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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

3 Abril 2006

FERNANDO PESSOA, POETA DEL DESASOSIEGO

Fernando Pessoa es el poeta ideal para un coloquio, para homenajes póstumos, encuentros culturales, brindis culturosos o veladas paquetas. No importa que se lo lea poco y que sirva de moneda de cambio para la pose literaria. Tuvo una vida más bien asordinada, apocada, tal vez mínima, como si todos los actos y gestos de su vida estuvieran disfumados y él mismo sea, tal vez, uno más de los poetas que llevaba dentro.

Contaba un amigo que, cada vez que se despedía de él, jamás volvía la vista atrás, temeroso de verlo disolverse en el aire. Pareciera que la vida real de Fernando Pessoa fuera una de sus mejores y más elaboradas creaciones, la construcción deliberada y puntillosa de un ser cercano a la nada como nadie pero en el que convivían todo y todos. Como si el mismo hubiera planificado sus fracasos en un intento deliberado de pasar desapercibido. Su última frase escrita antes de morir está en inglés, idioma que dominaba desde los primerios años y que ejerció como traductor comercial, y dice: "I know not what tomorrow will bring" y a esta altura ya no sé si le creo. Es como si hubiera premeditado cada uno de sus días y sus actos para construir un ser a la altura de sus poetas inventados, para que en el futuro, el contraste de esa inmensa multiplicidad brillara aún más desconcertante sobre su existencia casi inexistente.

Es el mayor poeta portugués aunque solo alcanzó a publicar poemas sueltos en revistas, una plaqueta con versos en inglés y un solitario libro en vida. El resto de su profusa obra ha sido editado tras su temprana muerte, aunque se sigue estudiando e investigando en los miles de papeles que dejó escritos en un legendario baúl. Fue un poeta múltiple, no solo por la diversidad heterogénea de su obra sino por sus heterónimos, esos otros poetas que llevaba dentro como si fuera una confederación de almas.

Llegó a crear más de setenta heterónimos, setenta y dos, para los que los han contado, poetas con nombre y apellido mediante los cuales, no solo escribía poemas en estilos muy diferentes y contrapuestos, sino que también les creaba sus propias biografías. No se trata de seudónimos sino de otra voces que lo habitan, como el mismo explica:

“El autor humano de estos libros no conoce en sí mismo personalidad ninguna. Cuando acaso siente una personalidad emerger dentro de sí, pronto ve que es un ente diferente del que él es, aunque parecido; hijo mental, quizás, y con cualidades heredadas, pero con las diferencias de ser otro”.

Teresa Rita Lopes, en su obra Pessoa por Conhecer, narra que Pessoa llegó a crear un periódico manuscrito O Palrador (1902), en el que inventa un secretario de redacción, un director literario, un administrador y toda una lista de escritores colaboradores y corresponsales. Crea pues, no sólo un periódico sino también todo el equipo necesario para dar vida al proyecto. A tal punto llega, cuenta la leyenda, que una tarde entró un grupo de fascistas furiosos a la taberna en la que Pessoa mismo estaba, preguntando a viva voz por un escritor, uno de los inventados por Pessoa, para romperle la crisma por un texto que había publicado.

Relata el mexicano Octavio Paz en un lúcido ensayo que Pessoa, en lengua portuguesa, quiere decir persona; y que persona proviene de personaje, que deriva a su vez de la antigua máscara neutra que usaban los actores griegos y latinos para representar personajes anónimos. Pessoa = Persona = Personaje… todos y ninguno.

Fernando Antonio Nogueira Pessoa (1888-1935) Nació en Lisboa el 13 de Junio. A sus 5 años muere su padre y su madre se casa por necesidad con un comandante. Entre 1896 y 1905 vivió en Durban, Sudáfrica, donde su padrastro era Cónsul, de forma que el inglés se convirtió en su segunda lengua. Ingresa en la Durban High School, donde estudia tres años y crea a uno de sus primeros heterónimos llamado Alexander Search. Esto no es un mero juego de palabras, Pessoa será durante toda su vida, un buscador.

Vuelto a Portugal, en 1906 se matricula en el Curso Superior de Letras en Lisboa pero lo abandona un año más tarde. Su familia regresa posteriormente a Sudáfrica y Fernando se queda con una tía que muere al poco tiempo. En 1914 empieza a escribir poemas de sus heterónimos. Colabora en revistas culturales como Orfeu, Atena, Ruy Vaz o Presença. En 1934 se edita Mensagem, el único libro que se publicó mientras vivía. El 30 de noviembre de 1935 muere en Lisboa a los 47 años. Como el mismo dice en un poema, si alguien quiere escribir su biografía cuando muera, será muy fácil: “Fecha de nacimiento y fecha de muerte, en medio, todos los días son míos”.

