El hostal o albergue El Nagual, en Punta del Diablo, del que ya hablé y compartí algunas fotos, es un lugar especial. Aquí va una edición con algunas fotos tomadas en los días que pasé allí. No sabía qué música agregarle y trabajé la edición, muy simple, con un ritmo que tienen que ser necesariamente muy apretado para que no quede tan pesado y entre el el soporte limitado para poder subirlo y compartir. Así fue que probé con diferentes cancones hasta que ésta de Nora Jones, de su primer disco, y que me sigue gustando, terminó por convencerme. No sé por qué, cerca del final se interrumpe la emisión. Faltan algunos segundos del clip pero creo que igual logra mostrar lo que quería. Es curioso, A raíz de tener que buscar atajos técnicos para poder subirlo a You Tube, encontré una suma y superposición recursos que, en su distorsión rudimentaria, le aportan una estética visual que lo emparenta con el visionado de fotos viejas, setentistas, o con algunos videoas caseros de los primeros años 80´. Creo que experimentaré con eso, encontrado de casualidad y producto de mi más preciado ensayo y error, para intentar trasladarlo a un proyecto profesional en el que estoy trabajando y que dentro de poco les podré contar. es un proyecto de los que traía en la manga desde que regresé a Uruguay y no había tenido el teimpo suficiente de terminar su elaboración y coordinar su implementación con el medio para el que siempre estuvo pensado. Creo que ese ralenti me vino bien. El tema será ajustar aspectos específicamente de resolución de imágen porque en ese juego de contrastes, los paisajes u objetos no pierden tanto, pero si es un problema con los rostros y las personas. Debo estudiarlo mas a fondo.
Llegué a Punta del Diablo acompañando a dos francesas y un francés que andaban medio desorientados en éstas tierras del sur. Cuando ellos continuaron viaje, yo volvía a Montevideo. Mochila enorme a la espalda, esperando el bus de Rutas del Sol que demoraba, encuentro a Rossana Taddei y empezamos a charlar en la parada. Me cuenta de un albergue tipo hostal que su primo Alesandro, que volvió de Suiza, instaló allí. Miré la casa y el rancho me gustó. terminé quedándome más de una semana y las pasé de maravilla.
El hostal EL NAGUAL es un lugar que recomiendo a los que se den una vuelta por Punta del Diablo. Se trata de intalarte en dos modalidades. Se puede dormir en cuartos compartidos en cómodas cuchetas para dos, tres, cuatro o seis personas o en carpas en el predio conntiguo a la casa con más de 1000 metros cuadrados arbolados. La primera modalidad es con desayuno incluido y la segunda no. Las tarifas son muy económicas pues en este verano 2006-07 son de $ 250 (pesos uruguayos) y $ 150 para la carpa, por persona. En dólares americanos son unos 10 y 6 respectivamente.
Yo. como había ido preparado para cualquier contingencia, tenía mi carpa y hasta un colchón inflable de dos plazas que es super cómodo, unque a veces lo tuve que volver a inflar en mitad de la noche. Claro que hasta me había llevado el inflador de pie. Lo que no olvidaré jamás fue una noche en que desperté y al ver un fragmento de cielo por la mirilla de la carpa, me llamaron la atención las estrellas. Es que había un apagón y salí de la carpa porque el cielo era un espectáculo maravilloso. Las estrellas parecían pintadas por Miguel Angel (el artista renacentista y no mi amigo Miguel Angel que no es capaz de manchar ni con una brocha gorda) a tres metros y había millones y millones. Nunca había visto un cielo estrellado como el de esa noche. Estuve casi veinte minutos boquiabierto mirando el cielo a las cuatro de la mañana.
Pero lo mejor de la propuesta es que uno comparte todo en el interior de la casa. Las áreas de living y comedor y el uso de los baños con duchas y agua caliente. Lo mismo con la cocina autoservicio, en la que cada uno o en grupos se prepara la comida y se utilizan todos los elementos como el horno, la vajilla etc. Todo lo que uno compre se coloca en la heladeras especificando el nombre del propietario. Nunca faltará algún distraido que te tome un yogurt, pero el clima que se establece es el de conocerse y compartir a partir del respeto por por lo de cada quien. Uno puede estar en la suya muy tranqui o integrarse con los que sienta más afines. La atención de Alesandro "el Colo" y Sebastian "Seba" es de lo mejor y todo se mantiene muy limpio y ordenado.
