LA PIEL DE JUDAS

Desde hace unos dos mil años, el nombre Judas tiene connotaciones tan fuertes, que pasó a ser un adjetivo cargado del estigma de la peor traición. A tal punto que, vía el catolicismo que los españoles impusieron a sangre y fuego en américa, el tal Judas aparecía resignificado en todo tipo de estereotipos de distintas manifestaciones.
Por ejemplo, en Uruguay, en los días anteriores a la navidad, teníamos la costumbre de pedir pa´ el Judas, una suerte de muñeco hecho con ropa vieja y relleno de lo que se pudiera, que tirábamos en una esquina junto a una latita en la que ibamos guardando las monedas que nos iban dando los transeuntes, cuando nos daban alguna.
Luego se quemaba en una pira a fin de año. Algunas veces, el barrio elegía una esquina donde se quemaba un judas grande, junto al que se sumaban los demás judas de los niños. No tenía un caracter extrictamente religioso, pues se mezclaba con los festejos de fin de año y solo era una costumbre más en aquella suma ecléctica de tradiciones que convertían la navidad en una fiesta pagana que, por cierto, era recuperar su verdadero origen, ya que el nacimiento de Jesús en esa fecha es un invento.
En estos días acaba de estallar el escándalo de la difusión internacional del Evangelio de Judas, que parece redimensionar la teoría de su traición. En realidad, se trata de un papiro encontrado en la década del 70´ en Egipto. El texto está escrito en dialecto copto y ha sido datado como perteneciente al siglo III o IV de nuestra era, aunque otros lo sitúan en el siglo II. Se lo ha denominado Evangelio de Judas porque allí se desmitifica su supuesta traición, arrojando una luz diferente a la versión oficial canonizada por la iglesia.
No se trata de que el texto fuera escrito por Judas, como tampoco de los cuatro evangelios aceptados oficialmente se tiene la certeza de sus autorías, ya que nadie sabe quiénes eran Lucas, Juan, Mateo y Marcos, aunque fueron declarados santos. Ni siquiera hay acuerdo en el orden cronológico en el que fueron escritos. Aparte de que todos fueron redactados decádas despues de los hechos que relatan. Cómo bien dice Rolland en su libro Les Évangiles des premières communautés: “No existe uniformidad entre los críticos en lo que concierne a la redacción de los distintos evangelios, Sin embargo, prima cada vez más la convicción de que, exceptuando quizas Marcos, fueron escritos tras la destrucción de Jerusalem.”
En realidad, existían decenas de relatos llamados evangelios que fueron declarados apócrifos y eliminados aunque no pudieron ser destruidos totalmente. Hoy la cifra de tales textos, ya sea completos, en fragmentos de papiros o a través de citas de escritores ecleciásticos antiguos, asciende a más de setenta. En el siglo I y II existían una variadísima gama de relatos. No existía aún la noción de evangelio, y menos de un corpus oficial, por lo que muchas recreaciones de las palabras de Jesús eran consideradas válidas. Lo que luego se consideró apócrifo era en esa época lo único que muchos cristianos conocían de su fe, algo que dependía de la región que habitaban y de la corriente que pregonaba la comunidad a la que pertenecían. También hay que recordar que la palabra apócrifo, del griego Apókryphos, significa oculto, apartado, secreto, pero no significaba algo falso o descartado sino que tenía una connotación casi opuesta, la de ser un texto especial reservado solo a ciertos elegidos, noción que le adjudicaban precisamente las corrientes gnósticas que recuperaban esa acepción pagana griega para designar a libros que consideraban tan preciosos que debían ocultarse a los ojos de los no iniciados.
Este papiro rescatado es uno más de una larga lista. No hay que olvidar que la iglesia que hizo la seleción canónica, no era la antigua comunidad cristiana que propagó las ideas de Jesus a riesgo de muerte, sino la iglesia triunfadora que se alió con sus más acérrimos enemigos. Y ni hablar de la iglesia medieval, inquisidora y asesina, legitimadora del poder feudal, que continuó la tarea de depurar del cristianismo todo elemento subversivo.
También es curioso el propio término evangelio, que no se halla en el Nuevo Testamento, con la excepción, discutidísima, del comienzo del evangelio de Marcos que dice “Comienzo del evangelio de Jesucristo, hijo de Dios”. Este texto pudo ser añadido, como encabezamiento, por un escriba posterior, cuando ya el término evangelio pasó a designar un escrito que relataba las palabras de Jesús, como aclara H. Köster en su Ancient Christian Gospels, History and Development.
