Categoría: FUTBOL Y TV
10 Junio 2005
El Director-prestidigitador
Mucha gente ni se imagina cuantas personas son necesarias para realizar la producción audiovisual de un partido. En Uruguay, las transmisiones de Tenfield son realizadas por Kroma Producciones y si bien tienen un promedio de 40 personas, hay transmisiones en que llegan a casi 70. El Director de toda la Producción y encargado especialmente de la dirección de cámaras, es Julio Sonino. Una observación detallada, puede destacar la preocupación por aspectos del lenguaje sin descuidar los futbolísticos. El trabajo del Director, sin dudas, no es para cualquiera. En la unidad móvil que porta un miniestudio y que se halla instalada en la caja de un camión, trabajan simultáneamente 9 personas. El director controla los monitores de las 8 cámaras y va decidiendo cual pone al aire mientras les da indicaciones a cada cameraman. A su vez, trabaja directamente coordinado con el encargado de registrar las repeticiones, las revisa y da la orden de salida. Lo mismo hace con los responsables de insertar los gráficos con las informaciones que, cuando corresponden a un jugador, implican órdenes de seguimiento a alguna de las cámaras de cancha para mostrarlo en primer plano. El nivel de coordinación es destacable y se nota en pantalla.
Una curiosidad que pude evacuar directamente, al presenciar el trabajo dentro de la unidad móvil durante un partido, fue acerca de las opciones que se toman, no solo de qué se muestra, sino de cómo se lo muestra. Uno de los detalles que me había llamado poderosamente la atención del partido Uruguay – Ecuador, fue que justo cuando los equipos salen al campo, la imagen de la TV registró una toma del Estadio con un gran plano general y un paneo muy lento de todas las tribunas. Yo podía escuchar el griterío de la gente que contrastaba con unas imágenes que denotaban un claro distanciamiento y frialdad. Es interesante saber que justo en ese instante es cuando enganchan con la TV internacional, tanto para Ecuador como para otros países. Ante esa situación, se opta por una imagen más neutral, sin caer en seleccionar gestos o actitudes poco amigables de la hinchada,algo que se mantiene durante todo el partido y que habla muy bien de la profesionalidad de este equipo.
Corto por acá porque está por empezar el partido entre el Celtic y el Panatinaikos, que no sé dónde ni por qué juegan pero no me lo puedo perder.
Temas para algún día sin futbol a la vista:
* TV y pedagogía. La globalidad del gesto deportivo. Zoom a la técnica del futbol. Ejemplo: El gol de Emanuele a Peñarol.
* La radio y la TV. Diferencias y semejanzas.
* Biología de la pelota. Tránsitos y transformaciones. Del balón sol al balón tierra y la pelota luna. Diseño y cultura. La pelota dado, la pelota tango y la pelota actual.
* El juez. Lo negro como muerte y el rol de los colores en el proceso de humanización del arbitro.
* Goles de tiro libre. De la indiferencia al protagonismo.
* La TV y los partidos nocturnos. Del futbol agropecuario al futbol tecnológico.
* Los unos y los otros. El “no existís” de la barra brava como negación del otro y del juego.
* Los arqueros. El arco como himen a proteger y el golero como madre del equipo.
* Los técnicos. Técnico pasional-motivador y Técnico intelectual–estratega.
*Números: símbolos y funciones. Sumas y restas, pérdidas y ganancias. Del futbol concreto al futbol abstracto.
*La adhesión tribal. El equipo tribu, barrio, ciudad, país, continente, clase, ideología, sistema social, empresa, religión, etnia, etc.
*Futbol y lenguaje. Sexo y Guerra en el léxico futbolero. Les metimos tres pepinos, le llenamos la canasta. y ea ea ea ea ea esta tarde no nos paran ni los tanques de Corea.
*Futbol y humor. La alegría del juego y la seriedad del deporte.
*Futbol y política.
*El futbol y la realidad. ¿Evasión o transformación?
Xabier
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10 Junio 2005
Los de afuera no son de palo
Otros insertos tienen que ver con los que están afuera, que para la TV no solo no son de palo, sino que cada vez se les concede más tiempo en pantalla. Los más buscados son los técnicos, a quienes se muestra muchas veces e, incluso, tienen un periodista pendiente de lo que dicen y hacen. Hay que reconocer que son un espectáculo aparte. Algunos sobresalen por ser captados en el momento en que emiten un insulto. Una observación más detallada puede aportar tradiciones y cambios en el tipo de entrenador en lo referente a vivir el partido. Algunos, hay que decirlo, no solo parecen muy habituados a la cámara sino que tienden a sobreactuar para la misma. Otro tanto parecen hacer los jugadores cuando son captados en el túnel a la hora del ritual guerrero de afirmación tribal que realizan abrazados y dándose animo, algo infaltable en las transmisiones rioplatenses. Por cierto, ¿Dónde quedó aquel tímido Hip - Hip - Ra con saltito al final al entrar al campo?
Otra pregunta impertinente: ¿Por qué se dice saltar al campo de juego cuando, en general, se entra por un túnel y, por lógica, se viene de abajo? Sucede que es una costumbre de la época en que las canchas abiertas en los descampados, eran circunvaladas con una cuerda al disputar los partidos y los players entraban al terreno de juego con un atlético salto.
