UN DIRECTOR QUE VALE UN PERÚ
Lombardi
Francisco Lombardi es el cineasta más importante de Perú. Estudió Derecho en la Universidad pero dejó una promisoria carrera en leyes y a fines de los 60 se fue a la Argentina para matricularse en el Instituto de Cinematografía de Santa Fe fundado por el legendario Fernando Birri. Cuando esa experimental escuela de cine fue clausurada por el gobierno militar argentino, regresa a Perú, pero ante la casi nula producción decide dedicarse a la tarea crítica en el diario Correo de Lima y en la revista Hablemos de Cine. Posteriormente ingresa en INCA Films como accionista minoritario y ante la muerte de su fundador, José Zabala, se hace cargo de la dirección de la compañía. En los últimos años funda la productora INCACINE junto a Gustavo Sanchez.
Tacna
Nació en el sur de Perú, en la ciudad de Tacna en 1949. Cuenta que en su infancia, en la pequeña ciudad solo había dos diversiones, el futbol y el cine. El futbol era solo los domingos pero el cine era todos los días. Aquella fascinación infantil no lo abandonaría nunca más. El futbol tampoco, porque ha llegado a ser Presidente del Sporting Cristal, uno de los dos equipos más importantes del futbol peruano.
Producción
También se dedica a la producción, no solo de sus filmes con los que casi siempre ha logrado asociarse a productores extranjeros, principalmente españoles. También produce para televisión y cortos y largometrajes de otros directores de su país. Ante las dificultades de producción, por los escasos apoyos al cine por parte de los distintos gobiernos, la falta de una industria cinematográfica, de leyes que den un marco jurídico y económico a la aventura de hacer cine pero también de la debilidad de los productores privados, su experiencia es muy importante, no solo en lo concerniente a su país sino en el contexto latinoamericano. Esto se ha traducido, no solo en el avance en cuanto al monto de los presupuestos que permiten mayores desafíos sino en enfrentar difíciles condiciones de producción, como en el rodaje de Pantaleón y las visitadoras, que se realizó casi por completo en la selva amazónica, cerca de la ciudad de Iquitos. Lombardi goza de una fama de director responsable y sus películas se ajustan al presupuesto original y se terminan en tiempo y forma convenidos.
Clasicismo
Suele ser un director apegado a formas convencionales. A un clasicismo formal que busca vehiculizar la anécdota tratando de pasar casi inadvertido, invisible, al director. Lombardi no gusta de una cámara demasiado explícita que sobresalga por ángulos originales o movimientos espectaculares. Sin embargo su factura técnica es irreprochable, con un destacado manejo de la fotografía y sobre todo de la iluminación. Se lo distingue como un muy buen narrador de historias y la forma en que están contadas sus películas destaca la relación entre los personajes y su inserción en la trama. En estos dos rubros generalmente a colaborado con Teodoro Delgado, como su Director de Fotografía y en Giovanna Pollarolo como su guionista.
Adaptaciones
La relación entre cine y literatura es rica pero también contradictoria. Es bien conocido el chiste de las dos cabras: Cuentan que dos cabras se están comiendo unos rollos de celuloide y cuando terminan, una le pregunta a la otra – Cómo estaba? Y esta contesta
Estaba bien pero el libro era mejor. Lombardi se ha especializado en adaptar novelas importantes, entre otras cosas porque, como el mismo dice, es más fácil convencer a un productor que ponga dinero para una película basada en un libro conocido que intentar venderle un guión original.

Novelas
El filme que lo catapultó a la fama internacional fue La Ciudad y los Perros, de 1985, basado en la novela homónima de Vargas Llosa. Por ella fue galardonado como mejor Director en el prestigioso Festival de San Sebastián y le abrió las puertas de los productores españoles con los que ha co-producido la mayoría de sus películas. En 1988 realiza La Boca del Lobo con la que vuelve a triunfar consiguiendo el Goya a la mejor película iberoamericana. Uno de sus mejores éxitos es Pantaleón y las visitadoras, en la que adapta magníficamente otra novela de Vargas Llosa, aceptando el reto de reestructurar una narración literaria con base en los informes militares que el Capitán Pantaleón Pantoja debe rendir a sus superiores, transformándolos en escenas dialogadas que mantienen el humor corrosivo destilado hacia una institución como el ejército, pero dotando al personaje de un sentido dramático que superó a la novela y que motivó el agrado del propio escritor. Otra de sus interesantes adaptaciones es la de No se lo digas a nadie, basada en la escandalosa, en su momento, novela casi autobiográfica de Jaime Baily. Sin embargo, una de las mejores es Tinta Roja, basada en el libro del chileno Alberto Fuguet en la que Lombardi aborda la historia de un joven estudiante de periodismo que ingresa en un diario sensacionalista especializado en la crónica roja
dando carnadura a un relato en el que resaltan los personajes secundarios y en los que logró transmitir su conocimiento a través de sus propias experiencias periodísticas del inicio de su carrera.
Ojos que no ven
Su última película, realizada en soporte digital de alta definición, gira en torno al descubrimiento y difusión de los famosos videos de Montesinos que documentaban la corrupción y que hicieron caer al gobierno de Fujimori. Esos ojos que no ven se convierten en una sutil metáfora de aquellos que no solo niegan las corrupciones de tantos gobiernos de nuestro continente, de sus injustas políticas asociadas al imperio, también aluden a un público poco adicto a ver las películas de nuestros creadores, como sucede en la mayoría de los países latinoamericanos donde campea tanto cine industrial ajeno. La prolífica carrera de Francisco Lombardi, afincado en su querido Perú, cuando perfectamente podría haber emigrado, no solo lo mantienen aferrado a una terca idea de producir en su país sino involucrado profundamente con la realidad que nutre las historias que recrea en sus películas.
Xabier
Publicado en mi columna de El Diario Español de Sydney, Australia.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

engelson dijo
Perdona que me salga del tema, pero es curioso el uso que haces de la palabra “promisoria” (promisoria carrera en leyes), aunque se entiende perfectamente, aquí se usaría “prometedora”. Que bonita es la diferencia.
El resto: interesante
26 Julio 2005 | 02:03 PM