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La Coctelera

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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

10 Junio 2005

EN TORNO A LOS CORTOS

Corto

Un corto puede ser solo de algunos segundos hasta los 30 minutos. Hasta 60, sería un mediometraje y más allá, un largometraje A los cortos parece medirlos el tiempo pero solo es una de las características de este genero menor, que no es un género sino una categoría, con la que nació el cine.

Se podría argumentar que esa génesis estuvo condicionada por las limitaciones tecnológicas y es cierto. También habría que agregar el lento aprendizaje en torno a técnicas narrativas y estéticas con las que el cine dejó paulatinamente de ser una atracción de feria, como pronosticaron incluso sus más famosos mentores, para ir transformándose en un arte y sobre todo en una industria. El cortometraje ha estado alejado de las difíciles y contradictorias relaciones con los dictados del mercado, de las imposiciones de la industria y hasta del público pero en el, curiosamente, el tiempo es oro. Esto podría estar circunscrito a las carencias y orfandades de financiamiento pero, sobre todo, está referido a la estructura dramática que lo sostiene o no. Y es que en el se condensan elípticamente los tiempos y se modifican los componentes. Las historias que se cuentan, y las imágenes y palabras que las expresan, se caracterizan por su brevedad y precisión. La esencia de un corto radica en la tensión y esto nos remite directamente una idea de ritmo dentro de la narración.

Largo

Tradicionalmente se expresa una fuerte dicotomía entre corto y largometraje. Sin negar las enormes diferencias existentes en aspectos como el desarrollo de los personajes, la descripción de espacios, la relación de tramas y subtramas o la utilización de la palabra y su anclaje en la imagen, o viceversa, es posible que esas diferencias no sean tan antinómicas como parecen. Se podría llegar a decir que muchos, muchísimos largometrajes no son más que una muy buena idea para un corto o un mediometraje que, sin embargo, es estirada como chicle para adecuarla a los tiempos comerciales de exhibición en los que crece la tasa de plusvalor a ser apropiada y repartida. Desde hace décadas se ha impuesto este método que funciona como un embudo de la producción cinematográfica. Un embudo invertido, claro. Para quienes no entiendan la analogía, recomiendo dejar de leer e intentar vertir un líquido en otro recipiente con el embudo al revés. Volver luego a esta página, eso sí, secarse las manos.

Producción

Si bien se producen muchos cortos en el mundo para una suerte de autoconsumo de estudiantes de cine, familiares y amigos, no es menos cierto que desde mediados de los noventa, la cosa viene cambiando. Me refiero a modificaciones que tienen que ver con el complejo entramado de las sociedades mass-mediáticas y globalizadas. Hablo de profundos cambios tecnológicos, económicos, políticos y culturales que tienen al producto audiovisual y a los medios como su totem sagrado. Esto incluye las viejas catedrales cinematográficas, hoy devenidas en los Fast food de los multiplex donde se consume el cine junto al pop corn, los refrescos y la más abundante variedad de las plazas de comidas, como también a las modificaciones operadas en el mundo de la caja boba, la TV, el mayor productor y exhibidor de cine, en su mayoría, mediocres telefilmes. Las necesidades de consumo varían y no solo en lo referente a carbohidratos y proteinas, en lo que respecta al producto audiovisual operan cambios que tienen que ver con necesidades y posibilidades, con las de los tele-espectadores consumidores, receptor que succiona y fagocita imágenes a lo Homero Simpson, con las necesidades y posibilidades tecnológicas disponibles y con las necesidades económicas de los productores y emisores. Todo esto en un proceso no exento de contradicciones dentro de un contexto socioeconómico y político específico.

Estructura

Me interesa la relación entre cortos y largos más allá de sus diferencias. Y es que así como muchos largometrajes se beneficiarían de un tratamiento a lo corto, también creo que un cortometraje puede ser pensado con cabeza de largo. Esto referido a esa idea aristotélica con la que, por lo general, se desarrollan los largometrajes, es decir: en base a la estructura de principio, desarrollo y fin. Y es que reivindico pensar para el corto la utilización de la estructura dramática de un largo. Parece una locura, algo imposible, como si se intentara introducir un elefante en un ascensor, incluso en un ascensor de un bazar. Cierto es que se forzarán algunas cosas y otras pueden saltar en pedazos pero el intento puede llegar a ser removedor, al menos para el ascensor. Eso sí, si no lo rompemos y, sobre todo, si no magullamos demasiado al elefante. Desde ya hay que saber que ni el ascensor ni el elefante van a ser los mismos. La cuestión es si funciona y si llegamos a donde pretendíamos ir, nosotros y el elefante, ya sea en ascensor o por la escalera.

Imagen

En los cortos la palabra tiende a ceder paso a la omnipotencia de la imagen, la que juega un papel más importante, y está muy bien que así sea. Pero ¿Por qué apelar solo a ese recurso y no intentar jugar con ciertas leyes de variación más propias del largometraje? No hay tiempo se dice, pues inventémoslo. No olvidar lo del comienzo, en el corto la esencia es el tiempo, el poco pero... tiempo al fin, juguemos con el, pero no solo en un sentido, forcemos el tiempo. Se me dirá que esto es justo lo que se hace y por ello la predominancia de la imagen sobre la palabra, la multiplicidad de fragmentos, de flashes, el éxtasis de la imagen porque como reza el paradigma, una de ellas vale por mil palabras.

