DONDE HUBO FUEGO, CENIZAS QUEDAN...
Apuntes sobre Fahrenheit 9/11 y el desprolijo Michael Moore
Debate
A veces imagino a Michael Moore tarareando... Un elefante molesta a mucha gente, dos elefantes molestan mucho más… No es una alusión a su gordura sino a la monumentalidad de su obra. Ahora que casi se ha apagado el fuego de su Farenheit 9/11 quiero aprovechar para hacer un par de reflexiones. La derecha, no solo la norteamericana, no se caracteriza por sus pruritos estéticos, sin embargo, a la hora de entender, mal que le pese, que es mejor no hacer olas, intentan cuestionar el documental por sus aspectos formales e introducir un debate sobre las groseras manipulaciones y los descuidos del lenguaje cinematográfico del estilo Moore. Sin ser ingenuos, lejos de cerrar puertas al intercambio de ideas, deberíamos abrirlas de par en par, pues el fenómeno Michael Moore puede ayudar a sacar algunas experiencias. Una primera reflexión sería desterrar la idea de purísima pureza o suprema objetividad del documental. Un documental no capta la realidad, solo una parte de ella. Toda captura mediatizada por la lente implica una manipulación por la elección de un punto de vista, una posición de cámara, un tipo de plano, el propio lente, etc, que configuran una perspectiva determinada y destierran toda pretensión objetivista. Pretensión contrabandeada hasta el hartazgo por el complejo sistema de medios masivos de información que ahora parecen descubrir la paja en el ojo de Moore sin ver la viga en el propio. Pero es bueno pensar acerca de cual es su estilo y cuales serían sus desapegos formales.
Forma y contenido
No pueden ser disociados y el cine, tanto ficción como documental, ha tenido un constante aluvión de aportes en su lento tránsito desde una curiosidad de feria a su consagración como arte. Al estilo Moore se lo pretende etiquetar de desprolijo, grosero, confrontacional y, faltaba más, televisivo. Y no solo a su estilo, a él también. Cuando Moore despachó su arenga en la entrega del Oscar, más allá del smoking, hay una tendencia a verlo como desprolijo, tal vez por su gordura o pachorrienta manera de caminar. Estoy convencido que algunos, aunque sea por una cuestión de imagen, preferirían que fuera anoréxico con tal que tuviera una cara bonita y un andar más ágil. Después de todo, en el fondo, pobre gordo, tiene razones para ser un resentido. Si encajara en el estereotipo de belleza, aparte de ser directo, sería valiente como un príncipe, incluso por lo que arriesgaría a perder. Qué bonitos son los lindos, incluso cuando critican. Eso es parte del sistema de valores que la cultura dominante propaga y tantos repiten y contra ellos también lidia Moore.
Directo
Es directo, no anda con vueltas a la hora de poner la cámara frente al dolor de una madre o mostrar las heridas de los mutilados por la guerra. Es personalista y su nombre ya es una marca registrada que también sabe dirigirse a su mercado. Pero por qué deberíamos objetar su incidencia masiva, que habría que relativizar en términos estadísticos, cuando ha logrado crear un código con un público que estaba muy por fuera del cine documental y del cine político. Puede parecer y ser un tanto esquemático y hasta simplista en su presentación del malo en cuestión y eso puede rechinar en ojos y oídos proclives a miradas más estetizantes pero nunca debemos subestimar su capacidad de comunicarse con un público norteamericano que no suele andar por esos carriles. Hay que entender el contexto del cual emerge y en el cual se inserta por más que sea exportado y nos llegue a través de la poderosa maquinaria distribuidora del cine industrial norteamericano. Llegar allí tampoco fue fácil, basta saber los intentos de Disney por no distribuirla, aunque hay quienes piensan que todo fue parte de una jugada maestra de Harvey Weinstein, de Miramax, para potenciar el lanzamiento. Es cierto que su retórica puede sonar tan fundamentalista en su oposición a la de Bush que podría terminar pareciéndose. Hablo del discurso, no de quien lo emite. Algunos, desde sectores progresistas, reaccionan contra lo que creen un panfleto. El punto es que hay momentos en que hay que tirar panfletos. Y además, hay que saber tirarlos para que lleguen a donde se quiere llegar. Otros piensan que la moda Moore ha revalorizado el cine documental pero esa valoración puede ser un callejón sin salida. Como siempre, lo importante será la capacidad de no imitar y de buscar y crear desde diversas escuelas y estilos que permitan una diversidad que enriquezca el género.
Estilo
¿Pero cual es su estilo y por qué incomoda? Moore apela a una estética que re-codifica el lenguaje televisivo, entre otras cosas porque tiene una larga experiencia en el. Esto no quiere decir que no sea cinematográfico. Todo el cine ha estado influenciado por la TV y viceversa. Jesús Gonzalez Requena dice en El discurso televisivo como espectáculo de la posmodernidad :
“El cine y la TV tienen la tendencia a fagocitar a todos los demás espectáculos, todos tienen cabida en la TV a costa de someterse a su código de la configuración espectacular; la TV tiende a constituirse en el único espectáculo.”
