CRUCERO LATINO EN SYDNEY
Tenía por delante un fin de semana tranqui en el que podría dedicarle tiempo al trabajo para el diario y, como teníamos fecha libre en el campeonato de futbol, dispondría del doble de tiempo libre. El sábado había planificado encontrarme con amigas y amigos para ir a comer algo y ver una pelí del Festival de Cine Español. A sugerencia mía, habían aceptado ver Princesas, de Fernando León de Aranoa. Pero todo cambió. Coordinando el trabajo en el diario surgió la invitación para ir a un crucero de 4 horas por la bahía de Sydney en la noche y luego una fiesta en el piso sesentaypico de un edificio en plena city. Acepté ir al evento del lanzamiento de una empresa dedicada a promover la cultura latina en Australia, del que fuimos sponsor, y pedí disculpas a mis amigas y amigos que me perdonaron el sacrificio profesional. Ellos me perdonaron, yo no.
No es que tenga particulares condiciones para desarrollar complejos de culpa, simplemente que lo que me temía que iba a encontrar, fue lo que encontré. Sucede que tengo cierta aversión a ese lugar común de lo latino, mucho más cuando es visto desde lo anglosajón, pero sobre todo desde la perspectiva distorcionada de los propios inmigrantes o descendientes de inmigrantes latinoamericanos. Todo permeado, además, por lo que la cultura norteamericana cree saber, eso transplantado a Australia, donde las deformaciones de una cosa y la otra a su vez lo cambian más y más.
Realmente no soporto el clisé de lo latino anclado, nunca mejor el concepto tratándose de un crucero por la bahía, en la peor música con toda una mezcolanza de supuestas fusiones que no son más que mala música, mal tocada y mal cantada con letras que son el colmo del no decir nada. Así como el tango rioplatense más tradicional es una pléyade de lugares comunes con la santa viejecita, el guapo y la percanta que lo amuró, aquí sobran la mamacita y los chevere y los excelentes musicos e interpretes realmente creadores que desarrollaron una música de calidad maravillosa son aplastados por todo un ruido pero que debe dar la idea de qué linda fiesta y que alegres que somos, mamacita!!!
Pero la danza no se queda atrás, veo atónito como algunos creen estar bailando salsa y en realidad les enseñaron, aquí y allá, un refrito de pasitos que no se parece a nada. Cada vez que veo la presentación de las academias de danza de salsa compruebo que lo que menos hacen es danzar. Y eso es lo que le enseñan a los troncomóviles anglosajones que, salvo excepciones, como mi amiga Alida, que es decendiente de irlandeses y pelirroja, bueno, no tan descendiente porque mide uno noventa, baila como los dioses y ya quisieran muchas "latinas" moverse como ella.
El tema es que en el baile debe haber una cierta cadencia, un juego rítmico del cuerpo, y si es posible en relación con la música en cuestión, mejor. Pero aquí parece que se impone una suma cada vez más veloz de movimientos como si se tratara de realizar la máxima cantidad de gestos a toda velocidad. Y lo peor es que se creen que estan bailando.
Toda manifestación cultural siempre está, se quiera o no, en un proceso de resignificación constante. Pretender fosilizar esto o aquello en una forma o fórmula cosificada es matarlo, pero eso no quiere decir que cualquier cambio o expresión sea un avance o un aporte creativo. No me gustan los lugares comunes de las repeticiones a pie juntillas, bueno, bailando eso de a pié juntillas no es algo fácil de hacer precisamente, pero tampoco me agradan esas fusiones eclécticas que terminan mezclando cualquier cosa o, peor, que deforman y empobrecen una expresión artística.
Lo cierto que el crucero, además de tener la música a todo volumen, lo que hacía imposible escuchar a cualquier interlocutor o interlocutora que estuviera más lejos de tres centímetros y que incluso era capaz de tapar la sirena de un carguero saliendo del puerto, ofreció un show de Música brasileira por un grupo de capoeira.