Palabra

Los cambios en los últimos 30 años indican una mezcla de estéticas, publicidad, videoclip, flashes televisivos, videogames y hasta el manido y temido zapping, abonan una profunda modificación de las nuevas generaciones en su percepción del mundo audiovisual, todo eso en un sentido, pero en otro, como ante la sobreabundancia del bombardeo informativo se produce la desinformación, ante el bombardeo de imágenes, ante el parpadeo infinito y constante, el paradigma se retuerce sobre si mismo para reivindicar, casi como un grito, que una palabra puede valer por mil imágenes. Por lo tanto sería bueno utilizar el recurso de la palabra como lo hacían los maestros y voy a nombrar dos que parecen no tener nada que ver pero yo creo que si: Billy Wilder por ese plusvalor que lograba en sus diálogos y Robert Bresson por el plusvalor logrado por lo que callaban sus textos, por lo que decía sin nombrar. A veces las palabras son importantes por lo que dicen pero también por lo que callan. Por lo tanto reivindico un uso estricto, ascético y minimalista de la palabra combinado con la variación, con el contrapunto mediante la combinación de diálogos y monólogos donde en un momento se dice mucho y en otros se dice poco. Y esto con un medido anclaje en las imágenes y con atención al ritmo buscado. Aprovechando la geografía, se diría que un largometraje es como un río y un corto como un torrente que baja impetuoso por la montaña. Creo que es hora de descubrir los breves remansos en los torrentes que permiten, incluso, que este corra más fuerte, tumultuoso y arrollador hacia los valles.

Lenguaje

El lenguaje cinematográfico de los cortos permite la construcción de otras lógicas narrativas. Prima una poética más abierta, donde las significaciones se amplían y la experimentación es más libre. Esto tiene mucho que ver con la relación especial que se establece entre el corto y su público. En el corto el espectador está predispuesto naturalmente a observar esos flashes de imágenes, información rápida que debe y quiere decodificar. Este adopta una actitud activa ante la fugacidad que sabe, o espera, que va a ver. Se predispone a una atención constante (por ello es imprescindible una tensión que esté a esa altura). Esa recepción activa lo incita a tratar de percibir lo máximo porque sabe, o intuye, que le será dado con lo mínimo, que deberá completar por si mismo el cierre de la narración y no quiere perdérselo, esto si el corto se lo da, si se lo permite. ¿Qué pasa con todo esto? Sucede que en los cortos prima el criterio de contar historias desde un ángulo transgresor, no tradicional e incluso, revolucionario. Eso sucedió ya en la década del 60. En los noventa se trata de innovar constantemente reciclando fórmulas audiovisuales que se desvanecen a los pocos minutos, o segundos. El intento de captar a ese espectador actual entrenado en el caos visual, cuando no ideológico, culmina en una pirotecnia visual que pretende innovar hasta el hartazgo, incluso, siendo un manual de cómo y donde poner la cámara. Es la primacía de la forma que reniega del contenido y construye una estética sobrecargada de cortes, fracturas, congelados, angulaciones raras y mucho movimiento, pretendiendo enmascarar, muchas veces, el vacío argumental. Rapidez visual y lentitud narrativa como se quejaba un teórico. O peor, lentitud visual y narrativa, como se lamentaba otro, aún más aburrido. Hiperproducciones que reflejan una puesta en escena muy cuidada que no logra tapar las deficiencias de guión acorde a ese trabajo.

Entorno

Esto no sucede por casualidad, es el reflejo del entorno cultural que las alimenta. La forma por la forma misma es la clave de esta contemporaneidad mediática. La importancia de buscar y encontrar el impacto en un espectador mucho más disperso y hasta impaciente, ni hablar del televisivo, y eso sin contar a los perros y gatos que se apoltronan junto a sus amos frente a la TV, de los cuales aún no se conocen, por suerte, análisis críticos o simples comentarios. Pero ¿Qué otras diferencias podríamos encontrar en esta evolución de los cortometrajes? Aquel afán revolucionario y transgresor de los 60 estaba ligado al contexto sociopolítico. No es casual la predominancia del genero documental o el carácter colectivo de los personajes, que reflejaba toda una actitud social y política. En cambio, en los noventa predomina un recurso estético íntimamente ligado al individualismo mediante historias de personajes retratados en mundos personales. Esto no es malo en si mismo. Lo particular siempre es un camino a lo general, al menos para los que intentan andarlo y desandarlo y los aportes de la microhistoria dentro de la gran historia. Corto porque lo quiero hacer corto, recordando que una premisa válida debería ser contar una historia y el único mandamiento irrevocable es el de no aburrir.

Xabier

* Publicado en EL DIARIO ESPAÑOL de Sydney, Australia el 8 de marzo de 2005

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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