LA GUERRA EN EL CINE I

El cine bélico suele ser muy belicoso. La industria del cine ha disparado, aunque de salva, tanta o más cantidad de munición que las guerras reales que han azotado y azotan, este planeta. A tal punto que en algunas sinopsis tiendo a parapetarme detrás de las butacas por miedo a que alguna bala perdida escape de la pantalla. El género de aventuras se asoció a todo tipo de historias guerreras, desde las más antiguas a las más modernas y ahí están La guerra del fuego de Jean Jacques Anaud y la interminable Guerra de las Galaxias.
Épica de epopeyas históricas pasando por hordas tribales, ejércitos cruzados, regimientos de caballería que llegan al rescate en el último minuto, comandos intrépidos que se internan tras las líneas enemigas o el inefable Rambo, ganador solitario en la pantalla de guerras que su país supo perder en los campos de batalla, como Vietnam. Claro que terminó ganándola en la economía, esa continuación de la guerra por otros medios, para transmutar perversamente la famosa frase de Von Clausewitz que así definía a la guerra como la continuación de la política. Y ganarla en el cine no solo beneficia a la economía, también a la ideología, quien lo duda.
Pero así como las incontables producciones sobre la guerra inspiradas en el triunfalismo más ramplón y mentiroso o en un desbocado belicismo imperialista podrán dejar huellas indelebles en el cerebro atrofiado de algún militarista de pacotilla o en los fanáticos del cine de acción, en el plano artístico, su humareda se disipa rápidamente como los efectos especiales en el set de filmación. Hollywood nació y dio sus primeros pasos en los años de la primera Guerra Mundial. Una guerra básicamente europea producto de la rapacidad de las potencias que no podían concebir que su guerra fuera apenas continental cuando precisamente se peleaban por sus territorios de ultramar. Se trató de un nuevo reparto de colonias y la participación de legiones de países periféricos concluye su uso como carne de cañón por las mentes más colonialistas. Como colonialistas siguen siendo hoy los que lo reivindican escondiendo su carácter macabro de aniquilamiento gratuito en pro de los intereses de los que lucran con la guerra.
En la antítesis de la glorificación se hallan películas que desnudaron implacablemente su irracionalidad funcional al sistema y la podredumbre moral de la mayoría de los que comandan los ejércitos. Como bien dice Eduardo Galeano, el mundo empezará a ser mejor el día en que se mande preso, no a quién se niega hacer el servicio militar sino a quien quiere hacerlo.
Pero frente al militarismo cinematográfico se elevaron hitos como Sin Novedad en el frente, que desnuda el horror de la guerra y el discurso tétrico de los que la glorifican para arrastrar al pueblo a defender a sus opresores. La gran ilusión, un poético manifiesto pacifista del maestro Jean Renoir, que recién pudo filmar en 1938 cuando lo concibió en 1924 en realación a la primera guerra y algunos simplistas lo asociaron a un pacifismo ingenuo ante el avance del nazismo, pobres, no entendían el arte pero tampoco la guerra. La implacable Y Johnny cogió su fusil, ese alegato sublime de Daltón Trumbo, un monólogo desgarrador de un joven soldado que ha perdido todos sus miembros en combate. Gallipoli, de Peter Weir, que devela las negligencias del mando inglés que lleva al matadero a las tropas australianas y neozelandesas en las playas del codiciado estrecho de los Dardanelos o Tierra y Libertad, la impresionante película de Ken Loach que arroja luz sobre la tantas veces silenciada lucha fraticida entre Troskistas y Comunistas dentro de las propias fuerzas republicanas españolas. Trataré de ir desgranando con mis recuerdos otras películas que también han hecho historia.
Xabier

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

septiembre dijo
La mayoría de las películas bélicas no me gustan nada pero leyendo tu artículo me he acordado de una que me encantó y que expresa el absurdo de las guerras. La película se llama "En tierra de nadie" y es de DANIS TANOVIC.
En mi opinión, buenísima.
18 Julio 2005 | 09:33 AM