21 gramos
CINE CON ALMA Y VIDA
Dicen que el cuerpo humano pierde 21 gramos al morir.Quizá sea el peso absorbido por los que nos sobreviven o tal vez sea el peso del alma.
Intensidad
21 gramos es la película más intensa que he visto en mi vida. Me cuesta creer cómo la gente se puede parar al instante de aparecer los créditos finales y salir caminando como si tal cosa de la sala. Quedé hundido en la butaca y solo me moví cuando se extinguía la última nota de la música y se apagaba la pantalla. Pocas veces he tenido una sensación tan fuerte, un nudo en la garganta, el corazón en la boca, el alma en un hilo.
Latinidad
Es una película Made in USA. No está situada en México ni hay un solo personaje mexicano, ni siquiera chicano. Pero es mexicana por donde se la mire. Las cabezas del grupo son los mismos de Amores Perros, aunque Santaolalla, el responsable de la música, es argentino. Los que viven pendientes del Star System no podrán negar la importancia de este desembarco latino en Hollywood; pero lo que tampoco podrán negar es que va a contracorriente del lugar común. Ese que expresa la mirada con que el norte nos ha visto casi siempre. La misma que reproducen tantos ojos nacidos al sur del Río Grande. Lejos de lo latino como marca registrada anclada en esa moda superficial que exporta la peor música y todos los clichés estereotipados habidos y por haber de lo que sea, este proyecto, por el contrario, nos representa profundamente. Y también va contra las recetas de la gran industria del cine, no solo en su estética, también en su producción, muy lejos de los megapresupuestos de los Studios. Seguro que está película costó muchísimo menos de lo que vale, lo que habla de la importancia del manejo inteligente de la producción y de cómo generar una obra de arte que, además, se mete como cuña en pleno corazón del sistema de distribución y exhibición. Sus cualidades artísticas son tan importantes que pueden hacernos olvidar el arte imprescindible de desarrollar los aspectos comerciales, porque también hay que saber vender un filme.
Guión
Dicen que el arte se moldea a partir de nuestras obsesiones. Guillermo Arriaga presenta un retrato de la condición humana y vuelve una vez más sobre la muerte para hablar de la vida. Si es que la muerte existe. Acaso sea solo la otra cara de la misma moneda o, tal vez, no exista porque solo existe la vida o su ausencia. Y de las ausencias y las pérdidas, los personajes vuelven contradictoriamente por el empinado y empedrado camino de la venganza en pos de una paz, de la culpa en pos de una redención, del amor en pos de redescubrir el placer de estar vivo. Porque los lastimados son los más peligrosos, porque saben cómo sobrevivir.
Geometría
Es lógico que tenga puntos en común. Hay quien dice que los guiones nunca se terminan, tan solo se interrumpen para ser filmados. Quizá siempre se escriba un solo y largo guión. Arriaga, desde su novela Un dulce olor a muerte, encaja en esta fórmula. Pero este segundo trabajo dirigido por Alejandro Gonzalez Iñárritu es otra película. No es secuela ni sigue por el camino trillado. Implica algo mucho más importante: el desafío del equilibrio entre ruptura y continuidad. Todo arte es continuidad, aunque le pese, pero todo arte verdadero es también ruptura. Aquí las semejanzas se notan en la mezcla de tres historias a través de un accidente de tránsito que las une, en el uso de la música, en algunos planos de acercamiento a los personajes, en la ruptura de la narración lineal. Las diferencias, en que no se trata de tres relatos conformando tres partes del filme sino que se van entrelazando constantemente. Más que hablar de un montaje paralelo, habría que hablar de un montaje convergente en espiral. Su diagrama podría ser un círculo atravesado por tres líneas radiales. Cada una simboliza a los tres personajes principales. Luego habría líneas tangentes que representarían los personajes secundarios. Pero el círculo no es redondo y el sentido del avance de la narración gira en espiral en un proceso vertiginoso y arremolinado hacia el centro.
