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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

13 Febrero 2006

VIVA CUBA

Más de uno se preguntará, a la buena o a la mala, por tan significativo título. No es la primera vez que escribo sobre Cuba en esta página y seguro que no será la última. Más que como sociedad perfecta, si es que alguno así la concibe, yo pido que no se le de ese nombre, como cantaba Pablo Milanes, me apasiona mucho más como perfectible porque la hacen mujeres y hombres. Y niños.

Y el motivo vuelve a ser el cine cubano. El próximo viernes se innaugura el Festival de Cine Latinoamericano sobre el que también ya he venido escribiendo. Pues una de las películas, entre muchas, que deseo recomendar fervientemente, es la que lleva el mísmo título que esta nota. Viva Cuba es una película cubana que tiene, como no podía ser de otra manera en Cuba, varias singularidades que creo pertinente destacar porque no son un mero dato anecdótico para ilustrar el marketing de un filme, sino que están indisolublemente ligados a la obra, tanto en su concreción como producto cinematográfico, como con todo el complejo proceso de elaboración.

Creo que Viva Cuba es una película que se inserta nitidamente en una nueva corriente generacional, tal vez difícil de definir en tanto grupo, ni encasillar por opciones estéticas, pero que expresa una nueva época del cine cubano. Todo arte verdadero implica ruptura pero también continuidad. Algunos tienden a ver solo un aspecto y muchas veces lo ruptural es lo que resalta, sin duda es imprescindible, pero también es importante comprender, y a veces es lo más difícil, las continuidades, esa larga cadena en la que se inscribe una obra. Esta película implica a ambas.

En primer lugar, expresa los profundos cambios tecnológicos y como se expresan en un medio dado, en la realidad de la complicada y menguada producción en la isla, aunque existe una revitalización luego de momentos críticos. Se filmó con una cámara digital profesional pero que aún así es más pequeña que las cámaras tradicionales de 35 mm. No es un problema de tamaño sino de soporte, de formato, de fotografía y de edición, amén de todas las fases técnicas del proceso cinematográfico.

Por ejemplo, uno de los problemas de rodar en digital puede ser que, al realizar el transfer a fílmico, existan carencias de resolución en los grandes planos generales. Eso aquí estuvo sorteado magnificamente porque el resultado es impresionante y uno de los puntos fuertes, es precisamente la fotografía del filme. Se filmó en PAL a 25 cuadros por segundo cuando en Cuba se suele utilizar NTSC a 24. Al parecer, ese cuadro extra dió un plus para obtener mejores resultados en la transferencia realizada en los estudios parisinos de ECLAIR.

Pero además, esto se relaciona con los medios de producción y cómo esos cambios modifican la realidad cubana, afincada por décadas en la producción estatal y que no siempre es capaz de acertar con los proyectos que se realizan o se descartan. No fue una película producida por el ICAIC, el Instituto de Cine Cubano que ha jugado un enorme papel en Cuba y en el cine latinoamericano, claro, después de la revolución. De hecho, mucha gente no sabe que el decreto de creación del ICAIC fue, si no el primero, uno de los dos o tres que firmó Fidel junto a Guevara, no el che sino Alfredo, en las primeras horas del triunfo, lo que inscribe a la revolución cubana, con todos sus aciertos y sus errores, en ese escándalo teórico que supo ser. De hecho, esta película solo fue tenida en cuenta cuando ganó el Grand Prix Ecrans Juniors, en el Festival de Cannes del 2005. Claro que después fue estrenada en toda la isla y presentada como candidata oficial al Oscar a mejor película extranjera, para la que fue nominada.

Fue rodada con un bajo presupuesto, con un reducido equipo técnico y humano, incluso fue editada en un cuarto de la casa del director con un equipo nada sofisticado. Eso si, con mucho profesionalismo y pasión por hacer las cosas, algo que expresa la continuidad con lo mejor del cine de la isla.