Otros bien importantes, son los hinchas. En Argentina son indispensables para el armado adecuado de la emoción de un partido. Su inclusión visual y sonora está bien presente y puede transformar el insulso partido de los lunes en una emocionante final. Los estadios más pequeños, con el público más cercano, brindan un espectáculo pleno de colores que provocaría la admiración de los pintores Fauvistas de principios de siglo. A propósito, más de una vez en el estadio se me han ocurrido analogías entre la riqueza visual y la estética de ciertos pintores (es que hay partidos que dan para cualquier cosa y uno se tiene que entretener en algo) Desde lo más alto de las tribunas los jugadores se ven chiquitos y parecen manchas o puntos de color. Siempre pienso en algunas pinturas de Mondrian formadas con innumerables cuadraditos y rectángulos de colores muy vivos que parecen moverse por toda la composición del cuadro. Pero el futbol no ha tenido una destacada relación con las artes plásticas, algo más con la literatura. No hay que olvidar que algunos espectáculos populares sirvieron de motivo para algunos pintores, por ejemplo, Picaso o Goya y los toros o Figari y nuestro candombe. Es un buen tema para investigar, así como la relación con el cine.
Primeros planos. Un análisis complementario.
La televisión ha multiplicado la audiencia, captando espectadores que no tienen el tradicional vínculo con el futbol. De ahí que una de las diferencias entre el relato radial y el televisivo, entre otras muchas cosas, sea que este último incluye frecuentemente comentarios dirigidos a los neófitos espectadores. Otra característica es la incorporación de una audiencia femenina que obliga a implementar otros códigos y a resaltar otros aspectos. Hay quienes hablan de la exhibición del futbol como una gran pasarela donde el jugador es presentado como objeto de placer. ¿Cómo se expresaba antes la energía erótica en el futbol?
Propaganda
La importancia y el peso económico de la publicidad no solo es muy importante en la televisión, también lo es en el futbol, y la unificación de esta triada no solo se presenta cada vez más fuerte sino, también, cada vez más indiferenciada. La compleja red de intereses económicos establecida entre clubes, marcas de empresas que desean exhibirse y las companías de televisión funciona tan aceitadamente que uno bien puede preguntarse qué estamos viendo en realidad, qué nos están mostrando. Lo que nadie puede dudar es que el futbol se ha convertido en una nueva rama de la economía. Hasta cambian las funciones de los clubes, el paradigma actual es el Club como Empresa, por ejemplo, el Manchester United cotiza en la Bolsa de valores Otro sería el caso del Milan AC de Silvio Berlusconi, quien reúne todos los componentes, una suerte de “Aleph” que concentra la propiedad del Club, la de los grandes medios de comunicación y otras empresas y, por si fuera poco, la política.
La propaganda en futbol es particularmente notoria en sus diferentes modalidades pero veamos la que aparece directamente en pantalla. Sucede que los carteles sobreimpresos tienen la particularidad de tapar lo que vemos, sobre todo cuando, pasando por el borde inferior, ocultan a un jugador y a la pelota. Comparemos tres casos de cómo es insertada la propaganda en la pantalla.
En las transmisiones de ESPN han borrado los sobreimpresos de publicidad y la pantalla aparece más limpia y más grande, aún en mi 14 pulgadas. Han dejado ese espacio para insertar informaciones de otros eventos de la cadena. Cuando lo hacen en pelota viva, cambian la imagen del juego a un formato más panorámico y colocan la información cubriendo toda la banda inferior del encuadre con resultados de otros partidos, esto nos permite seguir viendo todo lo que sucede en la cancha aunque la vista se deja seducir por ese sobreimpreso.
En T y C Sport de Argentina solo se emiten propagandas de marcas en tiempos muertos, con la particularidad de que, además, son sonoras y cortan el audio de los relatores que, coordinación mediante, se callan. A mi me molesta un poco la publicidad pero en el caso de Marcelo Araujo, apelando a la coordinación antedicha, sería capaz de bancarme todo el partido con tales propagandas. Hay que decir que están bastante bien dosificadas y marcan nítidamente su presencia. Se podría decir que esta modalidad se va a Consolidar.
En las transmisiones de Uruguay la cosa se complica porque los sobreimpresos no son emitidos por la producción encargada de la emisión sino que los insertan desde cada uno de los canales que bajan la señal. Lo hacen de acuerdo a sus pautas publicitarias y de una manera programada a intervalos regulares lo que lleva a que, en ocasiones, tapen lo más interesante.
El peso económico de los sponsors es cada vez más importante , este fue un aporte de la TV, que no solo aportó una visibilidad real del primer plano de la marca, sino que expandió enormemente el mercado. Y esta presencia se nota hasta en los pequeños detalles, por ejemplo, Nacional, desde que es patrocinado por PEPSI, no solo desterró el clásico color rojo de su camiseta de alternativa, sino que lo minimizó en la camiseta blanca. ¿Todavía se puede hablar de Nacional como los tricolores?
Otra pregunta impertinente: ¿Sucederá algún día que, dado que hay jugadores que por su participación efectiva en el juego aparecen más que otros en pantalla, halla sponsors diferentes en las camisetas de un mismo equipo?