Fragmentación
Se habla de la ininteligibilidad del filme. Por el contrario, creo que es comprensible aún para espectadores acostumbrados al cine de molde, a la típica historia con inicio, desarrollo y final. La manera en que está des/construida la narración no es un invento, es un buen hallazgo, casi la única manera de contarla. Entrelaza la vida de los personajes y por momentos es como la vida misma, como el fluir de la mismísima realidad, esa cosa mágica que el cine logra siendo una gran mentira, una gran ilusión, luces y sombras sobre una pantalla. Como cuando se cruzan en el hospital, Cristina con su padre y hermana, apenas reponiéndose del shock y Paul y Mary entrando para la operación de transplante de corazón. La manera de encadenar y la propia estructura interna de las escenas, por cierto muy breves, tiene un sutil manejo de los tiempos escénicos, del movimiento dentro del cuadro y fuera de el y de un cierto sabor agridulce que surge de la mezcla constante de situaciones y sensaciones con picos de intensidad que son también contenidos, exaltados y diluidos. Los saltos temporales permiten un manejo delicado, artesanal, dosificando gramo a gramo las dosis de emoción, del dolor en la vida de esos seres. Hay que amar mucho a los personajes para quererlos así ante la cámara, para mostrarlos así en una pantalla.
Fotografía
Contra las opiniones que hablan de una fotografía feista, creo que es magnífica. Hay una relación casi perfecta entre lo que se cuenta y el discurso visual elegido. Una cámara en mano que se acerca increíblemente a los personajes, devorándolos, generando una atmósfera intimista que involucra al espectador cómo testigo directo y pegado a la acción. Un manejo dificilísimo de primeros planos, una vibración contenida en el encuadre que aporta un pulso, un ritmo a la historia y movimientos de cámara que abandonan cierta pasividad de esa cercanía para optar por una actividad más descriptiva. Una textura granulada, supongo que lograda en el transfer de digital a 35 mm, que le da una impronta realista, casi documental y una estética similar a algunas técnicas de foto fija. Una tonalidad sombría con matices y variaciones de color en cada personaje más una composición visual de los escenarios naturales que diluyen su locación concreta y la emparentan con muchos otros lugares, no solo el sur de los EE.UU.
Teatralidad
Oponer cine y teatro sigue siendo un tópico recurrente pero quien no tenga una visión dialéctica de su relación, no puede llevar a cabo semejante puesta en escena. Hay una carga de teatralidad puramente cinematográfica que no solo se expresa en las actuaciones sino en el manejo del espacio y del tiempo. Se nota un enorme trabajo en conjunto, una simbiosis creativa. Es como si todos hubieran encontrado el camino para vehiculizar la historia. Eso no suele surgir de un genio individual sino del trabajo en equipo, lo que no es un demérito para el Director sino uno de los mayores elogios. Las actuaciones son impresionantes. No solo el trío principal, también de los actores secundarios. Mariana (Melissa Leo) la abnegada esposa de Jack Jordan (Benicio del Toro) compone un personaje sólido y Claudia (Clea Duval) la hermana menor de Cristina (Naomí Wats) aporta un plano memorable, esa mueca silente de dolor al ver llorar a su hermana ante la noticia de la muerte. Tiene tanta fuerza como el alarido sordo de “El grito” el cuadro de E. Munch. Sean Penn aporta una vez más esa ductilidad de siempre, que ya es costumbre sin dejar de maravillar, pero son Benicio del Toro, con un manejo corporal imponente elaborando la fragilidad a través de la fuerza contenida, de la mirada, de los tonos de voz y una Naomi Wats que se come la pantalla con un retrato complejo a través de lo simple, desgarrador incluso en su más sutil sonrisa. Pura desnudez emocional ante la cámara, como cuando al hablar con Paul, recuesta la cabeza contra su pecho.
Puedo afirmar que perdí exactamente 21 gramos al verla pero me sentí más vivo que nunca.
Xabier
* Escrito para el Boletín de la Mexican-Australian Welfare Association incorporated. Mayo de 2005.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