Hay un pequeño televisor con TV cable, un equipo de música en el que desfilan distintas propuestas consensuadas entre todos y también se comparten esas expresiones que reflejan culturas muy disímiles. Es que es un lugar por el que suelen pasar extranjeros de diferentes países. En los días que estuve tuve el placer de conocer tres argentinas, una pareja de Nueva Zelanda, una irlandesa, una norteamericana, luego dos hermanas adolescentes argentinas, tres muchachos ingleses y un par de uruguayos.
Nada es lujoso pero todo es muy agradable y cómodo y el lugar está decorado con sencillez y gusto. Lo mejor es esa atmósfera que se crea entre todos, más allá de la rotación de gene que va llegando mientras otros se van . El lugar queda en la ruta de entrada al Punta del Diablo a unas 10 calles (1 Kilómetro) de la playa. En 15 o 20 minutos caminando estás en la Playa de la Viuda o en el centro del pueblito de pescadores. A mitad de camino entre el Camping y la playa, por la ruta que entra y es la principal, se llama Boulevard Santa Teresa, a mano izquierda, antes de las Cabañas y el Supermercado Santa María, en la esquina con la calle Coronilla, te encontrás con el Albergue El Nagual. Por información se puede llamar al teléfono(0477) 2009 o al celular 099 824 164.
Yo volveré siempre que pueda. Solo le agregaría que pusieran, cuando puedan, porque es una propuesta nueva que arrancó en noviembre y es el primer año, que instalen una conexión de internet de banda ancha, para no depender de los dos ciber que hay en el pueblo, aunque se tenga que pagar aparte, seguro que puede ser menos que en los ciber y sería mucho más cómodo. Yo tenía que trabajar en mi laptop y si hubiera tenido conexión allí hubiera sido genial. Creo que es un punto interesante a mejorar y es viable. Lo otro sería armar una canchita de voley en el predio, que es un deporte bastante integrador y que puede incluir desde los hiperactivos hasta los más tranquis y de ambos sexos. Lo que esta bueno es los juegos que se dan, aprendí a jugar con Rossana al 26, un juego de cartas creo que se llamaba así pero puede ser diferente, en verdad no me acuerdo mucho, solo que iba ganando y perdí. Y estuvo muy cómico el otro juego en grupo que tampoco me acuerdo como se llama pero es uno en el que cuando quedas eliminado, tenés que tratar de eliminar a más gente a partir de que te contesten algo porque se supone que los que siguen jugando no pueden darle bola a los que ya perdieron. Ni hablar que también estan los que juegan al truco, al personaje, o los que se enroscan en charlas sobre todo tipo de temas.Yo la pasé bárbaro, conocí muy buena gente y volveré.
Aquí les dejo algunas fotos. Tengo un clip de fotos del lugar como el anterior, editado con Mú´sica pero no he tenido tiempo de subirlo a you tube. Ya llegará.
Interior con lámpara y ventanal
En rojo y negro
Baños
Pared con living
Africanas en tela
Cuartos con cuchetas
Cuadro sobre la estufa
Con el Ibook y café
Hamaca con rancho al fondo
Hamaca con ventana
Lola y Niamh con rojo atardecer que no está pintado
En mi viaje por Córdoba, Argentina, cuando recorría las estancias Jesuitas, de las que quiero escribir, me distraje un momento con unas plantas a la entrada de una Iglesia. Traté de tomar la foto desde una perspectiva senital pero la tuve que captar con los brazos estirados sin casi ver el encuadre. Luego, al pasarla a la computadora, me gustó mucho me sigue gustando. Hay algo que me atrae en ese juego de líneas ondulantes , en el entramado de verdes y en una cierta belleza plástica de las hojas que de tan naturales parecen artificiales. No se por qué, pero creo que me transporta a ciertas imágenes de algunos cuadros naive del Aduanero Rousseau y su naturaleza viva.