Xabier
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10 Junio 2005
Inserts
Cada vez más se utiliza un plano intermedio que es insertado en el plano principal cuando la pelota está en la zona media, lejos de cualquier trascendente peligro de gol. Esto aporta la imprescindible variedad visual pero afecta directamente a la percepción de la fluidez del juego. Claro, eso siempre y cuando el juego efectivamente jugado sea fluido.
Es muy interesante observar como el esquema se adapta a las condiciones concretas de cada partido en dependencia de características del estadio y, sobre todo, del estilo de juego desarrollado. Este estilo de montaje sincopado se ha impuesto en casi todas las transmisiones, más allá de la variante de los que prefieren insertar el plano intermedio cuando la pelota se halla en la zona de las puntas, sin embargo, hay una excepción.
Por ejemplo, uno de los países que mantiene más el plano principal es Alemania. La razón no es televisiva, es futbolística y radica en que, en general, en los partidos se marca de otra manera, hay una menor presión en la zona media y la transición de un área a la otra es más rápida. Esto, con el agregado de que establecen una perspectiva de cámara más baja, permite seguir todo el desarrollo de las jugadas, resultando una secuencia de imágenes menos fragmentada. Se privilegia la espectacularidad de lo global en vez de la espectacularidad de lo particular. Además, trabajan con lentes adecuados y, cuando la pelota transita por la banda inferior del encuadre, igual se puede apreciar el otro sector de la cancha. Así, podemos apreciar todos los movimientos del resto de los jugadores y parece que tienen una mayor disciplina táctica. Es obvio que la tienen pero, en planos más cerrados y en montajes fragmentados, eso no se nota.
En el lado opuesto y generando efectos contrarios en la percepción, aparece la filmación de los partidos de las canchas de los equipos chicos de Uruguay. Se realizan a una cámara y con una perspectiva demasiado baja ya que no hay tribunas altas. Esto genera la percepción de un juego mucho más confuso y entreverado. Parecen veintidos tipos corriendo tras un balón sin mucho ton ni son, como jugando a otra cosa diría un conocido comentarista. Si le sumamos la pobreza del entorno, los pocos hinchas, el estado de las canchas y hasta el paisaje que a veces se asoma como fondo, uno comprende la importancia de todos los elementos que son imprescindibles para presentación formal del futbol en TV.
Por ejemplo, una gran diferencia entre Europa y América, incluidos Brasil y Argentina, es la apariencia de las canchas. Y nótese que digo apariencia y no estado, ya que en algunos estadios de nuestro continente, es muy bueno. Pero lo que llama poderosamente la atención de las canchas europeas es que parecen un billar y su verde, en tanto color, es parejo, denso, plano, más allá de que se dibujen líneas o surcos sobre el cesped. Nuestras canchas denotan casi siempre un verde que expresa y transmite la sensación de pasto y su color, visto en la pantalla, aparece con diversos tonos. Esto es tan válido para nuestro castigado Centenario, como para Maracaná o el Monumental. Podría ser un elemento visual que mantiene un arraigo en el Futbol Agropecuario que se diferencia del espectáculo del Futbol Tecnológico, tan caro a la televisión.
Es la lucha de este futbol posmoderno por borrar los resabios feudales y agropecuarios. Esto se puede rastrear a traves de una suerte de biografía de la pelota, en el tránsito desde aquel balón marrón, casi un bulbo extraido de la tierra, con gajos y un piripicho a manera de raíz cortada, hasta la pelota blanca, hermética, cerrada, de esferidad perfecta y matemática, hija del laboratorio tecnológico y no de la tierra labrada, que sin embargo, aun aparece en el palimsesto de los surcos arados que representarían las franjas que a menudo matizan el verde de las canchas.
Aquel marrón casi anaranjado era casi un producto hortícola y fuertemente sexuado. Rebelde. Se erraban goles por golpear sobre su protuberancia o se convertían por dar casualmente en ella. Aun hoy, algunos jugadores como Pablo Bengoechea, prefieren darle justo en el lugar donde se inserta el pincho, al patear los tiros libres, para asegurar un tiro certero. Es que aquel balón antiguo tenía personalidad, corporiedad y peso. Parecía propenso a golpear con la contundencia del ganado caballar pero también se ofrecía como un fruto jugoso a ser partido y celebrado. Mientras aquel balón expresaba los valores de la nutrición, la nueva pelota refleja la anorexia. Mientras aquel simbolizaba al sol y se disputaba como sagrado, la nueva pelota es asociable a la imagen especular de la luna y su inaprensión calórica. Frente a la sensualidad del balón-sol, la pelota-luna solo es un reflejo de luz. Lanzada al aire ya no tiene nada que ver con al fragor natural del sol sino que su referente es la luz del mercurio frio y halogenado de los partidos nocturnos.
La pelota antigua trascendía toda una biografía en sus materiales. Tenía sus partes bien notorias, un adentro inflado, en los comienzos a puro pulmón, y un afuera de cuero al que se le dispenzaban cuidados revitalizadores embadurnándolo con grasas y dejándolo secar al sol. En la nueva pelota el cuero ha sido disuadido tras el ahogo de un baño líquido impermeable y ha sido abolido el color. Antes tenía corporiedad, ahora la pelota blanca es un concepto abstracto inscrito en las leyes de la geometría con su circularidad exacta. Su remodificación, a través del diseño de dibujos en negro, ha reflejado diferentes características de la cultura de cada país anfitrión de la cita mundial. En Italia 90’ fue la pelota Adidas Etrusco. En argentina 78 lo había sido Adidas Tango. El cambio había comenzado en la racionalista Alemania del 74’ donde nació la pelota –dado con sus hexágonos blancos y pentágonos negros que quebraban su circularidad en haras de una mayor geometrización del balón. Cuentan que los holandeses, a muchos, se la hicieron ver cuadrada.
