IZQUIERDA E IZQUIERDAS
De más está decir que la definición de izquierda y derecha no puede quedarse en una categoría espacial, lo que nos retrotraería a un hecho bastante circusntancial y azaroso de la revolución francesa. No por ello, sin embargo, hay que negar o desestimar la historia posterior y la construcción simbólica en torno a estos dos conceptos que pueden decir poco o nada. Incluso vistos superficialmente podrían ser intercambiables y daría igual, pero han dicho, dicen y seguiran diciendo mucho, al menos para el que quiera oir.
Un comentario de mi amiga Gaby en mi texto sobre las papeleras me lleva a tratar de ordenar mis pensamientos en torno al la situación de la izquierda hoy en América Latina, más precisamente en sudamérica. Por mi trabajo de editor del diario y responsable de las secciones políticas, recibo muchos materiales y leo artículos y noticias que refieren a este tema. Compruebo, asombrado, las no pocas simplificaciones al respecto. A veces, creo, inspiradas en un muy puro sentimiento idealizador, que para muchos es un elemento motivante pero yo intuyo bastante peligroso. Me interesa y motiva mucho más, adentrarme en las contradicciones y tratar de acercarme más a la realidad, que construir esquemas, idealizar líderes o envalentonarme con una nueva rueda de la historia. La realidad real es siempre más compleja, más rica y contundente. Ser de izquierda, creo, tiene más que ver con acercarse a ella para transformarla.
Otro aspecto que se desconoce es la historia de los movimientos de izquierda en el continente, incluso la reciente. El comentario aludía a una supuesta valoración y desvaloración sobre quién es o no de izquierda en los gobiernos sudamericanos actuales, me permito un mínimo análisis.
Gaby dice que no puede catalogar a Tabaré Vazquez, el presidente uruguayo, dentro de la corriente progresista y alude al tema de las papeleras o al del supuesto convenio de libre comercio con EE.UU.
En principio, está muy bien analizar los hechos concretos y no quedarse con los discursos o con la historia. Eso sí, hay que hacerlo siempre, en todos los casos, si es que pretendemos hacer comparaciones. Soy uruguayo y evidentemente mi historia y mis afectos, como también mi conocimiento permean este comentario, pero me permito desde esta subjetividad, transmitir algunas reflexiones.
Lo primero que se me ocurre es reivindicar la diversidad de las vías de la revolución, un tema que causó muchos debates en los 60 y sería bueno que algunos fueran capaces de reconocer sus errores, simplificaciones y absolutizaciones elevando a la categoría de doctrina, cuestiones de método. Lo otro es la diversidad de la izquierda, algo que a muchos todavía les cuesta por su marcado sectarismo. Y dentro de esa diversidad, trabajar en unidad de acción formando frentes populares de amplia base social pero construyendo un solido agrupamiento político. Eso es todo un proceso y no se hace de la noche a la mañana.
Esta táctica y estrategia, que viene de muy lejos, tiene un hito fundamental a partir de la política de frentes populares en la Europa de los años 30. Voy a citar dos: el caso francés con el gobierno Leon Blum, de triste papel en torno al segundo caso, mucho más paradigmático, el de la República española. Aquella concepción fue desarrollada por la Internacional Comunista en su VII Congreso de 1935 siguiendo la tesis de Dimitrov y su definición del fascismo. Hay que recordar su experiencia en el Juicio de Leipzig, para entender su aporte teorico.
En América Latina solo dos partidos comunistas pusieron atención en el tema y se propusieron llevarlo a la práctica con rigor teorico y práctico. Fueron el PC uruguayo y el PC chileno. Ya en 1955, en el XVI, congreso se produce un viraje fundamental en el PCU que implicó, entre otras cosas, un cambio de paradigma en torno a la revolución latinoamericana, incluso en contra de la opinión de la URSS sobre los caminos a seguir en nuestro continente. Esto puede desorientar a muchos que repiten, sin conocer, simplificaciones sobre los partidos y movimientos de izquierda.
