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Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

3 Junio 2005

FUTBOL Y TELEVISIÓN (VIII)

Y, sobre todo, el producto futbol como objeto de consumo, como objeto de distracción y puro entretenimiento, como un producto maleable, ajustable, programable y producido como cualquier telefilm y al que se lo puede valorar por su interés argumental, por la articulación de sus secuencias, por lo inesperado de su desenlace o la calidad profesional de sus actores. Es la conversión del hincha religioso en un espectador secularizado, algo que tampoco es malo en sí mismo pero sí diferente. La enorme exposición del futbol por la TV, que lleva al hincha apasionado a mirar partidos donde no interviene su equipo ni su país y donde se disputan puntos en lejanos campeonatos ¿Modifica la religiosidad del hincha en beneficio del espectador?

Por cierto, la leyenda cuenta y Alfred Wahl lo recoge en su libro “La historia del Futbol” que la palabra “Hincha” tiene su origen en Uruguay. Se le otorga a un aficionado del Club Nacional de Football, encargado de hinchar los balones, además de ser el más bullanguero y entusiasta seguidor desde la grada. Era el más “Hinchador” En la actualidad, es el equipier quien infla las pelotas aunque algunos le disputan metafóricamente la tarea.

El espectador consume el espectáculo mercancía pero el hincha forma parte de la ceremonia, es parte del acontecimiento y del espectáculo. El espectador termina cuando termina el partido, pasa la tarde con el futbol, el hincha, en cambio, la precede y la sucede, vive en una intrincada red de relaciones parafutbolísticas. El primero puede salir indemne del suceso, el segundo está afectado e infectado, por eso es un Tifoso.

Por eso los programas han establecido esas secciones llamadas el antes y el después, porque necesitan revivir en el espectador televisivo parte de la tradición del hincha y sus maneras de vivir los partidos, o de sufrir, porque a la cancha se viene a sufrir dicen los hinchas, y no solo los de esos cuadros especializados en derrotas consuetudinarias. Pero esa función de recreación catártica de recrear las vivencias es eminentemente local y no es, salvo excepciones, difundida internacionalmente. No solo no tendría mucho sentido sino que sería contraproducente. Para el espectador no hay mitología ni idolatría sobre la que no pueda ejercer algún pensamiento crítico, para el hincha, el futbol tiene un agregado de religiosidad esencial. En la catedral del futbol, y no me refiero a Wembley, el espectador es el público pero los hinchas son los fieles.

Al futbol como fenómeno histórico, pertenecen las estructuras que lo gobiernan en tanto espectáculo – mercancía y, como no histórico, las que lo modelan como ceremonia – acontecimiento.

En el Espectáculo – Mercancía, el tiempo es el tiempo de la historia entendida como diacronía. En la Ceremonia- acontecimiento el tiempo es el simbólico, es el tiempo como sincronía. En el se recupera parte del tiempo circular del juego arcaico que no tiene fin, que siempre recomienza. En otro sentido, la enorme calesita de partidos y eventos que pueblan y hasta pautan la agenda deportiva y social, recupera ese sentido de que todo sigue. No en vano se dice que en el futbol siempre hay revancha. Ese parece ser el leiv motiv que la TV susurra al oído y muestra a los ojos del espectador para cautivarlo como consumidor compulsivo.

Al analizar el espacio en la relación espectacular, vimos la impronta de la negación de toda clausura espacial en el modelo carnavalesco antiguo. La calle tomada por asalto en el marco de la festividad de Rey Momo, rey sin trono ni corona, y donde la única ley imperante es la de jugar a comportarse a la inversa de lo normal. El carnaval medieval era el reverso de la realidad. Pero la negación de toda clausura era espacial, no temporal. Tales festejos subvertidores del orden instituido eran tolerados por las autoridades, precisamente por operar como una válvula de escape que permitía volver a la calma el resto del año. Repito, su no clausura era espacial, no temporal.

Una característica esencial del discurso televisivo, es la negación de toda clausura temporal. La TV se prolonga ininterrumpidamente hacia el infinito con un discurso permanente e interminable. Los programas, ya en su carácter de unitarios o de ciclos, están en función de la programación total, el verdadero ciclo, porque el show debe continuar. Su símbolo no son solo las cadenas de cable y satelitales con su flujo constante las 24 horas, también el zapping, con el que zafamos de la mediocridad nos mantiene atrapados, en su rica y variada cadena secuencial, en la red todopoderosa del goce visual. Una metáfora, en tanto, podría ser la ese televisor parpadeante y encendido constantemente en el hogar, aunque no se le preste atención total porque ¿Es importante la comunicación? ¿Hay comunicación real en la TV?

Para Jesús Gonzalez Requena tiende a estar abolida en el proceso porque, para el espectador consumidor, el discurso televisivo no es comunicativo y todo gira en torno a una pulsión visual que es satisfecha. Y allí, tal vez, radique la esencia de la función de la televisión en manos de los buscadores de lucro, no solo en la satisfacción de un deseo, sino en la generación del mismo.

El futbol por TV es parte del espectáculo – mercancía donde participa el tiempo de la historia. En la ceremonia se trata del gran tiempo, no el cronológico sino el mítico, un espacio que es el de la escena tribal y una energía que es la libido. Su destinatario es el hincha cuya adhesión al futbol está impregnada de esos elementos míticos, tribales, religiosos que multiplican el suceso y lo trascienden. La TV exalta y resalta a ese hincha como componente cuasi escenográfico fundamental y pintortesco del producto a ofrecer pero sus intereses están puestos en la formación del espectador consumidor. Incluso se podría hablar de que el tratamiento específico que recibe el hincha tradicional es producto de su clasificación como consumidor altamente segmentado sobre el que hay que incidir en base a sus particulares códigos.

Xabier

Continuará...

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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