LA MALA EDUCACIÓN
Oportunidad
Era una película esperada. No sólo por ser de Almodóvar, una suerte de vaca sagrada del cine español. Se había hablado mucho sobre el tema que trata, ya que el abuso sexual por parte de sacerdotes tuvo un pico alto en los medios de comunicación en estos últimos tiempos. Es en ese sentido, una película oportuna. Por suerte no es oportunista. Los que esperaban un panfleto anticlerical o un ajuste de cuentas con la iglesia católica seguramente quedaon decepcionados, no porque se diluya el factor crítico, sino porque el director apostó a un tratamiento artístico. En una entrevista dijo: “No es una ajuste de cuentas con los curas que me educaron ni con el clero en general, si hubiera necesitado vengarme, no hubiera esperado 40 años. La iglesia no me interesa como adversario”
Necesidad
También dijo que necesitaba hacerla, que llevaba más de 10 años trabajando el guión. El caso sirve para ilustrar la manera en que un director procesa sus guiones, Almodóvar es un buen guionista, y aporta algo de luz sobre cómo tratar y jugar con los temas que lo obsesionan. También se dijo que era una película autobiográfica. Más bien trata temas y atmósferas que le son cercanos pero que no se pueden reducir a que hallan sido vividos. Almodóvar conoce al dedillo el mundo de la educación religiosa porque fue alumno de un típico colegio católico pueblerino, para colmo, en plena dictadura de Franco. También conoce el ambiente de “La movida” española a fines de los 70 que lo tuvo como protagonista en el mundillo underground del Madrid del destape. Lo interesante es cómo aborda, trabaja, manipula, procesa sus vivencias creando una obra.
Arte
Creo que es su película más artística, la más elaborada. En cuanto a imagen, es de una fotografía exquisita, trabajo a cargo de José Luis Alcaine. La precisión del encuadre, el manejo de la iluminación, el uso del color y la reconstrucción del diseño de época es casi perfecto. El cuidado de la dirección de artística se nota en cada plano aunque prefirió crear una atmósfera intimista que huye de ambientes masivos y se concentra en el micromundo de los personajes. Como siempre, uno de los mayores riegos de ese proceso de extractar material sensible de la realidad y traducirlo en un hecho artístico, es la posible pérdida de frescura. Mucho más cuando el cine de Almodóvar tuvo por muchos años, diría hasta inicios de los 90, esa frescura como marca de fábrica. Una de las críticas recurrentes ha sido que en sus últimos filmes se ha puesto serio y que sus referencias se han vuelto cultas y cinéfilas. Creo que responde a una lógica evolución, peor sería que se repitiera en sus tópicos, por el contrario, siendo fiel a si mismo, siempre ha estado cambiando. En este caso, la referencia es al thriller y sobre todo al cine noir, que le aportan la forma para verter el contenido de la historia y que aparece citado textualmente en los afiches de las películas que cuelgan en el hall del cine, que además, se llama Noir.
Noir
El cine negro tuvo su cúspide en el cine norteamericano de los 40 y 50. Uno de sus aportes importantes fue el de generar un cambio en el abordaje de la cuestión femenina en el cine. La construcción del significante mujer y del discurso femenino en el relato dominante del cine clásico reflejaba la sociedad patriarcal y relegaba a la mujer a una posición negativa y subordinada al hombre. El cine noir de los años 40 rompe en parte ese rígido sistema, tan nítido en el melodrama y en el western, donde las mujeres carecen de autonomía narrativa y fuerza visual. En el cine negro surge el mito de la femme fatal donde las protagonistas adquieren un rol activo, apareciendo como inteligentes, audaces y con una poderosa carga sexual. Esto era un reflejo de la situación de la mujer que irrumpía en el mercado de trabajo, primero por la depresión y luego por la guerra, junto a muchos otros fenómenos relacionales que modificaron la sociedad norteamericana de aquellos años. Aún así, el discurso femenino se mantuvo subordinado al masculino, el cual siguió siendo el epicentro de la historia y al que se le otorgaba el estatuto de verdad. Dicho sea esto, a su vez, en el marco de interesantes cambios operados en el rol de lo masculino que se alejaron del estereotipo clásico. Como no podía ser de otra manera, Almodóvar coloca en ese rol femenino, a un travesti.
