BREVE COMENTARIO IMAGINARIO SOBRE UNA PERCEPCIÓN REAL O VICEVERSA
Sobre "Yo y la aldea" de Marc Chagall
La mitad superior del cuadro tiene un mayor peso visual ya que en ella se hallan los ojos de los personajes de mayor tamaño: el asno y la cara verde. La cabeza del asno ocupa la parte superior izquierda. El ojo y la mirada remarcada por la la línea punteada y la dirección de las cabezas acentúan la relación con la mirada perdida de ese perfíl de hombre, ¿el propio Chagall? así como también se relacionan el hocico con la nariz y la boca.
Movimiento
La cara verde, más la gorra y el cuello, ocupan toda la franja lateral derecha pero un tanto inclinada. Abajo ocupa más espacio que arriba, aspecto acentuado por la mano con el ramo de flores iridiscentes y por la línea que, bajando desde la nariz, se fuende en el hocico y continúa hacia abajo marcando la zona de influencia. El personaje gana espacio en la parte inferior y sumado a su nivel más bajo en la altura de los ojos, provoca una inclinación mayor, el inicio de una suerte de movimiento circular que partiendo del ojo del asno, va hacia la cara verde, baja por esta hacia las flores y continúa ascendiendo por la izquierda a través de la esfera, mitad rosada, mitad blanca que parece orbitar por la línea del círculo para volver hacia el ojo a descubrir los personajes más pequeños: la mujer que ordeña la cabra, el segador que camina subiendo una leve pendiente, la mujer que vuela o levita invertida y el paisaje de la aldea.
Todo ese movimiento, esa suerte de espiral de recuerdos parecen girar en sentido horario alrededor del círculo, muy sutíl que surge en el centro del cuadro. Pero ese círculo está un tanto más abajo, como equilibrando el peso visual de la parte superior cargada de personajes y de símbolos bien nítidos, con el de la inferior en la que los detalles, incluso los más figurativos, aparecen algo transformados, como en un tránsito hacia un lenguaje más abstracto al estilo de las primeras improvisaciones de Kandinsky.
Ritmo
Toda la cara verde está texturada de matices, de un juego de luces y sombras, brillos y oscuridades que, junto a los tonos luminosos de los colores del cuello y de la mano, se balancean por oposición, con los mismos tonos de las posibles nubes sobre la cabeza del asno. Ahora bien, ese balance no es fijo, no es estático, mantiene el ritmo del movimiento. Si se observan los cuatro ángulos, las zonas más alejadas del epicentro, como si fueran los bordes de unas aspas que giran, se ve que son los puntos más evanescentes del cuadro. Si nos detenemos en el análisis de su peso visual, el ángulo superior izquierdo tira hacia la derecha rumbo al negro cielo de la aldea. En el superior derecho, la tela de la gorra flota pero es empujada hacia abajo por la visera. En el inferior derecho, el fuerte anaranjado y su contraste con el frío azul nos llevan hacia los dedos de la mano. Por último, en el inferior izquierdo, el rosa esfumado en blanco tiende a subir completando el movimiento.
Fondo y figura
Chagall plasma en este cuadro muchas de sus influencias parisinas de principios del siglo: el cubismo, el colorismo de los Fauves y los aportes del orfismo de Delaunay y su intersección de planos, mezclándolas con la poesía visual de su personal estilo Naif. Pero en Chagall, el uso de figura y fondo es tan dialéctico que es indisoluble, siendo a la vez ambiguo. Lo que en un sentido es forma, en relación a otro, es fondo, creando una interrelación entre todos los elementos que componen la tela. Por ejemplo: la forma de la visera es también parte del terreno que continúa y da profundidad al paisaje de la aldea o las orejas del asno transmutándose en nubes del cielo.
También se pueden distinguir algunas líneas que marcan diagonales que se cruzan en el centro, en el hocico del asno. De ese centro se desprenden triángulos hacia los lados en los que se componen las diferentes escenas y personajes. Desde el punto de vista del color, el verde adquiere un peso muy fuerte, equilibrado por la luminosidad del cielo azul que sirve de fondo a la imagen de la cabra, pero esa desigualdad de tamaño, más la levedad de los tramos esfumados en rosado y blanco juegan en función del movimiento circular antes mencionado.
Este cuadro parecería ser la lírica y súbita cristalización de las imágenes de los sueños que giran en un torbellino de colores ante los ojos de un hombre, del que Picasso dijo una vez...
"cuando Chagall pinta, sueña"
Xabier

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

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30 Agosto 2006 | 12:20 AM