MIRADAS - MIRADOS
“Investigar es ver lo que todo el mundo ha visto y pensar lo que nadie más ha pensado.”
Albert Szent-Giörgi
Somos luz, polvo de estrellas en este universo diverso que habitamos. Dicen las últimas teorías en física cuántica o alguna antigua leyenda primitiva, que cuando dos seres cruzan sus miradas se establece entre ambos una energía, como si esos ojos se tocaran con un haz de pequeños filamentos o partículas que les acaricia el alma.
Átomo.
Desde la antiguedad, los hombres se han preguntado de qué están hechas las cosas. Tales de Mileto, en el siglo VII antes de Cristo, afirmó que todo estaba constituido a partir de agua que enrareciéndose o solidificándose formaba todas las sustancias conocidas. Otros pensadores supusieron que la sustancia primigenia era otra. Anaxímenes creía que era el aire y Heráclito el fuego. En el siglo V, Empédocles propuso, no una sino cuatro sustancias primordiales, los cuatro elementos: Aire, agua, tierra y fuego. La unión de estos cuatro elementos, en distinta proporción, daba lugar a la vasta variedad de sustancias distintas que se presentan en la naturaleza e influyó, sin saberlo, en las teorías zodiacales, a tal punto que, aún hoy, así se agrupan los signos en los horóscopos que aparecen en todos los diarios del mundo. Aristóteles, añadió a estos cuatro, uno más: el quinto elemento, el éter o quintaesencia, que formaba las estrellas, mientras que los otros cuatro formaban las sustancias terrestres. Para Lucrecio, la materia se subdividía en partículas mucho más pequeñas de las que podemos ver. Demócrito, retomando las ideas de su maestro Leucipo, creía que la materia se componía de partes minúsculas invisibles e indivisibles, que llamó átomos y que al combinarse de distintas maneras generaban toda la naturaleza. Átomos significa: sin partes, indivisible. Miles de años después se confirmó aquella teoría pero gracias a la eterna curiosidad humana pronto se descubrió que el átomo no era tan átomo como se pensaba.
Química
Una larga cadena de saberes acumulados por ensayo y error fue avanzando poco a poco. Robert Boyle, en el siglo XVII, desechó las ideas alquímicas dominantes en la edad media y definió los elementos como aquellas sustancias que no podían ser descompuestas en otras más simples. Nació una nueva ciencia: La Química. Durante los siglos siguientes, los químicos descubrieron nuevas e importantes leyes que gobiernan las transformaciones y sus principios fundamentales. Al mismo tiempo, se descubrían nuevos elementos. Apenas iniciado el siglo XIX, Dalton, recordando las ideas de Demócrito, propuso la teoría atómica, según la cual, cada elemento estaba formado por un tipo especial de átomo, de forma que todos los átomos de un elemento eran iguales entre sí, en tamaño, forma y peso, y distinto de los átomos de los distintos elementos. Fue el comienzo de la formulación y nomenclatura química, que ya había avanzado a finales del siglo XVIII Lavoisier. Conocer las propiedades de los átomos, y en especial su peso, se transformó en la tarea fundamental de la química. Al mismo tiempo, se iban descubriendo más y más elementos. En 1864, un químico ingles, Newlands, descubrió que al ordenar los elementos según su peso atómico, el octavo elemento tenía propiedades similares al primero, el noveno al segundo y así sucesivamente, cada ocho elementos, las propiedades se repetían, lo denominó ley de las octavas, recordando los periodos musicales. Pero las octavas no se cumplían siempre, tras las primeras octavas la ley dejaba de cumplirse. En 1870, el químico alemán Meyer estudió los elementos de forma gráfica, representando el volumen de cada átomo en función de su peso, obteniendo una gráfica en ondas cada vez mayores, los elementos en posiciones similares de la onda tenían propiedades similares, pero las ondas cada vez eran mayores e integraban a más elementos. Fue el descubrimiento de la ley periódica, pero llegó un año tarde. En 1869 un ruso había publicado una tabla maravillosa.
Tabla
La materia parecía ser aún tan caótica y diversa que era incapaz de encontrarse un orden, hasta que alguien imaginó que tal vez podría estar conformada por unos pocos elementos como el lenguaje se puede componer con unas pocas letras. Alguien que con sumo rigor científico podía imaginar una matemática pero intuir también una música, una poesía que interactuara entre los elementos. Luego de más de veinte años de investigación, Dimitri Mendeleyev creo su famosa tabla según la ley de la variación periódica de las propiedades de los elementos en función de su peso atómico. La tabla se organiza en casillas en columnas pero su forma más exacta sería disponerla en espiral. Ese mismo espiral que nos legaron algunas culturas antiquísimas como símbolo de la vida. Mendeleyev, incluso, dejó huecos para elementos que aún no se conocían. Años más tarde se descubrieron el escandio, el galio y el germanio y los gases nobles cuyas propiedades correspondían con las previstas por él.
