CEREMONIAS
La palabra ceremonia proviene del latín. Se compone por la unión de caere y monia. Ésta última alude a condición, a un estado del ser. Caere era un pueblo cercano a Roma donde los sacerdotes etruscos celebraban sus ritos. Claro que los seres humanos vienen realizando ceremonias desde antes y su origen no necesariamente está vinculado a lo religioso, aunque la compleja e imbricada relación de arte y religión sea difícil de separar como componentes autónomos del hecho ritual en la noche de los tiempos. Constituida por secuencias efímeras, y delimitada por una apertura y una clausura identificables, adquieren una dimensión temporal anclada generalmente en lo cíclico, aunque su repetición siempre sea renovada.
La ceremonia inaugural del Mundial de Alemania 2006 puede haber sorprendido a más de uno, tanto por lo breve, duró poco más de media hora, como por su contenido. Si bien su estructura repitió cierto patrón clásico del uso del espacio de la cancha como gran escenario teatral, también allí de expresan cambios y adaptaciones en relación al la sociedad actual. Las grandes ceremonias representadas en estadios tuvieron por mucho tiempo una configuración pensada en función de la percepción visual del público presente. La radio operó en los albores del siglo como un medio de transmisión pero la repetición del sonido en espacios remotos no incidía mayormente en la ceremonia misma. En cambio, el cine primero y la televisión después, con la multiplicación de espectadores que implican, influyen directamente en el acto, a tal punto que ya no puede ser pensado solo en términos de la escala del espacio utilizado o las perspectivas visuales de las tribunas. La percepción del público, multiplicada en millones que la siguen por TV desde el mundo entero, implica una configuración acorde al lenguaje del medio de transmisión. La presencia in situ del espectador es muy diferente del espectador televisivo, pero la ceremonia ya no puede codificarse solo en función de aquel.
Por su parte, un espectador remoto puede tener acceso a detalles imposibles de ver desde la tribuna, a menos que se mire las pantallas gigantes que cada vez más pueblan los estadios y que expresan la rotunda presencia de la TV recodificando el espectáculo, algo que también incide en la percepción del propio juego del futbol, como intenté analizarlo en los artículos sobre Futbol y Televisión.
La ceremonia de apertura de éste mundial dejó atrás, aunque ya se venían procesando cambios desde hace un par de décadas, las clásicas ceremonias en las que el país anfitrión exhibía su imagen, no solo de país organizador sino de país organizado. De ahí que los elementos centrales del espectáculo lo constituían movimientos sincronizados de miles de personas que formaban diversas imágenes en la cancha o en la tribuna. Más allá de los valores simbólicos expuestos, se traslucía la importancia de la disciplina. Son paradigmáticas, con sus notorias diferencias configurativas, simbólicas y de contexto histórico, las ceremonias de los Juegos olímpicos de Berlin de 1936 en pleno auge del Nazismo, como la del Mundial de Alemania 74.
La ceremonia del 2006 implica rupturas pero también continuidades. Todo poder necesita monumentalizarse, ya sea a través de grandes estatuas como en la configuración de imágenes emblemáticas en movimiento. De allí que Hitler mismo encargara la realización cinematográfica de las Olimpíadas de Berlin a la polémica Leni Riefenstahl. No es necesario adentrase en otras experiencias vinculadas a regímenes dictatoriales para tener una idea de la compleja relación entre política y deporte y eventos faraónicos concebidos, en parte al menos, como un engranaje funcional, no solo a la obtención de enormes ganancias financieras, a veces a pérdidas producto de múltiples corrupciones, sino de importantes réditos políticos. El Mundial de Argentina 78 también se vuelve paradigmático en éste aspecto pero no fue el único. Los dos campeonatos ganados por Italia en la década del 30´ fueron cuidadosamente armados por el fascismo de Musolini. Tanto el que le tocó organizar, como en la preparación del que la escuadra azurra ganó en Francia.
Los juegos Olímpicos operaron durante la guerra fría, muchas veces en tandem con el mundial de futbol, de la misma manera. Al poder soviético no se le dio la posibilidad de organizar estos eventos pero los desfiles de la Plaza Roja dan una idea de lo que podían haber sido. Los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, más allá del boicot norteamericano, reprodujeron en parte aquel tipo de ceremonia pero con no pocas variantes, ya que su contexto histórico era muy diferente, lo mismo que la situación de la Unión Soviética, nada que ver con lo que hubieran sido unos juegos organizados a fines de los 40´ o inicios de los 50 en pleno poder de Stalin.
