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La Coctelera

KaosmoS

Palabras despalabradas, sentidos sin sentido, imágenes inimaginadas y todo lo que usted no quería saber pero se atrevió a preguntar...

30 Mayo 2005

PISCINAS

Piscina: del griego piscis, pez.

ÚTERO
No recuerdo nada pero sé que estuve allí. Piscina climatizada e idílica si las hay. La plancha se hace en posición fetal flotando en el líquido amniótico con el salvavidas del cordón umbilical. Algunas culturas indígenas mantienen la costumbre de parir en el agua. Miles de años después, la medicina moderna apenas lo ha planteado y son una ínfima minoría los nacimientos en inmersión. Algunos especialistas afirman que es más natural y menos traumático. Vine al mundo en casa, en una cama de hierro con manivela y todo lo que permitía ascenderla inclinadamente como la de los hospitales. Mi madre había parido cuatro hijos, los tres primeros en el campo, por lo que conmigo solo pidió la ayuda de una partera experta. El médico pasó después a firmar el certificado. Mi shock parece que no fue tan complicado. Dicen que lloré al tiro y después me callé en los lácteos brazos de mi madre. Dormí en esa misma cama por muchos años pero ahora me doy cuenta que las paredes de esa habitación estaban pintadas de un azul celeste que siempre me calmaba y no sabía por qué.

FUENTE
Tenía cuatro años. Verano. Vestía un trajecito de camisa y pantalón corto de un amarillo chillón. Estaba en la Plaza del entrevero, nombre popular que se impuso al oficial de Plaza Fabini que casi todo el mundo asocia con el músico cuando es en honor del ingeniero. Pero el entrevero no solo es ese. El entrevero se denomina el monumento que está en el centro. La plaza tiene una gran fuente que rodea a la escultura que recrea una montonera gaucha donde es casi imposible saber cuántos caballos y jinetes hay en la reyerta. También tiene seis fuentes más pequeñas. Estaba jugando en el borde y caí. Sentía que me faltaba el aire mientras me hundía pero abrí los ojos y descubrí fascinado un mundo de azulejos brillantes. El sol se filtraba y todo era luminoso. Tuve miedo pero intenté poner un pié en el hueco de una lámpara cuando me levantaron de un tirón y quedé colgado en el aire sostenido por un hombre. Recuerdo mis pucheros mientras me chorreaba el agua y mi mamá intentaba secarme con un pañuelito de mano. Nos volvimos en un ómnibus con la santa paciencia de mi madre a mi costado mientras yo miraba por la ventanilla con la cara más seria que jamás he tenido.

MAR
La primera vez que ví el mar no me enteré. No sé si me impresionó mucho, poco o nada esa masa azul tan cotidiana para nosotros. Esa es la mayor diferencia entre argentinos y uruguayos, mejor dicho, entre bonaerenses y montevideanos. Lo que ante Buenos Aires es río, frente a Montevideo es mar. Ellos viven casi de espaldas al río, nosotros de cara al Paraná Guazú, como le llamaban los indios y que en guaraní significa: río ancho como mar. Y el mar es como una piscina grande, muy grande pero piscina al fin. Supongo que habré entrado al agua de la mano de alguien y jugar en la orilla de fue transformando en un hecho simple y rutinario apenas alterado por alguna ola imprevista. Ninguna tsunami de la que presumir. Solo recuerdo que miraba la Isla de las gaviotas frente a la Playa Malvín y me parecía lejísima y toda la playa era enorme hasta que se fue achicando a manera que perdía la mirada de la infancia.

PILETA
A los ocho me inscriben en un club deportivo para hacer gimnasia y natación. Yo era de los que jugaba desde la mañana a la noche en la calle. No entendía aquella disciplina ni me gustaba hacer fila para todo. Era sapo de otro pozo y cuando nos llevaron a la pileta quería salir corriendo. Otra vez nos formaron en una fila larga y era de los últimos. Peor. Cuando ví de qué se trataba empecé a temblar y me castañeteaban los dientes y disimulaba frotándome como si hiciera frío pero hacía un calor de locos y del agua subía un vapor que nublaba todo. Uno a uno nos tiraban en la parte honda y los veía caer y desaparecer en el agua hasta que reaparecían dando manotazos. Me quería ir pero el de atrás me empujaba y no tenía escapatoria. Cuando me tocó el turno, el profesor se dio cuenta de mi pavor y me dijo que sólo me dejara caer como un soldadito. No me sirvió de mucho porque en las películas de guerra cuando los soldados caían es porque se morían y cerré los ojos y volví a sentir el ahogo de la plaza y cuando los abrí estaba todo oscuro y había mucho más agua y me seguía hundiendo y empecé a patalear y a moverme y los oídos me estallaban y quería gritar y respirar hondo hasta que paré de bajar y pude ver un poco de luz allá arriba y empecé a subir pero creí que jamás llegaría a la superficie hasta que saqué la cabeza y me tragué todo el aire del mundo junto con un poco de agua que escupí tosiendo y comencé a mover los brazos porque me hundía otra vez hasta que por fin llegué al borde y me quedé agarrado, temblando, pero no hice pucheros esa vez.