Intuición
Tres siglos antes, Galileo, Copérnico y Kepler se habían maravillado de la organización armónica de los astros. Aquel caos primigenio empezaba a tener sentido. Pero las órbitas planetarias descubiertas por la astronomía parecían repetirse también en lo más pequeño, en el interior del átomo, casi como si en ellos hubiera órbitas y la armonía de la naturaleza a nivel atómico fuera afin a la armonía de las esferas que se encontraban en el cielo. Pero así como Mendeleyev dejó aquellos lugares vacíos previendo lo desconocido, también un astrónomo llamado Halley se dedicó a estudiar lo irregular en aquel orden que cobraba sentido y observando misteriosas estrellas móviles descubrió también su periodicidad. Apoyándose en cálculos de probabilidad de ciertos estudios de Newton, acertó. El cometa que lleva su nombre vuelve a pasar cada 75 años, como el lo predijo, aunque jamás lo pudo llegar a ver.
Ladrillos
Había que buscar los ladrillos que con tan preciosa regularidad constituían los átomos. Por ello tal vez hubiera sido mejor usar el concepto hindú Parmanú, utilizado por el filósofo Kanada en el siglo VI a.C. que habló de ladrillos o bloques mínimos constituyentes de toda sustancia. Para ello surgieron las teorías cuánticas. En 1897, John Joseph Thomson encontró el electrón. Cinco años después Gilbert Newton Lewis construyó su modelo de átomo organizado por electrones en los vértices de cubos y en círculos concéntricos después. En 1911 un alumno suyo, Ernest Rutherford, imaginó los átomos como minúsculos sistemas planetarios. Muy parecido a como giran los planetas alrededor del sol, aunque dispersos como en una nebulosa, giran y rotan sobre si mismos los electrones a una velocidad vertiginosa en torno al núcleo, mucho más pequeño. Se sabe que no hay estado de calma, todo fluye, parafraseando a Heráclito en la constante dialéctica de lo existente. En el espacio subatómico suceden transformaciones relampagueantes pero ¿qué fuerza los mantienen allí? Una suerte de pegones o gluones se mueve entre neutrones y protones y no los deja separarse. Una fuerza de interacción parece mantener un orden en constante movimiento, tal vez la fuerza más poderosa del universo.
Interacción
La observación de la radiación mediante la fotografía de trazas dejadas por los rayos cósmicos ha permitido el descubrimiento de nuevas partículas elementales demostrando una vez más que microcosmos y macrocosmos están relacionados. La física de las partículas elementales ha permitido avanzar en el conocimiento de la materia y la estructura del universo. Lo curioso es que en aspectos tan científicos apegados a valores exactos y objetivos aparezcan denominaciones tan ambiguas cercanas a la poesía, como lo son la propiedad de extrañeza, encanto, belleza en la definición de las propiedades de estas partículas. El mismo nombre de Quarks no significa nada, Murray Gell-Man, no solo físico sino apasionado por la linguística y curiosamente emparentado foneticamente con un gran poeta renovador del lenguaje, el argentino Juan Gelman, lo denominó así tomando una palabra de un relato de James Joyce porque le atrajo la sonoridad poética de three quarks for Muster Mark… que figura en Finnegan´s Wake. Luego se descubrió que en alemán refiere a un tipo de requezón o cuajada y que Goethe la usó en un verso del Fausto de una manera muy ambigua y asombrosa por sus implicancias ("Der kleine Gott… in jeden Quark begräbt er seine Nase", el diosecillo tiene que meter las narices en todas partes) como designando los rincones más remotos del mundo. Incluso se habla de que las fluctuaciones cuánticas pueden excitar a las partículas, lo que provocaría la aparición de materia, algo que podríamos confirmar si un día se encuentra el Bosón de Higgs, quién la pronosticó, una partícula fantasma que tendría la propiedad de generar masa y podría ayudar a explicar lo sucedido en el inicio de esa singularidad original del Big Bang de la que nació nuestro universo. Se dice también que las partículas siempre están vibrando, como cuando yo miraba fascinado, en mi infancia, al polvo bailar en los rayos de luz que se filtraban por la ventana al despertarme, y existiera entonces una danza eterna de quarks que interactúan transformándose constantemente y creándolo todo. Tal vez a lo que hoy conocemos como partícula elemental mañana