Volviendo a la TV.También se usan inserts para acercamientos en primer plano pero se realizan en tiempo muerto. Tienen como requisito el seguimiento del protagonista de la jugada anterior, del juez cuando cobra una falta importante, los lesionados, los que entran y salen o los que reciben tarjeta. También cuando los relatores y comentaristas se refieren a un jugador por aspectos ajenos al juego, algo cada vez más frecuente, lo que daría para un análisis de la importancia del discurso verbal. A manera de viñeta, podríamos recordar la influencia del genial costarricense Andrés Salcedo de Transtel, que amenizó las transmisiones del Futbol Alemán desde mediados de los 70’ con un lenguaje en el que brillaban “Pata de mula Zimermann”, la “Brujita Gravosky”, el “Porompompero Vollers” “Super Ratón Keagan” el “Perro Vogts” , el “Boricua Magath”, “Migajita Litbarsky” y “Nafvaigt, el espía que vino del frío”. Curiosamente, en aquellas inolvidables retransmisiones de Canal 5, todo ese torrente verbal contrastaba con el minimalismo a ultranza del “Ustedes lo vieron” de Carlos Prieto.
Xabier
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9 Junio 2005
Repeticiones
¿Qué repetir y qué no? El replay no solo es un recurso fundamental, es un hábito firmemente establecido en la sintaxis narrativa televisiva. Pero a menudo hay repeticiones intrascendentes o redundantes que roban parte del partido, lo que provoca la irritación del espectador que trueca los insultos al arbitro por improperios al director de cámaras. He sido testigo presencial en algún bar y, lo confieso, protagonista principal en casa.
Porque hay momentos en que puede ser más importante ver como saca de nuevo un cuadro que recibió un gol o, incluso, si sigue presionando o no el que lo acaba de hacer. A mí me interesa ver como reaccionan los jugadores en momentos clave del partido. Si bien las repeticiones tienden a realizarse en tiempo muerto siempre se comen algo del juego.
En un viejo artículo de la Revista El Amante, un crítico analizaba que el futbol es un juego- río, no como el Futbol Americano o el Rugby que son más bien un juego – tormenta, con pausas bien establecidas en oposición a breves momentos de gran intensidad y, por supuesto, a otro tipo de desplazamientos por el terreno. El futbol tiene remansos y rápidos. Es obvio que los momentos más intensos tienen que ver con el vértigo de una jugada y con los momentos de peligro ante cada valla, pero también hay una dinámica, una lógica, una táctica y una estrategia en los momentos de remanso. El juego lateral o los toques de los defensas antes de arriesgar a penetrar hacia el ataque son muy importantes en la trama del juego y nos pueden aportar información sobre el estado de ánimo de un equipo.
Recuerdo el juego del Bayer Munich de inicio de los años 80’, donde sobresalían Breitner, Auguenthaller y Rummenigue. Aquel equipo se destacaba por un juego de muchos toques y rotaciones pero podían pasar mucho tiempo haciendo circular la pelota, dando la sensación de que no jugaban a nada. El punto es que uno de sus fuertes era el cambio de ritmo que transformaba un ataque anodino en un ventarrón que se dirigía como un tornado al arco rival. La Televisión se encargaba de registrar todo ese juego lento sabiendo que era esencial para observar y comprender tal estilo. Utilizar la fragmentación actual, no solo sería una crueldad, sería perder lo esencial.
Un caso curioso fue el Peñarol de los 90 que, al abusar del famoso pelotazo, que se salteaba la zona media, era registrado mucho más tiempo con el plano principal. La TV registraba un juego más fluido y continuo. El Nacional de De León, en cambio, que jugaba un futbol con otro tipo de toques y desplazamientos, es mucho más cortado por los insertos del plano intermedio y la percepción puede llegar a ser, curiosamente, muy distinta.
En lo referente a las repeticiones, también puede ser más importante presenciar la primera pelota que toca un jugador clave, de esos creativos, ya que nos puede adelantar si nos espera una tarde inspirada o un juego conservador y apático. En vez de ello, se nos suele mostrar un estático banco de suplentes mientras nos relatan los nombres de sus componentes. En Uruguay esto no sucede ya que siempre se lo muestra en tiempo muerto, pero en Argentina suele ser muy común.
Otro aspecto es que la TV, en su necesidad de capturar y ofrecer todo lo espectacular, termina privilegiando los choques, agarrones y golpes en detrimento de detalles técnicos más sutiles que pasan desapercibidos. Por ejemplo: una falta es repetida hasta el cansancio pero la manera en que un jugador le entra con el pie al balón cuando mete un gran pase o cómo la bajó con el pecho, como se da en medio del desarrollo del juego, no se repite.
En la jerga de la TV, existe la pelota viva pero el futbol tiene muchos tiempos muertos donde el balón no está en juego, sobre todo en Uruguay. Esas categorías hay que dinamizarlas con imágenes. Eso está muy bien, el punto es cómo se hace. Veamos como se tratan unos y otros.
