CRONICA DE UN FIN DE AÑO ANUNCIADO
No tengo casi tiempo por el trabajo en el diario, esa es la razón de haber desempolvado tanta foto de los archivos de la memoria. Acabo de regresar de una reunión y son la 1 de la madrugada y pego este texto que habla de la última noche de fin de año. Muy acorde conmigo que suelo festejar cumpleaños cinco o seis meses después o antes, depende. Pues bien, no tengo tiempo para escribir hoy por lo que aquí va esta crónica para que sepan cómo nos la pasamos un heterogeneo grupo aquella noche. Aquí va.
Ayer cambié mis planes a último momento. Tenía planeado pasar con un grupo de amigos del futbol con la familia del Director Técnico con la intención algo adulatoria, lo reconozco, de consolidar mi titularidad en el equipo. Pero al mediodía me llamó una amiga argentina. Su esposo estuvo internado desde el 24 y estaba saliendo del hospital. Sufre angina crónica y ya tiene dos By Pass. Se le había ocurido organizar una cena con todo el grupo. Ellos son profesores de la universidad y tenemos un grupo con el que nos reunimos y compartimos muchas actividades. Empezamos a llamar a todos y todos fueron cambiando sus planes para confluir en su casa. Carlos es semiólogo y prepara la mejor sangría del mundo, cuyo secreto parece estar en la cadena sintagmática de ingredeientes, lo que no se si es muy significante pero la vuelve irresistible incluso para un abstemio como yo. Lucy es Paleontóloga, pero por suerte no prepara ningún caldito de dinosaurio ni galletitas de fósiles. Ella cocina estupendamente pero, además, su hijo es chef por lo que tuvimos un banquete internacional, dado que en el grupo es una fauna muy variada.
De entrada arrancamos con un plato frío, una suerte de salpicón. Sobre una base de papas, zanahoria, arvejas, aceitunas, morrón, tomate y mayonesa, había dos versiones, una con atun y otra con pollo deshebrado lo que fermentó un debate sobre la ensalada rusa en el que , modestamente, hice un aporte ideológico que sin duda tendrá repercuciones sobre la historiografía de la revolución bolchevique. Primero objété la cantidad de mayonesa, incluso su consistencia, siempre me gusta empezar con tecnicismos. Después aduje que el atún estaba fuera de lugar, en todo caso habría que ponerle caviar. Esto lo dije con un acento eslavo que me queda muy bien, con el agregado que mi nariz estaba muy cercana a un matiz rojo que, si bien tiene reminiscencias revolucionarias, se parecía más a la de Boris Ieltsin. Después argumenté que en realidad la ensalada rusa no viene de antiguas recetas siberianas ni de recopilaciones culinarias de los úrales, como tampoco fue una creación Rasputin en su influencia sobre la Zarina, como algunos piensan, sino que en realidad es una receta marxista elaborada por las lacteas manos de Jenny de Westfalia, a la sasón, esposa de Marx, aunque los ingredientes lo suministró la mujer de Engels quién, gracias a sus avances en economía política, fue el que pagó la cuenta. Luego de múltiples vicisitudes posteriores a las comuna de París, por la empecinada acción de los anarquistas que gritaban desaforados no hay recetas!!! fue reelaborada e introducida por Lenin clandestinamente via Finlandia, lo que echó a perder la mayonesa, luego de quitarle algunos agregados revisionistas aportados por el renegado Kautsky, gracias a la colaboración de Rosa Luxemburgo, aunque esta alertó sobre las posibles desviaciones de la receta original. Según ella, había que mantenera una austeridad, no espartana sino espartaquista. Por lo tanto, afirmé que la ensalada en realidad debía más bien llamarse soviética, dado el sincretismo, más que rusa aunque esta última conclusión fue revatida por interlocutores que me avisaban que había caido el muro de Berlín mientras Gorbachov se comía una sopa de su propio chocolate.
Siguiendo con el menú, se agregaba una tarta de fiambre relleno con una variante de lechuga, jitomate (la hizo una mexicana). Después vino la pasta. Unos fideos con forma de concha de caracoles rellenos de una crema de leche mezclada con honguitos marinados y un poco de chile pero no de los más picantes, por lo que no se imponía sobre los otros sabores. Junto a esto, una lasagna espectacular y después, asado y pollo a las brasas. Los postres fueron helados, ensalada de frutas y una torta.
Comí como un animal, la ventaja de no sufrir los efectos de las calorías ni del sobrepeso. No me podía mover y tampoco quería. Cuando se acercaban las 12, alguien propuso trasladarnos hasta alguna de las ensenadas de la bahia para ver los fuegos artificiales del puente, donde se juntan más de 600 mil almas. Esto causó una profunda división en el grupo que se fracturó en dos bandos irreconciliables. En la mesa de negociaciones surgió una propuesta conciliadora que proponía concurrir hasta el living de la casa para presenciarlos por TV. Yo, militante de la falange inmovilista, aduje que la tele, en realidad, pasa los fuegos del año pasado porque se toman un año para editar tranquilos y se ahorran la transmisión en vivo, total, nadie se da cuenta, y como yo vi los del año pasado in situ, no pensaba alejarme de aquellos manjares que aún estaban en la mesa. La facción autoproclamada de vanguardista pero etiquetada por nosotros de mediática con intereses en el entertament más vulgar, abandonó el recinto rumbo al living. Nuestro grupo cohesionado en torno a una cultura más libresca con intereses en los aportes culinarios de la humanidad, permanecimos en torno a la gran mesa. Ante lo irreconciliable de las posiciones y con mi afán de interceder y tender puentes de unión entre los seres humanos, aproveché los efectos del espíriti navideño remanentes en mi persona, me coloqué estrategicamente en el hall entre el living y el comedor y encendí una bengala de esas que lanzan estrellitas chisporroteantes moviendo el brazo como un molino mientras tocaba un pito afinado al tono de referree en si bemol. El acto motivó el abucheo del sector más conservador que me acusó de traidor , con alegatos del círculo de psicólogos que me diagnosticó una regresión infantil grave. En el otro bando tampoco causó efectos trasformadores ya que no supieron apreciar la estética ni la espectacularidad de mi performance por lo siguieron impávidos mirando la tele y las últimas estrellitas se estinguieron languidamente cayendo sobre el piso y dejando una estela de humo que rapidamente se disipó ante los efectos succionadores del aire acondicionado. Y el mundo siguó andando.
Abrazo
Xabier
Por último, y para dotar este mail de un anclaje en la realidad difícil de estas horas, quiero hacer referencia a una noticia urgente que pone en evidencia el grado de pánico social en el que puede ingresar la humanidad ante los efectos devastadores de la naturaleza. Acaba de llegar una noticia que informa que lamentablemente parece ser que se ha producido otra tsunami aunque no hay informaciones aún de los daños causados ni de los muertos ni heridos por la ola gigante que azotó en las últimas horas las costas de Bolivia . El gobierno declaró el estado de emergencia nacional centrando la actividad de los cuerpos de rescate en La Paz y Cochabamba, al parecer, las dos ciudades más afectadas. Los grandes medios de comunicación, ligados a los sectores más regresivos y empeñados en manipuladoras campañas patrióticas, llamaron al pueblo a festejar la tan añorada salida al mar, lo que motivó que sectores radicales de izquierda contrarrestaran afirmando que más bien se trataría de una entrada. Evo Morales destacó los aspectos benéficos de la ola en lo referente al regadío de los plantíos de coca que le ahorrará millones de sucres al herario nacional. Ampliaremos.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