RITUAL
Cuando tenía once años fuimos caminando por la costa. Éramos cinco amigos de la cuadra. Pedimos permiso para ir tres playas más allá, hasta Pocitos. Nos dejaron, con la condición que volviéramos antes de la cinco para tomar el bus de regreso. Mentimos. Queríamos ir un poco más lejos, hasta las piscinas abandonadas de Trouville. Eran dos piletas públicas, grandes, que se llenaban con agua del mar por una bomba que la succionaba de entre las rocas. Todavía tenían agua pero la parte baja quedaba expuesta y estaba llena de escombros con los restos de las torres del trampolín que había sido demolido. El agua estaba podrida y era de un verde oscuro y viscoso. Jugamos a la ruleta rusa tirando piedras contra una pared para sortear el orden y me tocó segundo. Aldo era el primero. Había que lanzarse del borde que estaba a un metro del nivel de aquel líquido sucio. No se sabía la profundidad ni si había piedras o pedazos de hormigón pero aquel rito ya era popular en la ciudad. Había que tirarse. Aldo era el que mejor nadaba de todos nosotros pero presentí algo. Estaba parado en el borde y amagaba. Había que entrar al agua de cabeza, era la apuesta, y yo lo sentí dudar. Estuve a punto de decirle que no se tire, que no se preocupara, que yo tampoco lo haría, que no valía la pena, que ninguno lo haría pero sin darme tiempo a nada lo ví caer cabeza abajo y perderse en aquella agua oscura y los segundos pasaron eternos y silenciosos, no se escuchaba nada y el mundo se paró de golpe y todo el ruido de la rambla con los autos y la gente, allá a lo lejos, se acalló por completo y yo nunca había sentido un silencio así hasta que salió de un salto con la cara de repugnancia que jamás le he visto a nadie nunca. Después me tiré yo y todos y volvimos abrazados, amigos para siempre.

AHOGO
Años después trabajé en una piscina con niños discapacitados enseñándoles a nadar y acompañándolos en el agua oficiando de guía. Voy a la playa. Me ha tocado cruzar más de un arroyo y algún río pero cuando refresco mi cabeza bajo el chorro de una canilla en algún día de verano y el agua me corre por el pelo y baja por mi cara e inunda mi nariz y mi boca, vuelvo a sentir aquel mismo ahogo en la lejana fuente de la Plaza.

Xabier.

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Meritxellgris

Meritxellgris dijo

El relato me ha encantado.Ahora que voy a apuntar a mis hijas pequeñas a las clases de natación me ha dado un toque sensible y me ha hecho pensar y recordar mi propia experiencia con el agua. A mí siempre me produjo bastante respeto y espero que no lo hayan heredado mis hijas...

30 Mayo 2005 | 10:34 AM

Xabier

Xabier dijo

Hola Meritxellgris, gracias por tus palabras, a mi me gust[o escribirlo. Fue a partir de una propuesta de narrar algo sobre piscinas. Y no creas, yo le tengo mucho respeto al agua, no pienso que sea algo malo si no se tranforma en temeridad y te impide disfrutar. Creo que es esencial para aventurarse en ríos y en el mar. Siempre bromeo que gracias a ese respeto seguro que nunca moriré ahogado pero quién sabe. La mayor imprudencia la cometí hace muchos años al tirarme a cruzar un arroyo crecido muy cerca de su desembocadura en el océano en vez de esperar a la barca que en algún momento aparecería. Pero iba con una fémina recién conocida en pleno viaje y no era cuestión de echarme atrás. Lo curioso es que en medio de la correntada crucé las dos mochilas y un bolso en tres viajes de ida y vuelta y cuando me disponía a llevarla en brazos, la parte interesante, apareció el barquero y ella cruzó espléndida sin mojarse ni una gota. Como odié aquella barca.

30 Mayo 2005 | 10:45 AM

yanira gonzalez saebedra

yanira gonzalez saebedra dijo

oye, aber cuando me invitas a tu piscina, me encanta, bueno, tampoco tanto, pero me gusta.
me encantaria poder bañarme en esa piscina, y tb mi `prima. bueno piensatelo

15 Julio 2005 | 03:30 PM

IeriWinner_42

IeriWinner_42 referenció

IeriWinner_42

HI! I've have similar topic at my blog! Please check it..
Thanks.
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14 Febrero 2007 | 01:04 PM

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Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas. Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.
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