TARJETA VIRTUAL
Las formas y maneras de celebrar las festividades de fin de año son muchas. En un mundo multiculural, quieran o no algunos, esa diversidad se expresa nítidamente aportando colores y matices variados que enriquecen a la cultura humana. Las tradiciones de estas fiestas se hunden en la noche de los tiempos y han estado en permanente cambio y resignificación constante, y
lo seguirán estando mientras esta especie a la que pertenecemos siga dejando sus huellas por el mundo o vaya a saber qué perdido y distante confín del universo.
Aquí y ahora, desde esta tierra que me ha recibido y en la que comparto tantas cosas con otros seres humanos de culturas muy distintas, celebro una vez más y no dejo de maravillarme con los aportes que los diferentes individuos y colectivos humanos son capaces de crear y compartir. Cada uno a su manera festejará pero también tomará algo de otros y a su vez dará y compartirá para ir consolidando una mezcla extraña pero entrañable. Algunos las vivirán con fervorosa religiosidad, otros lo harán desde su ateísmo o agnosticismo, algunos volveran a repetir ritos antiquísimos y otros innaugurarán nuevos pero lo que sigue repitiéndose, en medio de tantos desafíos y contradicciones, de guerras y catástrofes, es la capacidad del los humanos de sentirse unidos y parte de una fraternidad.
Aún así, no soy bueno para mandar tarjetas alusivas, y menos las navideñas. Alguien garabateó una vez en un muro de Montevideo que..."La navidad es el mejor negocio para los mercaderes que Jesús echó del templo". Además, me cuesta celebrar el natalicio de alguien del que no hay el más mínimo registro fiel de su existencia, lo que no importaría si fuéramos capaces de seguir sus enseñanzas. Por ejemplo, donde el tipo dijo amen, la iglesia repite amén y no solo en eso le erra donde pone los acentos aunque, me consta, muchos de sus integrantes supieron estar, cuando tocaba la hora, no por encima ni por debajo sino a la altura de las circunstancias, como en nuestro continente cuando, por nombrar algunos, los movimientos de la Teología de la Liberación dieron su ejemplo.
Pero volviendo al Cristo, si sumamos que parece que el tipo nació, por lo menos, 4 años antes y allá por marzo, que su biotipo seguramente era muy diferente a ese esbelto, algo rubiecito y de ojos claros, tipo el Jesús de Zefirelli o de esas estampitas con rostro dulcificado antes que Mel Gibson se ensañara con su actor con la misma pasión que los soldados de Poncio Pilatos. Si agregamos el trabajo de siglos de una organización como la iglesia amputando, destruyendo, cambiando o declarando apócrifos a un montón de relatos sospechosamente más fidedignos sobre el mister. Si pensamos que el quetedije no solo fue un rebelde sino un revolucionario, probablemente Esenio que, para colmo, logró influenciar hasta los Zelotes que no se andaban con chiquitas a la hora de enfrentar al imperio. Que no ponía la otra mejilla y que incitó a vender la capa y comprar la espada. Que se bancó la tortura calladito. Que quería construir el paraíso, no en el cielo sino en la tierra. Que fue capaz de poner el pecho detrás de sus palabras y murió por ello, con lo que el misterio de la resurrección viene siendo muy poquita cosa ante semejantes actos de vida.
Todo eso sin mencionar el milagro de la concepción de María que, sospecho, está más vinculado a los arrebatos de José o, como cuentan las malas lenguas, de algún centurión romano, antes que con el espíritu santo al que no le veo uñas pa´ guitarrero por menos santo
que resulte y más espíritu que ponga en la tarea. Si le agregamos que de haber vuelto a nacer, por decir algo, en estas tierras australianas, tendría apariencia de Oriente Medio, por lo que no le convendría darse una vuelta por las playas de Cronulla, aunque peor le iría en Londres, donde sería asesinado por portar una mochila sospechosa, aunque el pobre ni siquiera fuera brasileño... comprenderán entonces por qué esto no es una tarjeta de navidad.
Del Papá Noel, mejor ni hablo, pues ese gordito de barba blanca y risa de opereta, derivado de un antiguo obispo llamado Nicolas de Turquía que hacía regalos a los niños y que una expedición armada, allá por el 1035, robó los huesos de su tumba para que pasaran a descansar en Bari, actual Italia, en una gran Iglesia construida para que inmediatamente lo canonizarían como San Nicolas, creyendo inocentemente que allí se terminaba el sincretismo sin saber que siglos más tarde, en pleno siglo XIX, los yanquis lo harían famoso en folletines mezclándolo con leyendas holandesas y alemanas que eran un refrito de la mitología lapona, de ahí el trineo, los renos y la nieve, hasta que en 1931 la todopoderosa Coca Cola le pagó a un dibujante para que en una popular historieta lo vistiera de rojo. Y yo que pensaba que era un comunista que se metía por la chimenea para violar la sacrosanta propiedad privada.
Tampoco esta es una tarjeta de fin de año porque con esa convención que es el tiempo también tengo mis desavenencias, no solo filosóficas, también muy prácticas, que se traducen en una asombrosa capacidad para llegar cinco minutos tarde a todos lados y que me impide entender por qué hablamos de 2005 o 2006 cuando los judíos, ventajeros de ley, van por el cinco mil y pico, algunos árabes por el seiscientos y algo, otros por el mil trescientos y nosotros nos seguimos guiando por un calendario basado en los romanos que empezaban de cero cada vez que cambiaban de emperador, que es casi lo mismo que decir que lo mandaban a mejor vida con un cuchillazo en la espalda.
Hasta que no me confirmen la fecha exacta del Big Bang, seguiré brindando a las 12 de la noche del 31 de diciembre por cualquier cosa más humana y menos abstracta que el cambio de esos numeritos que cuelgan de los almanaques cuya única función, se sabe, es publicitar fábricas de pastas o panaderías, incluso alguna imprenta o, al menos en el Río de la Plata, servir para contextualizar fotos de mujeres desnudas en las paredes de los talleres mecánicos.
Ah! Casi me olvidaba, muchas felicidades en estas fiestas que acostumbro a resignificar como un buen pretexto para juntarse con los que uno quiere y le quieren, como en cualquier otro momento de cualquier año de ese renacimiento diario que llamamos vida.
Xabier
Especial para El Diario español de Australia en su edición del martes 20 de diciembre de 2005. (D.C.) y en versión corregida y aumentada para Montevideo.com.uy y vuelta a incrementar en este blog a los 21 días del mes que llamamos diciembre de un año caratulado como 2005 de esa entelequia que es el tiempo que vivimos.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

laveron dijo
felicidades javier!!!
¿te mando a fernanda para estas navidades?
un beso!
laura
20 Diciembre 2005 | 05:35 PM