Es una secuencia animada de algunas de las fotografías (captadas a su vez en mdo de video con la misma cámara al editarlas en la compu, de ahí la baja resolución) que tomé en mis días en Punta del Diablo, un pueblito de pescadores que se fue transformando en uno de los balnearios más hermosos del Uruguay. Sobre las costas del departamento de Rocha, frente al Océano Atlántico, es un conjunto ecléctico y pintorezco de ranchos, cabañas y casitas sobre los médanos y las dunas que el viento juega a llevar y traer frente al mar. La canción se titula "Poder sonreir" de Rossana Taddei, interpretada maravilloamente por ella misma y su banda. Tuve oportunidad de conocerla en esos días, junto a toda la gente que pasamos por el Hostal El Nagual, de Alessandro, con Seba, Rossana, Daniela, Gustavo, Lola, Susana, Lorena, Niamh, Sarah y algunos más. Ya les contaré más de El Nagual, un lugar que vale la pena conocer y estar. Por ahora va el adelanto de algunos colores de Punta del Diablo.
Punta del Diablo no está en la punta del Diablo, que en verdad corresponde al nombre que geográficamente identifica a la punta del Cerro Buena Vista que corona las dunas cerca de Valizas. Esa punta tiene forma de tridente y es el antiguo nombre conocido por pescadores, lugareños y visitantes inquisidores.
Pero Punta del Diablo es el pueblito, otrora de pescadores, recostado sobre la costa de Rocha, fernte al Océano Atlántico, un poco antes del Parque Santa Tereza. Ha crecido bastante en los últimos años, con profusión, ya no de ranchos sino de casas que lo van poblando. Tiene dos playas bien diferenciadas. La de La Viuda, a la derecha, que se extiende larga hasta la punta con el faro y la casa de la viuda en cuestión. Al otro lado, hacia el este, están la playita de los pescadores que se continúa en la Playa de El Rivero y que suelen ser las más concurridas. Acabo de volver de allí y volveré.
Botes. Las chalanas coloridas de los pescadores descansando en la arena. Las que salen a la mar sin saber si volveran, como los hombres que las guían, como las mujeres que esperan a la orilla del mundo por su ausencia.
Callecita con mar de fondo.
Atardecer con rancho al costado o rancho con atardecer detrás.
No se si aquí fue donde el diablo perdió el poncho o lo encontró. Yo tampoco lo traje ni lo perdí aunque hay quien dice que soy un poco diablo. A mucha honra. Lo que si puedo afirmar es que por más que hace mucho calor, esto no es ningún infierno y se parece más a un paraíso, aunque la idea bíblica no es el tipo de paraíso que me atrae. Demasiadas prohibiciones de tipos que en nombre de un dios desconocido, cometieron más de un error, alguna que otra exageración y varias confusiones. Allá ellos, aquí yo. Si fuera la punta de dios sospecho que sería bastante aburrida. Eso sin contar a los angelitos, lira en mano, meandolo todo por ahí.
Aquí con Niamh, de Irlanda. Un nombre con reminicencias de la mitología celta y unos ojos de mar azul que los lentes no dejan ver. Leea Chomsky en las mañanas y a Cortazar en las tardes. Se queja de las traducciones al inglés. Yo traté de explicarle que al gran Julio ya es bastante difícil leerlo en español. Por cuestiones de estructura o desestructura y ni hablar de los inventos de palabras. Yo, sin ir más lejos, empecé leyendo Rayuela y terminé jugando a la payana. Cosas que pasan.
Xabier
Ya les hablaré del hotal El Nahual, en el que estoy. Una suerte de Naciones Unidas enclavado en la costa de Rocha.
No se trata de la conocida película italiana sino de una extraña experiencia de vuelo en parapente. Y como Icaro, más que vuelo fue caída. No porque se derritieran mis alas de cera por extasiarme con el vuelo sino porque al despegar, la racha de viento no fue suficiente para el parapente y caimos sobre la ladera del cerro.
Fui a la cima del Cerro Cuchi Corral a once kilómetros de La Cumbre, un pueblito a unas dos horas de viaje al norte de la ciudad de Córdoba, en Argentina. Viajé con Emanuela y Margherita, dos tanas de mi flor que encontré en este viaje por La Docta Córdoba, no tan lejana y sola como su homónima española cantada por Federico a lomo de una jaca valerosa.
Y aunque el día anterior anduvimos recorriendo las Estancias Jesuitas del siglo XVII en las que destacó la crianza y venta de mulas para las caravanas que recorrían el Camino Real entre el Virreynato del Río de la Plata y el del Alto Perú, nosotros alquilamos bicicletas en La Cumbre y nos largamos por el camino de piedra que serpea y se pierde en las sierras. A la mitad del periplo, la bici de Emanuela pinchó. Margherita se adelantó pedaleando los tres kilómetros empinados que faltaban para la cima y nosotros seguimos caminando con las bicis de tiro.