Existe una tesis clásica que asocia política y deporte, según la cual toda manifestación de masas significa un ejemplo de manipulación e idiotización. El ejemplo de regímenes dictatoriales con objetivos muy claros de control social parece abonar ésta argumentación pero la espontaneidad, como la participación activa y consciente de grupos de personas, exige un estudio más profundo, por ejemplo, sobre la recuperación del espacio público ganado en medio de fuertes condiciones de censura y autocensura o de ausencia de manifestaciones populares. En el Mundialito organizado en Uruguay por el régimen militar en acuerdo con la FIFA en 1980-81, sin duda como imitación algo epigonal del ejemplo argentino del 78´, supuso resignificaciones varias, por ejemplo, en el rechazo a la Canción Oficial ideada por el régimen y la imposición popular de una versión alternativa, o que en las tribunas se oyeran silbidos a los soldados que vigilaban el perímetro de la cancha y cantos masivos en contra de la dictadura aprovechando el anonimato de la muchedumbre.
La ceremonia inaugural de Alemania 2006 estuvo cargada de elementos identitarios de la cultura alemana. Curiosamente, muy alejado de la exhibición de elementos tecnológicos que primó en el de 1974. La centralidad simbólica aludió reiteradamente a una Alemania rural y antigua expresada a través de músicas y danzas y vestuarios típicos. El sociólogo argentino Pablo Alabarces, en su libro Futbol y Patria, analiza el surgimiento del neo-nacionalismo de fines del siglo XX, como muy diferente del que construyó las naciones modernas o lideró las luchas anticolonialistas y antimperialistas, vinculándolo con los conceptos de Marcos Meyer, que inscribía a este nuevo nacionalismo en una esfera cultural más amplia donde, tanto la grabación de canciones y marchas patrióticas destinadas a atormentar a nuevas generaciones con las gestas de los próceres de la patria, como el resurgir de ofertas de música folklórica vinculadas a la celebración de la tierra y a un cierto telurismo anacrónico, ocupan un lugar destacado y configuran la amalgama de un nacionalismo de mercado que busca resignificar la persistencia de la nacionalidad dentro de los términos de la globalización.
A su vez, el historiador Eric Hobsbawn en "Foreward" apunta que el pasado nacional fue puesto al servicio de los dictadores. La Italia Fascista de Musolini tenía como punto de referencia la Roma Imperial. Para la Alemania de Hitler, era una combinación de los bárbaros teutónicos y los caballeros medievales. Para la España de Franco, la era de los Reyes Católicos.
El otro elemento central de la ceremonia del mundial tuvo un carácter que excede lo alemán y representó a la propia historia de los mundiales. Correspondió al sentido homenaje a todos los campeones y se expresó en el desfile de las delegaciones compuestas por los jugadores aún vivos que ganaron esos títulos. Se transformó en el momento más emotivo, en el que los niños que portaban los estandartes marchaban junto a las viejas glorias que recuperaron su protagonismo exhibiendo, los más veteranos, sus barrigas abultadas y su andar cansino, pero unos rostros plenos de emoción y felicidad por el reconocimiento.
En otro aspecto, implicó otro elemento importante del ritual ceremonial. Etimológicamente, rito viene de ritus y quiere decir orden, uso, costumbre. Remite directamente a un modelo paradigmático y arquetípico cuyo carácter formal expresa una conducta repetitiva que se copia a si misma según el mito del eterno retorno expresado por Mircea Eliade. De allí sus características de acción simbólica y acción dramática, en el sentido de espectáculo, de movimiento, de escenografía y de catarsis emocional. También hay que entender esa acción de reconocimiento como un corte sincrónico que lo une a un tiempo mítico amalgamando a las nuevas generaciones con los viejos guerreros que repite lo que otros hicieron. Sincronía que rompe la diacronía del tiempo histórico, al menos en el sentido de la concepción unidireccional de la modernidad anclada en la matriz judeo-cristiana. En la concepción del tiempo lineal – diacrónica, un hecho opera como sucesión, uno tras otro se suceden, allí opera la historia. En el corte sincrónico, en cambio, opera la memoria a través de la duración. En ella, un instante expresa la eternidad. El futbol se cita a si mismo y se recupera míticamente en la imagen de los anteriores campeones.
Cere-manía
El futbol repite cíclicamente con el mundial la identificación de una manía que ya ha superado y desbordado el objetivo del hincha fanático, para apuntar al telespectador como consumidor de un producto llamado futbol inserto en un entramado de otros productos asociados comercialmente. No es necesario ejemplificar con el manejo millonario de campañas de publicidad que se mueven en su derredor. El futbol se vende como pasión, como una fiebre que contagia a los públicos más remotos y las culturas más disímiles, es el juego-deporte más global, y la publicidad suele reflejar el aspecto de un mundo hecho pelota. Basta destacar la enorme esfera expuesta en Berlín ante la Puerta de Brandemburgo, en la que se ve el contorno de los continentes por sobre los gajos del balón, o la imagen de una pelota-luna trasladándose en torno al planeta tierra para transformarse en los dos círculos distintivos de Mastercard, uno de los mayores patrocinantes del evento.