Xabier
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7 Junio 2005
TV y lenguaje. Como se reproduce un partido
Tres son los aspectos que pautan el formato de visualización de los partidos de futbol. La amplitud de los planos que nos lleva al problema del Panorama. Las tan queridas Repeticiones y los Inserts de primeros planos que interrumpen el plano general del partido. Además, se podría agregar los tan valorados movimientos de cámara y el efecto de la fragmentación visual del juego en la narración televisiva
Panorama
El panorama es la gran diferencia entre mirar desde el living o estar en la cancha, eso sin mencionar el precio de la entrada. En la cancha lo que se pierde en detalle se gana en comprensión, a menos que uno sea de esos que solo siguen a la pelota. En el futbol no todo ocurre donde ella está. Por eso, a veces, se me da por ir al estadio a una de las tribunas de atrás del arco para poder ver el partido desde esa perspectiva, desde la que la mayoría de los periodistas deportivos hace mucho tiempo no ven un partido. Eso explica muchas cosas.
No es lo mismo ver como se mueve un equipo siempre de atrás para adelante situado perpendicularmente que verlo moverse de lado a lado desde adelante o atrás. Como se expande cuando agarra la pelota y como se contrae cuando la busca o como gira y realiza las coberturas una defensa cuando es superada por un flanco y se van cubriendo uno a otro. En la dinámica del juego hay muchas cosas para observar, la mayoría son movimientos que pasan desapercibidos para los que siempre miran lo más sobresaliente.
En un gol, a veces, se logra percibir como un jugador arrastró marcas desorientando a la defensa pero eso sucede muchas veces en otros momentos y en sectores menos gravitantes de la cancha pero hacen a la esencia del juego y son muy importantes para éxito de un equipo sobre otro. Otros que hace tiempo no ven un partido desde la tribuna de atrás del arco son los técnicos. Los que están en actividad ven a sus equipos desde el nivel del piso (esto también explica muchas cosas) ¿No sería bueno para un técnico que lo expulsen por algunos partidos y, en vez de ir a la platea, fuera a la tribuna, al palco, incluso a uno de los palcos VIP con TV, y pudiera mirar el partido desde otras perspectivas?
Volviendo a la TV, la falta de visión general esta condicionada por los límites del encuadre. En Argentina, los planos son más cerrados que en Uruguay. A veces obedece a la distancia de la tribuna, como en la Bombonera, pero en el Monumental también terminan captando un plano general bastante cerrado. Por lo menos, más que en el Centenario. En nuestro medio, en el año 1995, también se utilizó ese tipo de plano que abarca menos. Esto obliga a Panear mucho con la cámara. El enfoque es más cercano y la composición mucho más variada pero los movimientos de cámara son más rápidos y algo molestos. La porción de cancha es menor y uno se llega a preguntar: ¿Quedará algún defensor que se interponga en la carrera del centrodelantero hacia el gol? ¿Alguien estará para recibir ese centro pasado?
Cámaras
En una transmisión internacional, el estándar mínimo es:
Cámara 1: Para el Plano Principal, ubicada arriba en la tribuna principal.
2: Plano Intermedio, ubicada en la misma tribuna pero más baja.
3: Primer plano. Ubicada en cancha sobre la línea media.
4 y 5: Para captar los fuera de juego. Van ubicadas sobre la misma tribuna
pero sobre las áreas.
6 y 7: Sobre grúas detrás de los arcos o en las tribunas de cabecera.
8: Para el plano invertido, ubicada en la tribuna opuesta.
En el caso uruguayo,lamentablemente, hemos perdido las cámaras que alguna vez hubo en el medio de la Colombes y en la Amsterdam, tribunas detrás de los arcos y que brindaban una perspectiva muy buena para las repeticiones de las jugadas. Las grúas instaladas tras los arcos son largas y quedan muy sobre la red lo que achica mucho el encuadre y, a veces, por carencia de lentes más angulares, no permite enfocar todo el desplazamiento de la pelota. En tiros fuertes y cruzados, al cameraman no siempre le da para panear mientras se desplaza la grúa y enfocar cuando la pelota cruza la raya de gol.
Hay que reconocer que se ganó en movilidad aportando un recurso habitual del cine pero, hasta que no se instalen otros lentes, se perdió encuadre en esas tomas. Dado el espacio que ofrece el Estadio, menor a los estadios olímpicos que tienen un terreno mayor detrás del arco, las largas grúas instaladas, quedan grandes. Igual cumplen bien su función ya que toman en zoom, cada una, la imagen del arco opuesto, sustituyendo o complementando la toma de atrás por una de adelante. Por otra parte, siempre se termina completando la jugada con los aportes de las demás cámaras, lo que sucede es que la repetición casi inmediata de la toma de atrás ya es un hábito muy arraigado en el espectador, es una toma esperada con ansiedad. Cuando hay más cantidad de cámaras, como en los partidos de la selección por aparte de las cámaras móviles que pueden hacer tomas afuera del estadio, en la cancha, se han llegado a colocar una en la Torre de los Homenajes y hasta en el techo del vecino Hospital de Clínicas.