Con el sol en el cenit cayendo implacable sobre nuestras cabezas, esquivando las piedras filosas del camino, en momentos en que Emanuela maldecía al dios de las bicicletas y a la familia directa y todos los antepasados de la parentela del dueño del local que nos las había alquilado, ante nosotros, a unos 150 metros delante sobre el camino que trepaba la sierra, vimos un espectáculo único representado por la naturaleza solo para nostros dos. Nos quedamos boquiabiertos ante una tromba, un remolino de viento como un tornado picolino que se desplegó por unos segundos ante nuestros ojos fascinados.
Vimos la columna de aire casi transparente girando en una danza loca y vertiginosa que salió de la nada y se disipó dejándonos la maravilla de esa suerte de milagro que el universo desplegaba para nuestro deleite. Sin la pinchadura de la rueda jamás lo hubiéramos visto. Nuestro Kaos, ese que descubrimos compartir, reordenaba el mundo en ese frenesí para recordarnos una vez más que todo orden es un desorden y viceversa. Nos miramos con el alma en remolino y supimos que la magia, antes que de los dioses, está en nosotros, y no nos entraba casi el alma en el cuerpo.
Luego nos rescató una camioneta 4x4 que nos llevó a la cima. Allí arreglamos con los de la Escuela de Parapente y decidimos volar.
Emanuela de blanco presta a volare.
Ya sé que parezco Nanni Moretti en Caro Diario pero sin la Vespa.
El problema fue que el viento del norte, que viene de frente a la rampa de la cima del cerro y es imprescindible para despegar, empezó a escasear y solo quedaba la esperanza de agarrar una de las últimas ráfagas. Cuando el sol entibia el aire, éste sube en rachas por el choque térmico sobre la ladera del cerro, pero es necesaria la dirección correcta para poder saltar al vuelo. Preparados en el arnés con casco y todo, ésperábamos cada uno con nuestro instructor, la racha de viento salvadora. En un momento, mi piloto-guía me dio la orden de arrancar y corrimos, pero gritó la contraorden de abortar el salto casi en el borde del precipicio, cuando vio que el viento no alcanzaba. Ya era demasiado tarde. No nos dio tiempo a frenar y saltamos como se ve en la foto pero el vuelo se nos fue en picada y caímos abajo treinta metros sobre los arbustos raleados que visten la ladera.
Fue toda una nueva experiencia. Tuvimos mucha suerte y pudimos sortear la murallita de piedra y caer sobre los arbustos que amortiguaron los golpes. Estábamos los dos bien pero yo llevé la peor parte porque iba delante y el cayó sobre mí. Igualmente no hubo consecuencias y el vértigo fue hermoso. Me quedó el olor a monte impregnado en la piel, como si los árboles del montesito me regalaran su perfume a manera de consuelo. Vueltos arriba, seguimos esperando que cambiara el viento pero no hubo caso; hasta se largó una llovisna que canceló los vuelos por ese día y nos quedamos con Emanuela sin poder volar. Recordé lo que le escribí a mi amigo Hugo hace años cuando le regalé un estrafalaria escultura de maderas en contradas en la calle y que armé en una tarde, a las que titulé Icaro y cuya tarjeta decía: "Después de la caída, Icaro, mirando al sol, emprende nuevamente el vuelo." como homenaje a todos los que a pesar de los golpes y de las caídas, son capaces de intentar volar tras los sueños más grandes y también los más picolinos. Yo quiero seguir siendo uno de esos, a pesar de ésta y otras caídas y de todas las que vendrán.
Nos llevaron de vuelta hasta el pueblito de La Cumbre y desde allí nos volvimos a Córdoba en el bus de la tardecita.
Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
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Este blog pertenece a Javier Zeballos, seudónimo, heterónimo, álias, apodo o vaya a saber qué de Xabier. Todos los textos son de su (mí) autoria salvo indicación al respecto. Cualquiera los puede reproducir si le interesan pero agradezco desde ya por citar la improcedente procedencia de quien los cede y que los precede en esta sede para que quede como se debe que no plagia quien quiere sino quien puede.