George Plimptom lo entrevistó en 1958. La pregunta sonó pretenciosa y extravagante y la respuesta no se hizo esperar. Fue fulminante.
- Se ha dicho que un escritor solo trata una o dos ideas en toda su obra. ¿Usted diría que su obra refleja una o dos ideas?
- ¿Quién dijo eso? Suena demasiado simple. El hombre que lo dijo posiblemente solo tenía una o dos ideas.
La entrevista se abre con una cita de una conversación anterior en Madrid:
Hemingway: ¿Usted va a las carreras?
Entrevistador: Sí, ocacionalmente.
Hemingway: Entonces usted lee el Racing Form... Allí tiene el verdadero arte de la ficción.
La entrevista sigue y tiene momentos en los que Ernest parece fastidiado y lo explicita, pero lo mejor es un rif- raf electrizante:
- ¿Reescribe mucho?
- Depende. Reescribí el final de Adios a las armas, la última página, treinta y nueves veces antes de quedar satisfecho?
-¿Había allí algún problema técnico? ¿Qué era lo que lo obstaculizaba?
-Buscaba las palabras adecuadas.
servido por Javier
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Jean Stein le pregunta William Faulkner, a boca de jarro en una entrevista, que suele ser la mejor manera de preguntar, ya que mantiene una aureola de improvisación aunque esté implacablemente planificada.
- ¿Puede hablar de cómo se inició como escritor?
- Estaba viviendo en Nueva Orleans, haciendo cualquier tipo de trabajo que se presentara para ganar ocasionalmente algo de dinero y sobrevivir. Conocí a Sherwood Anderson. Solía caminar por la ciudad a la tarde y hablar con la gente. A la noche, volvíamos a encontrarnos y nos tomábamos un par de botellas mientras él hablaba y yo escuchaba. A la mañana nunca lo veía. Él estaba encerrado, trabajando. Decidí que si esa era la vida de un escritor, lo mío era convertirme en escritor. Así que empecé a escribir mi primer libro. De inmediato descubrí que escribir era divertido. Hasta me olvidé de que no había visto al señor Anderson durante tres semanas, hasta que él vino a verme, por primera vez, y me dijo: "¿Qué ocurre? ¿Estás enojado conmigo?" Le dije que estaba escribiendo un libro. Él dijo" Dios mío". y se marchó. Cuando terminé el libro - era La paga del soldado- me encontré en la calle con la señora Anderson. Ella dijo: "Sherwood dice que hará un trato contigo. Si no está obligado a leer tu manuscrito, le dirá a su editor que lo acepte". Yo dije "Hecho", y así fue como me convertí en escritor.
La respuesta de Foulkner mantiene las mismas cualidades de la pregnuta, tiene la aureola de la improvisación aunque sea empeñosamente planificada y construida. Con muy poco, dice mucho del escritor, de los escritores, de la escritura y de la vida. Y lo dice con ese aire de superficialidad irónica y divertida. Son esos momentos que transforman a una entrevista, algo aburrido (generalmente para el entrevistado, casualmente para el entrevistador pero las más de las veces para el lector) en un momento mágico. Ya les había contado antes, otro de esos momentos y les iré contando algunos más, de ésta y otras entrevistas.
Xabier
servido por Javier
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