Pessoa está considerado como uno de los poetas más importantes de la literatura del siglo XX. Introdujo en su país las corrientes literarias en auge en su época, como el modernismo o el futurismo y se convirtió en el principal foco estético de la vanguardia portuguesa. Nunca se casó, y solo se conoce algo de su amor por Ofelia, una secretaria de una de las empresas en que trabajó, y eso gracias a las pocas cartas de amor que se han encontrado. Pessoa trabajó por años redactando la correspondencia de un comerciante y también fue editor de revistas mercantiles y en una de esas cartas declara su amor jugando con los términos y las formalidades comerciales. La relación con Ofelia es parte del enigma de su vida y se diluye dejando una sensación de amarlo todo sin ser amado, algo que recorre toda su obra perneándola de un sutil distanciamiento, no excento de ironía.

“Todas las cartas de amor son ridículas
No serían cartas de amor
si no fueran ridículas...
---------------------------------------------
Pero al final
solo aquellas criaturas que nunca escribieron
cartas de amor
son las únicas que de veras son
ridículas”.

Pessoa es un poeta sentimental que se burla a cada paso del sentimentalismo, es un místico que no cree en ninguna mística, un metafísico cuya única meta sería la física de lo existente porque ya hay bastante metafísica en no pensar en nada, un espiritualista sin espíritu o, como el mismo lo escribió, el único poeta de la naturaleza.

“Una vez me llamaron poeta materialista
y me admiré porque no creía
que se me pudiese llamar algo
Yo ni siquiera soy poeta: veo
si lo que escribo tiene valor
el valor está en mis versos
todo eso es absolutamente independiente
de mi voluntad”.

Pessoa es un palabrador, un enamorado de las palabras, a las que percibía como una sustancia real, con un alto grado sensorial, puespara él son tocables, sentibles, con peso, aromas, sonidos y texturas. Es un constante jugador de palabras, un equilibrista desequilibrado que va creando un orden al mismo tiempo que fomenta el caos. Es un eterno mirador, observador, de lo irreal en lo real y viceversa. Un curioso optimista que niega afirmando y afirma negando a través de un eterno pesimismo histórico. Un apasionado por mirar en el reverso de las cosas, los seres y los sentimientos…

“El poeta es un fingidor
finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que de veras siente”

De sus muchos heterónimos, se distinguen tres, Alberto Caeiro, un amante de las sensaciones puras y simples, Alvaro de Campos, un poeta futurista, y Ricardo Reis, un místico neoclácico; y el mismo Fernando Pessoa, claro, porque tal vez él haya sido el más heterónimo de si mismo. Para cada uno de estos nombres, diseñó una cuidada biografía, un horóscopo, un retrato físico completo y trazó sus características morales, intelectuales e ideológicas. Cuenta en una carta a su amigo Adolfo Casais Monteiro, que ya...

“desde niño, sentía la necesidad de aumentar el mundo con personalidades ficticias, sueños míos rigurosamente construidos, vistos en visiones de claridad fotográfica, comprendidos por dentro de sus almas”. Y agrega que esa tendencia aumentó en la adolescencia convirtiéndose en la forma natural de su espíritu. “Hoy ya no tengo personalidad: cuanto en mí hay de humano lo he repartido entre los autores varios de cuya obra he sido el ejecutor. Soy, hoy, el punto de reunión de una pequeña humanidad sólo mía”. Aceptaba que se lo pudiera interpretar psiquiatricamente pero se negaba a reducirlo a ello y bromeaba con su peculiar manera de estar loco. Más bien se definía como un médium de si mismo en relación a sus otros.

Quien pretenda encasillar a Pessoa en algo, incluso en alguien, en una ideología, en un estilo o corriente literaria, se encontrará con un heterónimo, o muchos, que lo contradecirán. Hay un Pessoa para todos como si se hubiera propuesto mirarlo todo desde todas las perspectivas posibles y también las imposibles.

Uno de sus otros es el desconcertante Bernardo Soares, a través del cual escribió el Libro del desasosiego, un libro curiosamente muy sosegado, que promueve la inacción afirmando que “La experiencia de la vida nada enseña, lo mismo que la historia nada informa. La verdadera experiencia de la vida consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto”.

Es que el desasosiego, no ya en Soares sino en todo Pessoa, en ese conjunto ecléctico y polisémico de toda su obra, adquiere un sentido más profundo y perturbador, más subversivo.

Pero de todos sus heterónimos, el más cercano, a quien Pessoa consideraba como su maestro, es Alberto Caeiro. Una voz que se rie de los misticismos, que reacciona contra el ocultismo y niega lo tracendental, defendiendo la sinceridad de la producción poética. Un ser manifiestamente que rechaza doctrinas y filosofías metafísicas, un objetivista absoluto que dejó textos como éste:

“El tajo es más bello que el río que corre por mi aldea / pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi aldea / porque el tajo no es el río que corre por mi aldea / El Tajo tiene grandes navíos / viene de España y entra en la mar en Portugal / todo el mundo sabe eso/ mas pocos saben algo del río de mi aldea / de donde viene y adónde va / por eso, porque es más grande y libre el río de mi aldea / Por el Tajo se va al mundo / nadie nunca pensó a qué se va por el río de mi aldea / el río de mi aldea no hace pensar en nada / quien está a sus piés solo está a sus piés”.