El término evangelizar puede provenir del uso del verbo Basar, en la biblia hebrea del Viejo Testanmento, lo mismo que la semejanza de sentido de algunos pasajes del profeta Isaías, aunque también se hallan usos del sustantivo besorah (euggelion) en la Biblia griega, con la acepción amplia de “dar una noticia” Algunos eruditos, como A. Von Harnack, plantean las semejanzas con un culto imperial romano, en una versión griega, de significado asombrósamente similar a neotestamentario, que se refiere al soberano como salvador, dotado de poder divino y cuyo nacimiento fue el comienzo de las buenas noticias para el mundo. Esto probaría, afirma, que el movimiento cristiano tomó del grupo establecido en la comunidad helenística, el vocablo evangelio para identificar el mensaje de Jesús, y de allí transmitirlo al resto de los grupos.
Es asombroso leer el famoso pasaje del griego Priene (9 a.C) que describe la providencia del nacimiento de Augustus como dotado de virtud divina para ser benefactor de la humanidad y enviado como salvador trayendo las buenas noticias (euaggelia)... “Puesto que la divina providencia, que ha ordenado todas las cosas interesándose por nuestras vidas, ha dispuesto el orden más perfecto otorgándonos a Augusto, a quien ha dotado de virtud divina para que fuera benefactor de la humanidad, enviándolo como salvador para nosotros y nuestros descendientes de modo que acabará con la guerra y dispusiera de todas las cosas. Y puesto que el César por su aparición (epifaneia) ha sobrepasado todas las esperanzas anteriores y buenas noticias (euaggelia) y puesto que el nacimiento del Dios Augusto fue el comienzo de unas buenas nuevas para el mundo (euaggelion) decretamos...” como se describe en el capítulo El marco religioso del cristianismo del libro Orígenes del Cristianismo citado por Eugenio Piñero, de la Universidad Complutense de Madrid en el capítulo titulado Evangelio y primeras tradiciones evangélicas, del libro Fuentes del Cristianismo, tradiciones primitivas sobre Jesús, de ediciones del Almendro, Cordoba, 1993.
Cómo se ve, la llegada de un salvador, no era patrimonio solo del pueblo judio expresado en la espera de un Mesías, el ungido, de la que el vocablo cristo, es la traducción griega que se le anexó a Jesús. Los historiadores Filón y Flavio Josefo también utilizan la raíz euuaggel en la que sintetizan la paz y salvación helenística con la bessorah hebrea para recoger testimonios de la tradicón apocalíptica tan diáfana en aquellas épocas. Y es que el cristianismo, tanto en su contradictorio desarrollo histórico, como en la génesis de aquellas primeras comunidades cristianas, implica un fabuloso sincretismo.
A su vez, existen tradiciones pre-evangélicas sobre las que se puede insertar el surgimiento de éstos para entender, tanto las formas tradicionales preexistentes en las que hunde sus raíces, como el sentido original que aportan en tanto nuevo movimiento. Un ejemplo interesante son las llamadas “hojas volantes” que empezaron a circular en los años posteriores a Jesús como la forma en que aquella comunidad, aún clandestina, de primeros cristianos se las ingenió para conservar y transmitir las enseñanzas del maestro. Tales hojas fijaban las palabras de Jesús que pervivían en la tradición oral. Al inicio, eran hojas sueltas que describían tal o cual frase insertándola en tal o cual hecho. Con el tiempo fueron aglutinadas convirtiéndose en una narración mayor y más estructurada, siendo un elemento importantísimo de autoeducación y transmisión de la fe en momentos en que el movimiento ya había traspasado los límites de Jerusalem para desparramarse por todo el imperio, como lo explica Antonio Piñero en el capítulo Primeras tradiciones evangélicas del libro Fuentes del Cristianismo, tradiciones primitivas de Jesús, editado por la Universidad Complutense de Madrid en 1993.
Pero si hubo manipulaciones en la antiguedad y a través de toda la historia de la difusión del cristianismo, no dejan de ser asombrosas las manipulaciones de nuestra época. El papiro difundido la semana pasada, en realidad fue encontrado en 1978 y uno se pregunta cómo puede ser que un texto tan antiguo, que puede arrojar datos importantes, puede andar deambulando de mano en mano de comerciantes inescrupulosos a riesgo de destrucción, como ha sucedido efectivamente, ya que por el deterioro, ha sido imposible reconstruirlo en su totalidad y se han perdido varias líneas de palabras.
