SE TERMINÓ EL SUEÑO AUSTRALIANO
A la cenicienta del campeonato le llegó la hora cuando estaban bailando a la aristocrática Italia. Pero la nobleza futbolera mantiene sus recursos y la selección que soñaba con ser princesa en la corte mundial, terminó perdiendo bastante más que el zapatito. La fantasía de cristal se hizo añicos y se esfumaron la carroza y los corceles. Australia pasó del sueño a la realidad en un minuto, precisamente el último.
Aquí, por la diferencia en el uso horario, la mayoría de los partidos los vemos a la media noche. Si a ello le agregamos un otoño bastante frio, se comprenderá que no hay mucho margen para salir a festejar. Claro que la participación australiana ha despertado una atención como jamás ha tenido el futbol en éste país. La enorme mayoría de la población miró el partido cómodamente en su casa. Sin embargo, ha brotado una dimensión colectiva interesante. Se han instalado varias pantallas al aire libre y son legión los jóvenes que se han dado cita frente a ellas para compartir la visión de un momento histórico, como fue jugar con un equipo prestigioso como Italia por meterse entre los ocho mejores del mundo.
En el partido contra Japón, que aquí se vió a las 11 de la noche, algunos cines abrieron sus puertas para transmitir el partido, un hecho nada común en un país en que los cines tienen funciones desde la mañana y en el que la función trasnoche es a las 21 horas. Parece que en en un mundo que publicita y vende el aparato televisivo como elemento personal de uso cada vez más individual, con familias que tienen varios aparatos en la casa, uno para cada integrante, recupera con éste tipo de eventos mundiales, una dimensión de lo colectivo nada despreciable.
Otra expresión de lo colectivo son las hinchadas en las tribunas. Es importante hacer una precisión Si uno mira en la TV, en la que cada vez más aparecen imágenes de hinchas insertadas en los tiempos de pelota muerta durante el juego, tendrá la impresión de que los australianos son todos blancos, rubiecitos y de descendencia anglosajona. Si uno concurriera a ver los partidos en pantalla gigante en las calles de Sydney, comprobaría una diversidad mucho más rica, que refleja la Australia real, al menos en una ciudad cosmopolita como es Sydney, igual que Melbourne. Resulta que para muchos inmigrantes, aunque sean ciudadanos australianos y estén en condiciones de viajar a presenciar el mundial, no es tan fácil identificarse con la selección, como por ejemplo, si lo empiezan a hacer sus hijos nacidos aquí.
Ver un partido colectivamente en Australia implica codearse con un público que masivamente proviene de los otros dos deportes que hasta ahora gozaban de la predominancia mediática y la preferencia popular, el rugby y el cricket. Aunque el futbol, que aquí se empeñan en llamar soccer, denominando aún football, en tanto balon-pie, al rugby que se juega mayormente con las manos, ya los ha superado en cantidad de practicantes. Por lo tanto, uno está obligado a contestar preguntas tan elementales como: ¿Por qué le llaman tiro libre si una barrera de tipos tapa buena parte del arco? O... ¿Qué es un Off side? mientras uno está tentado a pronunciar nuestro inimitable orsai. Lo malo es que no preguntan las bellas australianas que pueblan ésta tierra sino unos roperos doble ancho con cara de meterte un tacle, tipo rugby, en cualquier momento.
Australia dominó el partido ante la típica tacañería italiana tan apegada al tradicional catenaccio, sobre todo luego de la expulsión de Materazzi, pero las ideas del equipo australiano fueron tan escasas que uno, no solo se veía venir el alargue desde los primeros minutos del partido, sino que parecía que podrían jugar tres mil años sin ser capaces de meter un gol. Más que jugar a los saltos, como los canguros, parecían dormidos como Koalas. Encontrar un jugador australiano que sea capaz, no ya de encarar a un defensa, sino driblear un poste, es una rareza mayor que un ornitorrinco. La alusión a la fauna autóctona no es mera coincidencia.
Cuando parecía que el alargue estaba cantado y los penales dominaban la imaginación de casi todos, un groso error defensivo por falta de experiencia, le permitió a Grosso entrar al área y llevarse por delante a un defensa australiano que se le había tirado a los pies con insólita anticipación. El partido, que parecía solo poder ser definido por penales, así se definió, pero con un solitario ejecutante que no dudó en mandarla a la red dejando boquuiabierto a un país entero.

Toda la euforia esperanzada que los hizo disfrutar durante buena parte del partido en el que tuvieron el protagonismo, se apagó en ese último fatal minuto de descuento. La alegría se esfumó de las calles en las que estaban instaladas las pantallas gigantes, como la que estaba en el Parque frente a Central Station, para mudarse, aquí en Sydney, a la Norton St. en Leichhardt, el barrio típicamente italiano, que empezó a delirar con un festejo que ya casi no esperaban. Una de las pocas sorpresas del campeonato queda por el camino, queda la otrora neutral Suiza jugándose la clasificación contra la también bastante novel Ucrania. Se terminó el sueño australiano y parece que vuelven a definir los mismos de siempre. El futbol tiene sorpresas, pero no tantas.
* Especial para www.montevideo.com.uy

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

sansar dijo
creo que llamar "aristocrática" a Italia es demasiado generoso. A Australia le faltó un poco de oficio para resolver este tipo de partidos que, como han demostrado los italianos, nada tiene que ver con el fútbol.
Con el buen fútbol, me refiero.
26 Junio 2006 | 08:30 PM