FINALES DE PELICULA II
SOSTIENE PEREIRA
El momento en que aparece la palabra fin en la pantalla suele ser catártico para el espectador. Apoltronado cómodamente o hundido en su butaca, se trate de un final romántico o dramático, humorístico o épico, con una sonrisa o un mar de lágrimas en el rostro, exhalamos lentamente y volvemos a respirar con cierta normalidad mientras se encienden lentamente las luces, desfilan los créditos y sigue sonando la música. Pero en el cine, un final no solo es un final, muchas veces es otro comienzo. Y no me refiero a esas pelís que ya dejan picando la secuela sino cuando el protagonista inicia un nuevo camino después de las peripecias que ha vivido. Ese instante en que lo vemos caminar frente a la cámara que acompaña sus pasos o cuando su rostro ocupa paulatinamente toda la pantalla. No sabemos qué hará pero a partir de ese momento ya no será el mismo…
Tal vez nosotros tampoco. Iré destilando uno a uno algunos de esos finales de película que me han conmovido. Por ahora este era el Fin pero ahora es el comienzo. Se va el primero...
Marcello Mastroianni, ese Pereira sesentón, conservador y especialista en necrológicas, rejuvenece años, siglos o mileños con la jugarreta periodística contra el régimen de Salazar en aquel Portugal de fines de los 30´. Adscripto a la cofradía de la confederación de almas que le receta su médico, se juega por un cambio que ya no es solo personal, mientras se va por las calles de Lisboa, entre la gente, como un anónimo heterónimo de si mismo y de tantos otros, como una pessoa más, como ese cualquier Pessoa que todos llevamos dentro.
Xabier
*Prometo insistir con Sostiene Pereira en otro post.

Xabier, mayor de edad, de estado civil y mental confuso. Escorpiano de signo zodiacal y dragón en el horóscopo chino. Nacido de parto natural en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Residente en donde dios mismo y en persona ha decidido que resida en companía de papeles, libros, fotos, arañas, moscas y mosquitos y demás elementos auxiliares de las casas. Soñador empedernido, nostálgico del futuro, extranjero aquí y en todas partes, dueño de nada ni de nadie, paridor de monstruos infernales y de causas justas por las dudas.