En Europa y, a veces, en Brasil, se colocan cámaras a nivel de cancha, sobre cada área para aportar un plano cercano del jugador que lleva la pelota por la punta. Incluso pueden estar montadas sobre rieles para realizar un vertiginoso travelling de acompañamiento que transforma al telespectador en un punterito que en veloz carrera se apresta a levantar el famoso centro de la muerte. No es muy utilizado y parece un chiche nuevo con el que lograr esa espectacularidad tan buscada. Doy fe que el efecto es tan realista que , más de una vez, en el mismo momento en que el jugador va a pegarle al balón, yo he realizado el mismo gesto con el pie, por lo que he tomado la sabia decisión de correr la mesa ratona que tengo frente al sofá.
Xabier
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6 Junio 2005
Televisión, realidad y virtualidad
Los espectadores consumidores echan de menos, en el estadio, que no se repita el gol como en la tele. Son esclavos de la eternidad vacía de la repetición que fagocita la vida y casi no son capaces de saborear el gol como instante de felicidad. La tele sirve la realidad en un consumo repetido que termina por engullir y hacer omnipresente la realidad que manipula. Dice Furio Colombo...
"La televisión siente el mundo exterior tan interior que se utiliza a sí misma como cita. El último recurso de credibilidad no surge de los labios de la persona viva, sino del replay del monitor. Toda la realidad es televisable y nada no televisado llega a ser real."
La era digital ya está presente en la confección del cine de una manera casi omnipresente. La digitalización de la imagen ofrece posibilidades infinitas de manipulación jamás soñadas. ¿Llegará el día en que se altere lo sucedido en la cancha, no ya por omisión sino por emisión, por sustitución? ¿El partido dejará de ser un documental para ser una ficción?
¿Qué pasaría si la FIFA instaura un sistema que tome en cuenta las imágenes televisivas para la determinación de las faltas o la penalización y/o modificación de los resultados en aras de una mayor justicia y algunos fueran capaces de alterar esas imágenes modificándolas de acuerdo a sus intereses? Hecha la ley, hecha la trampa No hay que olvidar que la tentación de ganar en la liga lo que se perdió en la cancha también ha sido parte de la historia del futbol. ¿Cómo sabemos que el televin no miente cuando nos muestra el off side?
TV y lenguaje, una digresión literaria
A Pier Paolo Pasolini no solo le gustaba el Cine, también le apasionaba el futbol. A inicios de los 70’ escribió un artículo periodístico donde se permitía jugar libremente con las categorías de la semiótica. Decía que el futbol puede ser analizado como un sistema de signos no verbales como los de las artes visuales, por ejemplo, la pintura.
Pero incluso se permitía una analogía con la lengua escrita y hablada. ¿Cómo se forman las palabras? Las palabras se forman a través de la doble articulación, es decir, a través de la combinación de las unidades mínimas, los fonemas. ¿Cuál sería la unidad mínima en el lenguaje del futbol? Podría ser “un hombre pateando la pelota” Si nos remitimos a la raíz griega podos = pie, le podríamos llamar podemas. Las infinitas posibilidades de combinación forman las palabras futbolísticas en forma de un discurso regulado por auténticas normas sintácticas, las jugadas que en su conjunto expresan la narración del juego, el autentico discurso dramático del partido.
Los cifradores, emisores, de ese lenguaje, son los jugadores y los receptores, descifradores, somos los espectadores que poseemos un código común.
Siguiendo con la analogía, podríamos establecer jugadores que juegan en prosa y jugadores poetas, como Maradona, Pele o Cruyf. También estarían esos centrodelanteros monosilábicos capaces de no emitir palabra en todo un partido pero decirlo todo en un solo acto al definir en el último minuto frente al arco.
Xabier
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3 Junio 2005
Y, sobre todo, el producto futbol como objeto de consumo, como objeto de distracción y puro entretenimiento, como un producto maleable, ajustable, programable y producido como cualquier telefilm y al que se lo puede valorar por su interés argumental, por la articulación de sus secuencias, por lo inesperado de su desenlace o la calidad profesional de sus actores. Es la conversión del hincha religioso en un espectador secularizado, algo que tampoco es malo en sí mismo pero sí diferente. La enorme exposición del futbol por la TV, que lleva al hincha apasionado a mirar partidos donde no interviene su equipo ni su país y donde se disputan puntos en lejanos campeonatos ¿Modifica la religiosidad del hincha en beneficio del espectador?
Por cierto, la leyenda cuenta y Alfred Wahl lo recoge en su libro “La historia del Futbol” que la palabra “Hincha” tiene su origen en Uruguay. Se le otorga a un aficionado del Club Nacional de Football, encargado de hinchar los balones, además de ser el más bullanguero y entusiasta seguidor desde la grada. Era el más “Hinchador” En la actualidad, es el equipier quien infla las pelotas aunque algunos le disputan metafóricamente la tarea.
El espectador consume el espectáculo mercancía pero el hincha forma parte de la ceremonia, es parte del acontecimiento y del espectáculo. El espectador termina cuando termina el partido, pasa la tarde con el futbol, el hincha, en cambio, la precede y la sucede, vive en una intrincada red de relaciones parafutbolísticas. El primero puede salir indemne del suceso, el segundo está afectado e infectado, por eso es un Tifoso.
