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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

27 Junio 2006

REFLEXIONES EN EL ENTRETIEMPO

Hay quienes, hartos de la aplastante difusión que adquiere el futbol en los medios de comunicación durante éste mes, despotrican contra un deporte que tal vez no es el culpable de semejante sobredimensión. Y lo curioso es que está muy bien qué así sea. Lo aberrante es la sobredimensionada importancia del futbol el resto de los días entre cada copa mundial. Pero el campeonato del mundo es un evento cada vez más democrático, comparado con una historia algo infame, en el que cada vez participan en mejores condiciones, equipos de países que antes era impensable. Aunque a la hora de la verdad definen casi siempre los mismos.

Claro que esto es parte del negocio global, de la expansión de mercados del producto futbol, pero es mucho más participativo que antes. Asimismo, que países sin historia futbolística se metan en la conversación, no dice demasiado de esas sociedades, de su cultura, ni siquiera de su futbol. Cuando Camerún, por citar un ejemplo famoso, sorprendió den el mundial del 82, pero sobre todo en Italia 90 y en Estados Unidos 94, esos 11 jugadores no representaban, como ninguna selección en ningún momento, a una pueblo. Eran solo 11 tipos de una generación de futbolistas mejor entrenados, una elite que trabajó para ello. En Camerún, antes y después, siguió jugándose más o menos igual y no hubo casi ningún cambio estructural en torno al futbol. Al punto que cuando desapareció esa generación, dejaron de clasificarse. Claro que su ejemplo dejó algo, incluso en otros países africanos que imitaron su ejemplo.

Las selecciones son un grupito de elite, multimillonarios la enorme mayoría, que juegan en Europa, casi todos, y que ni siquiera pueden representar al futbol de su país, más allá que haya procesos de construcción de identidades futbolísticas con un fuerte anclaje, como Brasil, Argentina, Alemania e Italia.

Además, siempre me llamó la atención el grado de superespecialización de los deportes, que suele atrofiar a la mayoría de sus practicantes en el desarrollo de otras cualidades personales. Razonemos por el absurdo, como me gusta, ¿Cuál es el mérito de jugar más o menos bien a algo que uno practica horas y horas por día durante años y años?

Volviendo a la desmesurada difusión del futbol durante el mundial, algunos plantean, más bien se quejan, que mirar un partido de futbol es un corte radical con la sociedad, ya que el juego adquiere una dimensión que corta los vínculos con la realidad y se encierra en si mismo, veintidos tipos corriendo tras un balón, seguidos por tres hombres, otrora de negro, intentando fijar un orden. Y es cierto que el juego implica plegarse y replegarse sobre si mismo, pero eso es uno de los aspectos que definen al juego y que expresan una característica fundamental que le permite a los seres humanos liberarse, por un determinado tiempo, hasta que termina el partido, de todos los elementos que los atan a una determinada realidad, para jugar dentro de una dimensión diferente. Tal vez se deba decir, dentro de una serie de capas dimensionales. Por ejemplo, la de un tiempo mítico que supera los márgenes de un tiempo histórico concreto.

Lamentablemente no tengo conmigo, pues quedó en Uruguay, un libro del antropólogo Daniel Vidart titulado El juego y la condición humana, que recomiendo leer, porque me gustaría citar más de un pasaje, aunque obviamente está a un nivel muy superior que las boludeces que se me ocurren para distraerme un rato de los partidos del mundial.

Por otro lado, se vienen desarrollando algunas polémicas, típicas de un mundillo intelectual que suele reaccionar furibundamente ante el futbol. Algunos explican que, por ejemplo, cuando uno mirra una película, existe una suma de fenómenos relacionales que vinculan esa experiencia con el mundo, que el cine refiere, quiera o no, al exterior. En cambio, que presenciar un partido de futbol es encerrarse en su interioridad lúdica. Pero ello no es tan así. La dimensión simbólica es mucho más polisémica y dependerá de cada espectador. Y la TV tiene mucho que ver en ello, pues los elementos imprescindibles de su lenguaje propio recodifican el espectáculo, generando una suma variada y compleja de elementos configuradores que vincularán al espectador constantemente con un fuera de campo, con un fuera de juego en el que los aferrados a concepciones antifutbol, en el marco de las ciencias sociales y de los estudios culturales, quedan en un claro off side. En mis notas sobre Futbol y Televisión, intenté adentrarme en algunos aspectos.

La TV necesita exhibir una suma de imágenes en las que la ley de la variación audiovisual es esencial para captar y mantener cautivo a un telespectador que ni siquiera tiene integrados los códigos del hincha promedio. La captación, formación y manipulación del público es inherente al manejo televisivo al servicio de poderosas empresas íntimamemnte ligadas los intereses comerciales que conciben, y viven, al juego-deporte como una mercancia más. Esa ley de variación implica la emisión de un flujo constante de imágenes y sonidos. De allí que, de una cierta manera, la TV refuerza, pero también rompe constantemente la interioridad del juego para insertar elementos externos, aunque no ajenos, como son las hinchadas en la tribuna. Y lo mismo sucede con el antes y el después de cada partido, que son cuidadosamente recodificados en ua compleja red de elementos simbólicos que exceden lo futbolístico para vincularse con lo histórico, lo económico, lo cultural, etc.

Pero incluso, extrañamente, sucede lo mismo con los propios jugadores en el campo. El manejo tecnológico permite la captación de primerísimos primeros planos de los jugadores, no solo cuando la pelota no está en juego, sino incluso cuando la disputan. El penal con que Italia venció a Australia fue un caso espectacular. Una cámara captó un primerísimo primer plano de los ojos de Toti antes de patear. El dramatismo de la escena la vincula directamente con aquellos Spaghetti Westerns en el momento del duelo entre el héroe y los pistoleros malvados, faltó solo la música tipica de aquellas maniqueas películas de fines de los 60 y 70.

Semejante sobredimensión aporta contenidos jamás percibidos antes, planos de gestos al tirar un penal o un tiro libre o imágenes focalizadas en los que el deportista adquiere un grado expresivo vinculado a su exclusiva personalidad. Sobre la que, no hay que olvidar, existe un enorme exposición mediática que permite un conocimiento y seguimiento de la vida privada que también se inserta en el manejo comercial de los grandes medios. Todo ello implica, para un espectador, la posibilidad, incluso la obligatoriedad, dado el bombardeo informativo, también deformativo, de establecer conexiones relacionales variadas y casi infinitas. Cuando tal selección juega, cuando tal equipo y cuando tal o cual jugador lleva la pelota o convierte un gol, existen implicancias que remiten directamente a la sociedad toda.

Que el hincha clásico de futbol parezca encapsulado en el estereotipo del fánatico de escasas neuronas, es un anacronismo que la propia TV, aunque lo siga amortizando en sus ganancias, ha sido fundamental para superarlo y sustituirlo por el telespectador desapasionado y hasta de apariencia intelectual, incluso capaz de elaborar alguna actitud crítica, paradojalmente, sobre el que es más fácil incidir para que presencie un partido en el que no necesariamente está implicado emocionalmente y consuma esa mercancia llamada futbol, porque el futbol, en tanto show, debe continuar. Ello es parte del sentido profundo del juego en la cultura humana, pero también del negocio, del sistema.

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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