Es una película que se hizo en regimen de co-producción por la Casa Productora de la Televisión Cubana con una compañía de publicidad francesa llamada QUAD Productions, La Colmenita y un grupo de creación que formó el Director de la película, Juan Carlos Cremata Malberti, con Inti Herrera y se llama “El Ingenio”, y que, homenajeando a ese nombre vinculado a la producción azucarera, tuvo que hacer uso de mucho ingenio para obtener apoyo de algunas empresas, presentando avales de instituciones como la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, el Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano, el Centro Martín Luther King Jr. y el Fondo al Fomento Audiovisual en Centroamérica y Cuba, CINERGIA, quienes ayudaron en la post producción.

Otra de las características curiosas es que está co-dirigida por su madre, Iraida Malberti, yo nunca había oído escuchar de algo así. Si de hermanos, como los Tavianni en Italia u otros lazos de parentesco, pero no de madre e hijo.

Viva Cuba es una película infantil, la primera en Cuba, protagonizada por niños. Claro que no es solo para niños sino para todas las edades, y esto último no es nada fácil de hacer. Y es una excelente película para todos, pues la pueden disfrutar tanto niñós como adultos, porque dista mucho de caer en el infantilismo. La actuación de los niños protagonistas, Malú Tarrau y Jorgito Miló es excepcional, con una ductilidad asombrosa y bien secundada por todos. Claro que no asombra tanto porque se entronca con otra singularidad del filme, que es la de ser casi una obra de familia, pues también intervienen hermanos, primos, tíos porque la familia Cremata-Malberti tiene una riquísima tradición en espectáculos infantiles tanto en televisión como en teatro y los niños son parte del famoso colectivo La Colmenita, al que pertenecen desde muy chicos los dos protagonistas, dirigido por su hermano Carlos Alberto Cremata, que también hace un pequeño personaje en el filme. La mamá, es una famosa coreógrafa y directora de televisión, su mamá Sara, la abuelita de los Cremata, es también la abuelita en la cinta. Pero no son los únicos, en los créditos, los apellidos Cremata y Malberti están repetidos muchas otras veces y en rubros importantísimos como la música o la dirección artística.

La familia Cremata Malberti es también muy conocida en Cuba, pues su padre falleció en el atentado terrorista cometido por Posada Carriles, el asesino siempre amparado por EE.UU. que hizo volar un avión de Cubana de Aviación en Barbados, en 1976, con 73 personas abordo.

La película empieza con una secuencia estupendamente filmada. Ya desde el inicio hay un acierto en la transición de los titulos a la realidad del filme y toda la primera escena es impecable en su doble juego simbólico, no solo por la alegoría del juego de los niños sino por el uso de los símbolos nacionales como parte de la escenografía, algo que de muchas maneras se sigue utilizando luego, no solo con íconos visuales sino con el himno, las consignas o el movimiento de Pioneros. Pero esa escena no solo nos presenta sinteticamente a los dos personajes sino que parodia a muchas películas que utilizan un juego de niños para presentar una película de y para adultos. Esta lo continúa en todo el filme. Y la discusión entre los dos niños que cierra esa primera secuencia, es cubana hasta la médula. Me hizo acordar a ciertos diálogos del genial cortometraje Dolly Back de Juan Carlos Tabío, el co-director de Guantanamera y Fresa y Chocolate y director de Plaf, lista de Espera, El elefante y la Bicicleta y otras.

Luego hay un excelente manejo, incluso hasta minimalista, de la información que se va dando con milimétrica exactitud en los diálogos y las imágenes, trabajando una estructura de choque de contrarios apoyada en una edición que le encuentra el ritmo y no lo pierde en toda la cinta. Hay allí un manejo exquisito de la música y de las imágenes, corriendo el desafío constante de caer en la postal pero sorteándolo impecablemente, aportando una belleza natural que aprovecha toda la luz y el color de la tierra cubana. Y siempre siendo fiel a la historia narrada.

