PIZARRO Y LOS INCAS
Para el caso transcribo un último artículo referido a Guamán Poma de Ayala, aparecido en una revista francesa, meses atrás, que nos propone la reivindicación (curiosa) de una lectura de forma similar a la de la que se dio, por ejemplo, en la película El exorcista o aquella sobre la misiones (de El Paraguay) en torno al activismo jesuítico, a la que no podemos restar ni tampoco envidiar razones por igual.
Según el escrito, cuyo título nos habla de una "conquista sin gloria" del imperio de los incas, se trata de la decodificación de un extraordinario documento manuscrito fechado en 1637, y que era propiedad de Amadeo de Savoya, hermano del rey de Italia. Descubierto por la historiadora napolitana Laura Minelli en una colección privada en 1985, se nos revela como obra del también napolitano jesuita Joan Anello Oliva.
El documento se sustenta, en contra de la afirmación de haber los incas carecido de una escritura propia, en la reivindicación de tal escritura en forma de quipus o sistemas de cuerdas y nudos, cuyas claves de lectura son revelados por el documento en cuestión, proporcionando varios ejemplares de los mismos.
Anello Oliva devela pues los secretos de la sorprendente victoria relámpago de Pizarro sobre los guerreros indios, al denunciar que esa victoria no fue otra cosa que una vil estrategia del oficial español al propiciar un encuentro entre los jefes incas durante el cual estos fueron envenenados con cianuro diluido en el vino de la celebración.
A continuación el heroico Pizarro habría apuñalado al padre Yépez, dominico encargado de proporcionar el veneno y testigo incómodo que en consecuencia habrá que silenciar acabando con su vida. Oliva descubre la personalidad secreta de Guamán de Ayala, misterioso monje cuyos textos contradijeron las supuestas bondades de la conquista oficial del Perú del siglo XIX, tal como lo percibirían los españoles.
Según las revelaciones de Oliva, Guamán Poma de Ayala se llamaba Blas Valera, y habría sido hijo de una india y del conquistador y oficial de Pizarro de nombre Alfonso Valera.
Convertido a jesuita, en sus obras, favorables a los indios, Blas Valera se esconde tras el seudónimo ahora descubierto, habiéndose propuesto denunciar la violencia e injusticia de los métodos españoles.
El artículo de Dominique Dunglas, aparecido en la revista Le-Point, número 1.245, publicada el 27 de julio de 1996, viene a hacer anuencia en lo que podríamos entender; sería el análisis de las incipiencias de una respuesta americana, y hoy en día ciertamente referidos a otras expansiones hegemónicas, escudadas en una arbitrariedad criminal.
Investigando un poco llegué a esta información, no puedo recordar de dónde la extracté. Supongo que más de un jurisconsulto de esos que nunca faltan, alegará que faltan pruebas, que no hay testigos que puedan testimoniar al respecto o que ya prescribió el crimen. Y tomando otras prescripciones imprescriptibles que quieren prescribir de atrocidades mucho más cercanas, sospecho que Don Pizarro seguirá siendo sobreseido pero la historia siempre se reescribe por los pueblos, con tinta o sangre, aunque casi siempre sea sangre nuestra.
Xabier

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

anthony dijo
buena pagina se los recomiendo
9 Septiembre 2006 | 01:44 AM