Pero lo mismo ha sucedido con los famosos papiros de Mar Muerto encontrados en 1947 las cuevas de Qumram, que al parecer son un testimonio de primera mano de las comunidades esenias contemporáneas a Jésus y los primeros cristianos, y sobre los que se desató una tremenda polémica y lucha institucional y religiosa por su estudio y traducción.
El ahora denominado Evangelio de Judas, lo reivindica como uno de los más fieles discípulos de Jesús, a quien no traicionó, sino que cumplió con el mandato del propio Jesús, o con un mandato divino, ya que fue precisamente su acción la que permitió la consumación del martirio de Cristo para que se transformara en el salvador de la humanidad, coincidiendo con el de las antiguas profecías. La interpretación de la secta que lo escribió, no deja de ser retorcida, pero no lo es más que la vieja versión oficial del Judas traidor que machaconamente difundió la iglesia dominante. Y es que Judas no fue otra cosa que el chivo expiatorio para desdibujar a los verdaderos asesinos y traidores de Jésus, para atenuar la complicidad del imperio romano y de sus aliados locales y del clero religioso.
El cuento de la traición de Judas nunca pudo ser armado completamente y adolece de faltas que el sentido común, el menos común de los sentidos, pone de manifiesto sin demasiado esfuerzo. Como lo escribe magistralmente Jorge Luis Borges en un cuento de 1944 en el que un personaje declara superfuas la delatación de Judas.

Aun hoy cabe preguntarse: ¿Cuál es el papel supuestamente esencial que cumpió Judas en la versión oficial canonizada por la iglesia e impuesta por la catequesis a los niños? Que Judas traicionó a Jesús por 30 monedas senalándoselo, mediante un beso, a los soldados romanos que fueron a detenerlo en el Monte de los Olivos. En realidad, la patrulla romana cumplió un papel de segundo orden ya que los que apresaron a Jesús fueron los ezbirros enviados por el Sanedrín Judio dominado por el Sumo Sacerdote Caifás. ¿Qué sentido cumpliría Judas como señalador de un Jesús por todos conocido? Jesus llevaba dos años difundiendo sus ideas y organizando a sus seguidores, había predicado en el templo de Jerusalem y había causado ya un gran escándalo en la pascua anterior. Ninguno de sus enemigos necesitaba que lo identificaran para apresarlo.
Judas Iscariote era uno de los apóstoles, que tampoco se sabe si realmente eran doce, ya que ésto puede ser un número simbólico, atribuido posteriormente, que alude a las doce tribus de Israel. Estos apóstoles no eran otra cosa que los jefes, la dirección, del movimiento armado por Jesús. Tendría mucho más sentido que, más que señalar a alguien muy conocido, la traición de Judas se deba a una división en el movimiento y a una discrepancia táctica o estratégica. Hay autores que afirman que Judas, en realidad, era un jefe de los Zelotes y tenía inclinaciones a una lucha militar como forma de lograr la victoria en la insurrección. La única importancia de la entrega de Jesús por Judas a sus enemigos, es la de que fuera precisamente esa noche y no otra, para frenar los planes de Jesús y la mayoría que se aprestaban a entrar en Jerusalem. Esto nos remite a las diferencias entre los Esenios y los Zelotes, las dos organizaciones que lucharon contra la dominación romana y denunciaban la explotacion social y religiosa de los sectores dominantes.
Cuando era niño, si era traviezo y no respetaba las tradiciones y reglas impuestas por los mayores, me llamaban Piel de Judas. Este papiro aparecido extraña y polémicamente en medio de la semana santa, todo un recurso de Marketing, parece asumir el mote con el que por tanto tiempo se lo asoció a Judas. Antiguamente el papel era un elemento costoso y muchos textos eran escritos sobre la piel, el cuero de diferentes animales. A su vez, los indios guaraníes, creadores de uno de los lenguajes más poéticos, llamaban al papel, Piel de Dios.
Ignoro si este papiro difundido ahora podrá aportar algo valioso. En verdad os digo que habrá que ahondar en las raíces de un movimiento tan fecundo como el cristianismo, y muchas mentiras y dogmas impuestos deberán caer, para que aflore lo más preciado y genuino, la lucha por crear un paraíso para todos, no en el cielo sino en la tierra.
Xabier
Especial para El Diario Español de Australia.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