Yo me saco el sombrero por la capacidad de la gente de ganarse la vida pero hay cosas que no pegan. La cercanía con el Brasil siempre nos puso, más allá de las abismales diferencias con Uruguay, cerca de su música. Más o menos conocemos algo y si bien no soy experto en samba ni mucho menos, en verdad no soy experto en nada, puedo reconocer si estan bailando algo parecido o no. De las tres bailarinas del grupo, ninguna era brasileña. Una ecuatoriana, otra de una isla del caribe que no pude identificar, aunque me atrevo afirmar que no era Antigua y Barbuda porque ella es joven, bellísima de cara pero sin bello facial. Y la otra de un país más lejano aún. Aunque ustedes no lo crean, yo me puse a mirar cómo bailaban y movían los piés. No es que bailaran mal, bailan muy bien, pero no bailan como una brasileña. Un amigo con el que estaba, las conocía, por lo que estuvimos charlando antes y después del show, porque aprovechamos que el barco paró para que el grupo bajara y nos escapamos nosotros también. Quedaban dos horas más de crucero y auqnue yo no sea un Johnny Wetsmuller, estaba ya pensando en tirarme a nado hasta la costa.
Me preguntarán en cuantos sambódromos estuve y cuantos desfiles tengo con Mangueira o cualquier otra escola do samba y les contestaré que ninguno, obvio, pero tal vez sea por la influencia de Bafo da Onca y las mulatas de fuego o la incidencia de la telenovelas brasileñas en la TV uruguaya, Malú Mujer, Dancing Days y la Reina de la chatarra, qué se yo, o que vi dos veces Orfeo Negro en el Cine Liberty, puedo darme cuenta de si bailan samba o no.


Y lo mismo con los que tocaban el pandeiro, y demás instrumentos. Y es que los brazucas son así, le pegan al bombo, al redoblante y tocan el pito y ya todo el mundo se pone feliz y dale que va, son lo mais grande do mundo. Demás está decir que la exhibición de capoeira fue una truchada, no porque no la sepan ni puedan hacer, sino porque el ambiente y el espacio del barco no daba para mucho. También hay que pensar que cruzarse con las piernas en el aire a velocidad con el vaiven de un barco en la mitad de la bahía no es para cualquiera, aunque hayas nacido en la Bahía de todos los Santos, Oxum te entrara en el cuerpo y tu abuelito fuera Jorge Amado. Igual, los brasileños se ponen una camiseta de brasil pentacampeón mundial y todo el mundo los quiere.


El colmo fue ese personaje que viene a ser el jodón, el que toca la pandereta y le baila cerquita de las curvas de las bailarinas con cara de libidinoso y se mete con alguna del público para hacerse el gracioso sacándola a bailar. Juro que yo no puedo bailar ni el a-rro-rro y ya he escrito acerca de como bailan los uruguayos pero si salgo a la pista, seguro que hacía mejor los pasitos de Pixinguiña. Pensé en un momento que el tipo estaba haciéndose el torpe para después destaparse como un bailarín fenomenal pero no, siguió en esa haciendo unos pasitos como si se fuera a enredar con las piernas. Igual tenía cara de Roberto Falcao gritando un gol en el mundial y todos lo aplaudían.

Sospecho que son capaces de hacer un gran show y que les sobran condiciones pero en el marco del negocio de vender la cultura latina, el engaña pichanga vive y lucha. Igual fueron requete aplaudidos y las bailarinas son espectaculares. Claro que en realidad bailan una suerte de híbrido internacional. En un momento abandonaron las plumas y se pusieron unas camisiñas con las bandera brasileña yo no se si estaban bailando algo, si hacian gimnasia aeróbica o estaban recreando los movimientos de las paquitas de Xuxa. Igualmente , de lo que se trata, es que las chicas ejerzan la función de catalizadores del espíritu de macho cabrío entre los varones y ellos que hagan lo mismo con los grititos de extasis de las féminas del público para que la fiesta adquiera ese tono tan latino que nos hace algo únicos en el mundo. Mamacita!!!

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
