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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

6 Marzo 2006

APUNTES SOBRE LA ACTUALIDAD DEL MOVIMIENTO SINDICAL

Mi amigo Leopoldo Martinez, periodista y egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, me envió un texto en el que analiza ciertas realidades bastante nuevas en el seno del movimiento sindical uruguayo. Aprovecho para hacer algunos comentarios.

Leo:
Saludo con agrado tu idea de comenzar a ejercer tu profesión tambien de esta manera y me alegro de que me cuentes entre los destinatarios. Sobre el tema en cuestión, ya sabes que me interesa y que está directamente relacionado con mi actividad sindical y política cuando vivía en Uruguay. Desde Sydney, a la distancia, trato de seguir lo más cerca posible todo lo que atañe al movimiento sondical uruguayo, ya sea porque lo incluyo dentro de las noticias del diario en mi trabajo de editor, como también por interés personal en seguir aprendiendo y reflexionando. Me permito alguno comentarios sobre lo que escribes.

Concuerdo que los hechos sucedidos en la Curtiembre Naussa tienen una contundencia tal que los ubican como algo extraordinario. Aún así, no creo que se puedan ver aisladamente sino dentro de un contexto mayor. También creo que pueden y deben analizados como la expresión de síntomas muy preocupantes y que exigen una profunda reflexión, estudio y acciones concretas.

La madures de un movimiento popular, en este caso del Mov. Sindical, no es algo estático, hecho de una vez y para siempre. No lo fue nunca así, sino parte de una larga y empecinada construcción. Eso es una tarea permanente, claro, para los que se la propongan. Sabemos que siempre se dirimieron en el terreno sindical, debates y acciones sobre táctica y estrategia. Entre otras cosas, porque era y es un ámbito válido, dado los intereses de los trabajadores, que son políticos aunque no partidarios. La organización sindical de los trabajadores debe ser independiente de los partidos, debe ser apartidaria, aunque en ella se expresen las corrientes ideológicas, pero es imposible y sería un gran error, que fuera apolítica.

También sabemos que esas corrientes ideológicas nunca se expresan en un estado puro sino en condiciones concretas y en un contexto determinado. A su vez, esos debates también expresaban y expresan concepciones de un movimiento más amplio en el que estaba inserto el Movimiento Sindical y del que genuinamente es parte, incluso fundamental.

Y particularmente luego del proceso de unificación de 1964-66, porque esa unidad implicó la praxis conjunta de todas las corrientes ideológicas que se expresaban en el. En la radicalización de aquellos años se dieron diferentes debates, lo mismo durante y después de
la huelga general e igualmente en todo el proceso que va desde la reaorganización con la formación de PIT hasta la consolidación PIT-CNT, que muchos no querían, y el papel del movimiento sindical en la caída de la dictadura. Y los mismo a posteriori, en los primeros años de democracia hasta ahora.

Aún así, no creo que se deba reducir a un mero accionar de ciertos grupos ultraradicalizados sino que responde a varios fenómenos que confluyen en el movimiento de los trabajadores como también en otros actores sociales, incluyendo a los dueños de los medios de producción, con toda la diversidad nada monolítica de esta clase social.

Por experiencia propia me animo a decir que muchas veces los casos de ocupaciones eran por una suerte de lock out de las patronales. La huelga, y más aún con ocupación, implica posicionarse en un punto donde lo único que queda es triunfar o dar marcha atrás. Cualquiera sabe que no es una posición con mucho margen. De ahí que siempre se tuvo mucho cuidado en llegar a esos extremos porque exigen el despliegue de las máximas condiciones de organización, que no siempre se tienen. Muchas veces se tuvo que encarar esa lucha aunque las condiciones no fueran las mejores y en realidad, es muy difícil que existan condiciones ideales.

En ese sentido, la historia del movimiento sindical demuestra que no era esa la metodología mayoritariamente llevada adelante. Y con respecto a la actualidad, habría que elaborar cuadros estadísticos de conflictividad laboral y tratar de establecer parámetros y conclusiones que nos puedan decir si estamos ante otra situación o no. Y aún cuando las conclusiones expresaran una situación de nítido aumento de la conflictividad, y de las ocupaciones en particular, habría que hilar muy fino para entender a qué responden.

Porque no solo es una cuestión de sumas o restas sino del contexto en el que se expresan. Por ejemplo, la nueva política estatal sobre los mecanismos de negociación salarial, algo imprescindible y una reivindicación histórica de los trabajadores (aunque es la reimplantación de la Ley abolida por la dictadura y que reimplantamos a pura lucha en el 85, abandonada en 1991 por el Gobierno de Lacalle, y que es la vieja Ley de Consejos de Salarios que los trabajadores conquistaron en 1943) implica un reacomodo de todos los actores y por lo tanto desfasajes que aunque parezcan extraños, son muy lógicos. Y esto se da, como se ha visto, tanto en los trabajadores como en los patrones.

Esto no queire decir que hay que justificar semejantes posturas, sino tratar de hacer una lectura que las pueda comprender para transformarlas. Si nos retrotraemos al año 85, aunque muy diferente, podemos ver también que en un período de reorganización, el simple hecho de que un colectivo laboral decidiera formar un sindicato, ante la reacción de la patronal, implicaba la escalada de un conflicto que a veces radicalizaba las medidas de lucha y casi sin organización, o con una que aún no estaba sólida, había que encarar huelgas y ocupaciones. Eso se dió con aciertos y con errores y seguramente seguirá sucediendo en un movimiento tan amplio.