Travestismo
En muchas de sus películas aparecen travestis. En ésta, jugando un rol protagónico a cargo de Gael García Bernal, quien interpreta a más de un personaje. Pero no solo hay un par de personajes travestis, toda la historia se va travistiendo porque nada es solo lo que parece. Como en un juego de cajas chinas que se van abriendo para mostrar otra, el relato posee una estructura que implica un juego del cine dentro del cine y la mezcla constante de ficción y realidad con ese toque almodovariano que suele aludir a que toda realidad puede ser más torcida que cualquier ficción.
Deseo
Otra marca de fábrica de su cine es el poder del deseo en sus personajes. Las referencias a La ley del deseo, una de sus más famosas películas, no es meramente referencial, también se expresa en cierto paralelismo entre García Bernal con la figura de Antonio Banderas y la de Felé Martinez con la de Eusebio Poncela, no en tanto personajes sino a cierta imagen física, lo mismo que la breve aparición de Javier Cámara es casi una continuación de la agrado, el personaje protagonizado por Antonia San Juan en Todo sobre mi madre. A Almodóvar le agradan los personajes que desean y son capaces de darlo todo por el deseo, aunque sus opciones vayan contra las reglas de turno o ese itinerario los lleve por desbarrancar sus vidas. Aquí pone en juego el deseo de dos niños que descubren el amor, el de un cura que los separa y termina abusando de su alumno, el de ese alumno ya hecho hombre, travesti, sobre aquel cura, el de un hermano que quiere vengarse y el de un director de cine, uno de aquellos niños separados en el colegio, que apuesta por meterse de lleno en la historia aunque implique remover aspectos muy importantes de su vida.
Estructura
El guión no es complicado pero es más complejo de lo que parece. Ese juego de múltiples roles con actores que interpretan más de un personaje y personajes que son interpretados por más de un actor, puede enredar a más de un espectador proclive a historias más lineales. Alejándose de las típicas chicas Almodóvar y de ciertas comedias muy entretenidas pero con cierto toque ligth, su cine fue trocando temas, personajes, historias que adquirieron una mayor hondura humana y un mayor anclaje histórico. Por ello su público no es el mismo y ha ganado audiencia en espectadores más afines al cine de arte, lo que puede redundar en una pérdida de aquellos vinculados al tono menor, hilarante, exótico pero también un poco pasatista. Este tipo de películas elaboradas, de precisión, exigen una comunicación diferente, implican otros códigos pero demuestra que alejarse de lo llamativo y acercarse a la austeridad de lo simple, no es nada fácil de resolver. Lo que en sus dos últimos filmes había logrado con creces, aquí falla en parte, incluso en uno de sus puntos fuertes como director, la resolución de sus historias.
Final
Parece un final apresurado. Tal vez los tiempos comerciales jugaron en contra de una resolución que respetara los tiempos de los personajes y permitiera una mayor carga dramática. Momentos claves, aunque visualmente impecables, como la muerte sobre las teclas de la máquina de escribir, aparecen como diluidos en su intensidad, casi desaprovechados o, incluso, algo distorsionados, como la aparición, casi un cameo, de Leonor Watling, llamando demasiado la atención en una escena fundamental, cuando asiste en el set de filmación a un de los personajes interpretados por García Bernal en el momento que sintetiza y unifica a todos sus roles. Tal vez por ello ha tenido la necesidad de recurrir a carteles explicativos al final, un recurso típico para cerrar historias que no parecen tener una conclusión adecuada. Esa apelación, curiosamente, la emparenta en algo con aquel cine negro que, ante la dificultad de lograr el cierre a complejas narraciones, apelaba a la voice over, o a una voz en off que estructurara el relato. Cosa que generalmente se hacía luego, al repasar el material en la sala de montaje descubriendo que quedaban cabos sueltos. Los carteles del final, encuadrando y contextualizando la historia con casos reales, aportan a la trama pero no logran dar carnadura ni intensidad a un final que se extingue como la llama de un fósforo.
Distancia
Creo que es un filme muy cercano a la vida de su director que, gracias a su talento, logró tomar distancia, aportando visiones desde varias perspectivas. Ese distanciamiento imprescindible, que habla de la calidad de un artista y de las complejas relaciones con su obra, paradójicamente, también puede implicar una distancia que se puede volver insalvable. Lo lejano a menudo se vuelve irreconocible pero lo muy cercano también. En ese proceso de toma de distancia, se gana y se pierde, lo que queda intacto es el talento de un cineasta mayor y su capacidad de desafío, de pasión, por trabajar con ese material sensible que es la vida.
Xabier.
* Publicado en EL DIARIO ESPAÑOL de Sydney, Australia el 5 de abril de 2005.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
