AS TIME GOES BY
El calendario es el sistema que utilizamos para marcar el tiempo. La palabra viene del latín calendarium, que era como los romanos le decían a los libros de contabilidad. Calendarium viene de Kalendae o calenda. Los romanos median el tiempo en ciclos lunares. Calenda era el primer día cada mes (luna nueva) y era cuando uno tenia que pagar los impuestos y las cuentas. Todo el mundo le tenia terror a la calendas, ya que ese día llegaba el contador con su librito (calendarium). Calenda viene del verbo calare, que significa "gritar" o "llamar", que era lo que hacían las personas cuando venían a cobrar. Calare viene del indoeuropeo kla y pervive en palabras como clamor, declarar, exclamar, clase, proclamar, y reclamar. Los griegos no median el tiempo en calendas. De ahí el dicho romano: Ad kalendas graecas ("para las calendas griegas", o sea "nunca"). Tal vez era lo que decían cuando llegaba el cobrador con su librito.
Calendas tenía un uso civil que se fue metamorfoseando con lo religioso en la medida que la iglesía fue acaparando poder. Un sincretismo curioso y complejo fue derivando en el nombramiento de los días con los nombres de los santos, luego representaba a sus breves biografías y terminó por simbolizar al sistema de medir el tiempo. Calendarios ha habido muchos en relación a las diferentes culturas y épocas que los elaboraron y corrigieron. La relación con los fenómenos astronómicos los distingue en lunares, solares o lunisolares y algunos de los más conocidos son el egipcio, romano, el chino, el maya, el judío, el babilónico, el musulman, o fenológicos, como el inuit de los mal llamados esquimales, ligado a fenómenos de la naturaleza, aunque también estuvo el calendario republicano francés impuesto en 1793 y que Napoleón abolió en 1806 entre otras más serias restauraciones. Y eso por solo nombrar algunos, aunque cada uno tiene a su vez diversas estructuras y variantes, aparte de que se fueron superponiendo unos con otros a lo largo del tiempo. Nuestro calendario actual es un formidable sincretismo que recoge antiquísimos aportes milenarios, a menudo religiosos, imbricados con los avances del conocimiento ciéntífico moderno. Las maneras de medir el tiempo han ido variando. Lo que no cambia, como en la época de las calendas, es el cobro puntual de los impuestos.
La percecpción del tiempo parece omnipresente en la vida moderna. Así como el desplazamiento de la sombra en el reloj solar, la caída de los granos en el de arena, el movimiento de un extremo a otro en el de péndulo o la traslación espacial de las agujas sobre la esfera, los dígitos titilantes sucediéndose las 24 horas nos persiguen constantemente y aparecen en la computadora, en el televisor, el el horno microhondas, en el counter del video y los llevamos en la muñeca. Hay relojes que se cargan con nuestro pulso pero más bien es al revés y todo lo que hacemos parece estar marcado por ritmo de esos numeritos que caen uno tras otro o se metamorfosean cíclicamente y fueron el paradigma del avance tecnológico en las películas de ciencia ficción de clase B de hace unas décadas. Hoy estan en todos lados y en las grandes ciudades pautan el campo visual en las pantallas cada vez más presentes. Recuerdo con un dejo de nostalgia los antiguos relojes de las plazas de Montevideo eternamente parados en sus horas muertas, empeñados en dar las siete menos cuarto a todas horas o como aquella canción de Jaime Roos en la que siempre son las cuatro.
Se acaba de lanzar al espacio un satélite europeo que porta un reloj atómico con una precisión casi perfecta y que solo atrasa una millonésima de segundo por hora. Paradojalmente, nuestro impresionante avance tcnologico en la carrera por medir el tiempo no puede dejar de apreciar que aquellos rotos relojes de antaño, perdidos en sus horas muertas, eran más exactos, en su quietud inmutable, que todos los relojes digitales y atómicos que tratan de expresar el tiempo. Curiosamente, un reloj roto con sus agujas ancladas para siempre, al menos da la hora exacta dos veces al día. Por ejemplo, supongamos que se halla parado en las ocho y quince. Al menos dos veces al día, serán efectivamente las ocho y quince y ese reloj muerto vivirá por un segundo para contarlo. En cambio, todos los otros relojes del mundo adelantan o atrasan algo y van delante o detrás del tiempo sin dar la hora exacta jamás.
La reforma de Julio Cesar, que en el año 45 a. C. cambió el inicio del año de marzo a enero para planificar con más tiempo las campañas militares y hoy estamos obligados a cerrar balances personales y colectivos, armar listas de seres y sucesos destacados, enterrar el año viejo y repartir buenos augurios para el nuevo. La fecha en cuestión es tan arbitraria como cualquier otra y pone de relieve el grado de abstracción de esa convención con la que expresamos al tiempo pero tiene el mérito de no estar asociada a ningún fenómenos astrónómico especial, a ningún hecho cíclico de la naturaleza ni a ningún acontecimiento religioso, exibiendo impudicamente su desnudes simple, su abstracción aritmética, su jerarquía pedestre y civil, su mera costumbre. Nuestra subjetividad nos empuja a medir en un antes y después de nuestro nacimiento pero una saludable construcción administrativa nos permite socializar el devenir cotidiano en el que, con cierta eficacia, nos ayuda a citarnos con alguien a las 3 de la tarde con alguna probabilidad de lograr el encuentro.
Nos informan que este año que numeramos como 2005, lo que no es más que una burda burla al tiempo, a la historia humana y del universo, tendrá un segundo más de duración para compensar desfasajes con el tiempo astronómico debido al corrimiento del eje imaginario de rotación de este planeta azul que llamamos tierra, lo que postergará los brindis copa en alto, para los que tienen con qué brindar, imagen cristalizada delos comensales en la que una minoría le internaliza a esa mayoría que el resto de año es expulsada de la mesa. El instante nos acercará más a la ilusión de capturar el tiempo, esa que los humanos venimos persiguiendo desde el inicio y seguramente nos acompañará hasta el fin, mientras el tiempo pasa... As time goes by...
A mi, que cualquier ritual no deja de causarme cierta extrañeza, que celebro mi cumpleaños meses antes o después de la fecha en que mis padres juran que nací (para los que se extrañan les recuerdo que la enorme mayoría suele festejarlo el fin de semana antes o después cada vez que cae entre semana) que sigo creyendo que sigo creyendo que cada día merece ser vivido como si fuera el primero y el último, igual acuerdo en decir...
FELIZ AÑO NUEVO
O VIEJO Y DE SEGUNDA MANO.
Xabier

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

Ydamahs dijo
Año nuevo ... nuevos 365 días ... nuevas oportunidades como las últimos 3650 anteriores de los últimos 10 años y 3650 anteriores y así sucesivamente ...fuera de fiestas y celebraciones que bendición poder saber que seguimos en el camino.
Feliz todos los días del 2006 . 2007 .etc...
Beso
4 Enero 2006 | 10:07 PM