Moore utliliza su voz como voice over para comentar y desmitificar, vuelve la cámara tras su figura para acompañarlo en sus periplos de preguntas sin respuestas frente a los que con su silencio pretenden decir de eso no se habla como en las antecesoras Roger and me y Bowling for Colombine. Utiliza con maestría la música como contrapunto y me hace recordar aquel juego casi de video clip experimentado por Kubrick en la genial y corrosiva Dr. Strangelove (que en su loca ficción se acercaba a lo casi documental) Recopila y re-edita imágenes y sonidos para formar un collage, casi un rompecabezas que va tomando forma hasta que todas las piezas encajan, no en la realidad, mucho más compleja y rica, sino en la realidad del filme. Se lo acusa de manipulador, delito compartido por todo director y montajista que se precien aunque cabe para todo aquel que trabaje en cine. La acusación de ser televisivo pone en evidencia, no al documental de Moore, sino a la TV.
Televisión
Lo que Moore hace es re-codificar lo re-codificado previamente, separado, cortado, amputado por la TV y que nunca, o casi, nos llega unido. Re-codifica al cine para unir lo que en la TV queda censurado, clausurado. A veces, por su ausencia, otras por fragmentación, otras veces por sobre-exposición. Porque, como decía Godard “ La televisión fabrica el olvido.” Porque en la TV, la realidad, cualquier realidad, se vuelve espectáculo. Y un espectáculo constante. Una característica esencial del discurso televisivo es su negación de toda clausura temporal. La TV se prolonga ininterrumpidamente hacia el infinito con un discurso permanente e interminable. Los programas, ya en su carácter de unitarios o de ciclos, se suceden porque están en función de la programación total, el verdadero ciclo, porque el show debe continuar. Su símbolo no son solo las cadenas de cable y satelitales con su flujo constante las 24 horas, también el zapping con el que pretendemos zafar de la mediocridad nos mantiene atrapados, con su rica y variada cadena secuencial, en la red todopoderosa del goce visual. Su metáfora podría ser ese televisor parpadeante, constantemente encendido en el hogar aunque no se le preste atención total, porque, después de todo… ¿es importante la comunicación en la TV? Para Gonzalez Requena, esta tiende a estar abolida en el proceso porque, para el espectador consumidor, el discurso televisivo no es comunicativo y todo gira en torno a una pulsión visual que es satisfecha. Tal vez allí radique la esencia del manejo de la TV, no la satisfacción de un deseo sino la generación del mismo. El espectáculo televisivo tiene características particulares en relación al efecto operado en el televidente. Se ha comprobado la facilidad con que este es capturado y mantenido por una emisión que el mismo considera mediocre, como si hiciera falta un gran esfuerzo para arrancarle de esa contemplación pasiva. Esa pasividad, que facilita el dejarse llevar a otro mundo, a otro estado donde todo se realiza sin su intervención. La TV mantiene nuestros contactos habituales mientras contemplamos lo espectacular, nos convertimos en televidentes sin dejar de ser lo que somos, como dice Paul Virilio “… Ese mundo al que todo llega si que halla que partir…”
Poder
Fahrenheit 9/11 se ve en el cine, en donde todo esto también suele suceder pero sucede en un contexto ajeno a nuestra cotidianidad. El espectáculo en la sala oscura corta el cordón umbilical con nuestra existencia. Los que critican a Moore por ser televisivo deberían mirar un poco más la televisión. Y es que la TV une y separa, informa y deforma, transmite y manipula brinda conocimientos y estupidez, educa y aliena, distrae y aburre. Lo que está fuera de discusión es su presencia rotunda en el devenir cotidiano y que sea difícil escapar a su influjo y embrujo. Pero a los ojos del espectador no solo se descargan rayos catódicos, también destellan electrones ideológicos que bombardean constantemente sin que estos nuevos adalides de la pureza formal pongan su grito en el cielo. En la sociedad moderna la TV desempeña una de las funciones más antiguas y tradicionales de las imágenes, visualizar los mitos e integrar al individuo en el todo social. Recrea los ritos y los mitos fundamentales pero no es solo una mediadora, es una reforzadora de los símbolos de una cultura. El problema con Moore es que va contra el poder, al menos, contra el de turno, pero con todo respeto, algo es algo y no es poco, es más, hoy por hoy, es mucho.
Xabier
* Publicado en EL DIARIO ESPAÑOL de Sydney, Australia, el 29 de marzo de 2005

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.

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28 Agosto 2006 | 12:23 PM