Cere-moña
La palabra moña tiene una acepción que remite un detalle decorativo, un adorno en la vestimenta o en el pelo, pero en el Río de la Plata tiene una connotación vinculada a lo futbolístico. Alude a la finta, dribling o amague que realiza un jugador para sortear o escapar de un marcador. La ceremonia de éste mundial también tiene algo de moña en ambos sentidos, el de adorno estético y el de esquive. Desde el nazismo en adelante, todo lo que implicara la puesta en escena del alma alemana generaba no pocos temores, censuras y autocensuras. En los meses previos se transmitió el temor de que grupos neo-nazis aprovecharan el evento para difundir sus consignas o intentaran ganar protagonismo en los estadios o las adyacencias, ya sea por sus proclamas como por ataques a extranjeros. Asimismo, sobre una ceremonia inaugural organizada por Alemania, la potenciada Alemania reunificada, consciente o inconscientemente se la suele mirar con lupa.
Sin embargo, no he escuchado ningún comentario crítico al respecto. Pero moña no solo alude, también elude. Y ésta ceremonia, tal vez por olvido más que por descuido, implicó cierta simbología no detectable a simple vista. El Mundial empezó en Munich cuando bien podría haber sido en otra ciudad. Munich fue la cuna del nazismo y, mucho más que Berlin, fue la ciudad emblemática de los nazis, declarada la ciudad de las artes, como recuerda Alicia Romero en el capítulo Emblemas, discurso y poder que forma parte de un excelente libro colectivo titulado Imagen, política y memoria. A tal punto que en 1937, fue allí donde se realizó la famosa exhibición de Arte Degenerado en la que se mostraban obras secuestradas de famosos artistas, Klee, Picasso, Kandinsky y muchos otros, en oposición a otra muestra que reivindicaba el arte puro que oficialmente representaría al régimen.
No creo que se deba acusar a Beckembauer y al Comité Organizador de intentar homenajear subliminalmente al nazismo ni mucho menos, pero la conexión o su ausencia en tantos comentarios expresa, en parte, la desmemoria o la ignorancia. Claro que también hay razones de orden logístico, transporte, comunicaciones, infraestructura, como también deportivas, Munich es la ciudad del equipo más importante de Alemania, el Bayern Munich y no deja de ser accesorio contar con un gran apoyo al local. Hay que recordar, a su vez, que la elección de los cabeza de serie se digita antes y el organizador puede elegir en qué sede disputara su grupo. La ausencia de sorteo sobre ello pone de manifiesto la ambigüedad, ya que de la misma forma en que se las elige, se la puede descartar. Aún así, insisto, que parece una vinculación ligada más al olvido que a un intento de velado recuerdo conmemorativo, pero aún éste proceso dice mucho.
Toda ceremonia tiene un carácter espectacular que la vincula con lo artístico, aunque en lo estético dejen mucho que desear y suelan caer en el cliché o en el efecto kistch. Hobsbawn plantea que el poder le hace tres demandas principales al arte: 1)Demostrar la gloria y el triunfo del poder mismo. 2) Organizar al poder como un drama público en una liturgia que incorpora la participación emotiva de las masas. 3) Exhibir, informar e inculcar el valor estatal del sistema.
Pasar por alto el carácter funcional al poder que opera en la proyección de los eventos deportivos sería una ingenuidad imperdonable, tanto como pretender anclar la complejidad de su inserción en la sociedad en base a parámetros dogmáticos y reducionistas que ven al deporte y al futbol como una variante del opio de los pueblos. La capacidad de resignificación implica dinámicas imposibles de manejar y controlar y la participación de de las multitudes adquiere, se quiera ver o no, una ambigüedad que remite a una polisemia de significados. Todo gol es político, y en ese terreno no es tan fácil determinar si es a favor o en contra.
Xabier
* Especial para www.montevideo.com.uy y El Diario Español de Australia

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

Gaby dijo
No pienso olvidarme del mundial ( digo por la última frase en el mail)...menos, después de la goleada de recién , sin el idolo chiquitito, de muchos, llamado Diego...Lo importante , además, es no olvidarse de que otras cosas existen!!
Besos
16 Junio 2006 | 07:24 PM