El caso chileno tuvo un avance vertiginoso en los 60 gracias a la candidatura de Allende. Hay que recordar que don Salvador compitió cuatro veces por la presidencia antes de ganarla en el 70. Neruda, candidato por el PC dentro del Frente Popular,y gran amigo de Allende, contó muchos relatos de sus campañas juntos. La unidad de la izquierda chilena cuajó más rápido, el proceso de unidad sin exclusiones en Uruguay fue más complejo y llevó toda la década del 60. Los tres ejes principales propuestos en el 55 fueron, crecer como partido, unir a todo el movimiento obrero en una sola central sindical clasista y crear la expresión política de la unidad de la clase obrera con las capas medias y sectores de la burguesía nacional en contradiccioón con el imperialismo. Se forjó en la lucha estidiantil del 58 por la ley de la Universidad donde nació la consigna de Obreros y estudiantes unidos y adelante. En el 66 se crea la CNT que unía a sindicatos y federaciones en la que participaban todas las corrientes políticas con acción sindical, anarquistas, comunistas, socialistas, cristianos e independientes. El frente Amplio culmina ese proceso en 1970 siendo la expesión política y asimilando a importantes sectores de los partidos tradicionales. En las elecciones del 71, rompe el bipartidismo histórico de blancos y colorados. Su base social y su acuerdo político era más amplio y profundo que otras experiencias latinoamericanas, salvo la chilena, que en ese año alcanza el gobierno. No el poder, como bien lo alertaron algunos y vale la pena recordarlo ahora. Confundirlo suele ser una de las causas que transforman los sueños en pesadillas.
Una prueba de la sólida aleación de la unidad frenteamplista es que a la salida de las dictaduras, el Frente Amplio sale entero y unido y en Chile,por ejemplo, la concertación rompe con el Frente Popular. Claro que las historias son muy diferentes y no se trata de desvalorizar sino de analizar los hechos concretos. Lo insólito sería que precisamente la realidad cambiante no modifique la teoría ni la práctica. El tema es cómo y por qué.
En América Latina ha habido tres casos importantes de expresión de frentes populares, los dos citados y el FSLN en Nicaragua, que aunque permeado por la larga lucha guerrillera, hay que recordar que se funda en el 62 recogiendo la lucha de Sandino y toma el poder en 1979 mediante una insurrección popular que tira a la dictadura del último de los Somosa. Pero el FSLN no eran solo sus columnas guerrilleras, dentro de las cueles había, por lo menos, tres concepciones distintas sobre la guerrilla, también tenía otros aliados que en el marco del juego simbólico se mimetizaban en la imagen insurrecta fusil en mano. Pero la construcción política de tal alianza no pudo solidificarse en un proceso tan complejo y vertiginoso como fueron sus años de gobierno ante tantas agresiones. Claro que fue una maravillosa experiencia y muy válida que vino a aportar su matiz.
Alguno se estará preguntando por qué no cito a la revolución cubana, sin dudas el hecho que cambió todo, el parte aguas de la historia latinoamericana. Creo que su análisis tiene que ver con el tema pero su caso específico, tantas veces tergiversado, excede este marco ya que, como toda revolución, fue un escándalo teoríco. Aunque sobre ella también hubo simplificaciones y muchos, subidos en ancas de un pensamiento renovador, proclamaron a los Andes como la nueva Sierra Maestra. Ejemplos de esos tuvimos montones por todo el continente.
Hoy asistimos a los gobiernos de Chavez, Lula, Kirchner, Tabaré, Evo y Bachelet que se apronta para asumir. De todos ellos, el que a mi juicio expresa un poroceso profundo de unidad de la izquierda es el Frente Amplio de Uruguay.
Por ejemplo, Lula funda el PT en 1980, que es un partido aunque en la práctica se lo tragó la realidad de funcionar como un frente. Pero esa diálectica resquebraja la unidad política porque ésta es muy estrecha y puede ser desgastada por la acción de corrientes y tendencias que no tienen mucho margen de acción en un partido. Algunos de estos problemas ya se han expresado, antes y después de llegar al gobierno.
Kirchner, a mi manera, no pasa de ser de centro izquierda y no implica un cambio de modelo aunque creo que ha cumplido un papel muy bueno en lo nacional, lo regional y lo internacional, pero detrás de él no hay un movimiento y ni siquiera hay una organización. La transverzalidad no deja de ser un intento algo ilusorio atenazado, además, como no podría ser de otra manera, en el espiral peronista, en la diversidad provincial y la dinámica electoral argentina. La alianza con Busti en Entre Ríos por el tema de las papeleras, es un ejemplo.
