NOVELA PARA MI MUERTE
Todos llevamos una novela dentro. O afuera, porque ella no nos pertenece totalmente. Se va enredando con nuestra vida, nos cruza en zig zag como esos caminos polvorientos que corren paralelo a la vía. En cada punto de intersección, nos miramos como en un espejo distorsionado y nos reconocemos fragmentados y rotos en algún personaje, o un poco en todos. Así, muertos de miedo ante la hoja en blanco, descubrimos que esas palabras nos buscaban tanto como nosotros a ellas. Que esa suma de notas aún inconexas que a lo sumo ordenan un caos o viceversa, que dicen algo de un pasado remoto o reciente, o de un futuro incierto, y son un montón de historias escuchadas, leídas o soñadas, zurcidas sobre la trama de la ficción que uno va tejiendo para comprender que la escribimos o nunca lo hará nadie. No hay motivación más grande que esa y se siente o no se siente, y se hace o no se hace.
Y un día, vaya a saber cuando, nos sorprende y se termina y entonces redondeamos un final apresurado o estructuralmente meditado para que esa sucesión de caracteres amague una conclusión y disimule lo que ya se sabe, que las novelas no se terminan, que a lo sumo se interrumpen para ser editadas, para ser libro, hoja impresa encuadernada latiendo en un estante o muriendo para siempre con nosotros en ese instante acelerado del final o en la muerte lenta de la vida.
Xabier
PD: Hay un relato que se viene cruzando conmigo desde hace demasiado tiempo. En el aparece y desaparece el primer Virrey del Río de la Plata, con el que comparto el apellido y el destino de vivir en tierras lejanas allende los mares. El otro personaje es un guionista, un escritor que escribe, no para explicar sino para entender, y que vuelve a un país lejano para, viviéndolo, elegir el final de su novela como la única manera de poder escribirlo, y que sea lo que sea.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

septiembre dijo
Hay tres novelas que aunque no me siento identificada del todo con sus personajes me han tocado muy dentro y ya viven conmigo. Espero encontrar muchas más lecturas que me acompañen.Y es que mientras leemos una mano invisible va escribiendo nuestra propia vida
un abrazo
16 Abril 2006 | 10:01 AM