podría descubrírsele una estructura interna que termine con la creencia de su indivisibilidad, como sucedió con el átomo. Habrá que crear un nuevo marco teórico que incorpore todas las interacciones, las gravitatorias, electromagnéticas, la nuclear fuerte y débil que actúan en el mundo sub-atómico, en un paradigma cuántico o seguir tras las huellas de la teoría de las supercuerdas que nos llevaría a comprender otras dimensiones más allá de las cuatro conocidas. La representación determinista característica de la racionalidad de la civilización occidental en la época moderna que se articulaba en tres grandes postulados de espacio y tiempo absolutos y principio de causalidad estricto sobre un universo infinito y estático, que detrás de su fría razón muchas veces terminaba postulando al hombre como vínculo racional entre la naturaleza y dios, como propuso Leibnitz, tiene que ser reemplazada por una nueva racionalidad. Una nueva racionalidad que, desde el paradigma de la complejidad, sea capaz de integrar de forma coherente y consistente azar y necesidad. O habrá que pergueñar una nueva metáfora del conocimiento, ya no sobre la base de un edificio con cimientos y ladrillos sino como una red dinámica de relaciones como lo predice la teoría Bootstrap que unifica las teorías cuánticas con las de la relatividad, como la expone Geoffrey Chew:
..."la naturaleza no puede ser reducida a entidades fundamentales, como bloques de materia, sino que debe entenderse plenamente a través de la autoconsistencia de sus elementos" (...) no acepta ninguna entidad fundamental en absoluto: ninguna constante, ley, ni ecuación fundamental (...) el universo se ve como una red dinámica de sucesos interrelacionados, ninguna de las propiedades de cualquier parte de dicha red es fundamental, todas se desprenden de propiedades de otras partes y la consistencia global de sus interrelaciones, determina la estructura de la totalidad de la red".
Definición que parece acercarse mejor a la realidad cuántica aunque, paradójicamente, su descripción exacta no implica predeterminación alguna sino que describe lo que ve y donde esa mirada es ya una interacción.
Real-i-realidad
Las entidades cuánticas como electrones, fotones y otras partículas elementales, como los ínfimos quarks, tan cercanos a la nada, que componen los protones y neutrones, tienen ciertas propiedades que se mantienen en un estado indeterminado sin manifestarse hasta tanto sean forzadas debido a una observación que se realiza sobre ellas. No se sabe de antemano cual será el resultado. La mecánica cuántica solo predice probabilidades de ocurrencia. Antes, cuando un científico observaba y medía, estaba ganando conocimiento acerca de un estado pre-existente y determinado. La mecánica cuántica descubre que algunas cosas muy pero muy pequeñas que conocemos ahora no están determinadas salvo cuando son observadas y solamente en ese momento toman un valor definido y concreto. El concepto de realidad local, tan caro a nuestra matriz de pensamiento y que Einstein defendió vehementemente hasta su muerte en polémica con Bohr, nos impide concebirlo. Realidad significa que las cosas tienen características intrínsecas propias, las cuales no dependen de que sean observadas. Local significa que ninguna transferencia de información entre dos puntos puede hacerse a una velocidad superior a la de la luz. Este concepto también se conoce como la no acción a distancia, la no existencia de conexiones ocultas entre las cosas. La física clásica cree que los sistemas físicos tienen ciertas propiedades y lleva a cabo experimentos que nos brindan información acerca de dicho sistema físico pre-existente. Pero la cuántica implica la conjunción de dos cosas de igual importancia: un sistema físico y un mecanismo de observación. Con ciertas entidades cuánticas no podemos definir ninguna clase de realidad física a menos que describamos el sistema físico que estamos investigando y el tipo de observación llevada a cabo sobre dicho sistema. Esto es asombroso, dado que nuestro intelecto ha sido educado en la premisa de la existencia de una realidad externa, objetiva y definitiva. Es difícil aprehender el concepto de que una realidad se materializa en el acto de observarla, hasta tanto eso no ocurre no existe esa realidad tal como la veo. Cuando miro, lo que veo es lo que miro.