Por eso los programas han establecido esas secciones llamadas el antes y el después, porque necesitan revivir en el espectador televisivo parte de la tradición del hincha y sus maneras de vivir los partidos, o de sufrir, porque a la cancha se viene a sufrir dicen los hinchas, y no solo los de esos cuadros especializados en derrotas consuetudinarias. Pero esa función de recreación catártica de recrear las vivencias es eminentemente local y no es, salvo excepciones, difundida internacionalmente. No solo no tendría mucho sentido sino que sería contraproducente. Para el espectador no hay mitología ni idolatría sobre la que no pueda ejercer algún pensamiento crítico, para el hincha, el futbol tiene un agregado de religiosidad esencial. En la catedral del futbol, y no me refiero a Wembley, el espectador es el público pero los hinchas son los fieles.
Al futbol como fenómeno histórico, pertenecen las estructuras que lo gobiernan en tanto espectáculo – mercancía y, como no histórico, las que lo modelan como ceremonia – acontecimiento.
En el Espectáculo – Mercancía, el tiempo es el tiempo de la historia entendida como diacronía. En la Ceremonia- acontecimiento el tiempo es el simbólico, es el tiempo como sincronía. En el se recupera parte del tiempo circular del juego arcaico que no tiene fin, que siempre recomienza. En otro sentido, la enorme calesita de partidos y eventos que pueblan y hasta pautan la agenda deportiva y social, recupera ese sentido de que todo sigue. No en vano se dice que en el futbol siempre hay revancha. Ese parece ser el leiv motiv que la TV susurra al oído y muestra a los ojos del espectador para cautivarlo como consumidor compulsivo.
Al analizar el espacio en la relación espectacular, vimos la impronta de la negación de toda clausura espacial en el modelo carnavalesco antiguo. La calle tomada por asalto en el marco de la festividad de Rey Momo, rey sin trono ni corona, y donde la única ley imperante es la de jugar a comportarse a la inversa de lo normal. El carnaval medieval era el reverso de la realidad. Pero la negación de toda clausura era espacial, no temporal. Tales festejos subvertidores del orden instituido eran tolerados por las autoridades, precisamente por operar como una válvula de escape que permitía volver a la calma el resto del año. Repito, su no clausura era espacial, no temporal.
Una característica esencial del discurso televisivo, es la negación de toda clausura temporal. La TV se prolonga ininterrumpidamente hacia el infinito con un discurso permanente e interminable. Los programas, ya en su carácter de unitarios o de ciclos, están en función de la programación total, el verdadero ciclo, porque el show debe continuar. Su símbolo no son solo las cadenas de cable y satelitales con su flujo constante las 24 horas, también el zapping, con el que zafamos de la mediocridad nos mantiene atrapados, en su rica y variada cadena secuencial, en la red todopoderosa del goce visual. Una metáfora, en tanto, podría ser la ese televisor parpadeante y encendido constantemente en el hogar, aunque no se le preste atención total porque ¿Es importante la comunicación? ¿Hay comunicación real en la TV?
Para Jesús Gonzalez Requena tiende a estar abolida en el proceso porque, para el espectador consumidor, el discurso televisivo no es comunicativo y todo gira en torno a una pulsión visual que es satisfecha. Y allí, tal vez, radique la esencia de la función de la televisión en manos de los buscadores de lucro, no solo en la satisfacción de un deseo, sino en la generación del mismo.
El futbol por TV es parte del espectáculo – mercancía donde participa el tiempo de la historia. En la ceremonia se trata del gran tiempo, no el cronológico sino el mítico, un espacio que es el de la escena tribal y una energía que es la libido. Su destinatario es el hincha cuya adhesión al futbol está impregnada de esos elementos míticos, tribales, religiosos que multiplican el suceso y lo trascienden. La TV exalta y resalta a ese hincha como componente cuasi escenográfico fundamental y pintortesco del producto a ofrecer pero sus intereses están puestos en la formación del espectador consumidor. Incluso se podría hablar de que el tratamiento específico que recibe el hincha tradicional es producto de su clasificación como consumidor altamente segmentado sobre el que hay que incidir en base a sus particulares códigos.
Xabier
Continuará...
servido por Javier
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3 Junio 2005
Focalización
Tenemos ojos de depredador. Sí, Usted también, no se asuste, o tal vez sí, porque esos ojos que le miran desde el espejo están diseñados bifocalmente para atrapar con precisión a las presas. No tenemos los ojos a los costados como los animales que necesitan ver de donde serán atacados. Las cámaras usan lentes con una visión periférica mucho menor que la de nuestra visión, a menos que utilicen lentes grandes angulares. Mirar es optar y detrás de cada opción estética que un director toma en una película en el tratamiento de los personajes, los ángulos y movimientos de cámara o el montaje, hay una decisión ética. Incluso en una simple transmisión de un partido por TV, hay una ideología. Esto no es bueno ni malo en si mismo, no se preocupe, la ideología sigue vivita y coleando. Sí, acertó, Fukuyama no juega futbol pero en eso la pifió.
