Esta breve texto fue mi manera de despedirme de mi amiga Claudia, a quien me refería en el post anterior, cuando terminó su doctorado y volvió a México, un país al que había aprendido a querer a través de ella. En la fiesta de despedida pude leerle esta carta:
A Claus:
Nunca estuve en México. Supongo que ya tendría algún que otro problema a la hora de ubicarlo en aquellos mapamundis de mi infancia cuando Azteca solo era el curioso nombre de un estadio. Y eso que de niño vi en la tele todas las películas de Jorge Negrete y Pedro Infante y sentía gran empatía por un tal Quetzalcoatl y la profecía de su regreso allende de los mares.
Más grandecito me reía con Cantinflas y miraba de reojo al Chavo del 8 y al Chapulín Colorado sin entender aquel chiste de -dígame Licenciado. - Licenciado. Después aprendí algo de Hidalgo y de Morelos, que Viva Zapata era algo más que el título de una muy olvidable película de Elia Kazan y Marlon Brando y que Pancho Villa había sido algo más que ese bandido de matinee que en las pelis yankis silvaba La Cucaracha a cada rato.
Mas tarde vinieron los muralistas de la mano de Vasconcelos, las calaveras de José Guadalupe Posada, José Revueltas tomándose una de más o de menos en alguna cantina con Silvestre al piano. Frida en una Naturaleza Viva de Leduc con Ofelia Medina al fondo, Rulfo, Monsivais, Sabines y todos mis compañeros en aquellas tierras solidarias exiliados. Después supe por Doña Helena de las fotos y la vida de Tina Modotti, -Tinísima- y aprendí también a compartir el inmenso dolor de aquel Tlatelolco ensangrentado.
Ya aquí en Australia por culpa de mi inolvidable amiga Claudia, tengo legión de amigos charras y charros, escribo calaveras el día de muertos y me sorprendo diciendo que efectivamente eso está muy padre. A esta altura ya digo Oaxaca o Aguascalientes como quien dice Montevideo o Maldonado e imagino al Golfo de México como quien mira al Río de la Plata emocionado. Canto rancheras y corridos en la ducha y doy gritos como cualquier mariachi trasnochado, lloro a mares con Chabela, hasta me animo a bailar algún danzón e incluso a tararear la letra de no se qué jarabe. Solo me falta empinarme mi tequila, entrarle duro al chile verde y mandar a más de uno a que le chinguen bien su madre.
Xabier.


Acabo de descubrirte; lindo blog, saludos desde el ancho mar.
Muy linda carta Xabier. Sigue escribiendo que yo te sigo leyendo. Saludos