Ligación
No creo que la conciencia crea la materia, idea tan cara al idealismo filosófico y que en última instancia le abre una puerta a dios, sino como propiedad de la materia altamente organizada está directamente implicada en el proceso que describe. Descripción,no de la existencia, sino del comportamiento dado de algo en el momento de la observación. Por ello me atrae tanto aquella idea de Bohm de que lo que afecta a una partícula afecta a todo el universo porque todo forma parte de todo en un sistema interconectado del cual todavía desconocemos muchas de sus formas inter-relacionales, esas conexiones ocultas. O la idea de Heisenberg de que el mundo cuántico está hecho de posibilidades que no se concretan salvo una que observamos suceder. Esas posibilidades están allí en movimiento, en danza, hasta que algo, una o varias fuerzas relacionadas, las obliga a concretarse y entonces una de las posibilidades posibles es la que resulta. Todo lo que ocurre surge de ese mar de posibilidades en el mundo de las partículas cuánticas. El mundo no observado consiste en un racimo de posibilidades cada una con un valor probabilístico de ocurrencia. Prescindiendo de la idea de predeterminación, tan deseada por los que necesitan que todo esté escrito o que alguien o algo lo halla predeterminado así, la realidad y el futuro son una construcción, ya hablemos de los quarks más elementales con su mágica danza, si no creadora, creativa, o del ser humano ligado al universo. Religión quiere decir re-ligación. Religación con dios. Para mí solo hay ligación, seamos conscientes de ella o no. La religación es producto de la necesidad y de la fantasía humana. Pero dios o el espíritu tienen cuerda para rato porque en nuestro conocimiento de la materia es probable que nunca lleguemos a conocerla totalmente. Allí es donde el ser humano expone su capacidad o incapacidad para convivir con el misterio, con la incertidumbre. Dios, entonces, como necesidad, no como dogma impuesto por los que afirman su existencia, adquiere un grado de validez muy superior, pues basta con que uno solo crea en él para que exista como tal. Para ello creamos los dioses a nuestra imagen y semejanza. Antes se eliminaba a los no creyentes, porque el acto de religación, fuera de su marco personal interactúa con todas las relaciones sociales del hombre y en especial con las formas de poder. Hoy, con el avance del conocimiento, lejos de extirpar o eliminar a los creyentes, debemos respetar sus creencias y comprender sus necesidades, no como una enfermedad pasajera de la que ya se curarán, sino como expresión de la rica diversidad humana, pero a condición de que no la sobredimensionen y que acepten de una buena vez que no son más que eso, creencias, lo que realmente las hace importante y le otorga plena validez, fruto de sus necesidades y de su singular capacidad creativa. Lamentablemente las religiones tienen una enorme capacidad para perder esta esencia tan simple absolutizando a un dios para desabsolutizar al hombre cuando debería ser a la inversa. Es que la religión parece tomar muy en cuenta, y por experiencia propia, la importancia de las mediatizaciones. Toda religión, tarde o temprano, termina endiosando a los mediadores. La cristiana, con su tránsito paradigmático desde aquella fermental asamblea, ese el significado de la palabra Iglesia, hasta la entronización del poder papal, es sólo un ejemplo. Marx, alejándose del anticlericalismo vulgar pero también del dogmatismo de muchos de sus futuros seguidores que lo fosilizaron en la famosa y descontextualizada frase de la religión como opio del pueblo, afirma su Introducción a la crítica de la filosofía del Derecho de Hegel que…
“La tarea de los comunistas no consiste en convertir a todas las gentes en ateas sino en la transformación revolucionaria del mundo, en el derrocamiento de todas las relaciones en las que el hombre es un ser humillado, subyugado, indefenso y despreciado.”
Y agregaba que la crítica ha arrebatado las flores imaginarias de las cadenas no para que el hombre arrastre cadenas carentes de fantasía sino para arroje las cadenas y rompa la flor viva. Gramsci afirmaba que hay que valorar la religión no en su sentido confesional sino laico de unidad de fe entre una concepción del mundo y una manera de conducta acorde, pero se preguntaba ¿por qué llamar a esa unidad de fe “religión” y no llamarla ideología o incluso política? Demás está decir las absolutizaciones que en la práctica humana también han recibido conceptos como política, ideología, los endiosamientos de la palabra revolución o la importancia a veces tan trágica de las mediatizaciones que han sufrido.
Miradas
Lo que hoy seguimos llamando caos es nuestra incapacidad para descubrir el orden que lo gobierna de la misma forma que orden expresa nuestra incapacidad actual para entender el caos que lo impulsa.Ignoro lo que nos depara la física cuántica para la comprensión de ese mundo micro tan unido a lo macro ni cual es la verdadera fuerza de la interacción que tanto atrae a esas partículas minúsculas que hemos ido conociendo, de la que estamos hechos y de lo que está hecho todo. Sólo creo entender un poco mejor, ahora, esa extraña sensación que siento al mirar a la mujer que amo intuyendo que a ella le sucede algo parecido y creyendo saber que eso que nos pasa solo sucede para y por nosotros y solo aquí y ahora.
Xabier

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

PABLO CARDENAS dijo
PARA QUE HACEN ESTO S
11 Agosto 2005 | 01:33 AM