Y Pessoa, fue también -con el siempre hay que agregar un también- un poeta de la sensación, de esa sensorialidad de ser capaz de percibirlo todo sin ser nada, nadie. De esa necesidad de multiplicarse, como el universo diverso al que aludía. No creía en ninguna esencia de las cosas porque la única esencia de las cosas, es que las cosas no tienen ninguna esencia y sentía que nada es sagrado porque todo es sagrado. A caballo de un desbocado panteismo era capaz de preguntar y preguntarse: Si dios está en todos lados ¿Por qué ir a buscarlo a ciertos lugares? Si dios es árbol, flor, monte, río, aire y pez, ¿Por qué llamarle Dios en vez de árbol, flor, monte, río, aire o pez?

Conocí a Pessoa, si esto fuera posible, al bajar un libro casi al azar en una librería a la que había entrado imprevistamente como guiado por una extraña y compulsiva fuerza mientras caminaba por una calle peatonal del centro de Sofía, en el año 1986. Aquella librería tenía varios estantes con libros en diferentes idiomas y yo estaba buscando bibliografía de apoyo para un trabajo sobre la Revolución de los Claveles, cuando bajé un librito con versos en portugués de un tal Fernando Pessoa. De ahí en más he buscado y rebuscado en los vericuetos de su obra y uno de mis sueños sigue siendo filmar un cortometraje, un tanto surrealista, sobre ese ser multiplicado en otros. Algún día desandaré las callecitas de Lisboa, la Avenida dos Douradores, viajaré en los tranvías y entraré en sus tabernas o me perderé por el camino sinuoso que va y viene de Sintra con el Tajo siempre de fondo, mientras un fado suena a lo lejos.

Hace unos años debía escribir un breve texto de nos más de diez renglones sobre un sueño. El día que debía entregarlo llegó y no había escrito nada. Unas pocas horas antes fui a una conferencia de un importante semiólogo cuya charla tomó, en el final, un sendero muy diferente del que había discurrido y terminó girando sobre el tema de doble, de los pliegues de la identidad. Eso, mientras yo intentaba garabatear mi texto que en ese mismo instante adquirío forma y me salvó de llegar con mi hoja en blanco, como creía que ya estaba predestinado. Aquel texto terminó siendo un intento de homenaje a Fernando Pessoa y lleva el mismo título que el de su único libro que vió publicado en vida.

MENSAJEM

A Fernando Pessoa, cualquiera que haya sido.

“…Cómo pretenden los idiotas que le llaman yo, entender a sus innumerables quienes.”
e.e. Cummings.

Soñaba que era otro, no otro cualquiera sino el que, de verdad, era. Yo, ese otro, pensaba que mis pensamientos eran demasiado íntimos y me inventaba otros para extrañarme un poco. Escribía un epígrafe falso para el poema de un poeta inventado que luego era citado por un escritor que narraba sus memorias sin haber existido. Esos textos aparecían en antologías que elogiaban a esos autores y en las que yo era sistemáticamente descartado. Pero eso no era todo. A partir de mis escritos religiosos se fundaban congregaciones y sectas, se adoraban cultos, se producían cismas y se quemaban herejes por no respetar los dogmas. A raíz de mis textos políticos se fundaban partidos, se hacían revoluciones, se declaraban guerras y se eliminaban herejes por no respetar los dogmas. Agobiado por los resultados de los inventos de mis inventados, decidía revelar la verdad asumiendo la identidad de mis otros pero me asaltaba una última duda: Y si a lo mejor era otro? Señoras y Señores, decía: “Todos tenemos dos vidas, la verdadera, esa que soñamos y la falsa, esa que vivimos en convivencia con los otros, la práctica, la útil, la que morimos...” Y ante una audiencia perpleja, agregaba: “Empiezo a conocerme, ya no existo” y despertaba.

Xabier

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

silmariat

silmariat dijo

Profundo su post. Algún día contaré mi encuentro con Pessoa, algún día.
Solamente le comento que nada es azar, definitivamente, nada es azar.

Todo lo mejor para Usted.

11 Abril 2006 | 05:39 PM

PEPITO

PEPITO dijo

hola a mi pessoa me suena de oidas, yo soy totalmente agana al mundo de la escrituta, pero tengo inquietudes y eso..bueno que un dia lee un poema de pessoa que era bastante fuerte y describia la felacion de una niña a un adulto..me gusatria saber como se llamaba ese poema.. sie es verdad que existe y las reacciones de la iglesia respecto a ello.garacias adios

13 Junio 2008 | 11:46 AM

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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