Mi cabeza no había tocado aún la almohada cuando creo que ya estaba dormido.
Mi idea era dormir una siestita. Cuando me desperté, dos horas después, estaba anocheciendo, pero yo no sabía dónde estaba, muy acorde con esa cosa rara de dormir profundamente de día y, además, vestido. No tenía idea en qué momento me encontraba, apenas podía reconocer el espacio como vagamente parecido a mi cuarto. Por el ventanal, un cielo oscuro pero con algunas luces, me dejaba la duda si era el anochecer o si ya estaba amaneciendo. En ese instante extraño en que ni siquiera estaba muy seguro quien era, me levanté a tientas. No quería encender la lámpara porque seguramente quedaría ciego por algunos segundos.
Decidí, sin abandonar ese estado de inconsciencia, darme una ducha, por lo que empecé a tratar de quitarme la ropa. Tenía puesto un buzo de lana pero en mi torpeza, al intentar sacármelo, arrastré la camisa que llevaba debajo. Los botones impidieron que zafara los puños y lo mismo sucedió con mi cuello, por lo que quedé atrapado con la cabeza cubierta y las manos y brazos inutilizados.
Si algo necesitaba para despertarme, era semejante situación. Pero no solo me tenté de buena gana imaginando cómo me vería en ese instante, sino que recordé con una fidelidad increíble, cuando era un niño, poco más de un bebito, y mi madre me arropaba con buzos de cuello alto, bufandas y gorros o pasamontañas. Yo sufría esa agonía cuando el buzo tapaba mi cabeza y parecía que nunca vería la luz ni podría volver a respirar. Ayer volví a sentir esa misma sensación y aún me asombra la capacidad de memoria que tenemos.
Aquí una foto que ilustra cómo me vestían para sobrellevar los duros inviernos montevideanos treinta y pico de años atrás.


Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

Gaby dijo
¿Se acordará mi hijo así de mi y de mi manía de abrigarlo?
5 Agosto 2006 | 08:56 PM