Ignoro el rol en concreto jugado por tales o cuales dirigentes en el conflicto de la curtiembre pero me llama la atención la conclusión acerca de si es o no hora de cambiar las formas de funcionamiento y autoridades del movimiento. Creo que tal cosa debe hacerse siempre, lo que no implica que siempre se pueda ni que sea un proceso armónico y constante, al contrario, sospecho que será a saltos y no demasiado agradables. Cada dirigente debe estar sometido a la responsabilidad de sus actos, lo mismo que toda la organización. Así ha sido antes. Pero no creo que por tal o cual error de tal o cual dirigente, se llegue a estas situaciones, esa me parece una lectura simplista, mucho más cuando precisamente es imprescindible que el recambio generacional a todos los niveles se realice en beneficio de que no se pierda la experiencia acumulada.

Una conclusión así, sospecho, no solo se me aparece como
simplista, sino que puede llevar al movimiento sindical a caer en las posiciones que se dice querer combatir. Esto tampoco implica dirigentes atornillados a sus cargos, que por suerte nunca los hubo y espero que no sea un fenómeno actual, ni frenar una renovación que siempre es saludable y, sobre todo, imprescindible. Solo creo que debe ser mucho más profunda que caer en un debate de si es menganito o sultanito aunque pueda llegar en algún momento a expresarse de esa manera.

Me llama la atención también la situación de Fanacil. Si bien no es deseable que una organización que aún es minoritaria en relación a la cantidad de trabajadores de la empresa emprenda una lucha que la puede dejar aún más aislada, habría que adentrarse más en las condiciones concretas para entenderla o no. Uno de los elementos que me llama poderosamente la atención es la supuesta pérdida de la empresa en relación a sus exportaciones. Me pregunto ¿Qué empresario podría arriesgar tanto, como se supone, por tan poco?

Si esa fuera la situación, la de perder millones en contratos por su exportación al exterior, el sentido común llevaría a buscar una arreglo inmediato con los trabajadores y asegurar la producción, y más cuando las reivindicaciones no parecen ser descabelladas. Si no solo estaban en riesgo tan importantes contratos, sino además la continuidad operacional de la empresa, y además, si estaban planificando contratar 60 empleados más, la reivindicación de retomar a un empleado y de integrar a la empresa como efectivos a los 60 eventuales, parece dar un margen amplio a la empresa, incluso para negociar.

Por ejemplo, aceptando al empleado, lo que sería lo más inocuo, sino que proponiendo el tema de productividad para que los eventuales pudieran pasar a efectivos, aunque obviamente ignoro las características operativas y por lo tanto no se si es posible. Incluso, tirando la pelota a la cancha de los trabajadores, proponiéndoles canjear los cargos efectivos por la contratación de 60 eventuales más, lo que implica abrir nuevas fuentes de trabajo. Que los trabajadores aceptaran o no implicaría todo un debate, por ejemplo, en torno a políticas de empleo y calidad de los mismos, pero si la patronal hubiera sido inteligente, su actitud y la situación sería muy otra.

En cuanto a Tienda inglesa, parece muy lógico que los trabajadores se expresen ante el temor de perder sus fuentes de trabajo. Está muy bien que lo hagan pero llama la atención que no parezcan tener una actitud independiente y se plieguen a una defensa del patrón. Esto no estaría nada mal si fuera justa, es decir, si fuera injusta la medida tomada por la DGI, la que tendrá que probar lo que denuncia, por cierto, y también deberá ajustar su metodología. Acabo de escuchar las explicaciones del Director de Rentas y me deja bastante satisfecho sobre el caso.

Lo que no parece algo positivo es el seguidismo de los trabajadores a una patronal, como casi todas las de los grandes superemercados, que han sido de las más represivas de toda iniciativa sindical amparándose en la fragilidad de las condiciones laborales y la rotación de sus empleados. Los trabajadores no pueden ser indiferentes a un contexto social y a tal o cual política estatal y muy mal estarían si apoyaran cualquier actitud patronal en haras de defender sus fuentes de trabajo. Eso es el corporativisnmo más dañino mediante el cual se divide a los trabajadores. No es algo nuevo, siempre existió y no es nada fácil erradicarlo de la mentalidad de ciertos trabajadores ajenos a las vicisitudes de sus hermanos de clase más allá de las puertas de la empresa en que trabajan y, a veces, dentro de éstas. Eso solo se combate con unidad solidaridad y lucha, cuando no son solo meras consignas.

En cuanto a las actitudes de Juan Castillo, creo que antes que desacreditarlo o atacarlo personalmente, hay que debatir ideas y no rebajar al que las porta. Nunca lo conocí personalmente pero lo recuerdo y muchas veces he discrepado con sus opiniones. Creo que a veces sucede que ciertos compañeros terminan cumpliendo un rol demasiado mediático y termina opinando sobre todo cuando no son capaces de abarcar toda la realidad que pretende expresar su discurso. Si bien siempre exigimos el desarrollo de cada compañero en cuanto a in nivel político e intelectual, no creo que pase por tal o cual forma de hablar y no me parece que sea motivo de verguenza que se coma las eses. Muchas veces compartí tareas con compañeros que tenían una clara dificultad para expresar sus ideas o para hablar con un lenguaje culto y también los vi crecer y aprendí mucho de ellos. Uno de los orgullos siempre fue la exigencia de superarnos día a día. En lo personal, le debo muchísimo de mi formación personal, en todo sentido, a mi experiencia sindical, ojalá se mantenga y se desarrolle ese nivel de exigencia, que también debe ser de autoexigencia. Eso implica políticas de educación sindical, de las que fui parte, que estuvieron siempre sobre la mesa pero cuya aplicación implicó grandes esfuerzos en condiciones nada propicias.

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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