En Chile, la concertación es basicamente la unidad del PS y la Democracia Cristiana, el partido de los Frei, el padre, el hijo y, siendo un tanto prosaico, el espíritu santo. Esa concertación ha sepultado al Frente Popular y mucho habría que analizar los exitos de la economía chilena. Aún así es un proceso interesantísimo y válido.
Chavez es todo un tema. Personalmente me cae simpático. Hace pocos años aterrorizaba a la izquierda continental y ciertas elites se escandalizaban con sus salidas de protocolo. Un estudio de la realidad venezolana y de los cambios producidos se hace indispensable pero suele faltar con aviso en el análisis y otra vez el peso de lo simbólico se impone. Por ejemplo, es muy lindo despotricar contra EE.UU y mandar al carajo al ALCA cuando se le vende tanto a los yanquis sin necesitar ningún convenio marco. Una de las dudas es, hasta que punto se va formando un proyecto político y un movimiento que no dependan del lider. No creo mucho en los procesos unipersonales. Igual pienso que el papel de Chavez ha sido enorme y ha ido cambiando y consolidando una acción concreta que en lo referido a la unidad latinoamericana, jamás dió pasos como ahora, aterrizando proyectos concretos. Pero si apostamos al futuro, habrá que diversificar y no apostar a los excedentes del petroleo solamente. Ese fue el error histórico de COPEI Y ADECO que hipotecaron todo su caudal democrático y lo dilapidaron. Chavez ha hecho una lectura adecuada de ello, entre otras cosas porque no es un simple milico, tiene una maestria en ciencias políticas y es un tipo inteligente, que además, se la supo jugar en cada paso y se ha ganado el respeto.
El caso de Evo, con toda una carga simbólica extra por la condición de indígena, parece ser el más radical en su discurso y uno de los pocos que no no le tiene miedo a la palabra socialismo, pero también dependerá de la unidad que se concrete. La reivindicación de estatizar los recursos naturales puede ser muy de izquierda, pero si no existe un proceso de renovación en la producción y la gestión, puede significar volver a tener recursos administrados por obsoletas companias estatales generadoras de clientelismo y otros males. Y eso ya lo hizo la revolución boliviana del 52 y ya sabemos lo que pasó.
Hay que tener mucho cuidado cuando la etiqueta de izquierda solo depende de la comparación con la derecha. Con ese criterio tonto, todo el que esté a más acá de un fascista sería de izquierda y no es así.
Sigo creyendo que estamos en un momento nuevo en el continente. Algunos necesitan exaltarlo, otros, desde el ultrismo vanguardista, lo ven como puro reformismo y andarán por allí pretendiendo asaltar algún palacio de invierno en primavera. Creo que, como siempre, dependerá del arte de la política revolucionaria, que es el análisis concreto de la situación concreta.
Xabier

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

Gaby dijo
No me gusta hablar de gobiernos de "izquierda" y gobiernos de "derecha" porque tanto uno como otro terminan relacionándose a modos de gobernar totalitarios y amo demasiado la libertad. Pero por otro lado, admiro profundamente la dignidad del pueblo cubano para bancarse tener de "enemigo" a nuestra "segunda madre patria" como digo yo. Creo que si todos los pueblos de Latinoamérica ponen un tope a la invasión de la cultura yanki, de lo que nos venden, de lo que significan, no sería tan utópico que en algún momento dejen su poderío debilitado. Pero todo queda en palabras y "·mientras yo tenga el estandar de vida que me gusta" los demás que se jodan...
Pocas veces hablo de política , pero me entrometo porque cambio esa odiosa palabra que siempre está mezclada con intereses particulares y no comunes, por la palabra que más me gusta : Humanidad, y creo que de eso se trata.
El presidente K. no es ni será de una línea de izquierda pero ha hecho cosas que me han asombrado. Veremos qué pasa.
En lo que a mi respecta,probablemente tenga actitudes más de izquierda que todos aquellos que dicen serlo; no me gusta quedarme en el discurso, vió?
Besazos
31 Enero 2006 | 12:14 AM