La dramaturgia del evento
La equivalencia entre espacios deportivos y espacios dramáticos no es fruto de la televisión pero sí su sobredimensión. La TV, tantas veces mal llamada caja boba, cuando de boba no tiene nada, es una caja de resonancia para la emotividad de un juego electrizante pero que no siempre se carga de las polarizaciones necesarias para ser transmitidas electrónicamente a base de rayos catódicos. Lo de caja de resonancia también viene a cuento porque, a veces, ante tanta frase superficial acerca del predominio de la imagen, se olvida la importancia del universo sonoro. No hay que olvidar que es un medio AUDIO-VISUAL. La importancia del sonido en un estadio es capital y la TV también se preocupó de saberlo captar, modular y proyectar.
Pero la tendencia de la TV es el drama, aún en el entretenimiento más vulgar hay una carga dramática propia del medio que transforma todo lo que toca. Cualquier hecho transmitido en vivo adquiere un dramatismo que supera la naturaleza del hecho en sí. Esta, por otra parte, es la característica esencial de la televisión, la instantaneidad, es decir, la TV es un medio que tiene la posibilidad de transmitir a distancia, instantaneamente, imágenes y sonidos sincrónicos. Es lo que la diferencia de su hermano mayor, el cine, que por su diferente proceso de producción, no puede emitir lo filmado de manera inmediata. Aunque lo de instantaneidad hay que matizarlo un poquito ya que la señal de la TV nos llega con un pequeño retraso temporal. Basta escuchar el relato por radio para darse cuenta que transmite con unos segundos de adelanto, cosa que no hay que adjudicársela a la capacidad adivinatoria del relator en cuestión.
Lo que la TV hace al futbol es sumar a la carga dramática real, una dramaturgia de producción virtual. El futbol televisado es traducido por el director que con sus medios técnicos y de acuerdo a un determinado lenguaje audiovisual, trasmuta el futbol del estadio en un futbol de estudio con todas las características de una producción normal. Lo ofrece como una mercancía manufacturada diseñada según los criterios industriales y comerciales, de la factoría audiovisual.
Espectáculo y espectacularidad
“En la TV, la realidad, cualquier realidad,
se vuelve espectáculo.”
Jean Cazeneuve.
La exigencia de captar audiencias a través de un lenguaje atrayente ha llevado a la televisión a cumplir con aquello que Antonin Artau le reclamaba al teatro: “Violentas escenas que quebranten o hipnoticen la sensibilidad del espectador como si fuera arrastrado por un torbellino de fuerzas superiores.”
El espectáculo televisivo tiene características particulares en relación al efecto de fascinación operado en el televidente. Se ha comprobado la facilidad con que este es capturado y mantenido por una emisión que el mismo considera mediocre, como si hiciera falta un gran esfuerzo para arrancarle de esa contemplación pasiva. Sucede que esa misma pasividad es la que facilita la posibilidad de dejarse llevar a otro mundo, a otro estado, donde todo se realiza sin su intervención.
En el cine esto puede suceder, pero sucede en un contexto ajeno a nuestra cotidianidad. El espectáculo en la sala oscura del cine corta en seco el cordón umbilical de nuestra existencia. La TV consigue que despeguemos pero mantiene nuestros contactos habituales mientras contemplamos lo espectacular, nos convertimos en televidentes sin dejar de ser lo que somos, como lo dice Paul Virilio “Ese mundo al que todo llega sin que halla que partir”.
Mirar es optar. La TV manipula la realidad, aunque hay que decir que se ha impuesto un estilo muy profesional. La TV no inventa la realidad del juego pero puede ocultar. Pero su manipulación no radica en su capacidad de esconder lo sucedido, lo que bien puede realizar, sino que está más vinculada al manejo de los códigos del lenguaje audiovisual. La realidad vista en pantalla es real y a la vez virtual. Conserva algo de la realidad del juego, en tanto teatro, pero le agrega la factura técnica del cine, su cadena secuencial armada por el montaje.
“El Cine, la TV y el Vídeograbador proporcionan un medio de exhibición y registro que permite mostrar al mismo tiempo que modular la realidad.
Esta última característica es la que indica su compleja capacidad de transmisión”
Alfonso Lans.
No se trata del montaje clásico, físico, producto del pegar un trozo a otro de film en la moviola, sino uno virtual y hecho en vivo y que, por eso mismo, parece no ser ni estar, pero está. Lo que vemos en pantalla es fruto de un collage de segmentos de realidad captados por múltiples cámaras. Es el juego de la fragmentación como proceso de construcción de una nueva realidad. No se miente pero ese todo no es totalmente verdad. O, más bien, es una de las muchas verdades posibles de armar. La discontinuidad de puntos de vista mantiene una continuidad narrativa, no la del juego, sino la del medio, la narración audiovisual se establece según sus propios códigos televisivos, no sobre los futbolísticos. Esta discontinuidad no siempre afecta la unidad temporal, a veces sí, pero su utilización está basada en la imprescindible variedad y riqueza compositiva en aras de la captación de la atención del televidente a través de ese interés visual extra.
Pero la TV no solo modifica la forma del juego que se ve, sobre todo, cambia la forma de ver el juego. En la TV se puede apreciar más que en la cancha pero falta inevitablemente el aura del acontecimiento que solo es posible con la presencia física. La TV transforma al hincha en espectador, en telespectador, no ya de su propio equipo sino en testigo distante y desapasionado del enfrentamiento de equipos con los que no tiene nada que ver, pero ve. Deja de ser hincha para transformarse en consumidor. Un consumidor ya no segmentado sino abierto a la posibilidad de comprar otros productos.
Xabier
Continuará...
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