Viva Cuba es casi una road movie pero nada convencional, aunque tiene un manejo de lo complejo que nunca altera lo simple, algo tampoco muy fácil de lograr. Básicamente narra la amistad amorosa de dos niños de unos 10 años de edad, que está a punto de ser cortada para siempre por las diferencias de los adultos (brillantemente sintetizadas con sutiles y efectivos trazos de las características de dos familias irreconciliables) cuando la madre de la niña decide marcharse de la isla aún con el desacuerdo de su hija. Ante ese hecho, los niños, dispuestos a todo por mantenerse juntos, emprenden un viaje que los llevará hasta la otra punta del país, la hasta ahora casi desconocida Punta Maisí, pasando por diferentes situaciones y desembocando en un final sujestivo y poético.

También hay un rico trabajo visual que, lejos de caer en el efecticismo, sintetiza, y con justas dosis, plasma en la pantalla todo un mundo onírico, como la escena de la noche en que los niños mueven estrellas con los dedos. Una escena, además, de una profunda y hermosa sensualidad pues ésta es también, aunque parezca disparatado, una película con una fuerte carga erótica. Un erotismo infantil pleno de frescura y naturalidad y de una pureza e inocencia conmovedoras. También son disfrutables la escena de los güijes, ya se enterarán lo que son o no son los güijes los que la vean, o la solidaridad a flor de piel en la del avioncito de papel o esa lágrima cayendo sobre el retrato de la abuela.

Deliveradamente no suelo dar detalles antes del estreno de un filme, aunque me encantaría contarles sobre la maravilla de una escena de solo un par de minutos con un simple pero milimétrico movimiento de cámara, con los niños hablando sentados en los techos ante el cielo de La Habana y el bellísimo atardecer sobre la ciudad como telón de fondo, y que por si sola merece verse una y otra vez, como lo he hecho yo hasta la emoción de volver a sentirme niño, algo que esta pelí logra a golpes de ternura, sensibilidad e inteligencia. No se la pierdan y que VIVA CUBA.

Xabier

* Especial para El Diario Español de Australia

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gaby

Gaby dijo

Hola Javi
Espero conseguir esta película!!!!!! Has sembrado terribles y crecientes ganas de verla...pero viste como son esas cosas? No están en todos los videoclubes."El" videoclub que tiene pelis interesantísimas para ver, te pide para asociarte hasta una garantía de tu abuela muerta y en el de mi barrio, la última vez que quise alquilar una, fue la de Buena Vista Social Club y me la trajeron al día siguiente porque estaba en el depósito! Igual, y vos sabés que a perseverante no me gana nadie, la buscaré.
Besotes

14 Febrero 2006 | 07:13 PM

Zarkov

Zarkov dijo

Se nota a leguas que es una pelicula cubana, porque la mala es la madre malagradecida que pretende irse de la isla mas feliz del mundo, el bueno en cambio es el niño cuyos padres son fieles a la involucion, perdon revolucion.

Increiblemente parece que nadie pone en relieve la situacion tan espantosa en que ocurre la historia, las casas destartaladas, las calles sucias, los edificios ruinosos, los automoviles viejos, las ropas manifiestamente gastadas por el uso y la propaganda descarada. Si la pelicula tuviera de escenario cualquier otro pais mi opinion seria distinta, pero no me puedo creer que de verdad ninguna persona dude en salir de la isla a la menor oportunidad.

Lo digo porque en Venezuela han llegado muchos cubanos, y francamente todos se quedan embobados por el inmenso lujo que se vive aca. Con decirles que hace tiempo un grupo de cubanos llego a una bodegita de esas que hay en cada esquina, pidieron una cerveza, y le preguntaron al bodegero si podian comprar mas de una, al final se gastaron el poco dinero que tenian, pero vivieron la experiencia de poder tomar cerveza sin esconderse.

17 Agosto 2008 | 10:34 PM

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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